lunes, 1 de abril de 2024

El deleite de la sangre

 Aquel joven llevaba una vida muy propia de su condición. Es decir, ya que había decidido proseguir con sus estudios, su rutina se resumía en encerrarse dentro de su habitación para estudiar e investigar, y sólo salía de lunes a viernes para acudir a su universidad. No tenía una vida social como tal, su contacto con la humanidad podría resumirse en un hola y un adiós de algunos rostros conocidos. Tampoco tenía una afición muy destacable, a excepción de ensimismarse en su lectura durante horas y en pasearse por su jardín con un vaso de whisky en su mano izquierda. Esto último era su único vicio mundano, ya que respecto a otra clase de placeres se consideraba inocente. Y no hablemos de su contacto con mujeres, el cual era nulo y se limitaba a figuraciones eróticas e idealistas que tomaba de los libros, mas un contacto real para él hubiera sido impensable.

Como decía, sus andanzas vitales eran siempre las mismas. Se limitaban a una rutina de salir y de entrar de su casa, con escasas variaciones en su trayecto, tanto en los mismos paisajes que observaba a través de la ventana como de los semblantes que le acompañaban en el mismo. Siempre todo era exactamente igual, sin mutación aparente. Todo trancurría con idéntico sopor, percibía la decadencia de las ciudades y su frénetico ritmo artificial, que articulaba desde el caminar de las gentes hasta las horas programadas en las que pasaba el metro. Nada parecía advertir que iba a cambiar hasta un pequeño detalle que se fue haciendo más grande con la llegada de un extraño día...

O más bien tendría que decir noche porque cuando ocurrió el primer acontecimiento estaba volviendo en autobús a su casa como era costumbre. Antes de llegar a su parada, comenzó a sentirse extraño, su cuerpo se estremecía y su mente se encontraba nublada por inhóspitas sensaciones. No podría determinar si esta sensación le placía o le desagradaba, pero sí que era una novedad de la que no entendía su origen. Aún con ello, manteniendo un corazón de hierro, se dispuso a tocar el botón que indicaba al conductor que tendría que hacer parada, y se bajó tambaleándose. Una vez que se encontraba en la calle, fue andando con temblores en las piernas mas que no le impedían renovar sus esfuerzos para llegar cuanto antes a su casa, y entonces, percibió de soslayo una silueta en forma de sombra que se deslizó ante sus perplejos ojos. No podría determinar de qué se trataba, así que continuó su camino hasta llegar a casa evitando pensar qué era aquello, y consecuentemente, olvidándolo.

Al día siguiente, aconteció exactamente lo mismo. Aquel estremecimiento interno antes de bajar le volvió a acompañar desde el mismo punto, y una vez que se desplazó para bajarse el idéntico temblor de piernas que impedía avanzar con soltura se presentó ante sus sensaciones. En ese instante se acordó de aquella figura que durante el día olvidó inconscientemente, así que dedujo que como tenía aquella misma sensación esta no tardaría en volver a aparecer. Finalmente no fue así, y si creyó ver algo lo achacó a su inducción provocada por el leve temor que sentía. Aunque, en verdad, mas temía el encontrarse siempre tan raro al volver a casa por si se trataba de alguna enfermedad que no a la aparición de una sombra repentina que podría ser cualquier cosa.

Durante las semanas siguientes, siguió ocurriendo lo mismo que lo anteriormente narrado, algunas veces con escasas variantes entre sí mas la sombra parecía que había desaparecido, que se había desvanecido en el aire desde su primera aparición. Sin embargo, aquel malestar turbó bastante a este joven, ya que empezó a replantearse que estaba efectivamente enfermo. Incluso, fue a varias revisiones, y no satisfecho con ellas, se presentó ante diferentes especialistas para que le tratasen. Todos ellos determinaron que se encontraba bien, más el sentía que no mejoraba.

Esto fue así hasta que un mes más o menos después, durante uno de estos regresos a su casa de noche, de repente se encontró estupendamente a pesar de encontrarse muy cerca de la parada que le correspondía. No podía ni creérselo, hasta tal punto se había acostumbrado a ese malestar que le sorprendía encontrarse bien de repente sin haber aplicado ningún tipo de remedio. Mas, no obstante, justo cuando bajó del autobús y este se alejó con sus ruedas chirriando, pudo ver frente a él aquella figura nublosa que sólo vió repentinamente la primera vez. En esta ocasión, como en la anterior, no pudo atisbar ningún rasgo distintivo ni en su cuerpo ni en su rostro, mas sin saber por qué sentía que le observaba. No podía ver sus ojos, pero como se encontraba en pétrida quietud sintió que le miraba fijamente, escrutandole con la sutileza con la que un científico observa las moléculas en su laboratorio. Durante este escutrinio, no podía moverse hasta que de repente pudo hacer avanzar su pie izquierdo, y luego el derecho hasta que salió por patas de aquel lugar.

En las semanas que se siguieron, volvió a ocurrir exactamente lo mismo. Es cierto que aquel malestar tan extraño al bajar a su parada había desaparecido por completo, pero la presencia de aquella figura sombría que le analizaba a relativa distancia le turbó tanto que casi deseaba que la sensación aquella retornase si con ello se libraba de aquel espionaje de las sombras. Hasta que un día indeterminado, tanto las sensaciones extrañas como la sombra escrutadora desaparecieron tal y como habían aparecido en su día. En cambio, se encontró otra novedad que perturbó en cierto modo su rutina anodina. Ya hemos indicado más arriba que el día a día de este joven no podría ser más rutinario ni repetitivo, que conocía todos aquellos semblantes que observaba en el autobus debido a que siempre lo tomaba en las misma horas, y así un día tras otro día. Pues bien, apareció de repente una joven que jamás había visto durante sus viajes de ida y de regreso, la cual llamó poderosamente su atención. Cierto es que en apariencia este detalle podría no tener importancia, quizás fuera una nueva vecina o las circuntancias la han llevado a cambiar el horario de su ruta, en fin puede deberse a diversos factores. Pero, desconociendo el origen de ese interés, su presencia le atraía de una forma que ni él mismo podía explicarse. No se trataba de que la viera especialmente atractiva, ni de que le sonara de lo que fuera, mas el caso es que su mera presencia provocaba que él no pudiera apartar los ojos de ella durante todo el viaje.

A pesar de que no se sentía raro al bajar, ni la extraña figura se prestaba a observarle cuando lo hacía, aquella joven le provocaba una sensación dulce al paladar cuando posaba su mirada en ella, mas lo que al principio era dulzor se iba transmutando en amargor en la medida que la distancia entre ellos se alargaba una vez que tenía que bajar de su parada, sintiendose tremendamente mal hasta que volvía a verla. Debido a esto, un día decidió hacer acopio de valor, y se sentó a su lado. Ella ni se inmutó lo más mínimo, podría decirse que hasta permaneció impasible a su presencia. Sin saber qué hacer ni qué decir, decidió presentarse. En ese instante, ella le miró a él por primera vez, y aunque no le respondió con palabras a nada de lo que él le preguntaba, por el fulgor de sus ojos y el asentimiento que hacía moviendo su cabeza arriba y abajo, determinó que por lo que fuese le caía en gracia a pesar de que no le comunicase nada con el habla.

Así se desarrolló una suerte de amistad, al principio basada en la mudez de ella y en la palabrería incesante de él. Al principio creyó que era de hecho muda, mas con el contacto reiterado ella comenzó a responderle con palabras sueltas, como susurros que en otro contexto pudieran interpretarse como cortantes. Mas no era así de ningún modo, puesto que las escasas palabras que ella profería siempre estaban acompañadas de una sonrisa a medias y de un sonrojo en sus mejillas que le confería una especie de aire inocente. Ante lo cual, él sin ser capaz de ocultar su sorpresa, reía de felicidad con estas muestras de cariño velado, que sin embargo revelaban mucho más de lo que parecía.

Al final, se dió cuenta de que se había enamorado. Obviamente, no se lo formuló con estas palabras a sí mismo, pero si se podría decir que sintió algo parecido que le recorría todo su cuerpo teniendo al estomago como su núcleo. Siempre que recordaba sus rizos desperdigados, su figura esbelta, sus mejillas encendidas y sus ojos negros que le tenían preso, no podía evitar sentirse vivo por primera vez en su vida. Además, es digno de hacer notar que sus continúos encuentros fueron estableciendo una suerte de complicidad mutua que aunque no era transmitida mediante el habla, sí que se mostraba tal cual era gracias a los gestos que ambos traslucían cuando se encontraban juntos. Incluso, sus cuerpos, que en un principio guardaron una distancia prudencial dictaminada por la desconfianza que se da entre dos personas que no se conocen demasiado, fue estrechándose hasta que formaron una masa compacta que les hacía sentir aunados.

Pero una noche todo cambió, el decidió que tras mantener durante un mes y medio aquellos encuentros en el autobus, tenían que salir de esa esfera para formar una propia que estuviera fundada sobre la intimidad. Así se lo comunicó a ella, y pese a que en un comienzo ella diera reiteradas señales de negativa, finalmente terminó por ceder, quedando en que justo el viernes siguiente, en vez de despedirse cuando él bajase en su parada, le podría acompañar a cierto lugar. Cuando llegó ese viernes por la noche, así lo hicieron ambos. Hasta se cogieron de la mano mientras se internaban en las oscuras calles, yendo de camino hacía un lugar que para él era desconocido. Así estuvieron hasta que situaron frente a un inmenso portal, todo el barnizado de negro y oculto entre dos álamos que le servían de guardianes. Justo cuando estaban a punto de entrar, el la retuvo un instante para posar sus labios sobre lo de ella. Y aunque fue un beso bastante inocente, pudo sentir su aliento tan dulce como gélido en lo que sería una fracción de segundo, como también cierto pinchazo que aún con el pequeño dolor que comportaba, supo apreciar en una especie de deleite secreto.

- Por si no te has dado cuenta, yo te amo con toda la potencia de mis entrañas - el le dijo

- Ya lo sé, pero antes de que prosigas prefiero que entremos ahí dentro... - respondió ella con cierto misterio que encubría la verdadera significación de sus palabras.

Y pese a que intentó seguir hablando con ella, todo fue en vano porque le tiró con una fuerza inusitada que le hizo seguir avanzando hacía delante. Una vez en el interior, se encontró en un amplio salón que era iluminado por una antigua lampara de araña cuya luz cálida contrastaba con el ambiente de dejadez que imperiaba en la sala. De otras estancias que se encontraban sumidas en la oscuridad, apareció una mujer pelirroja muy alta, que aún siendo muy madura conservaba cierto hálito de juventud en las ideales formas de su cuerpo, que se balanzeaba cual si estuviera bailando, flotando en un sutil aire que no existía. Él interpretó que sería un familiar de su joven compañera, su madre o quizás su tía, aunque no se parecieran pensó. Para expresar sus respetos, se inclinó en forma de saludo cordial. Ella, respondió a esta inclinación con una pícara mirada de curiosidad, y exclamó:

- Vaya, vaya... ¿A quién tenemos por aquí? Por favor, haga el favor de acompañarme hacía el interior. Le tengo guardada una sorpresa que estoy segura que no le dejará de ningún modo indiferente. Venga, sigame, señorito.

Algo en esta última palabra le provocó una sensación de congoja que no comprendía, como tampoco llegaba a entender cómo había llegado a dicha situación. Mas, a pesar de esto, la siguió como un resorte automatizado, como si su voluntad estuviera a su merced y no pudiera hacer mucho más al respecto. Sus miembros se desplazaban atraídos hacía algo que rechazaba cualesquiera conceptualización imaginable, dirigidos sólo por una aspiración hacía algo que le era desconocido cual si fuera su inevitable destino.

Se encontró en una sala oscura, en la cual, por mucho que agudizara su mirada, no era capaz de determinar su aspecto. Pero con el paso del tiempo, mientras el silencio era la única respuesta, pudo ver ciertas figuras que se deslizaban en su interior por todos los lados, arriba y abajo como cargadas por una energía que surgía de las tinieblas. De repente, se encendió la luz, y ya pudo reconocer, perplejo, lo que tenía ante él. Se trataba de un montón de mujeres desnudas de todos los tipos y apariencias, desde mujeres casi albinas con sus melenas salvajes al viento pasando por otras más morenas que le observaban con cautivadores ojos, y acabando por otras con una tez todavía más oscura cuyos pesados senos se arrastraban en correspondencia a sus movimientos. Todo un espectáculo salvaje, que podría interpretarse como una orgía lesbica que por el mero hecho de experimentar, quisieran hacer la llamada de una figura masculina con la que jugar en su desfile orgásmico.

Él, mirando a un lado y a otro, se fue desplazando hacía el centro de la sala, parándose justo cuando había encontrado el punto de fuga de aquel desfile lascivo. Entonces, todas ellas, hermosas mujeres que carecían de ropaje alguno, se fueron juntando cada vez más entre ellas formando un cuerpo compacto cuyas únicas partes diferenciales eran unos semblantes sonrientes y unos pechos de diferentes tipos y tamaños. Se agarraron entre ellas formando un círculo que cada vez se iba cerrando en dirección al centro que suponía la presencia del joven, y justo cuando iban a alcanzarlo se detuvieron, clavando sus miradas en él en tanto que se relamían los labios. Este último gesto que podría interpretarse como una forma de expresar la sensualidad, pronto reveló la verdadera razón de sus intenciones, puesto que a la postre mostró unos finos colmillos que asomaban a cada uno de sus labios, a la par que unos ojos que a fuerza de mirarle se encontraban inyectados en sangre.

Aquello fue una de las últimas cosas que pudo ver aquel desdichado joven que en un comienzo podría haber parecido recompensado por un designio divino con cientos de cuerpos femeninos a sus disposición, pues en realidad él era el regalo que ellas habían tomado, y no por instancias celestiales precisamente... Puesto que se abalanzaron sobre él, rasgándole con sus mordeduras algunas partes de su cuerpo haciendo especial incidencia en su cuello, del cual sobresalía un gran reguero de sangre del que muchas de ellas aprovechaban para embadurnarse el cuerpo, mientras se lamían y relamían entre ellas con cada gota de sangre desperdigada entre sus miembros estremecidos de placer. Unas y otras pasaban sus ensangrentadas lenguas entre los cuerpos de sus hermanas para aprovechar el suculento manjar por el cual ellas seguían reptando por el mundo. Tal era el goce, que no podían evitar proferir gran cantidad de gemidos exultantes, en tanto que la vida del joven se agotaba con cada mordisco imprevisto, con cada desgarramiento de su carne en busca de la roja ambrosía de la vida que le conduciría a la muerte.

Justo antes de perecer, cuando su corazón emitía sus postreros latidos desasosegados, pudo contemplar a la joven que produjo su perdición en una relativa distancia. Sonreía despojándose de sus atuendos mostrando un cuerpo digno del mayor elogio por parte de un pintor del Renacimiento, debido a la anchura de sus formas y a la nobleza de sus muslos. Algo rezagada se agachó para lamer el suelo como un animal obediente, para lamer un charco junto a sus bellas hermanas de su propia sangre coagulada en recompensa a su proeza...

sábado, 2 de marzo de 2024

Elegías oscuras

 - Soy yo a quién buscas, querida sombra

cansada. Tras tantas tribulaciones

sufridas en pretéritas vidas, 

sé que me comprendes como ninguna.

Siempre nos encontramos en estos

mismos páramos yertos, nos cruzamos

como dos almas corrompidas

por la cruel vileza de la que hace gala

este desdichado mundo. Y aunque,

en principio, nunca nos tomamos

nuestros encuentros como una cita,

siempre acabamos liberando

nuestras penas en forma de gritos.

Tan fuertes y temidos son

que dispersan toda la niebla que tenemos

al rededor, y aún los hierbajos secos,

acaban resquebrajandose en el aire,

partidos en millares de mitades.

Y así se forma un entristecido paisaje

que acaba produciendo su correspondiente eco en nuestros

amortajados espirítus de antaño.


Demasiado hemos vívido, amada sombra

mía. Demasiado hemos sufrido

como para seguir dando vueltas

sin sentido en una existencia

que desde el principio ya nos había

rechazado, incluso antes de tomarla,

esta ya nos miraba con desconfianza.

Por eso yo me tumbo en tu regazo,

y lloro sin remediarlo, doy rienda suelta

a mis lágrimas inyectadas en sangre

para que entiendas su símbolo.

Tú siempre me correspondes con una

melancólica sonrisa que connota

cierta compasión mientras acaricias

mis cabellos desparramados sobre

tus agotadas piernas de tanto bregar.

Lo siento, no puedo evitarlo. 

Me es imposible mirarte, y no sentir

esa contradictoria mezcla entre

una felicidad contenida y una tristeza

innúmera que se esparce en los relámpagos que asoman en el cielo

durante nuestras desaforadas noches.


Sonrío porque sé que en algún momento

ambos vamos a morir y nos fundiremos

con esa criatura informe que habita

los espacios siderales de un mundo

desconocido allí arriba.

Mas también lloro porque conozco

que todavía nos queda tiempo

para seguir por aquí andando,

y sufriendo con cada paso dado.

Quisiera que los encuentros dispersos

se desvanecieran, y así se diera cabida

a un encuentro eterno en la nada

donde estaríamos juntos sin estarlo.


- No comprendo el deslizarse 

de las gentes, como tampoco 

las aleatorias palabras que profieren.

Sus gestos me son tan extraños

como sus caprichosas maneras,

así también sus habladurías me resultan

desconocidas. Ante tal situación,

me quedo en permanente quietud,

sello mis labios rindiendo culto

al silencio y cierro mis ojos

para no ver más atrocidades.


Cuando contemplo el mundo,

sólo percibo perplejidad 

y desconocimiento porque en realidad

estoy ahondando en mis sárcofagos

interiores en vez de mirar rostros

deformados por aparentes tribulaciones.

Sólo comprendo allí donde unas cumbres

se remontan verdosas en la lejanía,

justo en el momento en el que el sol

se despide de su reino para dejar

su merecido trono a la hermosa reina,

que es la luna.


- Las brumas me sondean durante

mis entristecidas madrugadas.

Son como un poderoso canto

que sólo es pronunciado en alto

cuando la oscuridad se adueña del día,

acompañandose por una niebla espesa

que impide observar en la lejanía.


Muy pequeño me vuelvo al pertenecer

a tan inhóspitos y sombríos reinos,

de los cuales son un miembro desde

hace ya largo tiempo, anterior a la nevada

que asoló a un imperio entero.

Hay tanta húmedad, tanto deseo sofocado que no bastarían ni mil

sueños para lograr apresarme.


Cuando soy tan oscuro, resplandezco

con tanta potencia que me hago

indistingible de los rayos lunares,

y aún viéndome de cerca, no se

me reconocería al estar hundidas

mis facciones en suspiros siderales.


Cuando me hago tan pequeño,

también soy grande, tan inmenso

me siento que mis pies podrían

cercenar ciudades increadas,

y aún cotejándome de lejos, sería

muy díficil atisbarme al hallarme

en cuerpo fundido con las estrellas mendaces.


- La melancolía suele llamar a mi puerta,

y yo siempre la acojo grave y con pena.

Tan acostumbrado estoy a sus visitas,

que ya me lo tomo con monotonía,

porque además siempre repite la misma

secuencia: se queda aquí conmigo

unas cuantas semanas, abusando

de mis recursos y haciendo de mi casa

la suya, y ya cuando se cansa, se marcha

sin avisar ni dejar nota alguna.

En vano me preocupo porque sé

que cuando menos me lo espere,

volverá acompañada de muecas extrañas

golpeando con frenesí este sacorfago

mío hasta que la atienda como es debido.

Nunca soy capaz de ignorarla,

supongo que después de tanto tiempo

juntos he aprendido a comprenderla,

y me provoca hasta pena.


Escuchad cómo llora, y mirad cómo

se retuerce en mi desgastado suelo,

plagandolo todo con sus lágrimas

sangrientas y con las marcas

de sus uñas amarillentas

¿Cómo no iba a sentir compasión

ante tal demostración de profundo

sentimiento? ¿Cómo evitar conmoverme

ante un alma tan triste y que me recuerda

a mí mismo con mis desdichas?

Quizás, después de todo, sea esto

un teatro bien organizado para tener

un techo donde cobijarse de un mundo

en el que la melancolía está de más,

donde todos la miran con recelo

al haber sido demasiado usada en vano.

No puedo evitar sentirme reflejado,

y usar de mi brazo como su almohada,

así como de mi humilde morada

cual si fuera un templo dedicado a ella.


Ven a mí melancolía para que no tengas

que pasar sola las horas, que aún llueve

fuera y yo guardo para ti un siniestro calor

que te permita evaporar las lágrimas

desperdigadas en los desiertos del

no volver a verte nunca jamás.


- Gotas de lluvia se dispersan a través

de un paisaje incierto en la noche,

y mientras yo pregunto a mí alma dolorida

si hay salida cuando las venas hablan

por sí mismas. Hay un corazón que late,

balbuciente que se escapa entre toses

de un pecho que le sirvió de cárcel,

y cuando preguntan por él siempre usa

de la misma respuesta en forma de silencio. Callados son los ojos y dichosos

son los labios que interpretan la balada

de las sombras, intercalan las piezas

cual si fueran compuestas por algún

demonio aburrido que de tanto hacer

sufrir tomó el sensitivo sendero 

de la auto-aniquilación. Ganas de perecer

tienen los viandantes sombríos

que atraviesan los suculentos prados

de los sueños, y todo porque estos

se acabarón convirtiendo en pesadillas,

hicieron del paraíso un infierno

debido a sus desmedidos deseos.

Sólo queda un arbol desvencijado

en el centro de aquel campo, y sus hojas

se deslizan por las ramas como si fueran

las últimas caricias del amante que sabe

que cuando la luz despunte será

su condena a muerte.


Yo sólo suspiro ante estas imágenes,

y aunque me conmuevo, prefiero seguir

siendo un mero espectador de pleitos

que en apariencia me son ajenos.

Me quedaré en mi sitio, cobijado

entre ramajes, siendo sombra

de mí mismo, preso y cautivo

de una naturaleza original que me impuso

el destino. Y todo aquello por el goce

de ver volar a la última rosa debido

al fuerte viento del invierno.


- En mi soledad, los pensamientos danzan

con extrañas figuras, siguiendo

un desconocido ritmo olvidado

desde hace demasiado tiempo.

Las puertas de mi alma se cierran,

impidiendo la entrada y la salida

de nuevas y viejas impresiones

que puedan perturbarme, mas aún así

todavía puede escucharse esa melodía

que antaño tocaba un anciano

interpretando una partitura de cítara.

Una vez dentro, cerrando los ojos,

pueden verse sucesivas imágenes

de las que no se sabe si ya acontecieron,

o ocurrirán en un porvenir eterno

cuando todos los seres se aniquilen

en aquel gran núcleo negro.

Incluso, si se agudiza el sentido interno

pudiera parecer que todo se comprende

sin comprender, que aún sin entender

todo recobra un oscuro sentido

que nos hace estremecer a la par

que nos enloquece con alegría

Quizás por eso también bailamos

pese a no saber a ciencia cierta

qué demonios es esta música,

ni el por qué de estos caprichosos

movimientos en los que se deslizan

nuestros descuartizados miembros.

Todo pareciera una farsa, una mala

comedia que bien podría decirse de ella

que se trata de una tragedia, 

o en su defecto, un melodrama

que por su sombrío humor se diría

que nos provoca una risa incómoda.

A mi corazón no le queda otra

que suspirar, que aspirar toda la enegía,

tragarsela al completo y expulsarla

mas allá, allí donde los horizontes

están adornados por cien montes.


En mí habita una mujer desnuda

demasiado lujuriosa para rechazarla,

aunque también hermosa en demasía

para querer corromper su belleza

al intentar tocarla con el alma.

Ella es así de caprichosa, y tiene

algo de ángel y algo de demoníaca,

porta con ella unos amplios senos

como a su vez, unas delgadas manos.

Mirándote te deseará, esquivando

tus lazos, te temerá. Pasará de ser

una jovencita olvidada de este mundo

a una anciana recordada con desdén.

Mas, a pesar de todo, siempre será

la doncella que habitará en tus ojos.


- Segundo a segundo siento a la vida

desvanecerse, es cual si se escurriese

de mis dedos, de mis labios, de las venas

hasta algún vacío lugar donde ya no 

queda nada porque se llevaron todo.

Es una melodía que se va apagando

paulatinamente, empieza sonando

por todo lo alto, y deslizándose, 

pasa de hechizar a todo el auditorio

con sus exotizantes sonidos 

a sonar tan bajo, que todos los presentes

se van acercando, apiñándose en una

sola fila, quedando sepultados en la misma tumba. Ay, la muerte fragante,

hermana inevitable del tiempo, 

como este a su vez lo es de la ausencia

y el silencio, toda esa abundancia

tú te la llevarás allí donde justicia

e igualdad dejan de ser vanas palabras

para pasar a ser realidades efectivas.

Y aunque mis manos, mis ojos y hasta

mi corazón entero se vayan evaporando

por aquellas particulas negativas,

yo ya no tengo miedo a ese abismo

sin final, a ese foso sin fondo tan profundo porque he comprendido

que allí todos nos hacemos una misma

sustancia teñida de negro. 

Pese a nuestra naturaleza perecedera, algo nímio quedará de nosotros ahí abajo

que nadie será capaz de rescatar,

al menos que se hunda con nosotros

en aquel paraíso invertido.


- Al final del camino no hay amplios

horizontes, ni tampoco grandes

perspectivas, tan sólo un montón

de edificios derruidos sobre un desértico

páramo abandonado por los hombres.

Cada trozo destrozado, cada fragmento

despojado son las lágrimas que lanzaste

sobre las marchitas flores en su día,

que en vez de alzarse venturosas,

se han hermanado con unas cuantas

piedras apestosas cubiertas de musgo. 

Lo más lamentable es pensar 

que cada una de las sendas a tomar,

desde las más animosas hasta aquellas

que por miedo nadie toma, llevan

a un mismo triste final, allí donde 

confluyen todas las melancolías

nacidas en aquellas noches que lloraste,

y que creías haber olvidado.

Hay quién guarda este templo destrozado

como también hay quién procura

huir lo mas lejos posible de el,

pero después de todo ambos intentos

resultan igual de vanos, igualmente

frustrados como todas las humanas

aspiraciones, desoídas por los dioses.

Yo, antes de que llegara mi hora,

ya habito por tales parajes,

recorro a tientas por encima 

de las tierras secas, y deslizo mis manos

sobre aquellas hierbas muertas,

recordando cuando la vida aún latía

en este abandonado lugar.

A veces me pregunto si esta desdicha

nos antecede a todos en el tiempo,

o si es posible que fueramos nosotros

quienes la invocaramos con nuestra

maldad y los consiguientes lamentos.


Si fuera lo primero, me resigno.

Si fuera lo segundo, me suicidaría.

Jamás me lo perdonaría.


- Sin yo quererlo me voy desangrando,

liberando aquella alma materializada

en fragmentos de líquida sangre,

que se desparrama sobre las alfombras

donde ángeles caídos posan sus alas

al descender con violencia.

Se presiente un hálito fatal de condena

en este aire demasiado cargado,

inflamado de sensaciones de pena

y de desagrado, ante el inevitable

fin de la pureza, su caída representa

la ruptura del cristal más impoluto

con el que cabría fabular.

Por eso lloran los ángeles que ahora

por caprichos del destino han pasado

de ser seres celestiales amados

y admirados por todos, a ser un conjunto

de demonios que tentarán a los fieles

desde infiernos inventados.


Sin darme cuenta, me giro y miro

aquel resplandor que fue tan respetado

en su vida, pero del que ahora llueven

lágrimas de sangre. Todas ellas

provienen de los cielos, desde donde

aquellas desdichas salubres se precipitan

alcanzando un semblante demasiado

consternado como para esbozar

una anodina sonrisa. De sus alas

antes blanquecinas y replandecientes

se ha formado una oscuridad que va

creciendo por momentos hasta culminar

en unas alas de cuervo, adornadas

por perlas sanguilentas, muestra

de demasiadas frustraciones calladas

¿Y qué hay de sus manos? Ahora están

temblando, temiendo que se transmuten

en horripilantes garras con las 

que atrapar hermosuras escapadas

de aquellos palacios de latón.


Lloremos, lloremos junto a ellos

porque ese abatido sentimiento

que ahora tienen y que les hace

proferir gran cantidad de injurias,

será lo que algún día sentiremos

nosotros mismos cuando ya estemos

muertos.


- Muerden los demonios mis talones

cuando procuro escapar de ellos,

mas cuando a pesar de los sufrimientos

me acerco y congratulo con su presencia

parece que nos entendemos.

Si grito o me altero, es normal 

que actúen en correspondencia,

abalanzándose hacía mi con saña y furia,

pero si mantengo la compostura

y mis labios se ensanchan mostrando

cordialidad ellos actúan con la educación

propia de los nobles en espirítu.

A pesar de toda oscuridad, de los prejuicios moralistas que enseñan

aquellos que sospechan vivir en la luz,

hay detrás de toda sombra un fulgor

mucho mas potente que la pretendida

serenidad de un día soleado.

Creo localizar cosas más siniestras

en aquellas que se desprenden

en los amaneceres, y aún al contrario,

en las noches hay sabidurías brillantes

que indican la elegancia de las tinieblas.

Llaman a la bruja por tal nombre

porque cela, se vela en un oscuro manto

cuando en realidad su pálido y hermoso

cuerpo resplandece cuando se desnuda,

y todas aquellas que creen conocer

la belleza en unos artificiosos harapos

descubrirán la pobredumbre al descubrir

unos senos flácidos.


- Aunque soy bastante pequeño,

mis tristezas y desgracias son inmensas.

Tan grandes son que sobrepasan

lo que mi vista puede alcanzar,

y cuando intento atisbar la tormenta

que se acerca, sólo gano con ello

dolores de ojos y de cabeza sin advertir

que algún que otro relámpago imprevisto

aterriza allí donde yo planto mi pierna.

Muchos de ellos ya me han impactado

en pecho, cabeza y aún en cuerpo entero,

de tal manera que aunque acostumbrado

me encuentro a los dolores que siento

en mis sienes y a los temblores

que me deja la electricidad por mi sustancia corporéa, no dejan 

de acosarme los fuegos fatuos

que me rodean, jugando a mi al rededor

y burlándose de mis escozores.

Si fuera sólo el dolor, podrían resistirlo

mis malheridas entrañas, pero tanta

es la constancia de su repentina aparición

que a veces quisiera que su impulso

fuera tan potente, que me dejara

petrificado en el sitio, convertido

en la estatua invulnerable de mi mismo.


La muerte es una promesa irremediable

para muchos, y un consuelo para otros,

el alivio último para quienes somos

desdichados por estos bosques

pantanosos que algunos tienen la osadía

de considerar un paraíso terrenal.

Mas bien se asemeja a un infierno

con disfraz, a una chimenea donde

el fuego aún está caldeándose 

entre los intestinos de la melancolía.

Siento como palpita el carbón,

como las ascuas se deslizan,

y también esa dulzura amarga

que antecede al estoque final,

aquel que da comienzo al cúlmen

de los desventurados paisajes.

Oh por favor, clava esa espada en mi pecho. Haz que brote la sangre, 

que se alcen burbujas sangrientas

hasta el cielo en señal de la postrera

desdicha, de esa guerra cuya pérdida

supondría mi ganancia eterna.

Amigo mío, yo que siempre aposté

por la muerte tengo las de ganar

cuando esta sobrepase aquella vida

siempre pendiente por un fino hilo

que se balanzeaba sobre el abismo de siempre.


- Cuentan los vientos nocturnos

una historia plagada de tristezas

en donde un desdichado mortal

cargado de tribulaciones y de rencores

renunció a la salvación para lanzarse

hacía derroteros siniestros.

Allí, en su descenso al abismo,

lanzó un grito que estremeció

las columnas que sostenían 

los pilares de la civilización.

Tan agudo fue su chillido que cuervos

y murcielagos salieron volando

despavoridos, desperdigándose

en los oscuros bosques 

para cobijarse sobre retorcidas ramas

de sauces, alamos y otros arboles tristes.

Cuando llegó al fondo del foso,

allí donde toda degradación huele

a cuerpo en descomposición,

cubrió su rostro con la sangre

de futuros cadáveres, y sobre 

las esculturas de los antepasados

escupió mientras reía con sorna.

Todos, desconociendo la razón,

le temen nada mas verle,

y si por lo que fuera se le encuentran

en una noche regalada con la niebla,

se quedan paralizados, temblando

sin dudarlo. Otros, a él se acercan,

con la curiosidad de un gato maldito,

y cuando se despistan, aparecen

aplastados por sus afiladas fauces

cual mordisco de mil tiburones.

Desde entonces, desde su negativa

a una falsa liberación, va caminando

cautivo de la luna, cuyo único replandor

es el que acepta de todo lo que brilla.

Cabizbajo pasea, con una impostada sonrisa, esculpida en un demacrado semblante, mas si uno con atención 

se fija, descubrirá dos tenues lágrimas

que recorren sus pálidas mejillas

para acabar sumidas en el fango

del color del azabache.


- Cuando estoy inserto en la oscuridad,

durante mi soledad, pareciera que en mí

domina la quietud cuando en verdad

desde mi interior presiento un mundo

que se encuentra en perpetúa agitación.

Lo siento nada más cerrar los ojos,

esas sombras danzantes juegan

con mis párpados entornados

y me obligan a mirar hacía la nada

sólo por un capricho del destino.

Y aún mis labios se mueven por sí solos,

mostrando muecas y liberando

palabras que parecen provenientes

de idiomas de ultratumba

¡Ay, las femeninas carcajadas

que me circundan, acercandose

poco a poco hasta estrechar mi cuerpo

con la fuerza de cien damas musculadas!

Noto sus cuerpos rozándome,

y sus negros corazones regocigandose

de la suculenta sensación de aquel

pavor callado por los muertos,

pero que en sus eternos sueños

les hacen confesar sus vilezas lujuriosas.

Rostros, dedos y senos son presentidos

por unos ojos tan acostumbrados

a las tinieblas que captan tales formas

como si fueran pasajes rememorados

a pesar de hallarse presentes en este instante que se encuentra detenido

¿Por qué llorar cuando se puede reír,

batiendo palmas con frenesí 

sólo por el mero placer que supone

pecar sabiendo lo que uno hace?


Yo también soy participe

de esta degeneración, 

de esta desesperación

que conduce a la comunión de los seres

hacía espacios siderales apartados

de los confines tomados por humanos

¿Dónde estoy?

Allí donde la muerte y el desenfreno

se enlazan en impío matrimonio.


- Prisionero de mí mismo, alzo mi voz

cual cadena de mi condena 

por si algún semejante sufridor

pudiera escucharme. Tan altos

son mis lamentos que las aves huidizas

se escabullen sobre los muros

con alambres que defienden mi cárcel.

Muchos años ha que he llegado

a considerar a las paredes estrechas

mi hogar, y a las grietas que las atraviesan mis confidentes.

Advierto observando tales hendiduras

que se entristecen cuando les cuento

mis penurias, puesto que al acabar

no es extraño que las lágrimas

formen húmedades en sus oquedades.

También el grísaceo cielo cargado

de lluvia parece comprenderme

cuando su escaso resplandor acaba

mutando en oscuridad declarada

durante mis amadas noches.

Casi podría decirse que me lanza

ese sombrío manto para invitarme

a cerrar los ojos, ya sea durante

unas horas, o quizás para siempre.

A tanto ha llegado mi locura

que al girarme no es extraño 

que contemple diferentes sombras

reflejadas en el techo, desplazándose

muy lentamente, e invitándome

a su macabra danza como una mujer

salvaje, desmelenada a la desesperanza.

Ecos de mis pasos se divierten

confundiéndome, haciéndome pensar

que no estoy tan solo como creía,

que todavía hay quien baila

a mi compás de manera 

que cabe el soñar con compartir

un lenguaje común, mas cuando caigo

en la cuenta de mi propia mentira

desfallezco en estremecimientos.


A veces sueño con que esta mi prisión

se pliega creando una salida

en forma de arco, y que yo me escapo

de ella cargado con mis alas negras.

Y sé que hay muchos que quizás

me considerarían un iluso por confiar

en una escapatoria tomada 

de mi fantasía, mas a estos respondería:

¿Y acaso no consiste en esto la vida?


- Cada día se suicidan gran cantidad

de seres sin advertirlo, creen que siguen

viviendo cuando en realidad

van siendo sumidos por una carencia

universal, que los mengua poco a poco

con cada paso, con cada respiración

contenida. Ciegos, se conducen

allí donde toda apariencia se toma

como un patrón vivencial.

Mudos, parecen formar frases

con palabras tan huecas cual

la sentencia de sus tribunales.

Sordos escuchan el rutilar de sombras

espaciadas, y que toman 

como la melodía de un infinito engaño.

Confusos afinan vista, oídos y olfato

hacía algo imposible de percibir,

pero cuya captación supondría

el resurgir de diversas lágrimas

lanzadas desde hace muchos años

hacía un oscuro abismo sin fin.

Desconocedores del auténtico terror,

de aquel pavor sin proferir gritos,

del temor último, dicen que todavía

tienen esperanzas e ilusiones

como estandartes, mas yo os digo

que estos fueron hechos cenizas

hace tiempo, desde que aquella

enorme bestia con vestidos

se nos impuso ante nuestros sentidos.


Todos somos participes de una mala

fábula cuyo teatral desenlace

sólo podría ser una trágica risotada,

con cinismo unos aplauden y otros

abuchean a la peor obra representada.

Quisiera ser el último en actuar.


- Diversos rostros observan a este

desdichado liberando sus sufrimientos

al pie de la calzada, los dejo ir

en forma de cenizas sagradas 

que revolotean como hadas sangrientas

buscando una redención 

que les fue negada antes de nacer.

Cuando ellas lloran, sus lamentaciones

se escuchan tan elevadas, cual alfileres

capaces de atravesar las más gruesas

paredes, y aún con ello, poco son capaces

de conseguir, pues sus innúmerables

muertes no levantan la compasión 

de sus semejantes. Todos ellos

viven impasibles respecto a las desdichas

que les parecen ajenas sólo

porque no han logrado vislumbrar

la certera verdad que se esconde

tras un paraíso demasiado chillón

para ser cierto. Este ejerce la influencia

que únicamente una apariencia

es capaz de formar en las mentalidades

más nimias, aquella que se figura

que es un manto trasparente,

y aún así, nadie ve mas allá del mismo.


Sólo saben dedicarse a violar

a esas encarnaciones aladas de la belleza

haciendolas llorar como hijas bastardas

despeñadas de un alto monte

por los ingratos de sus padres. 

Se limitan a lanzar improverbios

a sus dorados y brillantes semblantes

esculpidos por los ángeles caídos,

provocando sus callados sollozos

entre agitaciones corporales,

mutismos imprevistos que surgen

de la desesperación ante las ofensas.

Se divierten mutilando sus cuerpos

perfectos, arrancan sus miembros 

aterciopelados y clavan sus dientes

en sus senos erectos, como los niños

malcriados que son, hijos del dios

tirano que antecede a los tiempos.

Así, pasan los años que rápidamente

terminan siendo sucedidos por los siglos

mientras las diosas están cada vez

más magulladas tras las palizas

que les propiciaron aquellos que adoraron

al dios de madera y al que cantan

cada vez que pasan por debajo

del arco de la tiranía. Y ellas tras tanto

dolor injustificado sólo aspiran

a exhalar aquel último suspiro,

el que les despojará de su corteza

terrenal para conducirlas hasta donde

se originan las fantasmales tormentas.


Si pudiera decidir, optaría

por no volver a nacer de nuevo.

Ahora ya por fin lo sé.


sábado, 3 de febrero de 2024

Historia de una sombra pecadora

 Desde hace ya largos años vivo aislado del mundo, y aunque de vez en cuando tengo contacto con algunas personas, quizás no sea el tipo de contacto que podría considerarse algo natural entre semejantes. Se diría que vivo en las alturas con un alma caída en la bajeza más absoluta, rodeado de puntiagudas montañas cuyos picos son tan alargados como inmensos mis pecados. No crea el lector moralista que escribo esto a modo de confesión, mas bien lo hago para jactarme de mis errores y porque ahora no encuentro nada mejor que hacer. No es mi pretensión alzar mi pluma para arrepentirme de mi vida, simplemente esto es un entretenimiento para mí durante un ocioso instante.

Como decía, me encuentro apartado del mundo por una maldición a la que yo mismo me sometí por disfrute. Hace tanto tiempo que me encuentro maldito, que ya hasta olvidé qué ocurrió exactamente. Creo que hace ya casi siglos tuve un enfrentamiento directo con alguien que me odiaba profundamente debido a mi impetuosidad, y eso provocó que tal odio llegase a expresarse con las manos. Al final, como cabría suponer, fuí yo el que salí perdiendo en aquel combate así que todo ensangrentado y con un hálito vital que se alejaba de mi pecho cada vez más, acudí a un sombrío bosque en el que hundí mis manos en la tierra húmeda ennegrecida, dirigí mis ojos al cielo e imploré por mi vida, y obviamente, por mi salvación. Pasaron unos minutos que me resultaron horas debido a mi desfallecido estado, y nadie respondió. Tremendamente enfadado comencé a golpear al suelo con mis puños mientras proliferaba palabras cargadas de insultos y de maldiciones. No recuerdo exactamente qué dije, mas bien hubiera podido ser algo de este talante: "¡Dios, yo te maldigo! A pesar de haber intentado ser recto en esta vida, tu semblante se ha velado ante mi dolor. No pedía nada en particular, mas allá de que me acogieras en tu seno. Pero estando profundamente debilitado, me has ignorado, dejado de lado, olvidado cuando sólo pedía piedad. A partir de ahora, yo reniego de ti y de tu palabra ¡Te maldigo! ¡Sí, te maldigo a ti y a tu mensaje!"

Nada más pronunciar estas palabras, el cielo se oscureció de repente cual si fuera de noche o se hubiera producido un eclipse repentino, sobre el suelo se levantaron gran cantidad de tinieblas y en mi cuerpo sentí un vacío indescriptible. Cerré los ojos al pensar de que se trataba de una especie de castigo divino, mas en realidad se trataba de algo diferente puesto que una vez que retorné a elevar mis párpados, me encontré suspendido sobre una inmensa oscuridad. Con cada uno de mis movimientos, me deslizaba sobre ella con suma naturalidad como si ya no hubiera distinción entre yo mismo y las sombras que me circundaban. Ahora las tinieblas y yo nos comprendíamos a la perfección sin ápice de error. Y lo más curioso es que ya no tenía miedo, para mí esa sensación tan escalofriante perdió su sentido una vez que entendí el lenguaje del mal.

Entonces, seguí avanzando, o mas bien debería decir que flotando o sobrevolando una especie de abismo sobre el cual no podría distinguirse el más mínimo atisbo de luz, y a pesar de ello, sentía que podía vislumbrarlo todo sin tener que usar de la vista como sentido primordial que nos otorga el conocimiento. Pasé bastante tiempo así hasta que llegué a una zona donde un circulo morado giraba sobre sí mismo, una brecha que cabría clasificar de portal y en la cual surgió una voz que carraspeaba a cada sílaba, y que dijo: "Bienvenido allí donde vivirás para siempre, para toda la eternidad. Este agujero de gusano conduce al mundo de los hombres, pero no te confundas, ya no volverás a ellos como un hombre. Serás padre de sus infortunios e hijo de sus desdichas, una sombra desconocida más que vagará atormentando a tus hermanastros para así conducirles hasta mi." No sé por qué, pero cuando dijo estas palabras aquel ente perpetúo en su oscuridad, estallé en carcajadas sin poder evitar que mis manos se retorcieran incontrolables en el aire en tanto que comencé a gesticular en extrañas muecas. Y, sin pensármelo dos veces, entré en el puente entre mi origen presente y mi préterito porvenir.

Cuando salí de aquel paso, me encontraba en la que iba a ser mi lúgubre residencia a partir de ahora, en la cual sea dicho de paso, me hizo sentir como si fuera mi hogar de toda la vida. Puede ser que para una persona común esta estacia le pareciera abandonada, e incluso, bastante tenebrosa debido a que se encuentra rodeada de telas de araña y de suciedades varias como por ejemplo moho en todas partes y claras señales de abandono. Sin embargo, para mí aquella casa tan apartada de todo y de todos resultó ser un reflejo de mí mismo, y al igual que cuando me hallaba flotando en aquella perpetúa oscuridad, sentí que era parte de mí. No había distinción en aquella madera carcomida con mis propios miembros, como tampoco en esas sombras tan densas en correspondencia a la oscuridad que se hallaba tras mis ojos.

Así, pues, lo primero que hice cuando salté fuera de la misma es lo que cabría preveer para las mentes mas retorcidas, es decir, me cobraría la personal venganza sobre mi asesino. Sólo me bastó acordarme de él y de aquel suceso, para encontrarme instantáneamente en su casa. Y deslizándome a través de los gruesos muros cual si fuera un fantasma que acechaba a su víctima, me situé justamente en su departamento personal. Cuando me vió, no pudo reprimir un grito de profundo terror en tanto que sus ojos vibraban cargados de lágrimas, también su cuerpo al completo acompañó en diferentes oscilaciones la terrorífica melodía que interpretaba el miedo que le recorría interiormente. Ante esta reacción, no pude evitar nuevamente, liberar mis siniestras carcajadas llorando sangre coagulada de malévola alegría. Esto no duró mucho, ya que al momento, cogió un cuchillo que tenía sobre una mesa y comenzó a blandirlo por el aire mientras paso a paso se iba acercando a mí.

Llegó un momento que ya estaba tan cerca de mí, que me clavó la susodicha arma blanca sobre el pecho, del que manó un gran río de un líquido entre pardo y negruzo que me produjó un tremendo placer de índole casi sexual me atrevería a decir. El pobre imbécil se quedó paralizado, sin saber qué hacer ni qué decir. Entonces yo, me saqué el cuchillo y le corté la naríz de un sólo tajo. Y mientras este chillaba completamente desquiciado debido al dolor, noté cómo justo en el lugar donde me había clavado el arma, una neblina oscura iba cubriendo mi herida hasta tal punto que la presencia de esta se desvaneció. Fue a partir de aquí cuando se dió rienda suelta a mi verdadera diversión, puesto que mientras este sufría lo indecible, yo iba haciéndole cortes con el mismo cuchillo en diferentes partes de su cuerpo. Me deleitaba viendo cómo manaba la sangre, y cómo su aliento de vida iba reduciendose poco a poco. Llegó un momento en el que ya apenas gritaba de dolor cuando hundía la hoja en su piel, así que decidí usar mi nueva fuerza para descuartizarle vivo. Cuando ya estaba apunto de morir, le lancé un beso desde mi posición de superioridad y usando de una tremenda fuerza, le atravesé el pecho con mi propia mano y le saqué el corazón todavía palpitante. Todavía me estremezco de placer cuando lo recuerdo.

Después, al igual que aparecí ahí, desaparecí en un párpadeo haciendome invisible para los ojos humanos. Y así regresé a mi nuevo sombrío hogar, al punto de partida desde el cual decidí ejecutar mi ansiada venganza. A partir de entonces estuve un tiempo encerrado, midiendo mis fuerzas y mis nuevas capacidades, meditando en las sombras y en la belleza que estas portaban. Cuando ya me sentí dispuesto, retorné a cerrar los ojos, y cuando los abrí me encontré en un almacén abandonado. Al principio pensé que estaba solo, pero en realidad pude percibir que había un grupo de jóvenes que estaban celebrando una fiesta clandestina a poca distancia de mí, probablemente bajo el desconocimiento de sus padres. Así que me asomé, escondido entre las tinieblas que regían el lugar para evitar ser descubierto, y pude ver a unos cinco o seis jovenes de distintas edades alumbrados con una lámpara en su centro que se entregaban a los placeres del alcohol y del sexo adolescente basado en peliculas para adultos. Conteniendo en vano mi risa, me situé de un salto justo en el centro, provocando que la fiesta se detuviera en ese instante debido a la sospresa que provocó mi repentina aparición. Se quedarón mudos, con cara de asustados y mirando hacía un lado y otro, comprobando posiblemente si estarían soñando, teniendo una estrafalaría pesadilla.

Yo, todo sonriente y vivaracho, les pregunté: "¿No hay fiesta para mí?" Y viendo que estos seguían callados, me enfurecí bastante. Así que no me quedó otra que jugar un poco con ellos, me ocultaba entre las sombras, volvía a reaparecer, agarraba a alguno de aquellos desenfrenados jovenes y les estampaba en la esquina contraria, y así incesantemente durante un buen rato. Al observar que estos intentaban escapar, no me quedó otra que acelerar la diversión, así que empecé a repatir diferentes cuchilladas en el aire a toda velocidad y a destajo mientras todos ellos se retorcían en el suelo en un delirio de profundo sufrimiento. Me apenó que este juego terminase tan rápido, aunque imagino que a ellos les resultó eterno debido a que sus vidas no se alejaron en un repentino accidente, sino más bien en un entretenimiento masoquista en el que iban perdiendo poco a poco sangre, retorciéndose sus miembros desparramados sin perder del todo sus esperanzas de salir con vida. Al final no fue así, y me encontré rodeado de un inmenso charco de sangre sólo flanqueado por algunos miembros humanos que estaban desperdigados cual islotes en un océano rojo. No pude evitar el tremendo goce de bañarme en su interior mientras jugaba con partes despojadas de sus cuerpos como si fuera un niño divertiéndose en la bañera con su patito predilecto.

Desde entonces, me he ido dedicando a estos entretenimientos tan diversos, jugando con las personas y divirtiéndome de lo lindo. Siempre sigo el mismo proceso, aunque se expresa en diferentes formas, es decir: paso un tiempo en una cárcel de pobredumbre y cuando ya me he hartado de mi amada soledad, me lanzó al mundo a darme algún que otro capricho de sufrimiento. He de reconocer que es todo un deleite para mí el poder contemplar aquellos rostros asustados cuando por fin caen en la cuenta de que me encuentro frente a ellos, y que no hay escapatoria posible. Pero lo que ya es mas placentero es el sentir mis propias manos desgarrando toda aquella carne con sus particulares ruidos en forma de crujidos, y sobre todo, sus semblantes cargados de temor y de un dolor frente al cual se sienten completamente impotentes. Dicen que la vida humana está alimentada por la esperanza en el pensar que siempre hay algún tipo de escapatoria al sufrimiento que ahora se padece, mas en verdad os he de decir que he visto a personas que aún estando todavía vivas, su esperanza hace tiempo que se desvaneció de sus ojos, dejando si acaso sólo un tenue recuerdo de que hubo un tiempo en la que esta se encontraba presente.

Por último, también he de reconocer que tengo mis escenarios predilectos. Me encanta descender en las noches en que la luna se encuentra un poco velada por finas nubes y las calles están repletas de una densa niebla que me permite camuflarme entre tales espesuras. Es en ese momento cuando, sin ser advertido, aparezco para tomar a mi víctima y darme una alegría. Además, sin que se me tache de sexista he de decir que disfruto lo indecible cuando las víctimas son mujeres, no por nada en particular, sino por lo estridentes que son sus gritos haciendo del miedo una presencia tan tangible que casi se diría que resulta palpable. Los hombres, en cambio, intentan ahogar en vano sus gritos, los cuales son como más apagados, sofocados antes de que estos alcancen sus cotas máximas. Encima, estos en comparanción a las mujeres tardan mucho menos en morir, lo cual aligera en demasía mi sensación de disfrute, lo que provoca que acabe un poco frustrado y deba buscar más víctimas para por lo menos retornar a mis sombras con un cosquilleo por mi cuerpo.

Sin duda que estoy bastante agradecido al señor de las sombras, puesto que siempre que sacrifico a algunas criaturas humanas en su honor, él se encarga de que sus almas desciendan hacía lo más profundo, habitando entre sendas torturas y sufrimientos imposibles de describrir. Cuando todavía me entretengo con los despojos de mis víctimas, puedo advertir como de los lugares más recónditos y oscuros, unos tentáculos negros arrastran el resplandor de sus ya desfallecidos alientos vitales, llevándoles allí donde los gritos ya no les llegan a los vivos. Incluso, alguna vez debido a los tantos tributos que le concedo a mi ya confidente, me permite volver a ver a tales sufridores sólo para acabar por colmar mis enormes ansías de sufrimiento. Es algo mágico el poder reencontrarme con ellos mientras súplican por mi favor, el cual sólo concedo a cambio de determinado intercambio, sobre el cual todos acaban accediendo tarde o temprano.

En fin, creo que ya es hora de que me marche. Se acerca el tiempo en el que he de buscar otras víctimas para mi particular disfrute ¿Quién sabe? Puede que alguna vez lleguemos a encontrarnos, y que cuando estés en el calvario también me pidas algún trato. Ya se sabe lo que suele decirse acerca de que la vida es un pañuelo, mas en mi caso, si el resto de los mortales se encuentra en el lado que replandece con el sol, yo estoy justo debajo, en el sombrío...

domingo, 14 de enero de 2024

Versos desdichados

 - Mensaje lunar


Cuando llega la noche, afloran 

mis sentimientos colmándome

de amarguras y resentimientos

que me inflaman de secretas melancolías


Desde lo alto, la luna velada por las nubes

es testigo de esta tristeza tan mía

que tengo clavada en el pecho

cual herida producida por algún dios.


Tanto destino como azar se mutan

en algo similar, que cuelga de las ramas

de los árboles, zarandeadas por un viento

al que algunos llaman triste capricho.


- Paraíso lejano


Tengo el corazón cercenado,

y por eso no dejo de andar en soledad.

Mis pasos contemplan lo mismo

que mis ojos, y mis apagados latidos


siguen el mismo desacompasado ritmo

que mis piernas en su incansable sendero

Allí, en lo alto, hay tanto vacío...

Ahí, mas adelante, hay tanta pena...


¿Escucháis ese triste canto lejano?

Son mis quejas ante lo irremediable.

¿Véis aquella figura sombría que se aleja?

Es mi vida que se pierde cada segundo.


- El consuelo de un extraño ser


Hay un abismo muy profundo, un foso

inmenso tan oscuro, que se encuentra

en algún recóndito lugar entre espesos

bosques donde no llegan los amaneceres


Sólo es visible durante el atardecer,

cuando las únicas iluminarias

que se encuentran por el camino

son aquellos resplandores lunáticos.


Es en ese momento, cuando se asoma

un extraño ser, una figura tan poco

definida que resulta díficil decidir

si es un espíritu moribundo o un vivo entristecido


Ay, cuanto me duele el pecho,

cuantas penas me atosigan la garganta

y hacen saltar mis lágrimas condenadas.

Sólo la brisa nocturna me alivia.


- Paseos del pasado


Hace algunos años, completamente solo

atravesaba riscos y montes a paso lento

y meditabundo. Pensaba acerca 

del curso de todas las cosas y su rutina.


Ahora ya ese paisaje desértico 

no se encuentra ante mí, ha desaparecido

Pero esa soledad que entonces sentía

todavía permanece latente aquí.


- Otra senda


Las sendas del hombre son caprichosas

y sus maneras harto azarosas.

Cuando creen que andan erguidos,

en verdad se arrastran por los suelos.


Se quedan con la apariencia y la falsedad

teniendo en su mano realidad y verdad.

Buscan el constante aplauso, 

quedándose ellos con las lágrimas,

y cuando son felices celan el ser importantes


En verdad, nunca comprenderé sus designios

ni deseo comprenderlos para contaminarme.

Prefiero ir por otro camino que sea

allende a la pausa y al silencio.


- Mi amiga la niebla


Hoy ha amanecido con niebla,

la cual ha ido dispersándose tenuemente

a través de los diversos caminos 

del hombre. Todos palidecen, se entristecen.


Mientras tanto yo, la contemplo 

con manifesta admiración 

al considerarla una suerte de hermana

mía, pérdida con los años.


Cuanto quisiera llegar a fundirme

con ella, a ser indestingible de aquella

agua húmeda. Y con ello, provocar

esa melancolía que a todos desconcierta.


- Fantasma


Es una noche plagada de brumas,

tan oscura ella que sólo deja entrever

una blancura luminosa colgada

y sostenida por un ente invisible.


Siluetas se observan a los lejos

tan tempranas como gritos ahogados

en una madrugada hechicera, lamentos

olvidados pertenecientes a otros tiempos.


Las gentes huyen, no desean ser

atrapados por la manta danzarina

que obnubila a cada parpadeante estrella.

Soy un espectro en la niebla.


- El regreso


Entre la espesura, contemplo, 

el sucederse de los millares de seres.

Puedo ver como estos nacen, 

se estrechan, menguan y finalmente perecen.


Siempre se trata del mismo cambio

inserto en la naturaleza de las cosas,

procede de un núcleo sutil que provoca

esa efímera danza eterna y universal.


Yo aburrido, ya me he cansado de mirar

la misma escena desde hace varios siglos

Quisiera que hubiera por fin algún tipo

de final: regresar a la Madre.


- Melancolía campestre


Lamentos lejanos se escuchan 

de soslayo en los tórridos campos.

Tanta es su melancolía, innúmera

su desolación que lloran con el viento.


Se verá una solitaria brizna de hierba

florando en los montesinos acantilados

que llegará a ese recóndito rincón

donde algún desgraciado enciende una vela.


- Lágrimas nocturnas


En mi soledad fluye el pensamiento

de eternizar este segmento de tiempo,

y aún a sabiendas de tal imposibilidad,

juego en mi mente con este fabular.


Por un instante, esta imagen se congela

y nace un momento aletargado,

se va disipando en la medida que soy

consciente de su presencia desfalleciente


En esta noche, yo junto a las sombras

espero ese alumbramiento indeterminado,

aquella estela que va clavando en mi

pecho y que siempre acaba invocando

                        [ lágrimas en profusión 


- Olvido


Veo pasar los años cual si cada uno

de ellos fueran motas de polvo

suspendidas en los estrechos 

recovecos de mi destartalada habitación.


Olvido lo que es el tiempo, la distancia

y lo que separa todas las cosas.

Llegará el momento en el que me señalen

y no sepa a quién se refieren.


- La sabiduría enterrada


Ensimismado ante mis libros, imagino

que estos me hablan en forma de susurros

narrándome su sabiduría encerrada

en esa especie de sedoso ataúd.


Mi biblioteca se asemeja a un cementerio

donde la muerte está mas viva que la vida,

cuyo núcleo ancestral palpita con el

deslizarse de sus páginas, cual olas.


Todos los conocimientos desperdigados

en forma de huellas de tinta, salpicados

de lirismo y sobriedad insospechada.

Sólo a través de melodías se les entiende.


Danzan como mujeres locas las palabras,

desnudas de ornamento, carentes

de pretensiones de fama o de grandeza.

Yo, camino entre ellas, como un muerto más.


- La música del silencio


Desde mi corazón, suena una nota triste.

Tan triste que ya empieza a desafinar,

a languidecer como un instrumento

amortajado, olvidado de partitura.


Todos tocan la misma canción, sin cesar.

Ya me cansan sus ritmos y viejos acordes

Quisiera que todos parasen de tocar,

se detuviesen en este instante,


para que comenzará a sonar un no-sonido

proveniente del silencio y la ausencia.

Una melodía así es lo que necesito:

aquella que anuncia el final de la orquesta


- Perpetua oscuridad


Bajo el influjo del tiempo, nosotros

y las cosas naturales nos degradamos.

Sin ser capaces de evitarlo, un eterno

proceso de caducidad come nuestra piel.


Pero, algo hay tras toda esta armadura

aparencial e inexistente que se oxida,

algo con un hálito universal concretado

en esta infinita noche sin final.


- Declaración


No sé si soy poeta, o sólo me dedico

a escuchar al demonio interior

que me susurra versos incomprensibles,

palabras lanzadas al azar de mis desgracias.


Tampoco sé si escribo poemas, 

o simplemente es mi mano inspirada

que se desliza trazando manchas negras sobre un fondo que está nevado.


Desconozco este misterio llamado poesía

mas mi única certeza es el saber

que a través de estos renglones

me despedazo para nacer de nuevo.


- Confesión


Me declaro un completo ignorante

que sólo sabe vagar libremente

por lugares que no osan ser pisados

por la mayoría de las urbanas gentes.


Soy un estúpido al que se le ha olvidado

hablar, escuchar, oler y moverse,

pero que todavía guarda en su memoria

los paseos en el campo y algunos versos.


Reconozco mi ingenuidad, mi falta

de intelecto como así mi perspectiva vital.

Aún conservo cierta dignidad

que reverencia silencio y belleza a la par.


- No-yo


Lanzo suspiros a la brisa nocturna,

y al suspenderse en el rayo de luna

acaban convirtiéndose en escalas

sucesivas de un vaho congelado.


Son mis sueños y mis recuerdos,

que se quedan eclipsados por la oscura

hermosura que encubre la noche.

Las estrellas son testigos.


Así como también lo son cada ser

invisible que pobla los espacios

consecutivos, que se deleitan

con desgracias y alegrías sin discriminar.


Ah, en estos momentos tan hechiceros

sólo quisiera retornar a mi naturaleza

original, fundirme con todo y con todos

y dejar de ser un yo encerrado.


- Enfermedad


Con el cuerpo enfermo, derrumbado,

sufro de temblores y grandes toses.

Mi cabeza es un hervidero de millares

de sensaciones, todas ellas entremezcladas...


Pero en mi interior, en mi conciencia

verdadera, algo se afina agudizándose

secretamente, y que me conduce

a los ocultos senderos de la muerte

y de los sueños


- Designios de mi caída


Los días transcurren impulsados

por un secreto viento, y sus noches

se postran bajo mi tormento, manteniendo un letargo a próposito


para tentarme a fracasar en la vida.

Las caídas sucesivan se acumulan,

se van amontonando para no dejar paso

a victoria alguna que quiera sublevarse.


Reina la oscuridad, su fuego infernal,

esa desdicha que se asoma 

en una esquina, y a la que le encanta

danzar con movimientos desacompasados


Poco importa que ría o llore, que me lance

al abismo, o que me arrodille ante

los invasores de mis pensamientos,

pues al final las consecuencias


se sucederán como ya estaba predestinado,

en segmentos alocados que fueron

lanzados por aquel adivino abrumado,

que gritaba: "¡Oh, tu destino!"


- Mis sueños


Son mis sueños puertas a otros

mundos, y quizás a otras vidas,

pérdidos todos ellos sobre las infinitas

sendas de los supra-mundos universos.


Cuando sueño, viajo hasta ellos,

y mientras me dura el cierre de párpados

vivo como uno mas entre ellos,

andando con los seres y todas las cosas.


Qué pena siento cuando tras interrumpirse

el soñar, no gozo de la suerte

de poder despedirme momentáneamente

de aquellos queridos habitantes soñados


A veces me pregunto cuando despierto:

¿Es este despertar la realidad,

o mas bien lo real es el soñar

y esta vida no es más que un sueño de un sueño?


- Cantares solitarios


En completa soledad escucho a traves

del silencio un secreto canto proveniente

de mas allá de donde lindan algunos

arboles. Se entona una desconocida


melodía que pugna con un sentimiento

de triste nostalgia, y que se desliza

por la mente y el corazón culminando

en aquello que solemos denominar alma.


Me detengo, no puedo evitar quedarme

petrificado, deseando desde mi interior

que su armonioso canto nunca cese,

que ese sea el canto de mi funeral.



- A pesar del frío


Atravieso la escarcha enfundado

en grueso abrigo recordando

pasados inviernos cuando en pareja

situación me encontraba.


Percibo un cambio, no en el ambiente

sino en mi mismo. A pesar del frío,

hay algo en mi interior, una llama

que sopla al rededor de las memorias alejadas.


En esta noche cargada de heladas

y de hierbas congeladas, late en mi

una suerte de hálito infernal

que me hace encontrar sosiego en el final.


- Claustro de la lectura


Encerrado en mi habitación, transcurren

las horas siguiendo un lento ritmo.

Completamente solo, a excepción 

de la compañia de un buen libro,


tengo profundas conversaciones

con los pensamientos congelados

de gentes que ya están muertas.

Me entiendo a la perfección con ellos.


Sepultado entre mantas, paso las páginas

en placentero letargo, dejandome llevar

por palabras colocadas con elegancia.

Todas ellas me llegan a mente y corazón.


Jamás renunciaría a este eterno deleite,

y menos por seguir el ritmo de un mundo

decadente, cargado de desdichas varias

y acontecimientos tan superfluos como banales


- Malos sueños


Cruel desdicha es alimentarse 

de diversas fantasías, pero es todavía

más funesto el caer en los derroteros

que construyen en este efímero mundo.


Mejor sería vivir en la apariencia

de nuestra mente, que aquella 

es tomada por la realidad misma

siendo la pesadilla de algún diosecillo.


- Dentro/fuera


Tengo un mundo interior inmenso,

que reniega de salir al exterior.

Pienso que las palabras cuando salen

de ese foso profundo, se degradan,


se convierten en mentiras destinadas

para los demás fenómenos del mundo.

Por eso callo, hermanado con el silencio,

guardo esos pensamientos y sentimientos


que evocan en mí paraísos insatisfechos,

bondadosos mundos imaginados.

Quiero seguir aquí, encerrado en mí

y evitar salir allí donde todo se consume.

sábado, 2 de diciembre de 2023

Lamentaciones y exaltaciones

 - Me preguntas acerca del origen

de todos los males de este mundo


¡Que sé yo!


Me susurran las flores sobre la melancolía de la caída de sus pétalos


¡Que sé yo!


Me interrogan a escondidas los laureles

porque el viento los azota en demasía


¡Que sé yo!


Me acosan a preguntas las mariposas

que extraviaron a sus parejas


¡Que sé yo!


Yo únicamente sé lo que me es dado

conocer, que todo acaba menguando,

haciéndose tan pequeñito

que un día sin avisar desaparece


Yo sólo sé que los días y sus noches

avanzan velozmente, sin detenerse,

y que cuando uno quiere darse cuenta

ya es demasiado tarde para abrir los ojos.


- Recuerdo que cuando era niño

el sol calentaba con tonos rojizos,

en las noches no hacía tanto frío

y cada paseo era algo memorable.

También me vienen a la memoria

motas de polvo, gotas fragmentadas

de aquellas rápidas imágenes

que pasan como un suspiro.

En mi cabeza y en mi corazón

toda mi familia desfila ante mí

desde una altura considerable,

me ven a mí siendo muy pequeño,

tan frágil, sensible, inestable...

Todos ellos me cogen de la mano,

me llevan a un lugar y a otro,

siempre lejos de todo peligro,

muy alejado de todas aquellas cosas

que me dan miedo y provocan temblores.

Hoy en día, ya no soy tan inocente

como lo era entonces, y aún siendo 

todavía un poco ignorante, 

sé algunas cosas que me ha enseñado

mi frugal vida de tristezas contenidas.

Pero, a pesar de tener todo esto

en cuenta, a veces quisiera

que apareciera toda mi familia

en una sala reunida, y que todos ellos

me dijeran que el sol vuelve a calentar

igual, que esta noche la luna brillará

y que no tengo nada de lo que preocuparme porque las estrellas

guiarán mi camino a través de aquel

desolado desierto del miedo.


- Cuando llueve, quienes fueron abandonados se congregan

al rededor de una fogata en medio del bosque


Contemplando a la doncella atrapada

en la luna con un pícaro conejo,

todos borrachos cantan, bebiendo

vino hasta caer redondos del sueño.


De todos ellos, algunos permanecen

despiertos hasta que los rayos del sol

se esculpen en sus rostros, iluminando

sus lágrimas cual rocío en las hojas.


Cuando llueve, en la noche, alumbra

el fuego de la esperanza a unos pobres

que al amanecer vuelven a desilusionarse


- Tengo una pena muy grande atascada

en el pecho, que se va inflamando

a medida que voy viviendo.

Es tan inmensa esta pena que rara vez

consigo acallarla en mi soledad.


Temo que algún día alguien se dé cuenta.

Pues cuando miro a mis seres queridos

a veces se me escapa una mirada

de profunda y dolorosa melancolía.

Tan potente es mi tristeza.


Su imperio sobrepasa en fuerza

al resplandor de millares de soles,

y aún el huracán más poderoso

no puede con el vendaval de mis lágrimas

Locas ellas, son musculadas y traviesas.


Desde hace tiempo ya, me acechan.

Me enseñan sus fauces cual perra

rabiosa, y si hago amago de arrogancia

se me lanza a la yugular sin pensarlo.

Por eso, inevitable, ya la he aceptado.


Hoy día, campa a sus anchas 

por mi desdichado corazón, salta

y grita a doquier sin parar nunca.

A pesar de su fiereza, es hermosa,

se ceba pero mantiene la compostura.


Sin evitarlo, lanzo lánguidas miradas

a los demás por si por un casual

alguien fuera capaz de liberarme

de este evocador cautiverio

del que soy adicto y preso.


Mas creo que con el tiempo he llegado

a acostumbrarme hasta el punto

de que en las tristes noches la acaricio

con una mezcla de pena y desgana,

y ella gime terriblemente consolada.


Últimamente ella me ha concedido

dos regalos maravillosos que rescaté

de mis lágrimas de madrugada:

una es inspiración, y la otra,

un hálito impuro de inmortalidad.


- En un lejano puente se escucha

un grito que es estremecedor,

y aunque se entrecorta, este me desgarra

como catáratas sobre montañas.


La niebla se zambulle sobre lo circundante, arrullando todos los seres

en una hábil sinfonía terrorífica.


Si el viento son los violines,

las pieles erizadas son las arpas

y mi conciencia quién las interpreta.


Danzan seres que antaño eran alados,

pero que hace tiempo que olvidaron

la capacidad de remontarse volando.


Sauces llorones decoran los pabellones

donde se amontonan cádaveres

de amantes disfrazados.


Y mientras tanto, los búhos se entienden

con los cuervos cuando lamentan

la ida de las concubinas.


Yo soy el espectador que hace de actor,

aquel que agarra la soga con temor

de soltarla antes de tiempo.

Ay, me quema la garganta...


- Llueve a cántaros en este día otoñal,

tanto que todos los caminos 

se encuentras anegados de agua,

la cual huye con premura allí donde

esta encuentra salida, por cualquier

resquicio por nímio que sea.


Las calles se han convertido en un gran

río, y yo me pregundo: ¿Dónde tiene cabida aquí el mar? Quisiera poder

contemplar un océano artificial

con serenidad, como si mi mundo

fuera una isla desierta rodeada de sal.


Las gentes son presos que procuran

escapar de la catástrofica cárcel

marina. Porque aquella les recuerda

su debilidad, les lanza una lección

que para quién la descifra parece

indicar que nada está controlado.


Las calles inundadas son presagios

lanzados al azar, un destino deviniente

que juega con las andanzas ora

convertidas en nado, en barcos

que transportan de un lado a otro

las añoranzas de un sueño imposible.


Yo quisiera quedarme tumbado,

dejar que la marea me lleve 

allí donde la seña me haya indicado,

y así poder visitar extrañas tierras.

Todas ellas plagadas de sombras

contenidas en un suspiro de mujer.


- Muchos cantan la belleza de la primavera,

mas yo lo hago con la melancólica

sutileza que se esconde en el otoño.

A través de las hojas caídas 

de los árboles, atrapo los recónditos

secretos que me susurra la muerte.

Dicen que en los cielos nubosos

y en las inesperadas neblinas,

puede tomarse la hermosura desfalleciente.

También en las lluvías repentinas,

hay algo de mágico, sobre todo

en ese descenso y ascenso gradual.

Aspiro la húmedad, y esta, me dota

de caricias que transpiran

de mi nariz a mi surcado pecho.

En las noches hay un mensaje cifrado,

entre las estrellas que ocultan las nubes

un hálito señal de lo efímero juega.

Las sensaciones se trastocan

en los sentidos de las sombras

como esa rama que se balancea en la luna.

Los grillos entonan sus últimas canciones, los pájaros nos deleitan

con su belleza cuando emigran

y las gentes andan ligeros por el monzón.

Y, mientras yo, siento consuelo

al ver cuán bello es el perecer 

de todas las cosas, viendome reflejado

en esa flor que deja caer sus pétalos.


- Sin ser capaz de evitarlo,

mis ojos siempre retornan 

a posar su mirada en los poemas

de Li Bai, el Genio Inmortal de la Poesía.

Sus versos me trasladan a otra tierra

repleta de naturales paisajes de antaño,

y donde cada elemento parece tomado

del ensueño de algún lírico dios.

Mientras tomo el libro, y voy leyendo,

tremendamente deleitado, aparece

el cansancio, y mis párpados

poco a poco van atardeciendo.

Y ya inserto en el sueño, puedo ver

al poeta alejándose a través 

de una blanquecina senda lejana,

sembrada de oscuros árboles en sus margenes.

Yo, le sigo. Y cuando creo estar

casi lindando con su figura,

este se gira sonriendo como bromeando

y se desvanece en el aire cual genio.

Me siento muy solo sin su armoniosa

compañía. Y pese a que los paisajes

son hermosos y las aventuras mas allá

de ellos propicias, sólo quiero

brindar con una copa de vino con él.


Cuando despierte, volveré a leerle.

Viajaré por sus versos, nutriéndome

de sus imágenes y poéticas impresiones,

así podré alejarme de este desquiciado mundo.


- Sólo aspiro a un remanso de paz

y de tranquilidad, a semejanza

de unas aguas estancadas 

donde no haya turbaciones innecesarias

ni mundanos ruidos atrolladores.


Quiero habitar en el sosiego de un refugio

alejado del mundo, y decorado 

con el canto de los pájaros al amanecer,

y en el atardecer, arrullado por el silencio

sólo interrumpido por melodías de insectos.


Las preocupaciones y aspiraciones

de las gentes son todas banales,

tan insignificantes como la mosca

sin alas que quiere ascender 

encontrandose pegada al suelo.


Únicamente deseo que el olvido,

la ausencia de sonidos y de visiones

equivocadas borren todo atisbo

de egoísmo y de vanidad en mí,

despejándose cual rocío mañanero


Sueño con esa oscuridad tan callada

y elegante, como un beso dado 

en la noche, un regalo de alguna

musa que desdichada y vacilante

alcanzó la sensación de la nada.


- El velo nocturno ya suplanta

nuestros sueños, y los convierte

en sútiles efluvios insatisfechos.

Tan insondable es su marcha.


Nuestros ojos no pueden verlo,

pero ella está ahí, presente,

hechicera lanzando sus fuegos fatuos

sobre nuestras cabezas huecas.


Estas cadenas que arrastro,

este fardo en mi espalda,

son tan sólo un par de muestras

de mis suplicios en esta rara aventura.


Sin embargo, ya no temo nada.

Ni a la bruja ni a su hermana la muerte

porque yo también soy hijo de la noche

y de sus apesadumbrados paisajes.


Conozco este hermoso jardín

desde antaño. Lo reconozco con mis ojos

todavía mas cuando es noche cerrada,

puesto que soy participe de las sombras.


Y a pesar de ello, de esta costumbre,

no puedo evitar entristecerme

y de llorar cada noche sintiéndome

desdichado e incomprendido por los mortales


- ¿Que será de mis lágrimas cuando

estas sean tan inmensas

que me sobrepasen en estatura?


Corren los tiempos, y con ellos,

las melancolías pasadas se atropellan

con las presentes, a lo que se añade,

el temor por el porvenir.


Inconstante raciocinio humano,

siempre divagando como el agua

que se precipita de la cascada,

camino hacía ninguna parte.


Caen piedrecitas de la montaña nevada,

y poco a poco van aumentando en grosor

hasta que se quedan encalladas

sobre una rama que les sirve de sostén.


Poco me importa ya el curso de todas

las cosas. Siempre es la misma melodía

que ya sé de memoria, la única diferencia

es el intercalarse del deleite y el sufrir.


¿Que será de mis silencios cuando estos

se acumulen con tal impetú, llegando 

el momento donde no tenga nada que decir?


- El mundo es un paradero insondable,

que encubre un secreto innombrable.

Tras tanta corteza y segmentos de tierra,

se esconde una sútil esencia

que viaja a través del devenir constante

cual si fuera una estrella fugaz

que cruzase el cielo en una barca dorada.

Es casi tan imposible el descifrar

el significado de este transcurrir

de los años, del emerger de las canas

y del declinarse de las cosas,

que no es extraño señalar simplemente

que se trata de algo inefable

para después cruzarse de brazos, perplejo

Cruzo los océanos, los senderos

más recónditos y atravieso millares

de montes en busca de una respuesta

que nunca hallaré, y que todos los sabios

callan cuando llegan a la tumba.

Me iré lejos de aquí, conoceré

gran cantidad de paisajes desconocidos,

y entre unos ramajes a nada de perecer

descubriré el por qué en un gorrión al nacer.


- En esta noche, siento un cosquilleo

interno, algo que me recorre

pasando por mis entrañas

y desembocando en mi pecho.

No puedo adivinar con certeza

qué será, mas las serpientes

que se encuentran enredadas

entre mis pulmones parecen atestiguar

que se trata de una nostalgica añoranza.


Cuando veo la lluvia caer,

me acuerdo de que ya no estás conmigo 

y que probablemente jamás te vuelva a ver.


Salgo a dar un paseo vislumbrando

unas parpadeantes estrellas en un cielo

encapotado. Pareciera un cuento

que inacabado atendiera a un cúmulo

de sucesivas tragedias, mi particular

leyenda quebrantada por tristezas.

Las imagenes se deslizan por mi

memoria, jugando con los recuerdos

y convirtiendolos en pesadillas soñadas.


Cuando veo la lluvia caer,

me acuerdo de que ya no estás conmigo 

y que probablemente jamás te vuelva a ver.


Regreso a casa, acompasando mis pasos

a una lenta y desdichada letanía,

la cual lleva repitiéndose demasiado tiempo. Se trata de una cruenta sinfonía

cuyas notas están todas desmenuzadas,

demasiado sueltas en ocasiones,

y entremezcladas tantas veces

que desde hace mucho tiempo perdí 

el hilo, o quizás simplemente me olvidé.


Cuando veo la lluvia caer,

me acuerdo de que ya no estás conmigo 

y que probablemente jamás te vuelva a ver.


Ya tumbado en la cama pretendo invocar

al sueño sin conseguirlo. Este se me escapa, se desliza caprichoso entre mis

dedos, que procurran atraparlo en vano.

Entonces pienso que en mi vida jamás

he logrado alcanzar ese punto,

aquel núcleo donde todo se encuentra

en su sitio, impoluto y bien ordenado.

Todo es un caos constante, y yo, su prisionero.


Y cuando veo la lluvia caer,

me acuerdo de que ya no estás conmigo 

y que probablemente jamás te vuelva a ver.


- Me encuentro suspendido sobre

una laguna brillante, cuyos arroyos

circundantes están sombreados

por la proyección de los lotos

en esta noche donde la luna

se encuentra velada por cúmulos de nubes.

Desde aquí me pregunto si en algún

momento bajará una ráfaga de luz

que dote de sentido a este brumoso

paisaje, sólo acompañado por el misterio

de abrojos convertidos en sombra.

Mas, me doy cuenta de que yo mismo

estoy hermanado con lo oscuro,

que mis palpitaciones son ecos olvidados,

mis ojos faros apagados, mis manos

cubiertas de palmera y mis sentidos

soldados caídos en un suspiro.

Por eso siempre paso inadvertido,

cual carencia de entidad,

como una ausencia que ya se desvaneció

hace mucho tiempo y cuyo recuerdo

no es otra cosa que el marchitarse

lentamente hasta dispersarse lejos.

Derramo una sola lágrima al caer

en el abismo de la certidumbre,

al asentir esta cruel realidad inversa,

sabiendo que soy lo que no soy,

que no ser es lo mismo que ser

¿Para que devanarse en divagaciones

que llevarán a un mismo punto?

Aquí me quedaré, quieto con la incognita

colgando de mis mejillas y con una

barbilla temblorosa debido a la emoción,

al menos sé que esta tristeza

que con los años se atenúa

me es más fiel que todas las verdades

inventadas que se han dicho

desde inmemoriales tiempos, desde antaño.


- Si quieres ascender, liberarte, 

primero deberás descender

hasta lo más profundo, 

hasta el cieno más sucio e inmundo.

Tienes que caer, y no dejar de gritar

en tu caída, cayendo, cayendo

para acabar siendo vastago del olvido,

pasar desapercibido hasta desvanecerte.

Ser la nada, sin reconocer todos esos

algos que van presumiendo

de su sustancia incompleta,

de lo inacabados que son.

Todo está vacío, huecos por donde

se filtra la nulidad de todas las cosas

que se resuelve en su propia negación,

pues todo aquello es ausencia.

La afirmación es ficción, frustración

la división de todas las cosas

cuya verdadera naturaleza es ser una,

la hermana de la nada que surgió

de la Madre Primigenia, de su seno

cargado de suculenta leche que nos dotó

de la vana ilusión que nos arraiga a la vida

Muerte, muerte es lo que yo amo,

y aquella infantil imagen de la parca

mi amante de novela, 

aquella que no trae ni se lleva a nadie

porque uno en realidad siempre estuvo

colgando de la misma espinosa rama,

que tanto nos hace sangrar.

Gritamos porque caemos,

porque no podemos evitar este descenso

que muchísimo tiempo después

quizás nos permita escalar la montaña.


Pero mientras caemos, contemplamos el paisaje,

y la despedida de las hojas otoñales,

donde todo acaba sólo para comenzar

de nuevo en otro final. 


Que la noria siga girando,

sin parar, y así podamos reír juntos

por última vez.







sábado, 4 de noviembre de 2023

Sobre estética poética

 El mundo en su amplitud es un lugar vasto, cargado de detalles insospechados y de elementos que fácilmente pueden pasar desapercibidos. Por ejemplo, cuando admiramos un paisaje en su conjunto, tendemos a resaltar la grandeza de las montañas, la inmensidad del mar o lo extenso y profundo que es un tupido bosque. Sin embargo, a veces, quizás lo interesante no sea fijarse en lo que por su amplitud queda abarcado más allá de nuestra vista, sino a cosas pequeñas que están cargadas de significado, ya sea de forma personal o colectiva. Es decir, en el monte encontramos ciertos insectos que sólo hacen su aparición a la noche, y que están cargados de colores muy sugerentes, o en la playa una cigüeña se ha quedado posada sobre un risco cargada de majestuosidad, e incluso, no es raro que en algunos bosques nos encontremos con aves cuyo canto nos transportan a lugares que jamás pensamos que existían en los recovecos de nuestro corazón.

En este sentido, y a mi modo de ver, la figura del poeta se sitúa en una instancia intermedia, a saber: como todos, es capaz de reconocer aquello que se plasma en la mirada por todo lo que resalta, pero también y sobre todo contempla todo lo pequeño que hay en el mundo, encontrando una resonancia en su pecho que llega a identificarse tanto con el paisaje que llega un punto que no hay diferencia alguna entre lo que ve y lo que es, entre lo interno y lo externo. Ver el mundo así, para mí es tener una óptica poética de las cosas y de sus acontecimientos, algo que resulta un poco alejado a lo que se entiende hoy día por poético.


Actualmente, y teniendo en cuenta el sendero que sigue la mayoría de la gente, tenemos una concepción de lo poético acorde con unos tiempos donde se rinde constante homenaje a la velocidad, y donde el egoísmo y la vanidad son sus fieles acompañantes. No voy a negar que cuando se escribe poesía la subjetividad de cada uno es un elemento importante, como tampoco que en la medida en que se vive en una etapa histórica determinada, la poesía que se escriba va en cierta medida a reflejar "el espíritu de los tiempos" Mas tampoco tenemos que confundirnos, que se tengan estas dos cosas en cuenta no quiere decir que uno se rinda constamente culto a sí mismo poetizando sobre aquello con lo que sabe desde el principio que va a recibir el aplauso ajeno, de la mayoría de las personas que piensan que su manera de considerar la estética es la única válida.

Según yo pienso, el ejercicio poético va muy al contrario de esta concepción "tan moderna" defendida por tantas personas. Creo, que, poetizar es una suerte de ralentizar el tiempo hasta tal punto que nos quedaría una instantánea, que si llega a desplazarse, lo hace muy lentamente. Hacer poesía es capturar un instante en la medida que nos hace darnos cuenta de esos detalles que señalaba más arriba, llevando la mirada de la gente común hacía aquello que aparentemente pasa desapercibido. También considero, que si bien es cierto que la individualidad de cada uno dota de originalidad los versos, a su vez estos han de tener una suerte de implicación universal, algo que sea reconocible más allá de los tiempos y de las diferentes subjetividades. No quiero que aquí se entienda "universal" como univocidad, con un discurso único. Mas bien me refiero a un tipo de significación que vaya mas allá de las apariencias, que aunque parta de la imagen, la acabe sobrepasando mostrando algo que vaya mas allá de las propias palabras con las que nos servimos para escribir poesía.

La poesía, aunque se exprese con palabras, siempre deja algo latente tras su lectura, algo que se encuentra en las mismas palabras pero que no llega a confundirse con las mismas. Si nos paramos a pensarlo, un poema en su sentido estricto, es un conjunto de palabras cuya colocación hacen unos versos, y que se leen de una determinada manera que lo diferencia de la prosa. Mas, no obstante, tras esta apariencia se oculta un mensaje, el cual dependerá de dos factores principalmente: En primera instancia del poeta que lo escribe, y en segunda, del lector que lo lee. En cierto modo, uno ha querido dotar al poema de un sentido que sobrepasa las palabras que ha usado, y el otro al leerlo, encuentra un mensaje que quizás no se encuentra en el poema mismo, pero que él evoca de acuerdo a su formación literaria, como también a sus propios recuerdos. A esto me refiero yo con lo universal de la poesía, lo cual podría también denominarse "la naturaleza original de la poesía"

La lectura de la poesía se basa en la sucesión de imagenes, y a su vez, en lo que estas nos transmiten o nos retrotraen, lo cual podría ser desde impresiones, sensaciones o recuerdos, de ahí que tanto para escribir como para leer poesía, la imaginación es un elemento primordial porque partiendo del poema en particular, se nos lleva a una significación más alta y que lo sobrepasa. Se suele uno referir, además, de que la emoción es otro de los elementos a tener en cuenta cuando tratamos sobre poesía, y esto es cierto, mas tampoco se reduce a eso. Es decir, es verdad que la sensibilidad es lo que afina las cuerdas poéticas, pero también el pensamiento es el que las aúna. Se dá una combinación entre nuestros sentimientos y pensamientos, de forma que las imágenes que nos transmite la poesía tienen cierta coherencia desde la fáceta más formal del poema -ya sea más clásica, o experimentalista- y otra que es más sentimental y que proviene de la inspiración que sentimos tras un suceso de nuestra vida, o algo más general que acontece en nuestra sociedad.

Unas palabras sobre la inspiración que considero necesarias. En realidad, aquello que denominamos inspiración es algo que tiene un cáliz prácticamente místico en tanto que es algo que no depende de nosotros mismos, ni mucho menos de la práctica de ciertas técnicas. Es algo que muchos han querido vincular con la genialidad de cada cual, pero de lo que yo particularmente sospecho. No voy a negar que ciertos poetas tienen más espontáneidad que otros a la hora de componer sus poemas, mientras que otros necesitan de más tiempo y de meditación antes de emprender una antología poética, por ejemplo. Pero, aún con ello, me costaría mucho decidir cual de los dos es más genio que el otro. No sabría decir qué método es preferible, o si alguno está más vínculado con lo que se denomina un genio. Lo único que sé, es que con independencia de los métodos, hay algo que denominamos inspiración que no somos capaces de controlar ni de racionalizar, y que proviene de una significación más alta, que si se me pregunta, es la fortuna de entrar en el núcleo de las cosas, de la naturaleza, y que habría que vincular con el Tao, con aquel gran misterio que se infiltra en la tarea poética formando una combinación tal que si se estira puede hermanarse con el silencio.

Al final, cuando se compone un poema ha de darse una introspección en la que desde nuestro propio centro se llega al núcleo de la naturaleza misma, y en la que se opera en semejanza -pero a la viceversa- de cuando ese poema aún no tiene una plasmación concreta, que es a lo que me refería en el primer párrafo. Ahí es cuando uno cae en la cuenta de que no  hay diferencia alguna entre la propia persona y el mundo, o entre lo interno y lo externo, y precisamente por ello, tampoco entre inspirarse en el paisaje o en lo que uno mismo piensa o siente. Esa es la significación universal que con tanta insistencia he ido señalando, la unidad que acepta todas las particularidades poéticas para acogerlas en su seno, como también todos los tipos de genios, unos más acelerados, y otros mas pausados, pero al fin y al cabo, todos igualmente admisibles en tanto que sus poemas derrocan cualquier tipo de limitaciones fronterizas, tanto en el entendimiento como en la expresión de un sentimiento que se encuentra bullendo.

También quisiera dar unas notas a algo que considero de gran importancia, especialmente para la poesía, mas que también podríamos aplicarlo a la literatura en general. La estética entiende de un plano formal, pero este no debe reducirse meramente a sí mismo. Es decir, la estética poética tiene un trasfondo mucho mas allá del expresar la belleza mediante el ritmo en el caso de la poesía, las imagenes que nos evoca o lo que nos hace sentir cuando la leemos, y esto es el contenido de lo que cuenta aquello que leemos, que puede comprender de diversos trasfondos, ya sea una significación más filosófica, una implicación ética o política, e incluso, el narrar un determinado acontecimiento histórico del que se quiere dejar constancia por lo que fuere.

Por ejemplo, cuando pienso en la poesía clásica china, en los grandes poetas de la Dinastías Tang y Song, o mucho anteriores, veo que en sus poemas se va mucho mas allá de una adoración incondicional de la belleza. Esta se encuentra presente, pero, a su vez, también se nos habla de los sufrimientos de la gente debido a la guerra, de acontecimientos que ocurrieron en su tiempo, unos mas decisivos para la historia en general, y otros quizás mas anecdóticos, como también se nos poetizan reflexiones filosóficas y espirituales donde se nos habla de la condición humana o de los límites de nuestro pensamiento a la hora de entender el mundo. Es decir, se escribía mucho mas allá de la propia individualidad y de la belleza formal del poema en concreto. Además, tampoco hemos de olvidar la gran vinculación existente entre el ejercicio poético y la política que había en esos tiempos. La poesía tenía también una tarea que se vinculaba al propio gobierno, y jugaba un papel central a la hora de acceder a los puestos de funcionarios imperiales, hasta tal punto se valoraba la poesía que tanto la composición de poemas como el gusto estético a la hora de leer poesía de los antiguos eran requisitos necesarios para acceder a puestos del poder. Es más, se usaba de la poesía para enviarse correspondencia, para informarse sobre la situación del país, para repasar historia,  para acceder a la tradición de la sabiduría... Y todo a ello, a expensas de la prosa, a la que se consideraba un ejercicio vulgar y meramente ocioso, limitado a mera redacción de informes y de registros históricos que se combinaban con la poesía para dotarles de elegancia.

Teniendo esto en cuenta, a nivel personal yo me considero un esteticista declarado, mas tengo claro la tarea humanista que tiene la estética, y que esta se vincula con la sabiduría también. Si escribo poesía no es sólo para que quede bonito, sino sobre todo porque tengo algo que aportar al resto de los seres de este mundo. De lo contrario, el escribir poesía se reduciría a un mero entretenimiento ocioso, como pintar un paisaje que poner en el salón. Yo reverencio una y mil veces a la musa de la belleza, pero no puedo evitar pensar que soy también parte de este mundo, y como tal mi voz responde a tantas otras voces que nos animan a fijarnos en aquellos pequeños detalles que pasan desapercibidos, y que aumentan nuestro saber y nos hacen mejorar como personas. Siguiendo esta senda que me he trazado, considero que la estética poética ha de ser humanista en tanto que también es naturalista, reconocedora de las hermosuras de este mundo, así como de sus desgracias, que expresa los tristes sentimientos de la soledad, pero que también se reconcilia con la sociedad. Es como decía Lu Xun en su primera colección de relatos cuando en su prólogo menciona que lo que escribe son sus gritos para dar voz a los que no la tienen, sus gritos contenidos que se expresan en forma de palabras -o carácteres hanzi-, y que se liberan en la literatura como una vía de rebelarse contra la injusticia de este mundo.

En realidad, es imposible -además de desaconsejable- quedarse en el mero deleite estético, dejando de lado nuestro compromiso con nuestros semejantes y con el resto de los seres que componen la naturaleza. Obviamente, el factor estético es un componente harto importante para expresarnos, pero no hemos de olvidarnos de las voces que son acalladas, ya sea porque no tienen capacidad de habla o porque debido a sus circunstancias no tienen esa oportunidad de alzar la voz. Sería algo tremendamente nefasto el apartar de nuestra imaginería poética el hecho de que vivímos en un mundo junto a muchos seres de los que formamos parte, somos todos originados de una misma madre que nos dió origen, la cual no sólo se reduce a la belleza ¿Cómo iba a reverenciar sólo a una parte de la madre, cuando el resto de sus partes pese a encontrarse magulladas, son hermosas también en tanto que nos aportan algo?

Por último, quisiera indicir en una cosa más que antes he pasado de soslayo, y que sería la funesta manera en la que a veces se ejerce la literatura actualmente.  Algunos de los autores más vendidos, y que se encuentran en el negocio de la literatura, han pérdido esa vinculación introspectiva con el conjunto de los seres, y se mueven, con avaricia, solamente en busca de más fama, reconocimiento público y de dinero. No es raro encontrarlos diciendo bufonadas, llamando y consiguiendo la atención de una mayoría de la población bastante vulgarizada debido precisamente a la influencia de estos mentecatos sin corazón ni cabeza. Con esas actitudes sólo demuestran que no veneran a la literatura, sino el dinero que pueden ganar con ella. Y por eso, en parte, la literatura actual está en decadencia. Por escritores que no aman lo que hacen, lo que quieren es fama y poco más. No es raro encontrar a estos especuladores buscando influencia, yendose al lado del horno que más calienta para conseguir promoción y repercusión, produciendo unas obras carentes de la menor emoción, sin ápice de profundidad, y en suma, vacías, pero bastante aplaudidas por un gran número de ignorantes. Esto es bastante desalentador y deprimente, mas no por ello deja de ser verdad

Por suerte, siempre habrá pequeños hálitos de esperanza, leves iluminarias cargadas de valor que surcando un río plagado de malezas, se abrirán camino hacía nuevos mares. Quizás, en el tiempo presente, no se les preste ni la debida ni la merecida atención, pero confío desde lo hondo de mi pecho, que en el día de mañana se les reconocerá como las estrellas más brillantes en el panorama del cielo nocturno, mientras que aquellas otras luces artificiales acabaran por apagarse tarde o temprano, siendo relegadas al silencio y al olvido. No hemos de olvidar que en la oscuridad se esconden los más intensos resplandores, y que lo que ven nuestros ojos durante el día, no son otra cosa sino apariencias que terminarán por desvanecerse.