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martes, 1 de octubre de 2024

Desde el abismo: Una colección de poemas

 - En las noches oscuras pequeños seres

susurran bajo las almohadas 

de los melancólicos soñadores

palabras que no es posible reproducirlas.


A veces son dulces como nanas,

otras son tan crueles que saltan lágrimas,

mas todas ellas encubren la manifestación

de espíritus de otras épocas.


Se estremecen los durmientes con tales

enígmaticas sílabas de un idioma

que desconocen durante el día,

pero que en la noche interiorizan.


Así en sus sueños emergen extrañas

formas que se contorsionan adoptando

posturas imposibles y secretas muecas 

que adolecen al ser reinterpretadas.


Negras sendas caminan en la onírica

que les conducen a goces infernales,

tornándose lo que al principio

era plancentero en una eterna pesadilla,


de las manos de hermosas hadas

rescatan suculentas ambrosías

que al rato de ser degustadas

se convierten en caducas pócimas.


Tiemblan los cuerpos, se quiebran

las almas consagradas al culto

de lo impío y de lo blasfemo,

de la lujuría y de la curiosidad inquieta.


Nada de esto recuerdan al despertarse,

a excepción de una amarga sensación

que les recorre la mente y que no se

desvanece hasta la caída en la ilusión del día.


- A Lucifer


En el cielo del Cielo andaban volando

innúmerables ángeles, pero quizás

el que más destacaba por belleza

y agudeza a la par era uno llamado

Lucifer, cuyo único defecto a ojos

del Absoluto que todo lo gobierna

era su picaresca y rebeldía.

Mas a pesar de ello, era el predilecto

por hermosura y gallardía, algo

que no sólo demostraba en su presencia

sino también lo cobijaba en su interior

destacándose de sus hermanos

demasiado iguales, demasiado obedientes.


Sin embargo, en un día sin tiempo

de la eternidad, el Rector principal 

decidió crear a unas criaturas llamadas

hombres, lo que produjo una sensación

de recelo y de melancolía en Lucifer

ya que le recordaban lo peor que tenía él:

una curiosidad innata y una tendencia

a escalar cumbres vetadas.

Y así, los rechazó, se negó a tener

que cargar con ese mal recuerdo

que arrugaba sus facciones,

sometiéndole a una desdicha 

que le haría adquirir un comportamiento

deleznable, dejaría de ser ejemplo

para los restantes ángeles.


Esta contrariedad desde la creación

hizo que quisiera ascender cotas

que le estaban veladas para alejarse de ellos, lo que a la larga sin extensión

oscureció su semblante, trastocando

su valía interna en temeridad lo cual

entristeció enormemente a Dios

puesto que tenía grandes esperanzas

en el porvenir infinito de su predilecto.

Tras largas deliberaciones al final

le dijo: "Será mejor que te vayas de aquí

y que a partir de ahora tomemos

caminos aparentemente distintos,

y ya que tanta molestia te causan

los hombres, vive con ellos y algunos

te adorarán a ti, y otros, a mí."


Al principio, Lucifer se negó, gritó

exasperado por tamaña decisión

que le alejaría de su Señor, mas

finalmente optó por aceptar

tan doliente propuesta, así

que se suicidió desde lo alto de los cielos

para acabar cayendo donde habitaban

las extrañas y pérdidas criaturas.

Desde entonces, aquí vive ayudando

a los hombres en la medida 

de sus posibilidades, siendo aceptado

y negado desde diferentes enfoques,

mas a pesar de ello, cuando estos seres

mueren, a sus más queridos entre ellos,

los lleva ahí donde reside Dios, y les dice:

"Ojalá logres vivir aquí durante mucho

tiempo, si es así dile al que está

en el trono que me haga volver.

Pero si te hacen descender por sus

designios divinos, yo aquí te esperaré

para que nos lamentemos juntos."


- Pocas cosas me placen tanto

como el encerrarme en mi habitación,

clasurar los párpados y hundirme

entre almohadas para dormir.


Esto no lo hago ni por pereza

ni por mera holganocería, sino mas bien

porque mis tristezas internas son tantas

que la oscuridad de mi cama me reclama.


No se trata de una banal búsqueda

del descanso, es lo que se produce

cuando se cierran los ojos en la noche

y las horas pasan sin advertirlo.


Es así cuando algo divino

se comunica con mi mente y produce

aquello que denominamos sueños,

elevándome a abismos muy altos.


Durante ese tiempo arrebatado

por ignorada e inconsciente inspiración,

nace otro yo, otra habitación, otros cielos

invocados por ángeles caídos de eternos tiempos.


Acudo al mundo de los sueños

como quién corre tras una esperada

cita, un encuentro tan sanador

como pailativo para almas atormentadas


Las melancolías se disipan, los rencores

se olvidan y se da cabida a oníricos

misterios que mantienen a corazón

y a imaginación cautivadas.


En el sueño nada me perturba, todo es

tan natural como la luna que alumbra.

Sólo temo el final de tal dicha,únicamente espero que se eternice para no despertar nunca.


- Cuerpo ardiendo, sudor frío.

La cama está empapada

de divagaciones exquisitas.


Visión nublada, voz quebrada.

Un mundo incomprensible

que sólo da pie al desconocimiento.


Pasos temblorosos, miembros inquietos.

Desconozco el final de la senda,

y del principio ya no me acuerdo.


Mareo corporal, mente abismal.

La quebrada insondable

sólo puede conducir a lo ilimitado


Ojos llorosos, sentimiento contenido.

Ya no reconozco quién soy yo,

y los demás parece que tampoco.


Cuando atenaza la enfermedad,

y uno se acostumbra a ella

hasta el punto que la hace compañera,

sus visitas terminan por volverse

cada vez más frecuentes.

La última será en el regazo

de la ansiada muerte.


- Cuando la noche se torna esmeralda

yo surjo de las profundidades del sótano

de forma tan tenue como el deslizarse

de la sombra al ganar terreno la luna.


Mis miembros se van contorsionando

en violentas sacudidas y cambios

repentinos de postura, demostrando

cuan viva se encuentra la muerte.


Escapo de mi guarida para aterrorizar

a quienes osen traspasar el umbral

entre la cordura y la locura, dando

azarosa sentencia a los miedosos.


Si me ven siempre se produce idéntica

reacción, lanzan un grito temeroso

que yo respondo con alarido

que proviene de los sárcofagos infernales,


después huyen despavoridos dejando

sangre del pavor por el suelo que pisan

mientras que yo voy tras ellos, unas veces

aceleradamente, y otras con lentitud.


Mas al final, siempre les atrapo y cuando

esto pasa mis garras les trapasan

sus finas y blanquecinas pieles

cual si desgarrase una fruta recién caída.


Así voy a mis anchas a través 

de los dominios nocturnos haciendo

del mal un bien y del sufrir un placer

porque así lo ordena un cabrón.


Soy una bestia que despliega su ferocidad

con mas intensidad en la oscuridad,

y que cuando comienza el día se repliega

en la tumba de los deseos y de los sueños.


- Al cuervo universal


Se posa sobre verjas oxidadas

escutrando horizontes que están

velados a los iluminados.


Despliega sus negras alas

cual si fueran una colección de penas

cantadas por poetas nostálgicos.


Aparece sin aviso previo anunciando

futuras desgracias para los diestros

y ganancias en el porvenir para siniestros.


Pero cuando el cuervo se queda

en una inmensa soledad, este piensa

cual será su final al recordar

la muerte de tantos de sus hermanos.


Mas cuando el cuervo se queda

en una tremenda soledad, este no puede

evitar que una lágrima se deslice

por sus oscuros ojos y moje sus sombrías plumas.


Planea por un cielo bajo

manteniendo su cabeza apuntando

a un punto fijo en la maleza.


Persigue a su presa con insistencia

hasta que acaba exhausta

y engullida en su fino pico.


Nunca se encuentra del todo saciada

y cuando cree estarlo algo reverbera

en su interior provocando punzadas.


Pero cuando el cuervo se queda

en una inmensa soledad, este piensa

cual será su final al recordar

la muerte de tantos de sus hermanos.


Mas cuando el cuervo se queda

en una tremenda soledad, este no puede

evitar que una lágrima se deslice

por sus oscuros ojos y moje sus sombrías plumas.


Nunca es bienvenido allí donde aparece,

en los lugares luminosos le echan

y en aquellos oscuros le temen.


Siempre interpretan su canto

como una risa irónica,

mas realidad se trata de un gemido lastimero.


Los niños se alejan en su presencia,

los adultos recelan de sus pertenencias

y los viejos suspiran desasosegados.


Pero cuando el cuervo se queda

en una inmensa soledad, este piensa

cual será su final al recordar

la muerte de tantos de sus hermanos.


Mas cuando el cuervo se queda

en una tremenda soledad, este no puede

evitar que una lágrima se deslice

por sus oscuros ojos y moje sus sombrías plumas.


Fugaz en las noches, retardado en el día

siempre atraviesa parámos desiertos

que le llevan a prados desolados.


Pica en el suelo allende a las rocas brillantes con un ojo en el suelo, 

y con otro apuntando a lo circundante.


A las veces muchos de ellos se reúnen

al rededor de cádaveres abandonados,

pero casi siempre vuelan solitarios.


Pero cuando el cuervo se queda

en una inmensa soledad, este piensa

cual será su final al recordar

la muerte de tantos de sus hermanos.


Mas cuando el cuervo se queda

en una tremenda soledad, este no puede

evitar que una lágrima se deslice

por sus oscuros ojos y moje sus sombrías

plumas.


- Atravesando el portal predestinado,

llego a la oscuridad mediante la luz

y me aposento en ella cual si fuera

la más inmensa iluminación.

Hace mucho frío y nada puede verse

a excepción de unos rayos azulados 

dispersos en una amplia sala

de la que no se sabe si hay salida.

Tiemblo, me estremezco pensando

allí donde me encuentro, desconcertado

ante el fatal designio que desde lo alto

me tenían preparado desde largos años.

Apenas hay capacidad de movimiento,

sólo mi aliento en forma de vaho

es conferido con un desplazamiento

más veloz que mis propios pasos.

Cadenas, su ruido y presión en todos

mis miembros me advierte que soy

preso de las torturas que invoqué

cuando todavía era un vivo cautivo

¿Qué será de mí? Me pregunto,

o al menos me preocupo por el sino

de una alma arrojada hacía extraños

avatares conversos en cárceles.

Con tiento y algo de arrojo, me arrastro

muy lentamente a través de fangos

sombríos cuyo tacto es roca húmeda

iluminada por la escasez de luz.

A lo lejos escucho algunos susurros

que en la medida que me acerco

van incrementándose en potencia y eco,

hasta retumbar sobre heladas paredes.

Parecen pedir ayuda, exigir redención,

mientras tanto yo callo, sólo pienso

replegándome en las todavía más

tenebrosas cavernas interiores.

Ahora ya sé dónde me encuentro,

señales que me llegan a la mente

en forma de diabólicos torbellinos

y que me dicen que estoy en el infierno.


- Tambaleándome, me voy desplazando

por estas oscuras sendas

que forman parte de eso que suelen

llamar el mundo, o la tierra-infierno.


Aquí soy siempre extraño de mi mismo,

mas sobre todo para todos aquellos

que osan considerarse mis semejantes

a pesar de nuestra distinta naturaleza.


Mis ojos, precavidos, siempre andan

recorriendo cada una de las esquinas

por si en cualquiera de estos días

alguno de ellos pretenden darme una sorpresa.


Soy desconfiado, sospecho acerca

de sus sombrías intenciones pues

nada conozco acerca de estos seres

cuya razón de existir me es un misterio.


Todos parecen darse movimiento

a sí mismos, animados por una deidad

que lejos de divina cabría clasificarla

entre las huestes de criaturas infernales.


Unos muestran su vulgaridad sin censura

alguna, otros a veces se contienen

y sonríen amablemente y algunos 

de los pocos se visten con piel de oveja.


Pero sé que en su conjunto tienen 

por bandera una corruptible huella

que muchos considerarán pecado

y que les antecede en la vida.


Lo tengo comprobado al vislumbrar

sus horrendas intenciones concretadas

en el acto, como también por lo que

callan pero que borrachos confiesan.


Serían capaces de cualquier atrocidad

a cambio de esa gema lóbrega

cargada de maldad disimulada,

de ese premio a la peor criatura.


Lo puedo ver en sus muecas guardadas,

en las expresiones repentinas, en gestos

callados que sólo son silenciados

cuando ojo ajeno se posa en ellos.


Temo, por mí y mis escasos seres

queridos que algún día descarguen

ese rencor tan mal alimentado

por haberlos descubierto en su impiedad.


Quizás, podrían abalanzarse sobre mí

con ira, con saña, con una amenaza

cumplida mientras mantienen ojos

desorbitados y miembros contorsionados.


Por eso, me alejo de ellos cuanto puedo.

Prefiero estar abandonado, olvidado,

borrado de registros civiles para que

nunca me encuentren a través de estos parajes.


- Irremediablemente perdido, vagando

entre desdichadas sombras 

que conforman contornos inanimados.

Disperso estoy en la infinitud del abismo.


Se deslizan mis zapatos como patinando

entre las franjas de aquellas pisadas

del pasado, impulsadas por aquellos

nobles ideales y sueños vanos.


¿Hasta cuando seguiremos agonizando?

¿Tantas miserías alguna vez nos conducirán a la prometida salvación?


Los pequeños pecadores también 

nos merecemos un pequeño cielo

en el que descansar tras tantas

tribulaciones acumuladas en nuestras almas.


¿Hasta cuando continuará esta tortura?

Oh, liberanos tú al que llaman

el príncipie de los desdichados...


Para mí es el mundo fuente de agonías

varias, en cada esquina hay un grito

desgarrador que hace temer al espíritu.

Algún día mi alma quedará sorda.


Para ti esta tierra nuestra se asemeja

a un juego donde las sorpresas

ya están dispuestas de antemano,

de ahí que las tristezas te hagan desternillar de la risa.


¿Hasta cuando seguiremos agonizando?

¿Tantas miserías alguna vez nos conducirán a la prometida salvación?


Los pequeños pecadores también 

nos merecemos un pequeño cielo

en el que descansar tras tantas

tribulaciones acumuladas en nuestras almas.


¿Hasta cuando continuará esta tortura?

Oh, liberanos tú al que llaman

el príncipie de los desdichados...


Cada día un nuevo error ajeno nos hace

estremecer, mas es peor en las noches

donde los propios nos atormentan.

Se presentan figuraciones amenazantes.


Sólo encuentro la felicidad detrás mía,

el presente sólo produce un agudo

sufrimiento cuyo porvenir incierto

podría implicar su cese si lo quieres.


¿Hasta cuando seguiremos agonizando?

¿Tantas miserías alguna vez nos conducirán a la prometida salvación?


Los pequeños pecadores también 

nos merecemos un pequeño cielo

en el que descansar tras tantas

tribulaciones acumuladas en nuestras almas.


¿Hasta cuando continuará esta tortura?

Oh, liberanos tú al que llaman

el príncipie de los desdichados...


Pero no, nunca todo pecado parece

suficiente, cada vez estos van 

incrementando hasta hacerse innúmeros.

Mi saco ya pesa su condena...


Las buenas acciones y los momentos

de contento únicamente son un paliativo

que con el paso del tiempo resultan

todavía peores que la propia enfermedad.


Mira mis llagas, que aún sin ser comparables a tus estigmas,

te claman clemencia y son los testigos

de mis sufrimientos pretéritos.


Por favor, abre la dorada puerta.

Deja que pase un poco de inmundicia

para que así lo brillante resalte,

mi oscuridad hace más potente tu luz.


¿Hasta cuando seguiremos agonizando?

¿Tantas miserías alguna vez nos conducirán a la prometida salvación?


Los pequeños pecadores también 

nos merecemos un pequeño cielo

en el que descansar tras tantas

tribulaciones acumuladas en nuestras almas.


¿Hasta cuando continuará esta tortura?

Oh, liberanos tú al que llaman

el príncipie de los desdichados...


- Un hondo pesar se me acumula

en el pecho, haciéndose tan inmenso

que dificulta el raudo caminar,

que se vuelve un arrastrar de pies.

Tanto me pesa la congoja,

que voy deteniendome a ratos

para recuperar aliento en tanto

que alzo mi cansada mirada al cielo.

Escruto tales alturas con una incertidumbre en los labios temblorosos,

balbuceando palabras indescifrables

que se intercalan con confusos pensamientos nocturnos.

Pienso acerca de este instante

lanzado en aras del porvenir

y en cómo esa última despedida

que es la muerte es a su vez un alivio

a la hora de curar mis males interiores.

Estos actúan como insectos

que me roen las entrañas, siempre

tan traviesos que no les basta

con aletargar mi sentimiento,

quieren también detener mi pensamiento.

Por eso sé que llegará el momento,

que aunque no sea mi hora marcada,

decidiré detenerme por mí mismo,

quedarme quieto y ensimismado.

Será posiblemente en el tronco

de un sauce llorón al sentir

que su naturaleza y la mía se comprenden

en demasía como confidentes.

Ahí me apoyaré, alzando la vista,

deslizando mi mirada a través 

de unas ramas que adornan a la luna

y a sus compañeras estrelladas.

Entonces, cerraré por fin los ojos

y estas tristezas como cuchillas

que se ceban con mi corazón

se curarán instantánemente

para conducirme allí dónde nadie sale.


- En las soledades noctunas

me convierto en enemigo de mí mismo,

y recorro con la mente aquellos lugares

vetados en el estado de vigilia.


Son los recuerdos esas iluminarias

malditas que encendidas desde antaño

se comunican unas con otras

a fuerza de repentinas sacudidas.


Cien chispas y millares de relámpagos

hacen aletargarse a mi conciencia

de tal manera que el menor ruido

provoca un imprevisto estremecimiento


Más allá de la verdad

está la oscuridad del despertar,

ese sarcofago maldito.


Carezco de sentimientos

mientras dura la maldición del sueño,

aquella realidad alterna.


Y todo ello, por mantenerme puro

en un mundo de ignominia y fantasía,

cuya eternidad es un instante.


Esa mirada procedente de las tinieblas

sólo puede implicar el resurgimiento

de una bestia de los bosques,

aquella que incluso con la risa desgarra.


Los gritos del fondo del laberinto

no provienen de sus entumecidas fauces,

son más bien sufrimientos del pasado

que retornan en sucesivas grabaciones.


A veces, me cuesta diferenciar

los sollozos de las exaltaciones

se alegría. Tan confuso estoy

que la felicidad y la tristeza me resultan hermanas.


Más allá de la verdad

está la oscuridad del despertar,

ese sarcofago maldito.


Carezco de sentimientos

mientras dura la maldición del sueño,

aquella realidad alterna.


Y todo ello, por mantenerme puro

en un mundo de ignominia y fantasía,

cuya eternidad es un instante.


Cuando me creía en compañía

el replandor se las estrellas

me revela que en realidad siempre

me he encontrado en plena soledad.


El conjunto de imagenes, sonidos

y sensaciones no son otra cosa

que impresiones huidizas nacidas

de mis imaginaciones interiores.


Aún dura el hechizo, la figuración temblorosa que repta por el hielo

cual criatura de un mundo que es anterior

tanto en tiempo como en originaria desdicha.


Más allá de la verdad

está la oscuridad del despertar,

ese sarcofago maldito.


Carezco de sentimientos

mientras dura la maldición del sueño,

aquella realidad alterna.


Y todo ello, por mantenerme puro

en un mundo de ignominia y fantasía,

cuya eternidad es un instante.


No temo el sacrificio de la luz,

de aquel fuego primigenio, si tras

su apagón da origen a la escapatoria

del ego y sus vanidades.


No quisiera que el sol dejase de alumbrar,

mas entiendo que su existencia

es un suspiro a ojos divinos, algo

que resulta inevitable hasta para humanas potencias.


Vagamos por parajes que nos resultan

conocidos hasta que tras ellos se abre

un velo tan transparente que nos muestra

el desconocimiento perpetuo, la gran mentira.


Más allá de la verdad

está la oscuridad del despertar,

ese sarcofago maldito.


Carezco de sentimientos

mientras dura la maldición del sueño,

aquella realidad alterna.


Y todo ello, por mantenerme puro

en un mundo de ignominia y fantasía,

cuya eternidad es un instante...


- Al final de la escalinata se encuentra

un harapiento mendigo con una maliciosa

mirada, cuya esencia secreta es escrutar

aquellos oscuros rincones para elegir

allí donde se aposenta para pasar la noche. No teme la oscuridad, mas bien

está tan acostumbrado a ella

que la ha asumido como una segunda

naturaleza, tanto se asemeja a sí mismo

esas sombras despechadas.

De día, recorre las calles agachado

y con sus brazos cruzados en la espalda,

procurando pasar desapercibido

entre la muchedumbre cual Judas moderno. Pero, en la noche, este

se encuentra navegando en su elemento,

adelanta las manos y se desliza

con gran soltura entre avenidas.

La gente le mira con extrañeza, 

sin permitir un punto intermedio

entre la rabia y la pena, tanta contraria

sensación causa en los viandantes.

Sin embargo, él es ajeno a todo ello,

o al menos se hace pasar por un ignorante, que calla todo desprecio

y compasión para contentarse

con aquella esquina acogedora.

Pareciera que recibiera un castigo

divino, proveniente de aquellos cielos

que con el sol son tan esplendorosos,

y que con la compañía de la luna

se tornan cuento de misterio.

Mas en realidad él se siente dichoso,

cree que más bien es una especie

de premio troncado en salvación

a medias, una instancia intermedia

entre el fulgoso paraíso y el sombrío infierno. Eh tú, que nos contemplas

a todos desde tus inmensas alturas:

¿Hay alguna explicación a esto?

Dime tú nazareno, ¿Un hombre así

sería admitido en tu reino?


- A Judas


En el desierto una sombra que pasaba

fugaz lograba espantar hasta a los

demonios antes de que estos propusieran

cualesquiera tentación alguna.

Pelirrojo, de semblante deformado,

cojo con la espalda doblada y de facciones oscuras, iba de un lugar 

a otro siendo rechazado por todos,

incluso por los ladrones y maleantes.

Su nombre era Judas, y su apellido

Iscariote, probablemente huerfano

desde nacimiento y en vísperas

de separarse de una mujer que de tanto

despreciarle le dejó sin descendencia,

decidió unirse a los discipulos del Cristo.


Al principio, todos ellos desconfiaban 

de él en primera instancia por su fealdad

y en segunda por su afición a mentir

y a fabular sin próposito evidente,

pero una serena sonrisa cómplice

entre Cristo y San Juan logró que fuera

en cierta manera aceptado entre ellos.

Nunca llegó a integrarse del todo,

pues siempre fue considerado 

un monstruo de desconocidas intenciones, que no casaba con nadie

a excepción de con la perpetua duda 

e incertidumbre de Santo Tomás.

Mas en su interior, en ese corazón

maltrecho y deforme, maltratado

por la vida y sus semejantes, había

una rara bondad escondida que ansiaba

fundirse con la totalidad del Espíritu Santo. En verdad, amaba a Cristo

como sólo lo haría un hermano, quería

ir hasta su Reino en los Cielos 

para poder aunarse con una totalidad

que siempre le rechazo en este mundo.


Por despecho, traicionó a su Maestro 

a cambio de unas viles monedas

que poco después le pesarían

y le remorderían la conciencia

hasta que su desdichada mente

se rompería en millares de fragmentos.

Al ver a Jesús agonizar en la Cruz,

ya comenzó a sentir los pinchazos

de los perfidos males interiores,

mas cuando ya espiró su dolor

se acrecentó tanto que recurrió

al suicidio, a la mutilación del yo.

Colgándose de una desvalida rama,

se despeñó en los abismos del olvido

como todos los perdidos, sólo siendo

recordado por hermanarse con Satanás.

Pero no se engañen queridos amigos,

hay quién tiene compasión y sabe

perdonar cuando se conocen 

las intenciones, por ello tengo por cierto

que Dios con él lo hizo y que aunque

en tierra se dice que fue un canalla,

ya reposa en el Paraíso sobre un trono

justo al lado del Primogenito que amó

por encima de sus propios pecados.


- A la luna liberadora.


La vida es un cúmulo de penas

que van tomando forma de cadenas,

y que sin nosotros mismos saberlo

nos van pesando con cada paso.


Se arrastran los hierros por los suelos,

provocando chirridos y crujidos

cual si cantasemos para nuestros

adentros y el metal fuera el instrumento.


Pocos son capaces de interpretar

una canción así tan díficil de comprender,

y pese a que todos la oyen cada noche

su procedencia es extraña e ignorada.


Aún con ello, hay quienes agudizan

sus oídos por si captan su sentido,

otros se esconden temerosos,

mientras que algunos otros hacen como si no existiera


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Esta existencia es una pesadilla,

pues en cada inhóspito escondrijo

sale un horrendo monstruo intentando

devorarnos sin matarnos del todo.


Por eso nos vamos desangrando 

poco a poco, dejando por el suelo

rastros sangrientos que nos señalan

el regreso a un hogar imposible.


Las señales de sangre, con el tiempo,

terminan por convertirse en pinturas

detestables, obras malditas

que nos recuerdan sufrimientos préteritos.


Nadie las comprende, ni siquiera nosotros

mismos puesto que sus trazos están

impresos sobre lienzos que ya no

recordamos después de tantos años.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cada respiración lanzada es un presagio

de muerte, con nuestro aire firmamos

el eterno contrato que dotándonos

de vida nos conduce a la extinción última.


Pocos son conscientes de esta condena,

y la toman como si se trata de un juego

que habría que aprovechar cuando

en realidad es una maldición auto-impuesta.


Comprueba esta mancha negra,

esta desidia, los postreros estertores

de los seres agonizantes, aquellos

que han sido asestados por las fatigas.


Sólo hay una vía interpretativa de este

abatimiento interiorizado, y no es otra

que el sentido del sinsentido, la razón

de la sinrazón de esta desdichada vida.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Hace tiempo que nos han olvidado,

mas paradójicamente a veces somos

perseguidos, señalados incluso, por

aquellos mismos que nos desterraron.


Lejos de sentir compasión, se ríen

de nosotros, de este sufrir insensato

que ellos mismos nos han impuesto

sin que hayamos podido decidir nada.


Por ello procuramos apartarnos,

alejarnos lo máximo posible del sonido

de sus burlescas voces para evitar

una mutilación del corazón.


Queremos escondernos de su nefasta

presencia porque cuando aparecen

sin ser llamados, sólo somos capaces

de gritar para pedir el auxilio nocturno.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


- Pese a que contengo las lágrimas,

estas se me acumulan formando

el lago de mis propias vacuidades,

de aquellas ilusiones fragmentadas.

Gran pesar, enorme desdicha es la fantasía de quién siendo desgraciado

sueña con la dicha, con la felicidad

imposibilitada ante el acontecimiento.

Segmentos de penurias y de caídas

imprevistas conforman un interior

que está maldito en sí mismo, llevado

a un sufrimiento que es su propia causa.

Pocos advierten, nadie sabe, que

ese semblante reflejado en un cristal

vacilante que se despliega por la vía

de la existencia es un instante detenido.

Aquellos recuerdos tan tristes han

congelado al que fue el último impacto,

volcando frenesí y desdoble en quietud

infinita, unificación de todo lamento.

Mas, aún estando quebrado, golpes

incesantes provenientes de caprichosos

desiginios siguen insistiendo en azotar

aquel ser lloroso y sangrante.

Descuida, me he acostumbrado

a tener al daño por amigo y a considerar

al hastío un aliado, incluso me creo

hermano de la desolación y sus parajes.

Sin embargo, esto no será para siempre.

Llegará algún momento que el cristal

terminará por romperse, dando cabida

a un nuevo sueño destructivo, al fin

de principios y de pasos culminantes.

No temeré entonces, me desplazaré

con cautela, alzando mi mirada

allí donde abarque cuanto le sea posible

justo antes de perecer honorable.


- Silencios imprecisos dan cabida

a interpretaciones esquivas,

que cuando son volcadas al papel

sólo producen confusiones en sus lectores.


La vida y todo lo que de ella nace

es incomprensible, manifestación

de una entelequia superior cuya sustancia

resulta indescifrable a ojos humanos.


Danzan los acontecimientos cual fichas

lanzadas al azar, invocadas por secreto

genio maligno que se desliza dentro

de las mentes inconscientes de las gentes.


Sólo nos duelen los recuerdos incompletos, no damos asentimiento

al instante impreciso del que nosotros

somos productores del sufrimiento.


Oh, infinito principio universal creado 

para desquiciarnos buscando 

mediante una razón que resulta insuficiente, falible como nosotros mismos


¿Hasta qué recovecos se escurrirá

nuestra existencia para que nos demos

cuenta de que todo intento es vano

cuando se trata de simplemente vivir?


- A la bella muerte


Lejos, muy lejos más allá de los montes

una lóbrega luz se esparce a través

de los cañaverales eternos, plagando

al alma del campo de un efluvio oscuro.

Yo, tumbado en la hierba, creyéndome

cubierto y protegido por la espesura

contemplo ese resplandor sombrío

que se va desplazando entre las ramas.

Al principio, lo que fuere tal cosa

parece una mancha morada que revolotea

de un lado para otro, buscando

a un observador incondicional de sus

aventuras andanzas nocturnas.

Mas después, mucho después advierto

que mis ojos se encontraban atrapados

en una ilusión, cautivados por extraña

figuración inventaban en vez de conocer.

Por eso, atenuando mi mirada, apartando

el velo de la ignorancia, enfoco allí

dónde mi visión se encuentra anonadada

y descubro su verdadera pálida iris.

Se trata, en realidad, de una hermosa

mujer que sintiendose desde antaño

muy sola sale a divertirse, a probar

las flaquezas mortales en su seducción.

Sonriente, le hago una mueca, quizás

un pícaro guiño para indicar que

se acerque, y que así pueda disfrutar

de la amena compañía de un interior mendigo que también se siente muy solo.

Por fin ante mí la lleno de halagos,

le digo que su belleza supone todo

un prodigio pero que no desmerece

la inteligencia que dotan sus facciones.

Ella tan contenta no para de reírse

algo sonrojada mientras me cuenta

los secretos de toda la humanidad,

espantándome algunos y otros

dándome una leve esperanza.

Y justo cuando ella iba a posar sus labios

sobre los míos, confundiendo nuestros

dos rostros en un inhóspito semblantes

mi mirada nublada por fin comprende,

y sabe que se encuentra ante la muerte.

Después, todo fue oscuridad... ¡Pero

bendita oscuridad! Sabrosa y desdichada

a la par, me dota de un conocimiento

tan sensual como contemplativo,

tan claro como misterioso...

Sí, la muerte me llevó consigo con un

beso sellado que era veneno y cura

al mismo tiempo: medicina de las tumbas, pócima venenosa del desengaño.


- Otro mundo, uno todavía mayor

se solapa por encima, en las alturas

respecto al infimo que habitamos.


Brillan ahí estelas incandescentes,

se escuchan gloriosos estruendos

y todos sus seres son trasparentes.


Cuentan que en tales esplendores

nacieron todas las cosas de la tierra

cuya esencia es la de ser mero reflejo.


También dicen que allí tal es el día

como es la noche, del mismo modo

es un instante cual lo es una eternidad,


y que todos los aparentemente contrarios

se confunden en una unidad que intercala

dichas y desgracias, risas y lágrimas.


No lo vemos porque estamos ciegos,

pero si supieramos dormir y estar

despiertos a la vez seríamos 

de los escasos sabios que lo contemplan

cuando acuden despejados a los sueños.


- Cuando me siento perdido me cobijo

en espesas sombras, que aunque causan

temor a tantos seres vivos, para quienes

fuímos olvidados cual almas en pena

resultan cuanto menos confortables.

Aquí en la oscuridad todo se ignora

acerca de nombres y de apariencias,

todo se repliega a secretas confidencias

que salen de labios temblorosos

mediante muecas y señales ocultas.

Al poco de llegar a tales oscuros parajes

no es extraño que la duda se intercale

con la ignorancia y sus prejuicios,

provocando un seismo interno que

no es raro que de entrada al miedo.

Pero, al tiempo, esa primera vaga

sensación va desvaneciendose

como la bruma cuando el rocío

se evapora, dando hermoso nacimiento

a una paz imperturbable, hermana del silencio que se dió antes del mundo.

Si uno presta atención a este abismo,

a estos misterioros laberintos ubicados

en un foso sin fondo alguno, sabrá

que aquí hay más verdad que en las plazas, todas ellas plagadas de declaciones vanas que no conducen a nada.

También, uno va averiguando en el

deslizarse de esta eternidad inocua

que teologos y lideres religiosos estaban

equivocados al situar el infierno

en las profundidades subterraneas,

pues en este plácido lugar tan récondito

Dios a las veces se hace ver para

que degustemos de su secreta esencia,

y del diablo todavía ni le vimos ni oímos

hablar en nuestros entaponados oídos.


Cierra los ojos, conten la respiración

por un momento, abre tus manos

y sabrás que en esta mi solitaria

oscuridad hay algo de divino.


- A la seductora tormenta.


Miro en dirección al cielo, contemplo

la formación de las nubes que cada vez

son más negras hasta hacerse

una oscuridad casi inaudita.

Siento como mi corazón palpita deseando

alzarse por encima de sus posibilidades

para así planear sobre aquellas oscuridades como quién se desvanece

por el azar de una mala caída.

Escucho el estruendo que han formado

aquellas hadas desdichadas, han

lanzado un hechizo en forma de maleficio

invitando a los perdidos a su convite.

Mis ojos, tan asombrados como absortos

en el paradójico resplandor, se abren

ensimismados en la inmensa sombra

que quiere demostrar que está viva.

Relámpagos que construyen rayos,

rayos que se incrementan en truenos,

truenos que se elevan hacía el estruendo

violento que se dió en la creación.

Yo aspiro a tu impetú, a tu desatada

tristeza que ahora es furia, a ti

ensimismada en el rencor del adíos,

a ti llorando hasta gritar de desesperación

Quisiera abrazarte, estrecharte en mis

brazos para que de tanto apretarte

debido a la emoción demasiado contenida tú implosionaras todos

mis organos en millares de particulas

repartidas en ese abismo sin fondo

que ahora es tu corazón desde antaño.

Sí, bésame con esa electricidad

desquiciada para hacer de mi misero

cuerpo un mero conducto de sangre

hirviendo en un frenesí de locura infernal,

ahondando con tu lengua enferma

en mi sesos repartidos en diversas zonas.

Ámame destrozándome, quiéreme

clavandome la aguja del sino fatal,

adoráme disparando la última bala

de la ruleta durante su última vuelta.



Quisiera ese final, oh tormenta mía

que te formaste en el atarceder

con mis lágrimas.


Llevame allí donde la nada es,

oh tormenta primigenia, que eres

gracias a la tristeza del mundo.


Soñemos juntos, oh tormenta melancólica que renaces cada vez que alguien siente honda pena.


Mátame, sí mátame oh tormenta pasajera

para convertir todo este sufrir

en una alegría que entiende de buen fin.


- Dicha y destierro son dos estados

que únicamente existen en el humano

pecho cuando se reviven recuerdos

encerrados en el circulo del corazón.


Pocas cosas nos alientan a la par

que nos defraudan como el asomarse

a aquel foso sin aparente fondo

semejante a un baúl abandonado.


Mas en las noches ociosas cuando

intentamos invocar el sueño este

parece relucir con un brillo diferente

que nos conduce a rastras hasta su entrada.


Ahí ví nacer y morir a mi abuelo,

contemplé la venida y la salida

de mi padre, el tambalearse 

de toda una casa para reconstruirse,


como también el abrirse y el romperse

incesante de mi corazón en el amor,

o esa sonrisa que a las veces vierte

unas lágrimas absorbidas por mis labios.


Tantas cosas inmensas que son pequeñas, y otras nímias que acaban

resultando tan importantes medran

reviviendo a uno interiormente.


Sentimientos y pensamientos drenan

el hálito de la vida, mas sin ese

constante desfallecerse ya hace tiempo

que habría muerto de pena.


Supongo que después de todo sólo

queda asomarse a esa abertura

que late balbuciente como un bebé

ya demasiado anciano.


Lo haré con tiento, poco a poco,

no vaya a ser que después de todo

si acabase siendo demasiado brusco

todo terminase en la nada con la que empezó.

martes, 4 de junio de 2024

Poemas del interior

 - Recuerdos agradables del pasado

se hacen amargos con el paso

de los años hasta culminar

en un presente desesperado.


Caminan los amantes de antaño

ahora convertidos en un matrimonio

desdichado, con un par de hijos

que aunque amados, son fuente de desgracias


Lloramos cuando deslizamos 

nuestra mirada hacía atrás,

hacía aquellos acantilados escarpados,

y no porque su subida haya sido penosa,


sino porque su bajada fue demasiado 

veloz, y cuando vamos cayendo 

sin pararnos pensamos cuán hermosas

eran las vistas desde las alturas.


Ahora ya viejos y arrepentidos

de no haber gozado de aquel suculento

sabor como se merecía, de habernos

quejado por minucias en demasía,


volvemos la vista atrás con lágrimas

en los ojos y con una sonrisa resignada

que cuando es vista por los viandantes

suele ser malinterpretada.


A veces, sufrimos por mero gusto al dolor.

Nos regocijamos en la problematicidad

de una trágica fantasía cuyo drama

reside en la estupidez humana.


No en vano, muchos justo en el instante

previo a la muerte repasan varias veces

aquella escena en apariencia simple

donde sonreían siendo unos meros aprendices.


- La senda del maldito suele ser

bastante solitaria, y aunque en compañía,

esta no destierra del todo esa desolación

porque habita en el interior.


Los caminos son vastos, recónditos

a las veces y cargados de misterios,

mas aún con ello no dejan de ser

repetitivos, con los mismos enigmas.


Se trata de trazar líneas sobre espacios

que ya fueron marcados de antemano,

idénticos despliegues se dividen

sobre las mismas rotondas y desaires.


Dubitativo, pienso en lo anodino

de este sufrimiento que me tiene preso

en las cárceles de antaño, tan sólo

bautizadas con nuevos grilletes.


Viejas heridas vuelven a abrirse

bajo el sello de nuevos juramentos,

destinos entrelazados por promesas

que irrevocablemente retornan a romperse.


Escucho un sonsonete atrofiado

de tanto sublevarse, y grito 

para que esta tristeza que se cierne

conozca de algún tipo de sentido.


Siempre contemplo los mismos rostros

cuyos semblantes siendo diversos

reproducen esas extrañas muecas

que por hipertrofía no identifico.


Aquel rechazo creo haberlo visto

reflejado en alguna parte, pudiera ser

que fuera en los espejos rotos

de los que acuden a la ciudad de los pérdidos.


Ya no siento nada, sólo esa carencia

afectiva que olvidó su rima

cual el poema inacabado escrito

por un ángel caído que nadie ha llamado.


- Cuando perezca el viento seguirá

arreciando igual, del mismo modo

irá llevando hojas y recuerdos

a los mismos abandonados derroteros.


Cuando perezca las viejas canciones

continuarán sonando tal y como

lo hicieron antaño, y quienes las escuchen

proseguirán con idénticos llantos.


Cuando perezca el sol y la luna retornarán

con su pugna ancestral, en secreto

idilio romántico, buscándose y evitándose

cual amantes y sus rencores


Cuando perezca en los campos

hierbas y matojos se sucederán

en una cadena que se retroalimenta,

adornando lindes y caminos.


Cuando perezca todas las personas

proseguirán con sus vidas, yendo aquí

y allá sin cesar, desconociendo el por qué

de sus ilusiones y tristezas.


Cuando perezca...


- La tristeza es una lágrima 

que se esconde debajo de la piel,

se acumula bajo nuestras mejillas

y cuando ya no lo soporta más,

se dilata en el foso interno.


La siento como una caricia,

un recordatorio de la aciaga melancolía

que se desliza en aquella temida

despedida, es una mano rolliza

que nunca pasa desapercibida.


Incluso cuando pretendemos

ignorar su insistente presencia,

nos vemos irrevocablemente llamados

a su expectación, a posar los ojos

allí donde los demas no ven nada.


Contemplo a través de la ventana

un paisaje evolutivo, mas cuando

atenúo mi vista vislumbro mi propio

semblante, y justo ahí bajo mi piel,

hay una lágrima latente que se sostiene.


- Cuando es de noche, salgo para fundir

mis pensamientos en su negrura

insondable. Alzo mi vista y observo

un horizonte de color azul marino,

un páramo celestial plagado de estrellas.


Me embarga una tristeza innúmera,

de la que no sabría sondear su contenido.

Se trata de una melancolía sin razón,

una inconsciencia del dolor

que me produce espasmos y temblores.


Por eso, mantengo mi mirada 

en dirección al cielo para olvidarme

de mis tribulaciones egoístas 

y vislumbrar un todo único, absoluto,

que haga desvanecer mi yo sensible.


Es cierto que me embriago 

con un ideal de belleza que se encarna

en un paisaje que carece de particulares,

mas a menudo estos replandores

fosforecentes me hacen recordar


mi propia míseria. Siento sus parpadeos

cual insospechados guiños, su mutar

una suerte de confidencia callada

y su permanencia un recordatorio

de mi estremecimiento involuntario.


Quisiera plegar mi alma sobre la luna,

danzar a su al rededor como un hado

sombrío, y al perecer, ser lo mismo

que aquel todo abandonado de los ojos

de unos cuantos mortales desdichados.


Mas todo ello son fantasías, 

divagaciones de un loco solitario.

Al final, sólo queda aquel silencio

sólo interrumpido a las veces 

por el aliento primigenio, y el susurro de algún dios.


- Estoy fumando en la calle,

mirando desinteresado el paso

de los transeúntes. Todos parecen

carentes de alma, jarrones vacíos.


Inamovible, clavado en mi sitio,

espero un acontecimiento pasajero

de aquellos que aún efímeros

permanecen encerrados en la memoria.


Hasta el humo que se expulsa

por mi boca entreabierta se ha permeado

con la tristeza que este espirítu solitario

alienta desde largos años pasados.


Todo momento se sucede

encadenándose en una serie de instantes

desvanecidos cuales fotogramas

expulsados de unas viejas cajas llenas de polvo.


Demasiado melancólico para hablar

tiendo a considerar al silencio 

un nuevo tipo de lenguaje,

y a las bocanadas de tabaco meras exclamaciones.


- Sentado en un banco de carcomida

madera, exhalo y expulso humo

proveniente del majestuoso ducado

que cuelga pendiente de mis labios.


Mientras un humo nebuloso discurre

ante mis ojos, contemplo el transcurrir

de los seres siempre igualmente

repetitivo, animado por un resorte.


Desde los más pequeños a los más grandes, todos parecen insuflados

por una escasa llama azulada

que les permite vivir a penas.


Las hojas casi marrones se dejan

arrastrar por el embravecido viento,

diversas cajas abandonadas en la calle

se tambalean a las veces por contrapeso,


Hombres ociosos como yo fuman en soledad, mujeres andan en compañía,

los niños lanzan pelotas por todos los sitios y los ancianos les miran con mal ceño


Al principio creía comprenderlo todo,

pensaba que todo eran razones

concretadas en cosas, pero cuanto más

observo menos entiendo del espectáculo


Uno podría considerar que los seres

se desplazan por mero instinto,

o en su defecto, lo hacen por causas

que persiguen diversos efectos.


Mas en realidad, no hay nada de eso.

El conjunto, lo esencial, se reduce

a vacuidad. La vida en general

son secuencias desordenadas.


Los vivos son muertos movientes,

y los muertos vivos recordados.

Mis ojos son lo que ven, y mi mente

es lo que antes vió y después verá.


El estar sentado fumando, aquí ahora mismo será un poema que compondré

de pie, y los versos que serán leídos 

la sombra de un muerto y sus recuerdos.


- En el silencio de la noche medito,

y entrando en mí mismo encuentro

diálogo con los espíritus, los cuales

gozan de revolotear a mi al rededor

lanzando extrañas exclamaciones.


Yo siempre les digo lo mismo, 

que los entiendo a la perfección

porque aún vivo, encerrado en el cuerpo,

camino entre mis semejantes 

como si fuera uno de ellos.


Rara vez hablo, y también como ellos,

me comunico con calladas señales

que lanzo en aras de un ideal

indefinido, pues las palabras habladas

siempre son traidoras en su mensaje.


Mejor fuera que todo el mundo

adquiriese la virtud de la mudez,

que al verse se supiese cual es

la verdad que encierran las montañas

y cual el misterio del devenir marítimo.


Quiero ser esa roca desafiante

puesta por azar en la mitad del camino,

la lluvia que pilla repentina a los viajeros

y aquel símbolo del cuervo

cuando se posa en los ventanales de los amantes.


Danzar como andar, suspirar como gritar,

lanzar ese verso que dura un segundo

y deslizar mi castigo por los senderos

descubriendo la salvación

que se encuentra al caer del abismo.


Deseo cantar sin melodía, pasear

siendo sombra y volar en el descenso.

Sólo así podría afirmar rotundamente

que el miedo es una mera advertencia

y la valentía su secreto cómplice.


Si todo ello se cumpliera mas allá

de la metáfora sin rima que encierra

una sentencia bien dicha, pudiera

soñar con un paraíso que no requiera

de una única doctrina.


Pero cuando los espíritus que me acompañan me escuchan decir

sin hablar todas estas cosas, tienden

a despedirse antes de tiempo, quizás

para indicarme que pronto seré como ellos.


- Cuando pensamos en Dios, alzamos

la mirada porque lo imaginamos inmenso,

escondido en el cielo estrellado.


Cuando lo hacemos en el demonio, 

la bajamos a un suelo pantanoso

porque nos recuerda a nuestras faltas.


Fabulando con el bien, vislumbramos

una grandeza celestial cuyo resplandor

es tan intenso que entornamos los ojos.


Fantaseando con el mal, nos quedamos

ciegos porque en un pozo tan profundo

sólo nos queda oscuridad e ignorancia.


Mas yo sueño con ambas esferas

aunadas en una sola donde aquello

que reluce se reconcilia con lo sombrío,

donde lo Absoluto sabe y siente

que lo bueno y lo malo es en nosotros

un todo único que conforma aquel

universal concretado en nosotros siendo niños.


- Es la vida un sueño que participa

de las ilusiones que nosotros mismos

vamos proyectando, que se alimentan

de suspiros lanzados al azar sobre

abismos insontables que no logramos alcanzar.


Es la muerte el despertar de aquel

tumultoso impulso onírico, y su sensación

se asemeja a cuando nos despertamos

en la vida ordinaria, comprendiendo

todo aquello que parecía desordenado en el sueño.


Cuando despertamos de la vida

en la muerte, hay una trompeta

encendida que clama al entendimiento

para que conozca cual es la auténtica

verdad y la fantasía del orden racional.


Se desparraman las imágenes ilusorias

de cuanto creímos certero, mas ahora

en vez de llorar como algunos hacen

en el lecho de la muerte al irse,

reímos al darnos cuenta de nuestra ingenuidad.


Noche y día se entremezclan, 

oscuridad y luminosidad se intercalan,

y nace una sensación sin sensaciones,

una comprensión sin entendimientos

que nos hace unificar lo disperso.


También los sufrimientos se convierten

en anécdotas, las carcajadas cotidianas

en chistes malos y nuestros pasos por

el mundo meros aleteos ante una

elevación de mariposa que es superior.


Esta es la sabiduría secreta, el gran

misterio que profirió un anciano

tan viejo que todos han olvidado 

su nombre, pero que cuando perecemos

todos reconocemos sin sentidos ni razones.


- Quién solitario detiene los ojos

ante lo extraordinario que encubre

lo aparentemente anodido descubre

una llama que se enciende, 

que se inflama en su pecho cual pira

desfalleciente y que parece llamar

a gritos algo que superándole, 

le sobrecoge. 


No en vano, intenta acallar

aquello que es imposible contener

en el hueco colmado del que nace

la conciencia de saber y de sentir,

que allí donde desliza su mirada

es resultado de un vacío que todavía

no ha recibido el cobijo de la luz

replandeciente que no espera 

ser nombrada. 


Por eso, su aparición

siempre causa una mezcla de extrañeza

y miedo, una balanza que juega

con el asombro y el desasosiego,

amargo aún siendo dulce, 

milagroso pese a ser aciago,

y cuyo final siempre da como resultado

aquello que desde un principio

fue, será y es. 


Busca sin objetivo, deslizate obviando

el resultado ante el cual todos asienten

cuando anteriormente lo habían negado,

porque no hay nada más real y patente

como esa visión sin ver que acontece

allí donde muerte y vida se confunden,

donde se troncan todos los pares

para dar un nacimiento que perece

a la luz apagada.


- Damos pasos inciertos que se conducen

a un ignoto final que nos parece

brumoso por lo incierto del túnel.

Profetas y otros sabios nos dicen

que más bien se trata de glamorosa

luz que invoca a los espíritus benéficos

a los píos y demonios monstruosos

a quienes extraviaron el camino.

Mas ello hace a los ignorantes recaer

en el vacío, y a los inteligentes 

dudar todavía más acerca de su porvenir.

Es una visión con la que nacemos

pero que olvidamos, un recuerdo

que acude a veces doblegándonos

moralmente, donde hemos de tomar

una decisión durante la mundanal vida

¡Ojalá fuera tan sencillo!

No es tan fácil como optar por una

de las caras de la moneda, en tanto

que hay en cada uno de nosotros

algo de esa luz y de esa sombra

que oscila como la llama de una vela

a veces de un amarillo marcado

y otras tanto azulada y humeante.

Sé de mi fragilidad, de ese ritmo titubeante que es tan imprevisible

cual monzón repentino en el bosque.

Pero no, no quiero ser de los desechados,

de los perdidos cuyo designio 

es una taza de café agrietada.

Aún en la oscuridad, quisiera caminar

en la vía iluminada, en aquella habitada

por hombres y mujeres ilustres, poder

sentarme a su al rededor en circulo

aunque no lo merezca demasiado.

Y pese a que en mi senda se encuentran

demasiados desvíos, que al final del todo

un sentido único y elevado me lleve allí

donde los jardines están coronados.


- Desde los tronos de los cielos

los ángeles me dicen con voz risonante

que mis versos les parecen demasiado

depresivos, cargados de melancolía.


En un principio mudo, mas luego

meditativo doy vueltas a sus palabras

con cierta perplejidad interna,

y con un callado temblor de labios.


No era mi pretensión el causar negativa

conmoción con mis poemas a aquellos

reinos celestiales, cargados siempre

de trompetas y secretas danzas.


Todo lo contrario, quisiera que el canto

que encubre mi poesía fuera un tributo

a aquellos velados habitantes

que protegen a un Dios oculto.


Cuando lanzo exclamaciones a los cielos

es para que estos me recuerden

del mismo modo que yo porto en mí

esa chispa celestial inspiradora.


La escasa fuerza de mis palabras

no es otra cosa que un hálito divino

un tanto desinflado, titubeante

entre las cárceles del alma.


Pero imagino que lo que se interpreta

como alabanza aquí en la tierra

para los ojos elevados se trata mas bien

de algo tan nímio que resulta triste.


- Esta tristeza tan mía juega 

con consumirme lentamente

en una descomunal pira de fuego.


Tan ardiendo siento las venas

que el aire que entra sólo sirve

para avivar las llamas interiores.


No me queda otra que permanecer

en quietud, esperando lo inevitable

hasta mi desvanecimiento corporal.


Hasta que cada fragmento material

se evapore en una suerte de sustancia

que siendo espiritual se eleve.


Sé que una actitud de tal talante

sólo propiciará escrutadoras miradas

entre mis semejantes, que interpretarán

mi permanencia parada cual

conformismo irremediable.


Pero no es así. Esta es la posición

de alguien que aunque ignorante

comprende el paso efímero de toda cosa,

y que por mucho movimiento que haya,

todo acabará siendo lo mismo.


- Soy sombra que busca la luz,

cuervo amante de los amaneceres,

insecto de retorno a la madriguera,

luna que espera su encuentro en el día.


Se apagan los farores, la calle se muestra

desierta y quienes toman la vía noctuna

saben que su paseo es sólo una vuelta

cuya meta parece ser incierta.


Pero la esperanza sigue latente,

es una promesa que nadie pronunció

mas que todos saben que debe

cumplirse por señales en el cielo.


Ya esta noche representa un velo

que será rasgado una vez que se cumpla

el signo que fue esculpido sobre piedra

sagrada, noticia de sabios de antaño.


No hay que temer del azar, y menos aún

de los callejones interrumpidos

por oscuros presagios, anunciadores

de los infiernos amonestadores.


El caminante ha de mantener con espíritu

onírico ese estigma producido antes

de su propia creación, y que con un obrar

que es su mero deambular le libera.


Todo el mundo nocturno es un incierto

tránsito que reconoce lo lúminico

cuando todas las puertas estén cerradas

y sólo la más lejana de ellas se abra.


Entonces, todo capricho, todo paso

deviniente hallará la estabilidad pura

en el encaminarse hacía la vereda

donde sol y luna sean un Uno perfecto.


Soy sombra que busca la luz,

cuervo amante de los amaneceres,

insecto de retorno a la madriguera,

luna que espera su encuentro en el día.


- Andamos perdidos buscando

una verdad de la que no sabemos

con seguridad si atraparemos 

con nuestras manos, o se irá

desvaneciendo con nuestra cercanía.


A veces creo vislumbrarla a través

de millares de velos dispersos

encadenados por unas extrañas fibras,

que al contacto con la vista,

se dispersan y aumentan por doquier.


Nuestra vista es imperfecta, el intelecto

vano a la hora de intentar captar

aquello que es absoluto en toda

su integridad, como mucho nos otorga

atisbos que en las noches se trueca en imaginaciones


Fantasías y sueños se intercalan 

con razón y pasión dando por nacimiento

un ser amorfo cuya única intención

es alcanzar lo verdaderamente bello

escondido en una amapola que está muy sola


Caminado, atravesando el campo

sólo observo hierbas disecadas

y algún que otro canto lejano

proveniente de una melodiosa voz

que cada vez parece más perteneciente al recuerdo.


¿Cual es la causa de tanta tristeza?

¿Por qué los colores se tornan grisáceos?

¿Qué ocurre cuando el sol se esconde?

Misterios todos que sólo conducen

hacía otros enigmas indescifrables.


Prefiero el silencio, la meditación

prolongada, la oración infinita

en vías de esa unión tras la cual

todo y nada acaban sumidos

en aquel cometa que se estrella.


- Atravesando páramos desiertos

alzo la mirada hacía los cielos,

y no puedo evitar titubear

una pregunta en forma de un ¿Por qué? 


Sudando sin cesar durante el día,

temblando sin evitarlo a las noches,

creo escrutar en las alturas

una señal que no logro descifrar.


Pero cuando los vientos soplan

con frenesí, provocando el desplazarse

de inmensas nubes, comienza

la que será tu tormenta.


Y entre relámpagos y estruendos

creo poder observar un semblante

que está oculto para ojos humanos,

y me indica la pureza de la muerte.


Me oculto en una cueva que se encuentra

en los más lejanos bosques, y ahí

dejo pasar el fingimiento que es el tiempo

en completa oscuridad e ignorancia,


y cuando un leve de rayo de luz se filtra

entre las grietas, sigo su recorrido

con los ojos del corazón descubriendo

que este conduce a ninguna parte.


Pero cuando los vientos soplan

con frenesí, provocando el desplazarse

de inmensas nubes, comienza

la que será tu tormenta.


Y entre relámpagos y estruendos

creo poder observar un semblante

que está oculto para ojos humanos,

y me indica la pureza de la muerte.


En sueños me contemplo a mí mismo

escalando a través de innúmeros

peldaños, y a pesar de dedicar todos

mis esfuerzos me quedo en el mismo instante.


Así que finalmente opto por parar,

me detengo en el último escalón

que pisé para descubrir que ya había

llegado hacía donde nadie sabe.


Pero cuando los vientos soplan

con frenesí, provocando el desplazarse

de inmensas nubes, comienza

la que será tu tormenta.


Y entre relámpagos y estruendos

creo poder observar un semblante

que está oculto para ojos humanos,

y me indica la pureza de la muerte.


Desde los rascacielos se puede ver

muchas hormigas recorriendo

los centenares de montículos

que ellas mismas construyeron,


mas yo no quiero ser una de ellas,

y por ello fantaseo con la idea 

de poner fin a la eterna construcción

lanzándome al núcleo del adios.


Pero cuando los vientos soplan

con frenesí, provocando el desplazarse

de inmensas nubes, comienza

la que será tu tormenta.


Y entre relámpagos y estruendos

creo poder observar un semblante

que está oculto para ojos humanos,

y me indica la pureza de la muerte.


- Cierro los ojos, silencio mis oidos.

Ceso de hablar, tapono mi olfato.

El pensamiento se detiene, las sensaciones se evaporan.


Sólo busco el detenerse de las impresiones.


Sello mis párpados, clausuro mis orejas.

Coso mi boca, me arranco la nariz.

La mente se cierra, el tacto ya no es nada.


Sólo ansío la quietud de las imagenes.


Me quedo ciego, también sordo.

Mudo sin palabras, perdidos los olores.

La cabeza vacía, los dedos quebrados.


Sólo voy tras el vacío.


La oscuridad alivia, el silencio comunica.

Imposible describir la cárcel del alma

donde la presencia es mera utopía.


Después del viaje, ya no queda nada...


- Me encuentro perdido desde hace

ya largo tiempo. Imagino que fuí

caminando desde un punto incierto

llegando a estas sendas que no reconozco. He olvidado hasta

mi nombre, no sé de donde provengo

ni por qué escribo lo que está

aquí impreso. Tampoco sé la razón

de usar de estos simbolos 

para comunicar un mensaje tan oscuro,

tan desconocido para mí desde su origen.

Quizás hasta olvide por qué una palabra

con otra hace un sentido que se proyecta

como luminarias lejanas, en mi caso

todos estos sentimientos son cuales

estelas en el cielo que se desvanecen

nada más nacer y cuyo propósito

se deshace del mismo modo que

se formaron. Soy ya materia sin conciencia, ficha perdida del destino, movimiento tremulo que otro hizo por mí,

capricho de deidades aburrridas...

Sigo una sucesión de instantes

que fueron decididos por algo

que me sobrepasa, puede que tal sea

mi única certeza a la par que el saberme

un desconocedor nato que desde

hace muchos años no entiende nada.




viernes, 3 de mayo de 2024

Colección de haikus

 - Pasan las horas

en esta noche brumosa.

Una urraca se posa en la ventana.


- Cierro los ojos.

Escucho el respirar y el latir vital,

y veo implícito el final.


- Se me cae el alma al suelo

cada vez que veo pobredumbre.

Se alza al mirar la luna.


- Ando en total soledad

sobre el pavimento mojado.

Bancos de niebla.


- Parece ser que la tristeza

no ha tardado en presentarse.

Recuerdo a mi abuelo.


- Me desparramo sobre un montón

de mantas desperdigadas,

e imagino que son mi tumba.


- Tumbado sobre la cama,

miro hacía la nada.

Estoy enfermo.


- Abundante rocío

sobre mi sucia camisa.

Lágrimas nocturnas.


- Mi respiración sonando,

y como respuesta,

el silencio.


- Ausencia de sensaciones,

carencia de impresiones.

Todo es oscuridad


- Camino con vaho colgante

de mis labios balbucientes.

Blanca escarcha.


- Fuera, hace frío.

Dentro, demasiado calor.

Solo yo.


- Ante los recuerdos, remordimientos.

Frente al presente, tristeza.

Lucha interna.


- La noche tan silenciosa

como callada la luna,

sólo canta mi corazón.


- Dolores en el estómago

y la melancolía reiterativa.

Ya es año nuevo.


- Enciendo mi ducado

mientras cae la llovizna.

Humo mojado.


- Un poco ebrio

camino por los senderos

de la muerte y los sueños.


- Vaho claro ascendente,

mirada sombría descendente.

Fría madrugada.


- Vigilado, aunque complacido

desde la oscuridad.

Un ente invisible.


- Ecos de pasos

en los oscuros pasillos:

fantasmas conmigo.


- Los párpados pesados,

los brazos petrificados:

Una sombra.


- Sea noche o día,

mil flechas atraviesan

nuestros cuerpos.


- Comienzo con fuerza,

mas según pasa el tiempo

voy decreciendo.


- Brumosos pensamientos 

regentan la mente.

Ahora todo es oscuro.


- Recuerdos ahora presentes

cuando el paisaje

los convierte.


- Entre los libros

diferentes fantasías

me dan otra vida.


- En el largo pasillo

da igual donde se mire,

sólo es oscuridad.


- Estando ciego

no distingo la noche del día.

Tinieblas en mi mente.


- Dirijo mi mirada

hacía mi pecho descubierto:

vacío y quietud.


- La arena iluminada

por los últimos replandores,

y yo, en la quebrada.


- Otra vez enfermo.

Contemplo con impotencia

el enturbiado pasillo.


- Repiquetea la lluvia

en el tejado metálico.

Auspicios melancólicos.


- Cansado, me deslizo

por el mundo

cual hoja olvidada.


- El paseo de noche,

en silencio, incierto.

En mis sueños, resuelto.


- Demasiado ruido

para escuchar la callada

melodía del silencio.


- Dices muchas palabras.

Ojalá callases

para entender su ausencia.


- Ráfagas en el cielo.

Son el sutil reflejo

de mi paisaje interno.


- Ya pronto anochece

sin una sola voz.

Estoy cansado.


- Un suspense en el aire.

El murciélago se retrasa

en su vuelo nocturno.


- Quisiera ser ligero

cual bolsa vacía

desperdigada por el mar.


- Un puzzle sin resolver,

una rueda que gira y gira.

Tengo la cabeza espesa.


- Cierran puertas, ventanas,

ojos y algunas bocas.

Soy yo mismo.


- La noche es una manta

y la luna la nana.

Estoy en mi hogar.


- Campos desiertos

que no conocen fin.

Horizonte de solitarios.


- Hierbas secas, abrojos

y un pájado desperdigado.

Tribulaciones en el paisaje.


- Contemplo las calles

fumando mi ducado al sol.

Estoy borracho.


- Bastante dolido emprendo

 el mismo camino de regreso.

Las sombras me cobijan.


- Cuando la noche aparece

y todo se oscurece

siento consuelo.


- Ojos expectantes

y vaho en los corazones.

Ha llegado la nieve.


- Manos y pisadas estampadas

sobre la nieve acumulada.

Un sello efímero.


- Mirando al vacío

me siento desconcertado.

Debería vivir en el.


- Luminarias pasajeras

se desparraman en la carretera.

Gentes que se despiden.


- Con cada paso,

algo muere y nace.

Mi reflejo se deshace.


- Por donde me muevo:

Una sombra.

Quieto, ya nada.


- Luna velada por sendas

de nubes y de sombras.

Un demonio complacido.


- Es en el silencio,

aún el incómodo

donde más siento al yo.


- Escucho el susurrar

de la lluvia incipiente

hasta desde mi interior colmarme.


- El chillido estridente

del paso de los trenes

es la redención de las ciudades.


- Bebo cerveza y fumo ducados

en esta madrugada anodina.

Adíos a la tristeza.


- Sepulto mis ojos: la noche.

Los abro, y sigue siendo

la misma noche.


- En mis sueños, una sombra.

Indago mirando la luna,

y sé que soy yo mismo.


- Nada que hacer,

nada que decir.

Vivir cual muerto.


- Lo que veo ante mí

es tan irreal e inconsistente

como su misma idea.


- Temblores repentinos

y ese picor en el cuello...

La huella del vampiro


- Tanto silencio, 

aquel grito ahogado...

Es la noche.


- A mis ojos nada llega, 

pero en mis oídos

percibo susurros.


- Un viento violento

está caprichoso.

Quiere decirme algo.


- Otra vez de vuelta

al acostumbrado hogar.

Siento añoranza.


- Los días se deslizan

siempre con idéntico orden.

Preso de la rutina.


- Al recordar la pasada

felicidad, estremecimiento.

Pugna del interior.


- El agua de la lluvia

cae sin perdonar

allí donde se posa.


- Lejos del tráfago mundano

sólo aspiro a la soledad

y al silencioso descanso.


- Demasiadas voces, muchos ruidos.

Quiero alejarme allí

donde callado anochece.


- Desalentado, yo lanzo

una colilla de ducado

a la acera solitaria.


- Gentes que pasan

sin advertir ni por asomo

que sus vidas son nada.


- El viento que nos rodea

hace por un momento

que el yo sea un todos.


- Día primaveral caluroso.

Sólo espero la brisa

que me alivie.


- Leyendo poemas

sobre la hierba a dos voces.

Instantes como versos.


- Pinchazos en la cabeza,

vista cargada de neblina.

Es hora de descansar. 


- Se predispone la mente

a vislumbrar aquello

por lo que no estoy preparado.


- Cantos lejanos

en la primaveral noche.

Pájaros en celo.


- El paisaje detenido

en perpetua quietud.

Una rosa muy sola.


- Una lucha en el cielo

por la pervivencia

de una sola hoja vieja.


- Demasiado dolor

durante el aciago día.

Descanso en la noche.


- Se agitan las ramas

en el turbulento sol.

La luna las alivia.


- Mirando a las gentes

siento distancia y cercanía

como un ave a su presa.


- Fumando y andando

pasa raudo el tiempo,

ajeno a mis cavilaciones.


- Escucho los ronquidos

de mi perro desde lejos.

Sueña como vive.


- Se ha escapado

una estrella esta noche

¿Quién la encontrará?


- Después de haber leído

sostengo el libro

y medito sobre la verdad.


- Veo los mismos rostros

y siento idénticos vacíos.

Esa es la humanidad.


- Deslizan las gentes,

mutan los paisajes.

Soy un vagabundo.


- El olor de la almohada

recíen lavada me reconforta.

Campo de flores.


- Al vivir soñamos la vida,

y al morir despertamos.

El gran misterio.


- Las ilusiones dispersas

cobrarán su sentido unívoco

cuando se cierren las persianas.


- Silencio a la mañana,

silencio del silencio

en las noches lejanas.


- No se escucha nada,

no se ve nada.

He llegado.


- Nos perdemos 

en los sederos

y reconocemos el destino.


- Si al dormir

no despertase mañana

sería una liberación.


- Un encuentro inesperado

llama al recuerdo pasado

y a su redención.


- Es la noche

la que me enseña

que hay otro cielo.


- Cierro los ojos.

Un mundo nuevo

se nos impone.


- Para desterrar las sombras

de la mundanal ignorancia

acude al interior.


- Hay luz tras el velo

que supone el destierro.

Ahí me encontré.


- No mires, no digas,

evita escuchar en demasía.

El saber en silencio palpita.


- Hay más esperanza

en la vela que se apaga

que en la lámpara encendida.


- Aún entristecido

me muestro alegre

cuando acude la luna.


- Silencio del silencio,

entender no entendiendo.

Un enigma.



sábado, 2 de marzo de 2024

Elegías oscuras

 - Soy yo a quién buscas, querida sombra

cansada. Tras tantas tribulaciones

sufridas en pretéritas vidas, 

sé que me comprendes como ninguna.

Siempre nos encontramos en estos

mismos páramos yertos, nos cruzamos

como dos almas corrompidas

por la cruel vileza de la que hace gala

este desdichado mundo. Y aunque,

en principio, nunca nos tomamos

nuestros encuentros como una cita,

siempre acabamos liberando

nuestras penas en forma de gritos.

Tan fuertes y temidos son

que dispersan toda la niebla que tenemos

al rededor, y aún los hierbajos secos,

acaban resquebrajandose en el aire,

partidos en millares de mitades.

Y así se forma un entristecido paisaje

que acaba produciendo su correspondiente eco en nuestros

amortajados espirítus de antaño.


Demasiado hemos vívido, amada sombra

mía. Demasiado hemos sufrido

como para seguir dando vueltas

sin sentido en una existencia

que desde el principio ya nos había

rechazado, incluso antes de tomarla,

esta ya nos miraba con desconfianza.

Por eso yo me tumbo en tu regazo,

y lloro sin remediarlo, doy rienda suelta

a mis lágrimas inyectadas en sangre

para que entiendas su símbolo.

Tú siempre me correspondes con una

melancólica sonrisa que connota

cierta compasión mientras acaricias

mis cabellos desparramados sobre

tus agotadas piernas de tanto bregar.

Lo siento, no puedo evitarlo. 

Me es imposible mirarte, y no sentir

esa contradictoria mezcla entre

una felicidad contenida y una tristeza

innúmera que se esparce en los relámpagos que asoman en el cielo

durante nuestras desaforadas noches.


Sonrío porque sé que en algún momento

ambos vamos a morir y nos fundiremos

con esa criatura informe que habita

los espacios siderales de un mundo

desconocido allí arriba.

Mas también lloro porque conozco

que todavía nos queda tiempo

para seguir por aquí andando,

y sufriendo con cada paso dado.

Quisiera que los encuentros dispersos

se desvanecieran, y así se diera cabida

a un encuentro eterno en la nada

donde estaríamos juntos sin estarlo.


- No comprendo el deslizarse 

de las gentes, como tampoco 

las aleatorias palabras que profieren.

Sus gestos me son tan extraños

como sus caprichosas maneras,

así también sus habladurías me resultan

desconocidas. Ante tal situación,

me quedo en permanente quietud,

sello mis labios rindiendo culto

al silencio y cierro mis ojos

para no ver más atrocidades.


Cuando contemplo el mundo,

sólo percibo perplejidad 

y desconocimiento porque en realidad

estoy ahondando en mis sárcofagos

interiores en vez de mirar rostros

deformados por aparentes tribulaciones.

Sólo comprendo allí donde unas cumbres

se remontan verdosas en la lejanía,

justo en el momento en el que el sol

se despide de su reino para dejar

su merecido trono a la hermosa reina,

que es la luna.


- Las brumas me sondean durante

mis entristecidas madrugadas.

Son como un poderoso canto

que sólo es pronunciado en alto

cuando la oscuridad se adueña del día,

acompañandose por una niebla espesa

que impide observar en la lejanía.


Muy pequeño me vuelvo al pertenecer

a tan inhóspitos y sombríos reinos,

de los cuales son un miembro desde

hace ya largo tiempo, anterior a la nevada

que asoló a un imperio entero.

Hay tanta húmedad, tanto deseo sofocado que no bastarían ni mil

sueños para lograr apresarme.


Cuando soy tan oscuro, resplandezco

con tanta potencia que me hago

indistingible de los rayos lunares,

y aún viéndome de cerca, no se

me reconocería al estar hundidas

mis facciones en suspiros siderales.


Cuando me hago tan pequeño,

también soy grande, tan inmenso

me siento que mis pies podrían

cercenar ciudades increadas,

y aún cotejándome de lejos, sería

muy díficil atisbarme al hallarme

en cuerpo fundido con las estrellas mendaces.


- La melancolía suele llamar a mi puerta,

y yo siempre la acojo grave y con pena.

Tan acostumbrado estoy a sus visitas,

que ya me lo tomo con monotonía,

porque además siempre repite la misma

secuencia: se queda aquí conmigo

unas cuantas semanas, abusando

de mis recursos y haciendo de mi casa

la suya, y ya cuando se cansa, se marcha

sin avisar ni dejar nota alguna.

En vano me preocupo porque sé

que cuando menos me lo espere,

volverá acompañada de muecas extrañas

golpeando con frenesí este sacorfago

mío hasta que la atienda como es debido.

Nunca soy capaz de ignorarla,

supongo que después de tanto tiempo

juntos he aprendido a comprenderla,

y me provoca hasta pena.


Escuchad cómo llora, y mirad cómo

se retuerce en mi desgastado suelo,

plagandolo todo con sus lágrimas

sangrientas y con las marcas

de sus uñas amarillentas

¿Cómo no iba a sentir compasión

ante tal demostración de profundo

sentimiento? ¿Cómo evitar conmoverme

ante un alma tan triste y que me recuerda

a mí mismo con mis desdichas?

Quizás, después de todo, sea esto

un teatro bien organizado para tener

un techo donde cobijarse de un mundo

en el que la melancolía está de más,

donde todos la miran con recelo

al haber sido demasiado usada en vano.

No puedo evitar sentirme reflejado,

y usar de mi brazo como su almohada,

así como de mi humilde morada

cual si fuera un templo dedicado a ella.


Ven a mí melancolía para que no tengas

que pasar sola las horas, que aún llueve

fuera y yo guardo para ti un siniestro calor

que te permita evaporar las lágrimas

desperdigadas en los desiertos del

no volver a verte nunca jamás.


- Gotas de lluvia se dispersan a través

de un paisaje incierto en la noche,

y mientras yo pregunto a mí alma dolorida

si hay salida cuando las venas hablan

por sí mismas. Hay un corazón que late,

balbuciente que se escapa entre toses

de un pecho que le sirvió de cárcel,

y cuando preguntan por él siempre usa

de la misma respuesta en forma de silencio. Callados son los ojos y dichosos

son los labios que interpretan la balada

de las sombras, intercalan las piezas

cual si fueran compuestas por algún

demonio aburrido que de tanto hacer

sufrir tomó el sensitivo sendero 

de la auto-aniquilación. Ganas de perecer

tienen los viandantes sombríos

que atraviesan los suculentos prados

de los sueños, y todo porque estos

se acabarón convirtiendo en pesadillas,

hicieron del paraíso un infierno

debido a sus desmedidos deseos.

Sólo queda un arbol desvencijado

en el centro de aquel campo, y sus hojas

se deslizan por las ramas como si fueran

las últimas caricias del amante que sabe

que cuando la luz despunte será

su condena a muerte.


Yo sólo suspiro ante estas imágenes,

y aunque me conmuevo, prefiero seguir

siendo un mero espectador de pleitos

que en apariencia me son ajenos.

Me quedaré en mi sitio, cobijado

entre ramajes, siendo sombra

de mí mismo, preso y cautivo

de una naturaleza original que me impuso

el destino. Y todo aquello por el goce

de ver volar a la última rosa debido

al fuerte viento del invierno.


- En mi soledad, los pensamientos danzan

con extrañas figuras, siguiendo

un desconocido ritmo olvidado

desde hace demasiado tiempo.

Las puertas de mi alma se cierran,

impidiendo la entrada y la salida

de nuevas y viejas impresiones

que puedan perturbarme, mas aún así

todavía puede escucharse esa melodía

que antaño tocaba un anciano

interpretando una partitura de cítara.

Una vez dentro, cerrando los ojos,

pueden verse sucesivas imágenes

de las que no se sabe si ya acontecieron,

o ocurrirán en un porvenir eterno

cuando todos los seres se aniquilen

en aquel gran núcleo negro.

Incluso, si se agudiza el sentido interno

pudiera parecer que todo se comprende

sin comprender, que aún sin entender

todo recobra un oscuro sentido

que nos hace estremecer a la par

que nos enloquece con alegría

Quizás por eso también bailamos

pese a no saber a ciencia cierta

qué demonios es esta música,

ni el por qué de estos caprichosos

movimientos en los que se deslizan

nuestros descuartizados miembros.

Todo pareciera una farsa, una mala

comedia que bien podría decirse de ella

que se trata de una tragedia, 

o en su defecto, un melodrama

que por su sombrío humor se diría

que nos provoca una risa incómoda.

A mi corazón no le queda otra

que suspirar, que aspirar toda la enegía,

tragarsela al completo y expulsarla

mas allá, allí donde los horizontes

están adornados por cien montes.


En mí habita una mujer desnuda

demasiado lujuriosa para rechazarla,

aunque también hermosa en demasía

para querer corromper su belleza

al intentar tocarla con el alma.

Ella es así de caprichosa, y tiene

algo de ángel y algo de demoníaca,

porta con ella unos amplios senos

como a su vez, unas delgadas manos.

Mirándote te deseará, esquivando

tus lazos, te temerá. Pasará de ser

una jovencita olvidada de este mundo

a una anciana recordada con desdén.

Mas, a pesar de todo, siempre será

la doncella que habitará en tus ojos.


- Segundo a segundo siento a la vida

desvanecerse, es cual si se escurriese

de mis dedos, de mis labios, de las venas

hasta algún vacío lugar donde ya no 

queda nada porque se llevaron todo.

Es una melodía que se va apagando

paulatinamente, empieza sonando

por todo lo alto, y deslizándose, 

pasa de hechizar a todo el auditorio

con sus exotizantes sonidos 

a sonar tan bajo, que todos los presentes

se van acercando, apiñándose en una

sola fila, quedando sepultados en la misma tumba. Ay, la muerte fragante,

hermana inevitable del tiempo, 

como este a su vez lo es de la ausencia

y el silencio, toda esa abundancia

tú te la llevarás allí donde justicia

e igualdad dejan de ser vanas palabras

para pasar a ser realidades efectivas.

Y aunque mis manos, mis ojos y hasta

mi corazón entero se vayan evaporando

por aquellas particulas negativas,

yo ya no tengo miedo a ese abismo

sin final, a ese foso sin fondo tan profundo porque he comprendido

que allí todos nos hacemos una misma

sustancia teñida de negro. 

Pese a nuestra naturaleza perecedera, algo nímio quedará de nosotros ahí abajo

que nadie será capaz de rescatar,

al menos que se hunda con nosotros

en aquel paraíso invertido.


- Al final del camino no hay amplios

horizontes, ni tampoco grandes

perspectivas, tan sólo un montón

de edificios derruidos sobre un desértico

páramo abandonado por los hombres.

Cada trozo destrozado, cada fragmento

despojado son las lágrimas que lanzaste

sobre las marchitas flores en su día,

que en vez de alzarse venturosas,

se han hermanado con unas cuantas

piedras apestosas cubiertas de musgo. 

Lo más lamentable es pensar 

que cada una de las sendas a tomar,

desde las más animosas hasta aquellas

que por miedo nadie toma, llevan

a un mismo triste final, allí donde 

confluyen todas las melancolías

nacidas en aquellas noches que lloraste,

y que creías haber olvidado.

Hay quién guarda este templo destrozado

como también hay quién procura

huir lo mas lejos posible de el,

pero después de todo ambos intentos

resultan igual de vanos, igualmente

frustrados como todas las humanas

aspiraciones, desoídas por los dioses.

Yo, antes de que llegara mi hora,

ya habito por tales parajes,

recorro a tientas por encima 

de las tierras secas, y deslizo mis manos

sobre aquellas hierbas muertas,

recordando cuando la vida aún latía

en este abandonado lugar.

A veces me pregunto si esta desdicha

nos antecede a todos en el tiempo,

o si es posible que fueramos nosotros

quienes la invocaramos con nuestra

maldad y los consiguientes lamentos.


Si fuera lo primero, me resigno.

Si fuera lo segundo, me suicidaría.

Jamás me lo perdonaría.


- Sin yo quererlo me voy desangrando,

liberando aquella alma materializada

en fragmentos de líquida sangre,

que se desparrama sobre las alfombras

donde ángeles caídos posan sus alas

al descender con violencia.

Se presiente un hálito fatal de condena

en este aire demasiado cargado,

inflamado de sensaciones de pena

y de desagrado, ante el inevitable

fin de la pureza, su caída representa

la ruptura del cristal más impoluto

con el que cabría fabular.

Por eso lloran los ángeles que ahora

por caprichos del destino han pasado

de ser seres celestiales amados

y admirados por todos, a ser un conjunto

de demonios que tentarán a los fieles

desde infiernos inventados.


Sin darme cuenta, me giro y miro

aquel resplandor que fue tan respetado

en su vida, pero del que ahora llueven

lágrimas de sangre. Todas ellas

provienen de los cielos, desde donde

aquellas desdichas salubres se precipitan

alcanzando un semblante demasiado

consternado como para esbozar

una anodina sonrisa. De sus alas

antes blanquecinas y replandecientes

se ha formado una oscuridad que va

creciendo por momentos hasta culminar

en unas alas de cuervo, adornadas

por perlas sanguilentas, muestra

de demasiadas frustraciones calladas

¿Y qué hay de sus manos? Ahora están

temblando, temiendo que se transmuten

en horripilantes garras con las 

que atrapar hermosuras escapadas

de aquellos palacios de latón.


Lloremos, lloremos junto a ellos

porque ese abatido sentimiento

que ahora tienen y que les hace

proferir gran cantidad de injurias,

será lo que algún día sentiremos

nosotros mismos cuando ya estemos

muertos.


- Muerden los demonios mis talones

cuando procuro escapar de ellos,

mas cuando a pesar de los sufrimientos

me acerco y congratulo con su presencia

parece que nos entendemos.

Si grito o me altero, es normal 

que actúen en correspondencia,

abalanzándose hacía mi con saña y furia,

pero si mantengo la compostura

y mis labios se ensanchan mostrando

cordialidad ellos actúan con la educación

propia de los nobles en espirítu.

A pesar de toda oscuridad, de los prejuicios moralistas que enseñan

aquellos que sospechan vivir en la luz,

hay detrás de toda sombra un fulgor

mucho mas potente que la pretendida

serenidad de un día soleado.

Creo localizar cosas más siniestras

en aquellas que se desprenden

en los amaneceres, y aún al contrario,

en las noches hay sabidurías brillantes

que indican la elegancia de las tinieblas.

Llaman a la bruja por tal nombre

porque cela, se vela en un oscuro manto

cuando en realidad su pálido y hermoso

cuerpo resplandece cuando se desnuda,

y todas aquellas que creen conocer

la belleza en unos artificiosos harapos

descubrirán la pobredumbre al descubrir

unos senos flácidos.


- Aunque soy bastante pequeño,

mis tristezas y desgracias son inmensas.

Tan grandes son que sobrepasan

lo que mi vista puede alcanzar,

y cuando intento atisbar la tormenta

que se acerca, sólo gano con ello

dolores de ojos y de cabeza sin advertir

que algún que otro relámpago imprevisto

aterriza allí donde yo planto mi pierna.

Muchos de ellos ya me han impactado

en pecho, cabeza y aún en cuerpo entero,

de tal manera que aunque acostumbrado

me encuentro a los dolores que siento

en mis sienes y a los temblores

que me deja la electricidad por mi sustancia corporéa, no dejan 

de acosarme los fuegos fatuos

que me rodean, jugando a mi al rededor

y burlándose de mis escozores.

Si fuera sólo el dolor, podrían resistirlo

mis malheridas entrañas, pero tanta

es la constancia de su repentina aparición

que a veces quisiera que su impulso

fuera tan potente, que me dejara

petrificado en el sitio, convertido

en la estatua invulnerable de mi mismo.


La muerte es una promesa irremediable

para muchos, y un consuelo para otros,

el alivio último para quienes somos

desdichados por estos bosques

pantanosos que algunos tienen la osadía

de considerar un paraíso terrenal.

Mas bien se asemeja a un infierno

con disfraz, a una chimenea donde

el fuego aún está caldeándose 

entre los intestinos de la melancolía.

Siento como palpita el carbón,

como las ascuas se deslizan,

y también esa dulzura amarga

que antecede al estoque final,

aquel que da comienzo al cúlmen

de los desventurados paisajes.

Oh por favor, clava esa espada en mi pecho. Haz que brote la sangre, 

que se alcen burbujas sangrientas

hasta el cielo en señal de la postrera

desdicha, de esa guerra cuya pérdida

supondría mi ganancia eterna.

Amigo mío, yo que siempre aposté

por la muerte tengo las de ganar

cuando esta sobrepase aquella vida

siempre pendiente por un fino hilo

que se balanzeaba sobre el abismo de siempre.


- Cuentan los vientos nocturnos

una historia plagada de tristezas

en donde un desdichado mortal

cargado de tribulaciones y de rencores

renunció a la salvación para lanzarse

hacía derroteros siniestros.

Allí, en su descenso al abismo,

lanzó un grito que estremeció

las columnas que sostenían 

los pilares de la civilización.

Tan agudo fue su chillido que cuervos

y murcielagos salieron volando

despavoridos, desperdigándose

en los oscuros bosques 

para cobijarse sobre retorcidas ramas

de sauces, alamos y otros arboles tristes.

Cuando llegó al fondo del foso,

allí donde toda degradación huele

a cuerpo en descomposición,

cubrió su rostro con la sangre

de futuros cadáveres, y sobre 

las esculturas de los antepasados

escupió mientras reía con sorna.

Todos, desconociendo la razón,

le temen nada mas verle,

y si por lo que fuera se le encuentran

en una noche regalada con la niebla,

se quedan paralizados, temblando

sin dudarlo. Otros, a él se acercan,

con la curiosidad de un gato maldito,

y cuando se despistan, aparecen

aplastados por sus afiladas fauces

cual mordisco de mil tiburones.

Desde entonces, desde su negativa

a una falsa liberación, va caminando

cautivo de la luna, cuyo único replandor

es el que acepta de todo lo que brilla.

Cabizbajo pasea, con una impostada sonrisa, esculpida en un demacrado semblante, mas si uno con atención 

se fija, descubrirá dos tenues lágrimas

que recorren sus pálidas mejillas

para acabar sumidas en el fango

del color del azabache.


- Cuando estoy inserto en la oscuridad,

durante mi soledad, pareciera que en mí

domina la quietud cuando en verdad

desde mi interior presiento un mundo

que se encuentra en perpetúa agitación.

Lo siento nada más cerrar los ojos,

esas sombras danzantes juegan

con mis párpados entornados

y me obligan a mirar hacía la nada

sólo por un capricho del destino.

Y aún mis labios se mueven por sí solos,

mostrando muecas y liberando

palabras que parecen provenientes

de idiomas de ultratumba

¡Ay, las femeninas carcajadas

que me circundan, acercandose

poco a poco hasta estrechar mi cuerpo

con la fuerza de cien damas musculadas!

Noto sus cuerpos rozándome,

y sus negros corazones regocigandose

de la suculenta sensación de aquel

pavor callado por los muertos,

pero que en sus eternos sueños

les hacen confesar sus vilezas lujuriosas.

Rostros, dedos y senos son presentidos

por unos ojos tan acostumbrados

a las tinieblas que captan tales formas

como si fueran pasajes rememorados

a pesar de hallarse presentes en este instante que se encuentra detenido

¿Por qué llorar cuando se puede reír,

batiendo palmas con frenesí 

sólo por el mero placer que supone

pecar sabiendo lo que uno hace?


Yo también soy participe

de esta degeneración, 

de esta desesperación

que conduce a la comunión de los seres

hacía espacios siderales apartados

de los confines tomados por humanos

¿Dónde estoy?

Allí donde la muerte y el desenfreno

se enlazan en impío matrimonio.


- Prisionero de mí mismo, alzo mi voz

cual cadena de mi condena 

por si algún semejante sufridor

pudiera escucharme. Tan altos

son mis lamentos que las aves huidizas

se escabullen sobre los muros

con alambres que defienden mi cárcel.

Muchos años ha que he llegado

a considerar a las paredes estrechas

mi hogar, y a las grietas que las atraviesan mis confidentes.

Advierto observando tales hendiduras

que se entristecen cuando les cuento

mis penurias, puesto que al acabar

no es extraño que las lágrimas

formen húmedades en sus oquedades.

También el grísaceo cielo cargado

de lluvia parece comprenderme

cuando su escaso resplandor acaba

mutando en oscuridad declarada

durante mis amadas noches.

Casi podría decirse que me lanza

ese sombrío manto para invitarme

a cerrar los ojos, ya sea durante

unas horas, o quizás para siempre.

A tanto ha llegado mi locura

que al girarme no es extraño 

que contemple diferentes sombras

reflejadas en el techo, desplazándose

muy lentamente, e invitándome

a su macabra danza como una mujer

salvaje, desmelenada a la desesperanza.

Ecos de mis pasos se divierten

confundiéndome, haciéndome pensar

que no estoy tan solo como creía,

que todavía hay quien baila

a mi compás de manera 

que cabe el soñar con compartir

un lenguaje común, mas cuando caigo

en la cuenta de mi propia mentira

desfallezco en estremecimientos.


A veces sueño con que esta mi prisión

se pliega creando una salida

en forma de arco, y que yo me escapo

de ella cargado con mis alas negras.

Y sé que hay muchos que quizás

me considerarían un iluso por confiar

en una escapatoria tomada 

de mi fantasía, mas a estos respondería:

¿Y acaso no consiste en esto la vida?


- Cada día se suicidan gran cantidad

de seres sin advertirlo, creen que siguen

viviendo cuando en realidad

van siendo sumidos por una carencia

universal, que los mengua poco a poco

con cada paso, con cada respiración

contenida. Ciegos, se conducen

allí donde toda apariencia se toma

como un patrón vivencial.

Mudos, parecen formar frases

con palabras tan huecas cual

la sentencia de sus tribunales.

Sordos escuchan el rutilar de sombras

espaciadas, y que toman 

como la melodía de un infinito engaño.

Confusos afinan vista, oídos y olfato

hacía algo imposible de percibir,

pero cuya captación supondría

el resurgir de diversas lágrimas

lanzadas desde hace muchos años

hacía un oscuro abismo sin fin.

Desconocedores del auténtico terror,

de aquel pavor sin proferir gritos,

del temor último, dicen que todavía

tienen esperanzas e ilusiones

como estandartes, mas yo os digo

que estos fueron hechos cenizas

hace tiempo, desde que aquella

enorme bestia con vestidos

se nos impuso ante nuestros sentidos.


Todos somos participes de una mala

fábula cuyo teatral desenlace

sólo podría ser una trágica risotada,

con cinismo unos aplauden y otros

abuchean a la peor obra representada.

Quisiera ser el último en actuar.


- Diversos rostros observan a este

desdichado liberando sus sufrimientos

al pie de la calzada, los dejo ir

en forma de cenizas sagradas 

que revolotean como hadas sangrientas

buscando una redención 

que les fue negada antes de nacer.

Cuando ellas lloran, sus lamentaciones

se escuchan tan elevadas, cual alfileres

capaces de atravesar las más gruesas

paredes, y aún con ello, poco son capaces

de conseguir, pues sus innúmerables

muertes no levantan la compasión 

de sus semejantes. Todos ellos

viven impasibles respecto a las desdichas

que les parecen ajenas sólo

porque no han logrado vislumbrar

la certera verdad que se esconde

tras un paraíso demasiado chillón

para ser cierto. Este ejerce la influencia

que únicamente una apariencia

es capaz de formar en las mentalidades

más nimias, aquella que se figura

que es un manto trasparente,

y aún así, nadie ve mas allá del mismo.


Sólo saben dedicarse a violar

a esas encarnaciones aladas de la belleza

haciendolas llorar como hijas bastardas

despeñadas de un alto monte

por los ingratos de sus padres. 

Se limitan a lanzar improverbios

a sus dorados y brillantes semblantes

esculpidos por los ángeles caídos,

provocando sus callados sollozos

entre agitaciones corporales,

mutismos imprevistos que surgen

de la desesperación ante las ofensas.

Se divierten mutilando sus cuerpos

perfectos, arrancan sus miembros 

aterciopelados y clavan sus dientes

en sus senos erectos, como los niños

malcriados que son, hijos del dios

tirano que antecede a los tiempos.

Así, pasan los años que rápidamente

terminan siendo sucedidos por los siglos

mientras las diosas están cada vez

más magulladas tras las palizas

que les propiciaron aquellos que adoraron

al dios de madera y al que cantan

cada vez que pasan por debajo

del arco de la tiranía. Y ellas tras tanto

dolor injustificado sólo aspiran

a exhalar aquel último suspiro,

el que les despojará de su corteza

terrenal para conducirlas hasta donde

se originan las fantasmales tormentas.


Si pudiera decidir, optaría

por no volver a nacer de nuevo.

Ahora ya por fin lo sé.