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lunes, 23 de noviembre de 2020

Sonetos para Esther

                                      -


Deleitate con mis caricias, amor mío,

estas pasan como lirios

que esparcidos, se plasman cual cirios

entre estos cristales en los cuales confío,


mas no temas, sustentate en este lío

de rosas rojas y negras, pasionales rios

que atraviesan portales fríos

pues has de saber que solo en amor fío


Así como nuestros corazones fundidos,

tan comprometidos como ardientes,

atienden a sus propias razones,


muchos nos tendrán por confundidos

¡Pobres de los que no saben de amores,

pues si supieran, nos tendrían por reyes!


                                     -


Oh, eres tú mi eterno amor,

formado entre millares de cosas bellas

de las que tú eres primicia entre ellas,

sutil e inhóspito fulgor.



Eres aquella que elimina todo dolor,

envidia de las mas altas estrellas,

 te mantienes silenciosa entre querellas

y no en vano vuelas en mi derredor


Terminantemente naciente y luciente,

sin excusa ni palabra que sobra,

mas obras cual fiel esposa,


tu hermosura en modo alguno miente,

pues basta a quién te nombra

para recordar tu imagen preciosa


                                    - 

Somos y estamos sobre un espacio

reservado a la amorosa esencia,

ambrosía angelical, divinal delicia

que merece ser degustada despacio,



así cual cabello enredado y lacio

se aposenta en la deseosa milicia,

quietud del instante, permanente caricia,

amado manjar del que nunca renuncio



Con paciencia me tumbo en tu regazo,

teniendo sumo cuidado con cada tacto

dejado como quién posa un pedazo



de su alma sobre fino lino, mientras tanto

nuestros espíritus encarnados enlazo

bajo aquellos eternos hilos que siento.


jueves, 4 de junio de 2020

Un par de poemas para el porvenir

- Dudas y tristezas

¿Quién de todos ustedes pretende
fundir la rosa con sus espinas
y con mayor osadía ofende
las hermosuras naturales vespertinas?

¿Quién ha vacíado las cantinas
y hablando en demasía entiende
que las hierbas y las aguas amigas
han de renovarse sin algo que trasciende?

¿Por qué la luna y sus estrellas
ocasionan dudas y querellas
a este hidalgo atormentado
pensándose un hombre despiadado?

¿Por qué tras la guerra tan aniquilado
he estado que ningún descanso
desemboca en adormiladas centellas
que den paso a las rosas a y otras cosas bellas?

¡Ay, inhóspito y cruel letargo
este pasar de los tiempos
reflejado en las ausencias del lago,
y en el ímpetu de cuatrocientos vientos
que volcándose producen el amago
de una caricia provocando aspavientos
frente a un paisanaje del que ya me largo!


- Un hidalgo medita sobre su propio corazón

Durante el silencio escucho el latir
constante de mi corazón, su palpitar
de vida incesante, su meditar
que jamás cesará de insistir,

en su coraje guerrero, en su raudo fluir,
se presiente la sangre dejandose arrastrar,
evitando que un suspiro le haga sofocar,
sus contenidos ecos consiguen resurgir

entre millares de recuerdos
almacenados en pecho y memoria,
en tanto siguen su marcha mis latidos

hasta que en su día sean detenidos
por la eternidad y su historia,
subiendo el alma, y quebrando los huesos míos







lunes, 1 de junio de 2020

Cuatro historias contadas en verso y un sonetillo

- Lágrimas infantiles


Lloraba la niña,

en llantos se deshacía

bajo unas sábanas sucias y frías,

desesperaba a cada instante,

cada una de sus lágrimas derramadas

eran testigo de su constantes devenires sufridos.


Vino su madre, y le dijo:

"Ay, hija mía ¿Por qué me lloras?"

Y la niña desconsolada le respondió:

"Porque estás luengas mantas gélidas

 se rompieron, se partieron en dos,

 se desvanecieron, y ahora,

 ya no tengo donde depositar

 mis añoranzas y mis tristezas en tales cofradías...."


- Los auténticos amores


La moza, estaba lozana,

de aparente buen ver,

mas guardaba en su recóndito seno

una frustración amorosa,

una idealización ficticia

que ella misma decidió creer,

se dejó llevar por perfumes vanos

que en antaño, la negaron su ser.


Por suerte, este mal de muerte,

pronto ha de ser restaurado

puesto que llegó recientemente

un hombre muy ufano,

que susurraba por lo bajo con sus labios:

"¡A esa mujerona he de querer

mientras viva, salvandola de la condena

de pensar haber amado,

cuando todo fue un cebo malogrado!

Por ello yo,cargado de auténticos amores

lanzaré mi lazo a su cintura,

ciñíendola con raudas flores

y demostrándole que su primer

y único amor, residía en la espera

a mi llegada, mas como ya presente

me encuentro, tan sólo queda

sellar mi pacto en un ferviente beso"


Y desde entonces así fué,

ambos se cansaron

en una boda íntima, y jamás cesaron

de amarse como desde el primer día,

no temiendo los lances del destino

ni los desaires vespertinos,

pues hallaron en el amor

ese palpitar con premura,

nudo estomacal

plagado de mariposas,

que aún estando animado con la brisa,

nunca dejará en balde 

aquel arrebatado beso,

del cual ahora son presos y obsesos

gracias a la mutua pasión

apresada en aquel amoroso recuerdo.


- Huérfano paternal


De la mano, iba el hijo con el padre,

bien sujetado estaba

aunque de vez en cuando resbalaba,

en tanto que el chiquillo andaba,

iba canturreando ciertas coplas

que había escuchado a las lavanderas

que acudían día a día allende al río,

muy hermosas y de fina voz

le parecían todas ellas.


Mas de repente, sin saber la razón,

el padre se desvaneció en el aire,

no le sintió ni irse

como así tampoco pudo despedirse,

así el pobre niño se quedó perplejo

mientras los vientos lo zarandeaban

a doquier, erraba por cualquier senda,

pues al faltar quién fuera su guía,

el recorrido era incierto,

el destino mera fantasía 

y la llegada una vacua esperanza


Muchos años anduvo el niño,

en los cuales careció de toda compañía,

pero en cierta ocasión pudo observarse

una suerte de ilusión transfigurada

de quien era su padre,

le abrío los brazos tal y como recordaba,

corrió hacía él mientras clamaba:

"¡Padre, padrecito, por fin te encontré!

Y ahora que estás aquí,

sigamos andando, atravesando

tales vírgenes caminos,

dejemos impresas nuestras huellas

y no perdamos la vía correcta

que pudiera llevarnos al Cielo,

retornando así en una sucesión

que no se detiene, al origen"

Así dijo, mas cuando sus palabras

dieron al silencio, la figura del padre

volvió a evaporarse, tuvo que asumir

que estaría solo para siempre


- Redención campestre


Alzó la escopeta, y pegó un tiro,

el cazador se levantó

para dirigirse a la gacela recién muerta,

y pudo verse que todavia agonizaba

rodeada por un halo de sangre

que le circundaba, haciendo parecer

que tenía un par de alas ensangrentadas


Acto seguido, se llevó las manos

a su cabeza ya inclinada,

empezarón a resbalarse de las mejillas

del hombre raudas y gruesas lágrimas,

al ver tal horrendo desastre,

no pudo evitar estremecerse,

querer perecer junto a aquel animal

y poniendose el arma en la sien,

disparó y se oyó un susurro

que venía a decir:

"Dos cuerpos se quebraron,

mas un alma los unió"


- Amor amante


Sucesivos abrazos entrelazados

y lastimeros manantiales fugaces,

funden en uno los pechos amantes,

como así son pactos sus besos


que no quisieran fraguarse en pedazos,

pues ante traicioneras despedidas, tales

daños alimentan a sus fervientes sentires

con el reencuentro que les hace únicos


Salvados se encuentran en el amor,

encarnados sus espíritus sin distinción

haciendo uno sus cuerpos con ardor,


puesto que hermanados ya el dolor

insistente y la reinante pasión,

sólo les queda degustar el celestial licor




miércoles, 16 de octubre de 2019

Respuesta versada a Francisco de Quevedo por su soneto "Amor constante más allá de la muerte"

Respuesta versada a Francisco de Quevedo
por su soneto "Amor constante más allá 
de la muerte"

Soy, fuí y seré polvo enamorado
siempre con el pecho al descubierto,
y con una ardiente llama en aumento
que me recorre el espíritu encaustrado

De mi vida no caeré en olvido,
pues ante las gentes procuro el enfrentamiento
yendo allá con el rostro abierto,
despierto, incluso, estando dormido

Cuando la inesperada llamada
me sorprenda, invocaré a la llamarada
que me recorra el alma amada

cual lazo espiritual. Cada
lance o desaire otorga fuerza alada
que jamás muere, para siempre será vívida

Con agradecimiento al gran Francisco de Quevedo Villegas por su poesía y sus sentidos pensamientos.


domingo, 29 de septiembre de 2019

Amada muerte y dos poemas

Muchas veces, a pesar de mi juventud, no puedo evitar pensar en la muerte. Aquella supone un puente entre dos estados: el primero que nos es en parte conocido y el segundo que resulta todo lo contrario. Es la esperanza, la promesa de salvación, que lejos de negar, afirma lo que resulta de la tierra y lo eleva hacia lo divino. El anhelado paraíso no es otra cosa que un mundo aumentado, como si impusiéramos ante un fragmento de barro una lupa que nos permitiese reafirmar lo vivido. Pensemos en los sueños, realidades oníricas que nacen y se esfuman como si fuesen deidades abstractas, mas en modo alguno son así puesto que mientras estamos insertos en ellas nos parecen la realidad más completa ¿No podrían ser así nuestras vidas? No lo pregunto en vano, lo dejo en el aire cual respirar que se inflama al instante para vivir espontáneamente.

A mí modo de ver, vida y muerte son las caras de una misma moneda. Y en cuanto tales, entienden de un mismo núcleo desde dos perspectivas diferentes, que en verdad son una y la misma. Aún con ello, no podemos evitar que se nos clave el cruel aguijón de la incertidumbre junto con aquellos susurros nocturnos que provienen de nosotros mismos, los cuales nos preguntan: "¿Qué será...?" Y entonces, son respondidos por el silencio, o incluso, por alguna cigarra que está tocando su concertado son. Pero, al cabo; ¿Es esto una respuesta?

Me duele el pecho, siento los latidos repiquetear y con su acostumbrado eco puedo oírlos a través de la almohada ¿Qué me intentan decir? Pueden ser el augurio de una larga vida, o el aviso en suspenso de una nueva parada, un cambio de posición que nos resulta incierto. El gran coro de fantasías se afinan en la medida que el sonido persiste, se insiste en conceptualizar lo que nace del sentimiento. Se trata de una batalla donde en modo alguno se siente pavor a la hora de gastar metralla entre la sensación y el pensamiento ¡Oh, amigos míos! Los contrarios no se dan en apariencia alguna, están en las cosas como la muerte en la vida, y viceversa. Aunque ello tampoco quiere decir, que no me sigan asaltando las dudas, invadiendo mi fortaleza cuyos muros día tras día se siguen cayendo hacía un negro abismo que culmina en una santa luz, aquel también llamado final y principio de los tiempos.

Desconozco el cómo salir de aquel escollo, mas sé de algo que lo puede hacer salir, volar en el aire en semejanza a las luciérnagas que en el verano se acercan a la ventana buscando cobijarse en una luz que les parece aún mayor; la intermitencia de una lámpara pronta a apagarse. Y en tanto que ve cercano su final, todavía ansía mantenerse lumínica como desde el primer día que se le concedió la facultad de dar luz. Por eso, voy a recurrir a una segunda naturaleza que viene a confundirse en ocasiones con la primera, porque como dije poco más arriba, su virtud nace de una misma moneda. Así, pues, se de paso al nostálgico cantar, que cargado de una extraña visión de oráculo, revele cual es el misterio, dando salida a este encierro:


Aspiraciones poéticas frente a la muerte

Pase lo que pase no puedo evitar
desde mi fuero interno seguir amando,
y, así, las ansias tornando
en vespertinas llamas que hacen resucitar

los elevados horizontes prontos a estallar
en tanto, que, mi corazón sigue latiendo,
mis pasos continúan recorriendo
las sendas que procuran finalizar

En ocasiones me da por pensar acerca
de aquel culmen de las aspiraciones
al último despertar fronterizo,

un abrir de ojos, y su inevitable marca
desfalleciente de ilusiones
que la Parca deshizo.


Muerte amante

Vi esta noche a la muerte,
y raro es que no temí su presencia
al llegarme ella con una caricia
que impulsó mi sangre ferviente,

la abracé y escuché atentamente,
y entre sábanas, con suma delicia
me besó como el viento que arrecia
con semejante furor al amante

Jamás pensé que amaría
a aquella que a los demás
suele provocar horrores,

por sus andares enloquecía,
y cuando el sol fue mil auroras
perecí junto a ella con honores.

miércoles, 4 de septiembre de 2019

A Don Quijote de la Mancha y a Sancho Panza


- A Don Quijote de la Mancha

Aquel hidalgo ansioso de aventuras
de rostro enjuto con macilenta armadura
y vieja espada, un alma pura
de la que Cervantes nos cuenta las historias,

hizo resurgir a las viejas caballerías
y de su valentía se formó su cuerda locura,
que siendo osado guerrero procura
de su amor a Dulcinea también cantar poesías

En él contemplamos
el valor de la temerosa acción y de la pasión
sobre los eruditos y sus pensares,

ya que con nuestro Don Quijote, vamos
atravesando sierras, ventas, montañas, playas en función
de una novela que nos quita los pesares.


- A Sancho Panza

Jamás ha sido tan verdadera amistad
tan fervientemente imaginada
como la de Sancho, otorgada
al buen Don Quijote con lealtad

De cristiano viejo potestad
sin caer en teologías, es revelada
la ciencia ordinaria de la aldea, dotada
de tal manchega simplicidad como bondad

No dejes nunca solo a tu hidalgo,
que te prometió de la ínsula 
el gobierno y el mandato,

y, si te dejas en el camino algo,
que no sea ni tu rucio ni mula
alguna, de lo contrario, llorarás en arrebato.


Por un hidalgo quebrado aficionado a la lectura del Don Quijote de la Mancha, libro escrito como se sabe por Miguel de Cervantes.





martes, 25 de junio de 2019

Dos sonetos para todos aquellos que hayan perdido sus amores para siempre

¡Oh, sacra Poesía, musa mía ya envejecida, dame por sútil gentileza ciertos albores provenientes de amaneceres y auroras imprevistas en aquel divino elemento que es llamado por inspiración! Repaso viejos escritos, nutridos por semejantes sentimientos a los presentes, y noto ya caérseme una pequeña lágrimilla, cual gota de rocío en prados paradísiacos, que entre mis dos ojos atentos a los acontecimientos que pasan sin dejarse tomar en vano se resbala sin yo ser capaz de detenerla ni durante un instante ¿Soy yo el poeta loco e inspirado que dejó plasmado aquello que escribió? Algo inusitado en mi interior parece decirme que sí, pero, sin embargo, otra parte de mí enarca sus espirituales cejas y se empeña que si tal anterior afirmación es cierta, hay algo de divino en escribir versos, una caudalosa fuente preñada de agua bendita de la que quizá bebemos para quitarnos la sed por consolarnos de las tristezas de cada día ¡Ay, vida mía, cuánto te amé y te sigo amando, pero que no amaría tanto sin esta capacidad de poder llorar a solas sin que nadie se atreva a sepultar lo que irremediablemente ha de pasar! Sí, ya aparece, susurra el espíritu, y yo le respondo como puedo a pesar del peso de mis carnes.

Silencio mi yo prosado, que hable aquel que canta para propio divertimiento, y si alguien tan amable le presta sus curiosos oídos mejor sea. Yo, mientras tanto, tomaré mis cuadernos y encontraré algo que me parezca bueno y que venga al caso, y ya después, lo dejaré aquí por arte mágica. Así es como me apetece y sea hecho según los escutrinios de la Providencia, a la que doy gracias por prestarme mientras me remonto en vida de camino a donde no sé con seguridad la asistencia de las musas, que en ocasiones desnudas, y otras veces con lujosos ropajes, me visitan cuando estoy a oscuras y con la melancolía ergida. Me suelo comportar muy cortés con ellas, y sin dar rienda suelta a lujurías pecaminosas  -que, por otra parte, nos atan con regularidad nuestra baja simiente- les presto la debida atención viéndolas, escuchándolas, amándolas, y tantas otras cosas más... Así, como he dicho poco mas arriba, cierre la boca por ahora mi yo narrativo y hable la parte que mas importa y viene a cuento en esta ocasión.

- Amores dolorosos de este autor

Sentir que produce sufrimiento,
tristeza fue el hechizo
de haberte creído visto, así se hizo
en mis desgracias un asiento

Recordar que provoca el lamento,
un pensar de la melancolía mellizo,
nostalgia de lo que nunca de deshizo
emana de mi alma, así lo siento

Mi corazón herido
por el inolvidable rostro
ido entre sombrías impresiones

Muerto en vida, fluído
por encima del inquebrantable potro
de lo nunca vuelto, perdidos amores

- Recuerdos felices en tiempos tristes

Lamentable martirio el de mis lágrimas
que fluyen cual rio, vespertino
el sol señalando su cauce, destino
de su rumbo por las colinas

Tristezas mías, riquezas abandonadas
sobre macilentos lechos de lino
sobre los cuales los olores no olvido, cruel desatino
fue oler aquellas mantas dejadas

Y sobre aquel cristal
tú rostro estuvo clavado
mirando nuestros ensueños idos

Y por encima del sino fatal
tu espíritu estuvo postrado
navegando en mares solitarios

...

Se fue, se fue...
más no el amor
nos fuímos nosotros dos
allí donde el recuerdo
se posó en una flor

Lloramos, mucho lloramos...
Mientras lo que alegres sentimos
se volvió dolor,
tan profundo
al despedirnos con lágrimas en los ojos

martes, 18 de junio de 2019

La dama soñada

Ya anochecía, y ello se sabía porque el sol se escondía y aparecía el lucero blanquecino estableciendo un nuevo tipo de día. Las interminables calles eran recorridas por un polvo ahora anaranjado debido a los faroles que iluminaban los caminos cada cinco metros cuyas bombillas eran acompañadas por telas de araña, mosquitos y alguna que otra polilla. Como no había aceras, tenía que caminar justo en medio, donde se supone que atraviesan los coches a gran velocidad sin mirar a quién tienen por delante, pero como este era un lugar bastante deshabitado no existía ese problema, ya que allí donde no hay casas a las que visitar tampoco las sendas de las que nos servimos se han de atravesar. Según caminaba iba pensando hacia dónde me dirigía, de mi mente se había desvanecido la dirección exacta en la que tenía que acudir. Aún así, de manera extraña, conocía donde estaba como si dijésemos intuitivamente, mis pies por sí mismos se enderezaban y tomaban la ruta sin guía. Muchas veces me ha ocurrido tal extrañeza a la hora de orientarme en los lugares, puesto que camino al azar con un motivo inmerso aunque secreto, desconocido incluso para mí mismo, y entonces, voy andando constantemente como si estuviese perdido no estándolo, y cuando quiero darme cuenta o despierto de la ensoñación en la que me encuentro, ya he llegado al lugar que en mi interior tenía determinado. En ocasiones esta determinación es confusa y difusa, pues siento mis ojos rodeados de una neblina muy particular que me lleva a pensamientos que no vienen al caso en la situación concreta donde me hallo, es entonces cuando centro mi mirada en lo que se le viene por delante, y he aquí que ya he llegado donde en un principio debía acudir, recordándolo y dejándome conducir por lo que a cada momento me surge al paso.


Y así fué, había llegado a unos anchos portales abiertos de par en par, cuando quise darme cuenta ya estaba sobre unas largas escaleras que se conducían a lo que parecía un castillo. En verdad este era una casa poco usual, que había sido construída probablemente a la vieja usanza, es decir, con grandes rocas, y cuyo interior era adornado por madera maziza que por su olor parecía recién barnizada. A simple vista el lugar estaba vacío, así lo tengo por seguro porque recorrí cada uno de sus largos pasillos, salas de estar, e incluso, algunas de las habitaciones, excepto aquellas que estaban cerradas con llave. No había nadie allí, solamente la misma soledad en persona y mi desconcierto al estar acompañado por una ausencia y una duda.


¿A quién tenía que visitar? ¿Cual era mi intención al estar allí? Pese a no saberlo con seguridad, advertía que mi visita en el lugar no era casual. Estaba allí presente por algo, de lo contrario no estaría dando vueltas por cada recoveco de aquella casa, no tendría sentido el estar por el estar, mera indiferencia que nos conduce a desconocernos como así también a nuestro propio entorno, gran pecado sería aquel. Yo soy y estoy, y se lo qué me hago y por qué camino sobre estos suelos, aunque sea tan sólo por mantenerme vivo. Ya el vivir es un motivo tan importante que condiciona cada paso en base a una meta, si hay acción es porque se encuentran unas causas y unos fines llevados al infinito, toda una policromía de posibilidades donde cada matiz condiciona el movimiento anterior de modo que somos llevados mas allá de lo imaginado hasta alcanzar un estado superior. Bien pudiera decirse que en mi estado de indeterminación, de mi ensoñación que actuaba como un velo impuesto ante mis ojos, en el fondo me conocía a mí mismo -si bien no al completo, al menos en una plenitud cordial y estable- y que si así era como yo creía en aquello, ello quiere decir que también había creado un mundo puesto que quién va formándose acorde con una fantasía desatada hace su propio mundo. En este caso en concreto, era una cosmovisión muy particular, siempre afirmativa, dispuesta a derrocar aquello que le eliminase la ilusión y la esperanza, engañándome tantas veces, que si bien existía una clara aspiración a la verdad, me era dificil admitirla y discernirla de la ficción. 


Salí al jardín posterior de aquella casa y pude contemplar la noche cerrada asomádose en los cielos nocturnos que repletos de nubes, dejaban ver algunos claros entre unos y otros nubarrones. El viento zarandeaba unas palmeras dispuestas ante mí, como a su vez lo hacía con unas rosas rojas que estaban dispersas por el jardín. Diversas luciernagas rodeaban la casa que parecía un castillo, pudiere parecerle a algún ingenuo como era mi caso que danzaban para dar bienvenida a su presencia. Era un lugar fabuloso, de cuento y de encanto, inexplorado por otros andantes hasta ahora, pues aquel umbral era atravesado cual flecha clavada en pecho ardiente al poner yo mi pie sobre tales altares.


Podía apreciarse en la lejanía un temple luminoso, brillante que resplandecía cual cuatrocientos soles al unísono. Era una dama resuelta en llama prendida, ardiente como ella sola que estando arropada con un blanco vestido, podría adivinarse su desnudo tan puro como inocente, toda una mujer con un alma niña. Atraído y persuadido de una hermosura que rozaba los espacios sucesivos y siderales, me acerqué con paso quedo y tiento, reafirmando mi sentimiento acrecentado por su belleza. Personalmente, dado mi peculiar escepticismo, no solía creer en golpes enamorados a primera vista, pero en aquella coyuntura tuve que afirmar mi creencia en las eternidades enamoradas. Inexplicable en verdad, aunque precisamente por ello tanto mas valía.


Nuestros rostros estaban tan cercanos, que osaban rozarse olvidándose de toda pulcritud del trato. Era como si ya nos conociesemos de hace mucho, y habiendo esperado el tiempo propicio para el encuentro, lo hubiesemos puesto a efecto sin las presentaciones que estorban toda verdadera comunicación. Ninguno de los dos tomó la palabra para el otro, simplemente se hablaba mediante el tacto diciendo todo aquello para lo que toda palabra quizás en ese momento se hubiera quedado escasa, o a lo menos, evaporándose sin intención ni final. Una caricia que explora, la sonrisa dubitativa terciando entre la alegría y la melancolía, el respirar que ansía tomar el aliento de ámbar ajeno, el mirar y afirmar, un sentido íntimo que prefiere no preguntar por no enturbiar aquello que se muestra limpio y espejo de toda pureza en aquel mismo momento.


Finalmente, ella dijo algo que sin embargo no logro recordar; pudiera ser un saludo indiscreto, una sílaba que sobraba, cualesquiera sentencia que no añadía nada al caso... Me duele no ser capaz de haber apresado en mí aquel mover de labios con significado. Poco después, se dió la vuelta prometiéndome volver cuando acabasen aquellas ráfagas que insistieron en aparecer. Yo, probablemente, le hubiese dicho que aquel acontecimiento daba igual, que podría quedarme allí toda la vida siendo amado y aprendiendo a amar. Digo que probablemente porque una vez que ella dijo aquellas palabras desperté, dándome cuenta de que estuve soñando ¡Y bien que soñé! Mejor hubiese sido jamás despertar de aquel sueño, pese a que el eterno soñar fuese lo más parecido a la muerte que podamos imaginar. En verdad os digo que soñando en tal manera aprendí lo que era vivir, y así, pues, muriendo en el sueño supe lo que era la vida. Y esta me trajó de vuelta para que viviendo comenzase a morir poco a poco hasta tal punto que determiné que si se vivía en escasez de sueños mucho mejor fuera morirse, o lo que viene a significar lo mismo: desvivirse dejando de soñarse.


Al levantarme por la mañana, tras tomar las diligencias habituales, desde el sofá de mi salón compuse un soneto para jamás olvidarme de la dama que soñé aquella noche y así ella permaneciese para siempre en unos versos que plasmasen su semblante. A aquel lo titulé "A una dama que soñó quién compuso este soneto" al pensar que nada mas podía decirse que no estuviese en el mismo y que dice como sigue:
Hoy soñé con una dama que era pura hermosura
en fantasías oníricas fué por mí inventada,
con todo corazón era amada
de un desdichado como yo, que gozaba su finura

Sus labios deliciosos de ambrosía manaban frescura,
dorados cabellos y su palma regalada
a mi temblorosa mano apresada,
su amor soñado suponía mi cura

No hay hechizo que aleje aquellos
ojos verdosos y su sonrisa
que con prisa se deslizaba

hasta mi boca imponiendo sellos
impresos todos ellos sobre la brisa,
yo mientras soñaba, y en tal manera, también amaba.