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domingo, 6 de abril de 2025

Un conocimiento prohibido: Parajes vistos en sueños

 El mundo vigil siempre me ha parecido trementamente aburrido. Ya se sabe, la dichosa rutina automatizada de siempre en la que los días se suceden sin que haya eventos destacables. Día tras día los mismos pasos de siempre a horas semejantes, tan similares son entre sí que bien podría decirse sin temor a equivocarse de que uno es la copia de otro. Pensar sobre este tema siempre me ha producido hastío, ya que al reconocer la banalidad que adorna toda vida ordinaria me he sentido inmensamente desgraciado. Siempre he contemplado a la vida que los pusilamines consideran la real como una suerte de maldición que la vulgaridad nos impone, haciéndonos así semejantes los unos a los otros.

Por eso, desde que era niño me he refugiado en mi mundo interior gracias a la facultad imaginativa. Ahí todo era muy diferente, todo era posible y la sorpresa se encontraba a cada esquina. Daba igual si en la vida ordinaria y anodina ocurría tal o cual cosa, siempre podía replegarme a mí mismo y desde el pensamiento encontrar aquello que buscaba en cada momento. Ya podía el mundo material derrumbarse todo el, puesto que yo rehuía de sus llamas y pesadumbres para acudir presto a una instancia superior que sobrepasaba todo aquello. La mayoría de la gente con su vulgaridad y mirada estrecha desde siempre han considerado que esta instancia es un mero producto de la fantasía, mas para mí siempre ha supuesto la auténtica realidad, que por su elevada altitud bien cabría ser considerada una suerte de supra-realidad.

Esta realidad superior se concretaba en la oniría, era en los sueños donde su potencia y vivencia quedaba mas patente. De ahí mi alegría al acudir a la cama cada noche, pues eso suponía que iba a viajar a un lugar que en mi ingenuidad de entonces consideraba "El mundo de los sueños" pero que en realidad tenía otro nombre, un nombre que sea dicho de paso nunca me ha sido revelado o al menos ya no me acuerdo de el puesto que ya se sabe que no siempre se recuerda todo de los sueños una vez que uno despierta.

Antes los sueños que tenía eran como una película que se desarrollaba ante mis ojos pero en la que yo no podía intervenir activamente, mas con el tiempo aprendí que podía hacer presencia de mi individualidad. Y desde entonces, desde que aprendí a controlar mi yo y el entorno del mundo onírico de forma autonoma, todo se hizo sumamente interesante. Ya podía desplazarme libremente por todas las zonas que comprende, alterar los sucesos que ocurrían e incluso aniquilar a mis enemigos en un santiamen. Esta habilidad la adquirí con mucho ejercicio, constancia y esfuerzo, mas también al interiorizar que esa suprarealidad dependía de mi propia autoconsciencia, a la par que a la adquisición de conocimientos que tenían su fuente principal en los mismos sueños. Desde entonces me convertí en un sabio sobre ese terreno, y supe de las ventajas que tenía el uso de la magia negra por mucho que digan los puritanos y moralistas con sus manuales éticos baratos.

Gracias a este saber estuve indagando e investigando en mis sueños y conocí su razón de ser y su origen. Al parecer ese mundo se formó a partir del contacto de una roca primigenia y de una planta translúcida, que al aunarse de la mano de un impulso etéreo, de las hojas de las plantas se formó una savia pegajosa que impregnó a la roca, lo que provocó que esta a su vez adquiriese un resplandor que todo lo iluminó. A partir de ello nacieron dos seres: una entidad amorfa y tenebrosa que carecía de rasgos, y una especie de ser angelical más femenino que masculino que animó de vida lo que aparentemente estaba muerto. Desde entonces, estas fuerzas luchan entre sí y se reconcilían siguiendo sus caprichos, mas lo que si se sabe es que gracias a esta tensión constante que comprende de períodos de relativa paz, todo el resto de seres surgieron en su diversidad.

¿Qué papel tenía yo en todo esto? Podía uno preguntarse con razón. Pues era uno bastante ambigüo, puesto que a pesar de que me indentificara con el elemento oscuro al considerarle desde la intuición como mi creador, no tenía una posición definida en la pugna entre estos dos seres primigenios. Navegaba y sobrevolaba este mundo onírico como quién es un fojarido, un ermitaño incluso, que teniendo ciertos conocimientos que emanaban de las tinieblas, no quería tomar un partido concreto. Siempre he valorado la libertad, y el tener que elegir un bando concreto siempre me ha resultado bastante desalentador. Cierto es que la mayoría de seres y entidades que poblan esas oníricas tierras tenían claro a quién seguir, mas en lo que a mí se refiere prefería seguir mi propia senda. Y esta quizás era la más negra de las sendas, pues mi única compañía era la soledad. Aunque, por otro lado, también me ahorraba el sufrimiento de quién pierde, como por otro lado la vanagloria de quién vence.

Retornando al asunto principal, yo diría que una de las cosas más extrañas de este mundo era que muchas de las zonas que comprendía eran similares a las que he conocido en el mundo vigil, mas había otras que aunque no las hubiera visto en mi vida estando despierto, cuando soñando pasaba por ahí sí que me acordaba de ellas e incluso reconocía recuerdos que había tenido ahí. Por ejemplo, había un edificio inmenso que desembocaba en diferentes salidas, que servía como una especie de universidad. Mas esta no era una universidad común y corriente, sino que se trataba de un centro de erudición donde se enseñaba diferentes saberes dependiendo de las habilidades y tendencias de sus alumnos, si optaban por conocimientos ordinarios para mejorar la vida de la comunidad, o si bien prefería acceder a saberes prohibidos para perjudicarla. Obviamente ya se sabe por cual opté, mas dando por hecho esto, sí yo supe de la magia oscura fue gracias a aquel lugar y hasta me acordaba de las clases y de mis compañeros, mejor aún todavía que aquellos otros que había conocido en la supuesta realidad vigil.

Según mis averiguaciones y estudios ocultos, supe que por ejemplo la zona antes mencionada se situaba tras la cordillera montañosa que divide este mundo en dos, en un lado vivían preferentemente seres semejantes a los humanos y que en su mayoría se identificaban con la luz, mas el otro era habitado por entidades extrañas más identificados con las sombras. Pues bien, esto lo supe porque yo he tenido acceso a ambas zonas, quizás debido a mi naturaleza hilemórfica y a mi indefinida posición en esta especie de guerra universal entre los elementos. Un dato curioso fue que tras explorar el terreno que iba mas allá de la cadena montañosa, supe de la existencia de un inmenso prado que daba acceso a la zona de los seres vampíricos, pero incluso todavía más allá de susodicha zona, en un abismo que descendía hacía tierras rojizas que degradan en morano, había seres todavía mas extraños. Unos de estos eran los zentiu, una especie de entidades alargadas y transparentes que aún teniendo cierta rememembranza antropológica, podían transfigurarse en diferentes formas a su capricho. En general eran pacíficos, excepto cuando se presentaban por casualidad los vindicalistas, con los cuales mantenían un conflicto atroz. Estos ya sí tenían una forma definida y terrestre, parecían arboles animados excepto porque portaban un rostro grotesco que se contraría cuando se comunicaban.

En fin, dejando estos desvaríos de mis aventuras por estas zonas quisiera añadir algo más a alguno de estos datos que consigno por escrito. Pues a pesar de que estas zonas estaban bien delimitadas y definidas, muchas veces unos seres de uno u otro lado traspasaban a la zona que les era contraria. Es decir, que había migraciones dependiendo de diferentes motivaciones, ya sea por la guerra antes mencionada, como por las misiones que tenían diferentes organizaciones, o por mero capricho viajero. Personalmente, como yo tampoco comprendía de un objetivo definido a parte de adquirir más conocimiento, podía traspasar de una zona a otra por motivaciones extrictamente personales y azarosas, pero tengo noticia de algunas de estas transgresiones que dieron inicio a algunos de los conflictos mas sonados de este extraño mundo.

Uno de ellos fue cuando aquella asociación de espionaje en la que pude infiltrarme construyó una muralla reforzada para impedir que los seres amorfos y vampírescos atravesaran con facilidad las contrucciones naturales que daban cabida a la zona habitada mayoritariamente por humanos. Pero no contentos con ello, se dedicaron a experimentar con los vampiros para reprimiendolos lograr adquirir algunas de sus oscuras habilidades. Menos mal que pude intervenir, y dar el impulso necesario a su Rey para que esas murallas artificiales se rompieran, liberando así a los generales que tenían presos. Otros de los conflictos de este talante que también se hicieron muy conocidos, fue la ingerencia de los vindicalistas en el mundo humano, lo que provocó que muchos murieran debido a su quebrantamiento de la naturaleza. Aquí también intervení, pero tampoco es lo suyo el darme el pisto en demasía sobre este asunto que ya consigné en otro lugar.

Para acabar con estos ejemplos, un caso de esta transgresión entre fronteras territoriales que quizás es menos conocida fue cuando los sibiles, especie de serpientes desarrolladas y que lanzan su veneno a través de unos impulsos extrasensoriales. Estos lograron infiltrarse en la zona de la luz cuando cavando unos túneles subterráneos y reforzando sus fortificaciones ahí construyendo hasta una ciudad bajo la tierra interconectada con pasillos interminables, lo condujeron a una zona industrial donde los represores tenían sus instalaciones. Una vez se apercibieron de esto, organizaron una avanzadilla y lograron acabar con todos ellos sin gran esfuerzo. Ya puede uno imaginarse que se dieron un buen festín, mas como yo no intervení directamente en este conflicto tampoco puedo decir mucho más. Supe de ello por uno de mis informantes de confianza, como también porque sobrevolé la zona, la cual sigue derruida y desierta, pero se comenta que estos sibiles siguen viviendo ahí debajo, y que no saldrán a no ser que alguien los despierte.

Habría tanto más que contar en torno a estos parajes... Sin embargo, por último diré que he comprendido cómo habitar para siempre en este mundo de cuyo nombre no me acuerdo, pero donde tan bien me siento. Accediendo a la biblioteca secreta que se encuentra al final de la Ciudad Pérdida que a día de hoy sólo es habitada por los zunhui y algunos trasgos de diferentes tipologias, leí en un libro cuyo nombre tampoco mencionaré que la forma para vivir en esta zona sin ser un mero intermediario entre ambos mundos es morir en el mundo vigil para vivir eternamente en el onírico. Ya podrá intuir el lector mi sorpresa y alegría al enterarme de esto. Además, para mí es bastante sencillo el renunciar a una vida anodina y repetitiva para habitar durante la eternidad en un sitio donde cada día de un tiempo indefinido es el comienzo de una nueva aventurará que figurará para siempre en los anales oníricos.

Así entonces, sin pensármelo dos veces, una vez que me desperté me dediqué a dejar esto por escrito para que quedase patente a quién lo lea que esta supra-realidad de la que hablo existe, y que puede además ser accesible a quién con tesón y esfuerzo quiera habitar tales parajes. No puedo dar más detalles, ya que quizás el profundizar en este asunto le cobre a uno su propia cordura, a la par que también ciertas revelaciones sobre este mundo están estrictamente prohibidas. De ahí el factor del olvido cuando nos "despertamos" antes mencionado. Puede que ya me haya arriesgado en demasía escribiendo en torno a algunos de estos misterios, mas hay algo en mí que me incita a tratar sobre estos temas por escrito. Quizás, con el tiempo, algunas de estas aventuras e informaciones recibidas de terceros, se vayan publicando en este espacio con el tiempo cronólogico humano. Mas, por ahora, con esto que he escrito en este documento en específico creo que es suficiente. Además, me tomé unos fármacos para acceder al sueño eterno y estos ya están haciendo su efecto. Así que por mucho que quisiera seguir escribiendo me temo que he llegado al final de esta nota, espero que sea del interés de quién la encuentre.

Por fin podré vivir pasa siempre en el supra-mundo... Adiós vida anodina y problemas ordinarios, aventuras y exploraciones allá voy... Zunhui, acudid a mí que tenemos muchos asuntos pendientes. Tenemos que internarnos más allá de las cordilleras fronterizas, mas allá de la negrura de los abismos prohibidos, donde vive el Inmenso Señor Oscuro proveniente de lo extraterreno... Zak zak tushai, no-masai ukra... Susui tschotempt cropteph...

martes, 1 de octubre de 2024

Desde el abismo: Una colección de poemas

 - En las noches oscuras pequeños seres

susurran bajo las almohadas 

de los melancólicos soñadores

palabras que no es posible reproducirlas.


A veces son dulces como nanas,

otras son tan crueles que saltan lágrimas,

mas todas ellas encubren la manifestación

de espíritus de otras épocas.


Se estremecen los durmientes con tales

enígmaticas sílabas de un idioma

que desconocen durante el día,

pero que en la noche interiorizan.


Así en sus sueños emergen extrañas

formas que se contorsionan adoptando

posturas imposibles y secretas muecas 

que adolecen al ser reinterpretadas.


Negras sendas caminan en la onírica

que les conducen a goces infernales,

tornándose lo que al principio

era plancentero en una eterna pesadilla,


de las manos de hermosas hadas

rescatan suculentas ambrosías

que al rato de ser degustadas

se convierten en caducas pócimas.


Tiemblan los cuerpos, se quiebran

las almas consagradas al culto

de lo impío y de lo blasfemo,

de la lujuría y de la curiosidad inquieta.


Nada de esto recuerdan al despertarse,

a excepción de una amarga sensación

que les recorre la mente y que no se

desvanece hasta la caída en la ilusión del día.


- A Lucifer


En el cielo del Cielo andaban volando

innúmerables ángeles, pero quizás

el que más destacaba por belleza

y agudeza a la par era uno llamado

Lucifer, cuyo único defecto a ojos

del Absoluto que todo lo gobierna

era su picaresca y rebeldía.

Mas a pesar de ello, era el predilecto

por hermosura y gallardía, algo

que no sólo demostraba en su presencia

sino también lo cobijaba en su interior

destacándose de sus hermanos

demasiado iguales, demasiado obedientes.


Sin embargo, en un día sin tiempo

de la eternidad, el Rector principal 

decidió crear a unas criaturas llamadas

hombres, lo que produjo una sensación

de recelo y de melancolía en Lucifer

ya que le recordaban lo peor que tenía él:

una curiosidad innata y una tendencia

a escalar cumbres vetadas.

Y así, los rechazó, se negó a tener

que cargar con ese mal recuerdo

que arrugaba sus facciones,

sometiéndole a una desdicha 

que le haría adquirir un comportamiento

deleznable, dejaría de ser ejemplo

para los restantes ángeles.


Esta contrariedad desde la creación

hizo que quisiera ascender cotas

que le estaban veladas para alejarse de ellos, lo que a la larga sin extensión

oscureció su semblante, trastocando

su valía interna en temeridad lo cual

entristeció enormemente a Dios

puesto que tenía grandes esperanzas

en el porvenir infinito de su predilecto.

Tras largas deliberaciones al final

le dijo: "Será mejor que te vayas de aquí

y que a partir de ahora tomemos

caminos aparentemente distintos,

y ya que tanta molestia te causan

los hombres, vive con ellos y algunos

te adorarán a ti, y otros, a mí."


Al principio, Lucifer se negó, gritó

exasperado por tamaña decisión

que le alejaría de su Señor, mas

finalmente optó por aceptar

tan doliente propuesta, así

que se suicidió desde lo alto de los cielos

para acabar cayendo donde habitaban

las extrañas y pérdidas criaturas.

Desde entonces, aquí vive ayudando

a los hombres en la medida 

de sus posibilidades, siendo aceptado

y negado desde diferentes enfoques,

mas a pesar de ello, cuando estos seres

mueren, a sus más queridos entre ellos,

los lleva ahí donde reside Dios, y les dice:

"Ojalá logres vivir aquí durante mucho

tiempo, si es así dile al que está

en el trono que me haga volver.

Pero si te hacen descender por sus

designios divinos, yo aquí te esperaré

para que nos lamentemos juntos."


- Pocas cosas me placen tanto

como el encerrarme en mi habitación,

clasurar los párpados y hundirme

entre almohadas para dormir.


Esto no lo hago ni por pereza

ni por mera holganocería, sino mas bien

porque mis tristezas internas son tantas

que la oscuridad de mi cama me reclama.


No se trata de una banal búsqueda

del descanso, es lo que se produce

cuando se cierran los ojos en la noche

y las horas pasan sin advertirlo.


Es así cuando algo divino

se comunica con mi mente y produce

aquello que denominamos sueños,

elevándome a abismos muy altos.


Durante ese tiempo arrebatado

por ignorada e inconsciente inspiración,

nace otro yo, otra habitación, otros cielos

invocados por ángeles caídos de eternos tiempos.


Acudo al mundo de los sueños

como quién corre tras una esperada

cita, un encuentro tan sanador

como pailativo para almas atormentadas


Las melancolías se disipan, los rencores

se olvidan y se da cabida a oníricos

misterios que mantienen a corazón

y a imaginación cautivadas.


En el sueño nada me perturba, todo es

tan natural como la luna que alumbra.

Sólo temo el final de tal dicha,únicamente espero que se eternice para no despertar nunca.


- Cuerpo ardiendo, sudor frío.

La cama está empapada

de divagaciones exquisitas.


Visión nublada, voz quebrada.

Un mundo incomprensible

que sólo da pie al desconocimiento.


Pasos temblorosos, miembros inquietos.

Desconozco el final de la senda,

y del principio ya no me acuerdo.


Mareo corporal, mente abismal.

La quebrada insondable

sólo puede conducir a lo ilimitado


Ojos llorosos, sentimiento contenido.

Ya no reconozco quién soy yo,

y los demás parece que tampoco.


Cuando atenaza la enfermedad,

y uno se acostumbra a ella

hasta el punto que la hace compañera,

sus visitas terminan por volverse

cada vez más frecuentes.

La última será en el regazo

de la ansiada muerte.


- Cuando la noche se torna esmeralda

yo surjo de las profundidades del sótano

de forma tan tenue como el deslizarse

de la sombra al ganar terreno la luna.


Mis miembros se van contorsionando

en violentas sacudidas y cambios

repentinos de postura, demostrando

cuan viva se encuentra la muerte.


Escapo de mi guarida para aterrorizar

a quienes osen traspasar el umbral

entre la cordura y la locura, dando

azarosa sentencia a los miedosos.


Si me ven siempre se produce idéntica

reacción, lanzan un grito temeroso

que yo respondo con alarido

que proviene de los sárcofagos infernales,


después huyen despavoridos dejando

sangre del pavor por el suelo que pisan

mientras que yo voy tras ellos, unas veces

aceleradamente, y otras con lentitud.


Mas al final, siempre les atrapo y cuando

esto pasa mis garras les trapasan

sus finas y blanquecinas pieles

cual si desgarrase una fruta recién caída.


Así voy a mis anchas a través 

de los dominios nocturnos haciendo

del mal un bien y del sufrir un placer

porque así lo ordena un cabrón.


Soy una bestia que despliega su ferocidad

con mas intensidad en la oscuridad,

y que cuando comienza el día se repliega

en la tumba de los deseos y de los sueños.


- Al cuervo universal


Se posa sobre verjas oxidadas

escutrando horizontes que están

velados a los iluminados.


Despliega sus negras alas

cual si fueran una colección de penas

cantadas por poetas nostálgicos.


Aparece sin aviso previo anunciando

futuras desgracias para los diestros

y ganancias en el porvenir para siniestros.


Pero cuando el cuervo se queda

en una inmensa soledad, este piensa

cual será su final al recordar

la muerte de tantos de sus hermanos.


Mas cuando el cuervo se queda

en una tremenda soledad, este no puede

evitar que una lágrima se deslice

por sus oscuros ojos y moje sus sombrías plumas.


Planea por un cielo bajo

manteniendo su cabeza apuntando

a un punto fijo en la maleza.


Persigue a su presa con insistencia

hasta que acaba exhausta

y engullida en su fino pico.


Nunca se encuentra del todo saciada

y cuando cree estarlo algo reverbera

en su interior provocando punzadas.


Pero cuando el cuervo se queda

en una inmensa soledad, este piensa

cual será su final al recordar

la muerte de tantos de sus hermanos.


Mas cuando el cuervo se queda

en una tremenda soledad, este no puede

evitar que una lágrima se deslice

por sus oscuros ojos y moje sus sombrías plumas.


Nunca es bienvenido allí donde aparece,

en los lugares luminosos le echan

y en aquellos oscuros le temen.


Siempre interpretan su canto

como una risa irónica,

mas realidad se trata de un gemido lastimero.


Los niños se alejan en su presencia,

los adultos recelan de sus pertenencias

y los viejos suspiran desasosegados.


Pero cuando el cuervo se queda

en una inmensa soledad, este piensa

cual será su final al recordar

la muerte de tantos de sus hermanos.


Mas cuando el cuervo se queda

en una tremenda soledad, este no puede

evitar que una lágrima se deslice

por sus oscuros ojos y moje sus sombrías plumas.


Fugaz en las noches, retardado en el día

siempre atraviesa parámos desiertos

que le llevan a prados desolados.


Pica en el suelo allende a las rocas brillantes con un ojo en el suelo, 

y con otro apuntando a lo circundante.


A las veces muchos de ellos se reúnen

al rededor de cádaveres abandonados,

pero casi siempre vuelan solitarios.


Pero cuando el cuervo se queda

en una inmensa soledad, este piensa

cual será su final al recordar

la muerte de tantos de sus hermanos.


Mas cuando el cuervo se queda

en una tremenda soledad, este no puede

evitar que una lágrima se deslice

por sus oscuros ojos y moje sus sombrías

plumas.


- Atravesando el portal predestinado,

llego a la oscuridad mediante la luz

y me aposento en ella cual si fuera

la más inmensa iluminación.

Hace mucho frío y nada puede verse

a excepción de unos rayos azulados 

dispersos en una amplia sala

de la que no se sabe si hay salida.

Tiemblo, me estremezco pensando

allí donde me encuentro, desconcertado

ante el fatal designio que desde lo alto

me tenían preparado desde largos años.

Apenas hay capacidad de movimiento,

sólo mi aliento en forma de vaho

es conferido con un desplazamiento

más veloz que mis propios pasos.

Cadenas, su ruido y presión en todos

mis miembros me advierte que soy

preso de las torturas que invoqué

cuando todavía era un vivo cautivo

¿Qué será de mí? Me pregunto,

o al menos me preocupo por el sino

de una alma arrojada hacía extraños

avatares conversos en cárceles.

Con tiento y algo de arrojo, me arrastro

muy lentamente a través de fangos

sombríos cuyo tacto es roca húmeda

iluminada por la escasez de luz.

A lo lejos escucho algunos susurros

que en la medida que me acerco

van incrementándose en potencia y eco,

hasta retumbar sobre heladas paredes.

Parecen pedir ayuda, exigir redención,

mientras tanto yo callo, sólo pienso

replegándome en las todavía más

tenebrosas cavernas interiores.

Ahora ya sé dónde me encuentro,

señales que me llegan a la mente

en forma de diabólicos torbellinos

y que me dicen que estoy en el infierno.


- Tambaleándome, me voy desplazando

por estas oscuras sendas

que forman parte de eso que suelen

llamar el mundo, o la tierra-infierno.


Aquí soy siempre extraño de mi mismo,

mas sobre todo para todos aquellos

que osan considerarse mis semejantes

a pesar de nuestra distinta naturaleza.


Mis ojos, precavidos, siempre andan

recorriendo cada una de las esquinas

por si en cualquiera de estos días

alguno de ellos pretenden darme una sorpresa.


Soy desconfiado, sospecho acerca

de sus sombrías intenciones pues

nada conozco acerca de estos seres

cuya razón de existir me es un misterio.


Todos parecen darse movimiento

a sí mismos, animados por una deidad

que lejos de divina cabría clasificarla

entre las huestes de criaturas infernales.


Unos muestran su vulgaridad sin censura

alguna, otros a veces se contienen

y sonríen amablemente y algunos 

de los pocos se visten con piel de oveja.


Pero sé que en su conjunto tienen 

por bandera una corruptible huella

que muchos considerarán pecado

y que les antecede en la vida.


Lo tengo comprobado al vislumbrar

sus horrendas intenciones concretadas

en el acto, como también por lo que

callan pero que borrachos confiesan.


Serían capaces de cualquier atrocidad

a cambio de esa gema lóbrega

cargada de maldad disimulada,

de ese premio a la peor criatura.


Lo puedo ver en sus muecas guardadas,

en las expresiones repentinas, en gestos

callados que sólo son silenciados

cuando ojo ajeno se posa en ellos.


Temo, por mí y mis escasos seres

queridos que algún día descarguen

ese rencor tan mal alimentado

por haberlos descubierto en su impiedad.


Quizás, podrían abalanzarse sobre mí

con ira, con saña, con una amenaza

cumplida mientras mantienen ojos

desorbitados y miembros contorsionados.


Por eso, me alejo de ellos cuanto puedo.

Prefiero estar abandonado, olvidado,

borrado de registros civiles para que

nunca me encuentren a través de estos parajes.


- Irremediablemente perdido, vagando

entre desdichadas sombras 

que conforman contornos inanimados.

Disperso estoy en la infinitud del abismo.


Se deslizan mis zapatos como patinando

entre las franjas de aquellas pisadas

del pasado, impulsadas por aquellos

nobles ideales y sueños vanos.


¿Hasta cuando seguiremos agonizando?

¿Tantas miserías alguna vez nos conducirán a la prometida salvación?


Los pequeños pecadores también 

nos merecemos un pequeño cielo

en el que descansar tras tantas

tribulaciones acumuladas en nuestras almas.


¿Hasta cuando continuará esta tortura?

Oh, liberanos tú al que llaman

el príncipie de los desdichados...


Para mí es el mundo fuente de agonías

varias, en cada esquina hay un grito

desgarrador que hace temer al espíritu.

Algún día mi alma quedará sorda.


Para ti esta tierra nuestra se asemeja

a un juego donde las sorpresas

ya están dispuestas de antemano,

de ahí que las tristezas te hagan desternillar de la risa.


¿Hasta cuando seguiremos agonizando?

¿Tantas miserías alguna vez nos conducirán a la prometida salvación?


Los pequeños pecadores también 

nos merecemos un pequeño cielo

en el que descansar tras tantas

tribulaciones acumuladas en nuestras almas.


¿Hasta cuando continuará esta tortura?

Oh, liberanos tú al que llaman

el príncipie de los desdichados...


Cada día un nuevo error ajeno nos hace

estremecer, mas es peor en las noches

donde los propios nos atormentan.

Se presentan figuraciones amenazantes.


Sólo encuentro la felicidad detrás mía,

el presente sólo produce un agudo

sufrimiento cuyo porvenir incierto

podría implicar su cese si lo quieres.


¿Hasta cuando seguiremos agonizando?

¿Tantas miserías alguna vez nos conducirán a la prometida salvación?


Los pequeños pecadores también 

nos merecemos un pequeño cielo

en el que descansar tras tantas

tribulaciones acumuladas en nuestras almas.


¿Hasta cuando continuará esta tortura?

Oh, liberanos tú al que llaman

el príncipie de los desdichados...


Pero no, nunca todo pecado parece

suficiente, cada vez estos van 

incrementando hasta hacerse innúmeros.

Mi saco ya pesa su condena...


Las buenas acciones y los momentos

de contento únicamente son un paliativo

que con el paso del tiempo resultan

todavía peores que la propia enfermedad.


Mira mis llagas, que aún sin ser comparables a tus estigmas,

te claman clemencia y son los testigos

de mis sufrimientos pretéritos.


Por favor, abre la dorada puerta.

Deja que pase un poco de inmundicia

para que así lo brillante resalte,

mi oscuridad hace más potente tu luz.


¿Hasta cuando seguiremos agonizando?

¿Tantas miserías alguna vez nos conducirán a la prometida salvación?


Los pequeños pecadores también 

nos merecemos un pequeño cielo

en el que descansar tras tantas

tribulaciones acumuladas en nuestras almas.


¿Hasta cuando continuará esta tortura?

Oh, liberanos tú al que llaman

el príncipie de los desdichados...


- Un hondo pesar se me acumula

en el pecho, haciéndose tan inmenso

que dificulta el raudo caminar,

que se vuelve un arrastrar de pies.

Tanto me pesa la congoja,

que voy deteniendome a ratos

para recuperar aliento en tanto

que alzo mi cansada mirada al cielo.

Escruto tales alturas con una incertidumbre en los labios temblorosos,

balbuceando palabras indescifrables

que se intercalan con confusos pensamientos nocturnos.

Pienso acerca de este instante

lanzado en aras del porvenir

y en cómo esa última despedida

que es la muerte es a su vez un alivio

a la hora de curar mis males interiores.

Estos actúan como insectos

que me roen las entrañas, siempre

tan traviesos que no les basta

con aletargar mi sentimiento,

quieren también detener mi pensamiento.

Por eso sé que llegará el momento,

que aunque no sea mi hora marcada,

decidiré detenerme por mí mismo,

quedarme quieto y ensimismado.

Será posiblemente en el tronco

de un sauce llorón al sentir

que su naturaleza y la mía se comprenden

en demasía como confidentes.

Ahí me apoyaré, alzando la vista,

deslizando mi mirada a través 

de unas ramas que adornan a la luna

y a sus compañeras estrelladas.

Entonces, cerraré por fin los ojos

y estas tristezas como cuchillas

que se ceban con mi corazón

se curarán instantánemente

para conducirme allí dónde nadie sale.


- En las soledades noctunas

me convierto en enemigo de mí mismo,

y recorro con la mente aquellos lugares

vetados en el estado de vigilia.


Son los recuerdos esas iluminarias

malditas que encendidas desde antaño

se comunican unas con otras

a fuerza de repentinas sacudidas.


Cien chispas y millares de relámpagos

hacen aletargarse a mi conciencia

de tal manera que el menor ruido

provoca un imprevisto estremecimiento


Más allá de la verdad

está la oscuridad del despertar,

ese sarcofago maldito.


Carezco de sentimientos

mientras dura la maldición del sueño,

aquella realidad alterna.


Y todo ello, por mantenerme puro

en un mundo de ignominia y fantasía,

cuya eternidad es un instante.


Esa mirada procedente de las tinieblas

sólo puede implicar el resurgimiento

de una bestia de los bosques,

aquella que incluso con la risa desgarra.


Los gritos del fondo del laberinto

no provienen de sus entumecidas fauces,

son más bien sufrimientos del pasado

que retornan en sucesivas grabaciones.


A veces, me cuesta diferenciar

los sollozos de las exaltaciones

se alegría. Tan confuso estoy

que la felicidad y la tristeza me resultan hermanas.


Más allá de la verdad

está la oscuridad del despertar,

ese sarcofago maldito.


Carezco de sentimientos

mientras dura la maldición del sueño,

aquella realidad alterna.


Y todo ello, por mantenerme puro

en un mundo de ignominia y fantasía,

cuya eternidad es un instante.


Cuando me creía en compañía

el replandor se las estrellas

me revela que en realidad siempre

me he encontrado en plena soledad.


El conjunto de imagenes, sonidos

y sensaciones no son otra cosa

que impresiones huidizas nacidas

de mis imaginaciones interiores.


Aún dura el hechizo, la figuración temblorosa que repta por el hielo

cual criatura de un mundo que es anterior

tanto en tiempo como en originaria desdicha.


Más allá de la verdad

está la oscuridad del despertar,

ese sarcofago maldito.


Carezco de sentimientos

mientras dura la maldición del sueño,

aquella realidad alterna.


Y todo ello, por mantenerme puro

en un mundo de ignominia y fantasía,

cuya eternidad es un instante.


No temo el sacrificio de la luz,

de aquel fuego primigenio, si tras

su apagón da origen a la escapatoria

del ego y sus vanidades.


No quisiera que el sol dejase de alumbrar,

mas entiendo que su existencia

es un suspiro a ojos divinos, algo

que resulta inevitable hasta para humanas potencias.


Vagamos por parajes que nos resultan

conocidos hasta que tras ellos se abre

un velo tan transparente que nos muestra

el desconocimiento perpetuo, la gran mentira.


Más allá de la verdad

está la oscuridad del despertar,

ese sarcofago maldito.


Carezco de sentimientos

mientras dura la maldición del sueño,

aquella realidad alterna.


Y todo ello, por mantenerme puro

en un mundo de ignominia y fantasía,

cuya eternidad es un instante...


- Al final de la escalinata se encuentra

un harapiento mendigo con una maliciosa

mirada, cuya esencia secreta es escrutar

aquellos oscuros rincones para elegir

allí donde se aposenta para pasar la noche. No teme la oscuridad, mas bien

está tan acostumbrado a ella

que la ha asumido como una segunda

naturaleza, tanto se asemeja a sí mismo

esas sombras despechadas.

De día, recorre las calles agachado

y con sus brazos cruzados en la espalda,

procurando pasar desapercibido

entre la muchedumbre cual Judas moderno. Pero, en la noche, este

se encuentra navegando en su elemento,

adelanta las manos y se desliza

con gran soltura entre avenidas.

La gente le mira con extrañeza, 

sin permitir un punto intermedio

entre la rabia y la pena, tanta contraria

sensación causa en los viandantes.

Sin embargo, él es ajeno a todo ello,

o al menos se hace pasar por un ignorante, que calla todo desprecio

y compasión para contentarse

con aquella esquina acogedora.

Pareciera que recibiera un castigo

divino, proveniente de aquellos cielos

que con el sol son tan esplendorosos,

y que con la compañía de la luna

se tornan cuento de misterio.

Mas en realidad él se siente dichoso,

cree que más bien es una especie

de premio troncado en salvación

a medias, una instancia intermedia

entre el fulgoso paraíso y el sombrío infierno. Eh tú, que nos contemplas

a todos desde tus inmensas alturas:

¿Hay alguna explicación a esto?

Dime tú nazareno, ¿Un hombre así

sería admitido en tu reino?


- A Judas


En el desierto una sombra que pasaba

fugaz lograba espantar hasta a los

demonios antes de que estos propusieran

cualesquiera tentación alguna.

Pelirrojo, de semblante deformado,

cojo con la espalda doblada y de facciones oscuras, iba de un lugar 

a otro siendo rechazado por todos,

incluso por los ladrones y maleantes.

Su nombre era Judas, y su apellido

Iscariote, probablemente huerfano

desde nacimiento y en vísperas

de separarse de una mujer que de tanto

despreciarle le dejó sin descendencia,

decidió unirse a los discipulos del Cristo.


Al principio, todos ellos desconfiaban 

de él en primera instancia por su fealdad

y en segunda por su afición a mentir

y a fabular sin próposito evidente,

pero una serena sonrisa cómplice

entre Cristo y San Juan logró que fuera

en cierta manera aceptado entre ellos.

Nunca llegó a integrarse del todo,

pues siempre fue considerado 

un monstruo de desconocidas intenciones, que no casaba con nadie

a excepción de con la perpetua duda 

e incertidumbre de Santo Tomás.

Mas en su interior, en ese corazón

maltrecho y deforme, maltratado

por la vida y sus semejantes, había

una rara bondad escondida que ansiaba

fundirse con la totalidad del Espíritu Santo. En verdad, amaba a Cristo

como sólo lo haría un hermano, quería

ir hasta su Reino en los Cielos 

para poder aunarse con una totalidad

que siempre le rechazo en este mundo.


Por despecho, traicionó a su Maestro 

a cambio de unas viles monedas

que poco después le pesarían

y le remorderían la conciencia

hasta que su desdichada mente

se rompería en millares de fragmentos.

Al ver a Jesús agonizar en la Cruz,

ya comenzó a sentir los pinchazos

de los perfidos males interiores,

mas cuando ya espiró su dolor

se acrecentó tanto que recurrió

al suicidio, a la mutilación del yo.

Colgándose de una desvalida rama,

se despeñó en los abismos del olvido

como todos los perdidos, sólo siendo

recordado por hermanarse con Satanás.

Pero no se engañen queridos amigos,

hay quién tiene compasión y sabe

perdonar cuando se conocen 

las intenciones, por ello tengo por cierto

que Dios con él lo hizo y que aunque

en tierra se dice que fue un canalla,

ya reposa en el Paraíso sobre un trono

justo al lado del Primogenito que amó

por encima de sus propios pecados.


- A la luna liberadora.


La vida es un cúmulo de penas

que van tomando forma de cadenas,

y que sin nosotros mismos saberlo

nos van pesando con cada paso.


Se arrastran los hierros por los suelos,

provocando chirridos y crujidos

cual si cantasemos para nuestros

adentros y el metal fuera el instrumento.


Pocos son capaces de interpretar

una canción así tan díficil de comprender,

y pese a que todos la oyen cada noche

su procedencia es extraña e ignorada.


Aún con ello, hay quienes agudizan

sus oídos por si captan su sentido,

otros se esconden temerosos,

mientras que algunos otros hacen como si no existiera


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Esta existencia es una pesadilla,

pues en cada inhóspito escondrijo

sale un horrendo monstruo intentando

devorarnos sin matarnos del todo.


Por eso nos vamos desangrando 

poco a poco, dejando por el suelo

rastros sangrientos que nos señalan

el regreso a un hogar imposible.


Las señales de sangre, con el tiempo,

terminan por convertirse en pinturas

detestables, obras malditas

que nos recuerdan sufrimientos préteritos.


Nadie las comprende, ni siquiera nosotros

mismos puesto que sus trazos están

impresos sobre lienzos que ya no

recordamos después de tantos años.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cada respiración lanzada es un presagio

de muerte, con nuestro aire firmamos

el eterno contrato que dotándonos

de vida nos conduce a la extinción última.


Pocos son conscientes de esta condena,

y la toman como si se trata de un juego

que habría que aprovechar cuando

en realidad es una maldición auto-impuesta.


Comprueba esta mancha negra,

esta desidia, los postreros estertores

de los seres agonizantes, aquellos

que han sido asestados por las fatigas.


Sólo hay una vía interpretativa de este

abatimiento interiorizado, y no es otra

que el sentido del sinsentido, la razón

de la sinrazón de esta desdichada vida.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Hace tiempo que nos han olvidado,

mas paradójicamente a veces somos

perseguidos, señalados incluso, por

aquellos mismos que nos desterraron.


Lejos de sentir compasión, se ríen

de nosotros, de este sufrir insensato

que ellos mismos nos han impuesto

sin que hayamos podido decidir nada.


Por ello procuramos apartarnos,

alejarnos lo máximo posible del sonido

de sus burlescas voces para evitar

una mutilación del corazón.


Queremos escondernos de su nefasta

presencia porque cuando aparecen

sin ser llamados, sólo somos capaces

de gritar para pedir el auxilio nocturno.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


Entonces, sale la luna.

Oh, la luna esplendorosa.

Calma todos los malestares,

cierra las heridas de antaño

y nos conduce al sueño milagroso.


Cuando los desdichados lloran sus penas,

ella los consuela lanzando sus rayos

liberadores, y así los perdidos 

se reconfortan sintiendose por vez primera comprendidos por tan bella mujer.


- Pese a que contengo las lágrimas,

estas se me acumulan formando

el lago de mis propias vacuidades,

de aquellas ilusiones fragmentadas.

Gran pesar, enorme desdicha es la fantasía de quién siendo desgraciado

sueña con la dicha, con la felicidad

imposibilitada ante el acontecimiento.

Segmentos de penurias y de caídas

imprevistas conforman un interior

que está maldito en sí mismo, llevado

a un sufrimiento que es su propia causa.

Pocos advierten, nadie sabe, que

ese semblante reflejado en un cristal

vacilante que se despliega por la vía

de la existencia es un instante detenido.

Aquellos recuerdos tan tristes han

congelado al que fue el último impacto,

volcando frenesí y desdoble en quietud

infinita, unificación de todo lamento.

Mas, aún estando quebrado, golpes

incesantes provenientes de caprichosos

desiginios siguen insistiendo en azotar

aquel ser lloroso y sangrante.

Descuida, me he acostumbrado

a tener al daño por amigo y a considerar

al hastío un aliado, incluso me creo

hermano de la desolación y sus parajes.

Sin embargo, esto no será para siempre.

Llegará algún momento que el cristal

terminará por romperse, dando cabida

a un nuevo sueño destructivo, al fin

de principios y de pasos culminantes.

No temeré entonces, me desplazaré

con cautela, alzando mi mirada

allí donde abarque cuanto le sea posible

justo antes de perecer honorable.


- Silencios imprecisos dan cabida

a interpretaciones esquivas,

que cuando son volcadas al papel

sólo producen confusiones en sus lectores.


La vida y todo lo que de ella nace

es incomprensible, manifestación

de una entelequia superior cuya sustancia

resulta indescifrable a ojos humanos.


Danzan los acontecimientos cual fichas

lanzadas al azar, invocadas por secreto

genio maligno que se desliza dentro

de las mentes inconscientes de las gentes.


Sólo nos duelen los recuerdos incompletos, no damos asentimiento

al instante impreciso del que nosotros

somos productores del sufrimiento.


Oh, infinito principio universal creado 

para desquiciarnos buscando 

mediante una razón que resulta insuficiente, falible como nosotros mismos


¿Hasta qué recovecos se escurrirá

nuestra existencia para que nos demos

cuenta de que todo intento es vano

cuando se trata de simplemente vivir?


- A la bella muerte


Lejos, muy lejos más allá de los montes

una lóbrega luz se esparce a través

de los cañaverales eternos, plagando

al alma del campo de un efluvio oscuro.

Yo, tumbado en la hierba, creyéndome

cubierto y protegido por la espesura

contemplo ese resplandor sombrío

que se va desplazando entre las ramas.

Al principio, lo que fuere tal cosa

parece una mancha morada que revolotea

de un lado para otro, buscando

a un observador incondicional de sus

aventuras andanzas nocturnas.

Mas después, mucho después advierto

que mis ojos se encontraban atrapados

en una ilusión, cautivados por extraña

figuración inventaban en vez de conocer.

Por eso, atenuando mi mirada, apartando

el velo de la ignorancia, enfoco allí

dónde mi visión se encuentra anonadada

y descubro su verdadera pálida iris.

Se trata, en realidad, de una hermosa

mujer que sintiendose desde antaño

muy sola sale a divertirse, a probar

las flaquezas mortales en su seducción.

Sonriente, le hago una mueca, quizás

un pícaro guiño para indicar que

se acerque, y que así pueda disfrutar

de la amena compañía de un interior mendigo que también se siente muy solo.

Por fin ante mí la lleno de halagos,

le digo que su belleza supone todo

un prodigio pero que no desmerece

la inteligencia que dotan sus facciones.

Ella tan contenta no para de reírse

algo sonrojada mientras me cuenta

los secretos de toda la humanidad,

espantándome algunos y otros

dándome una leve esperanza.

Y justo cuando ella iba a posar sus labios

sobre los míos, confundiendo nuestros

dos rostros en un inhóspito semblantes

mi mirada nublada por fin comprende,

y sabe que se encuentra ante la muerte.

Después, todo fue oscuridad... ¡Pero

bendita oscuridad! Sabrosa y desdichada

a la par, me dota de un conocimiento

tan sensual como contemplativo,

tan claro como misterioso...

Sí, la muerte me llevó consigo con un

beso sellado que era veneno y cura

al mismo tiempo: medicina de las tumbas, pócima venenosa del desengaño.


- Otro mundo, uno todavía mayor

se solapa por encima, en las alturas

respecto al infimo que habitamos.


Brillan ahí estelas incandescentes,

se escuchan gloriosos estruendos

y todos sus seres son trasparentes.


Cuentan que en tales esplendores

nacieron todas las cosas de la tierra

cuya esencia es la de ser mero reflejo.


También dicen que allí tal es el día

como es la noche, del mismo modo

es un instante cual lo es una eternidad,


y que todos los aparentemente contrarios

se confunden en una unidad que intercala

dichas y desgracias, risas y lágrimas.


No lo vemos porque estamos ciegos,

pero si supieramos dormir y estar

despiertos a la vez seríamos 

de los escasos sabios que lo contemplan

cuando acuden despejados a los sueños.


- Cuando me siento perdido me cobijo

en espesas sombras, que aunque causan

temor a tantos seres vivos, para quienes

fuímos olvidados cual almas en pena

resultan cuanto menos confortables.

Aquí en la oscuridad todo se ignora

acerca de nombres y de apariencias,

todo se repliega a secretas confidencias

que salen de labios temblorosos

mediante muecas y señales ocultas.

Al poco de llegar a tales oscuros parajes

no es extraño que la duda se intercale

con la ignorancia y sus prejuicios,

provocando un seismo interno que

no es raro que de entrada al miedo.

Pero, al tiempo, esa primera vaga

sensación va desvaneciendose

como la bruma cuando el rocío

se evapora, dando hermoso nacimiento

a una paz imperturbable, hermana del silencio que se dió antes del mundo.

Si uno presta atención a este abismo,

a estos misterioros laberintos ubicados

en un foso sin fondo alguno, sabrá

que aquí hay más verdad que en las plazas, todas ellas plagadas de declaciones vanas que no conducen a nada.

También, uno va averiguando en el

deslizarse de esta eternidad inocua

que teologos y lideres religiosos estaban

equivocados al situar el infierno

en las profundidades subterraneas,

pues en este plácido lugar tan récondito

Dios a las veces se hace ver para

que degustemos de su secreta esencia,

y del diablo todavía ni le vimos ni oímos

hablar en nuestros entaponados oídos.


Cierra los ojos, conten la respiración

por un momento, abre tus manos

y sabrás que en esta mi solitaria

oscuridad hay algo de divino.


- A la seductora tormenta.


Miro en dirección al cielo, contemplo

la formación de las nubes que cada vez

son más negras hasta hacerse

una oscuridad casi inaudita.

Siento como mi corazón palpita deseando

alzarse por encima de sus posibilidades

para así planear sobre aquellas oscuridades como quién se desvanece

por el azar de una mala caída.

Escucho el estruendo que han formado

aquellas hadas desdichadas, han

lanzado un hechizo en forma de maleficio

invitando a los perdidos a su convite.

Mis ojos, tan asombrados como absortos

en el paradójico resplandor, se abren

ensimismados en la inmensa sombra

que quiere demostrar que está viva.

Relámpagos que construyen rayos,

rayos que se incrementan en truenos,

truenos que se elevan hacía el estruendo

violento que se dió en la creación.

Yo aspiro a tu impetú, a tu desatada

tristeza que ahora es furia, a ti

ensimismada en el rencor del adíos,

a ti llorando hasta gritar de desesperación

Quisiera abrazarte, estrecharte en mis

brazos para que de tanto apretarte

debido a la emoción demasiado contenida tú implosionaras todos

mis organos en millares de particulas

repartidas en ese abismo sin fondo

que ahora es tu corazón desde antaño.

Sí, bésame con esa electricidad

desquiciada para hacer de mi misero

cuerpo un mero conducto de sangre

hirviendo en un frenesí de locura infernal,

ahondando con tu lengua enferma

en mi sesos repartidos en diversas zonas.

Ámame destrozándome, quiéreme

clavandome la aguja del sino fatal,

adoráme disparando la última bala

de la ruleta durante su última vuelta.



Quisiera ese final, oh tormenta mía

que te formaste en el atarceder

con mis lágrimas.


Llevame allí donde la nada es,

oh tormenta primigenia, que eres

gracias a la tristeza del mundo.


Soñemos juntos, oh tormenta melancólica que renaces cada vez que alguien siente honda pena.


Mátame, sí mátame oh tormenta pasajera

para convertir todo este sufrir

en una alegría que entiende de buen fin.


- Dicha y destierro son dos estados

que únicamente existen en el humano

pecho cuando se reviven recuerdos

encerrados en el circulo del corazón.


Pocas cosas nos alientan a la par

que nos defraudan como el asomarse

a aquel foso sin aparente fondo

semejante a un baúl abandonado.


Mas en las noches ociosas cuando

intentamos invocar el sueño este

parece relucir con un brillo diferente

que nos conduce a rastras hasta su entrada.


Ahí ví nacer y morir a mi abuelo,

contemplé la venida y la salida

de mi padre, el tambalearse 

de toda una casa para reconstruirse,


como también el abrirse y el romperse

incesante de mi corazón en el amor,

o esa sonrisa que a las veces vierte

unas lágrimas absorbidas por mis labios.


Tantas cosas inmensas que son pequeñas, y otras nímias que acaban

resultando tan importantes medran

reviviendo a uno interiormente.


Sentimientos y pensamientos drenan

el hálito de la vida, mas sin ese

constante desfallecerse ya hace tiempo

que habría muerto de pena.


Supongo que después de todo sólo

queda asomarse a esa abertura

que late balbuciente como un bebé

ya demasiado anciano.


Lo haré con tiento, poco a poco,

no vaya a ser que después de todo

si acabase siendo demasiado brusco

todo terminase en la nada con la que empezó.

viernes, 3 de mayo de 2024

Colección de haikus

 - Pasan las horas

en esta noche brumosa.

Una urraca se posa en la ventana.


- Cierro los ojos.

Escucho el respirar y el latir vital,

y veo implícito el final.


- Se me cae el alma al suelo

cada vez que veo pobredumbre.

Se alza al mirar la luna.


- Ando en total soledad

sobre el pavimento mojado.

Bancos de niebla.


- Parece ser que la tristeza

no ha tardado en presentarse.

Recuerdo a mi abuelo.


- Me desparramo sobre un montón

de mantas desperdigadas,

e imagino que son mi tumba.


- Tumbado sobre la cama,

miro hacía la nada.

Estoy enfermo.


- Abundante rocío

sobre mi sucia camisa.

Lágrimas nocturnas.


- Mi respiración sonando,

y como respuesta,

el silencio.


- Ausencia de sensaciones,

carencia de impresiones.

Todo es oscuridad


- Camino con vaho colgante

de mis labios balbucientes.

Blanca escarcha.


- Fuera, hace frío.

Dentro, demasiado calor.

Solo yo.


- Ante los recuerdos, remordimientos.

Frente al presente, tristeza.

Lucha interna.


- La noche tan silenciosa

como callada la luna,

sólo canta mi corazón.


- Dolores en el estómago

y la melancolía reiterativa.

Ya es año nuevo.


- Enciendo mi ducado

mientras cae la llovizna.

Humo mojado.


- Un poco ebrio

camino por los senderos

de la muerte y los sueños.


- Vaho claro ascendente,

mirada sombría descendente.

Fría madrugada.


- Vigilado, aunque complacido

desde la oscuridad.

Un ente invisible.


- Ecos de pasos

en los oscuros pasillos:

fantasmas conmigo.


- Los párpados pesados,

los brazos petrificados:

Una sombra.


- Sea noche o día,

mil flechas atraviesan

nuestros cuerpos.


- Comienzo con fuerza,

mas según pasa el tiempo

voy decreciendo.


- Brumosos pensamientos 

regentan la mente.

Ahora todo es oscuro.


- Recuerdos ahora presentes

cuando el paisaje

los convierte.


- Entre los libros

diferentes fantasías

me dan otra vida.


- En el largo pasillo

da igual donde se mire,

sólo es oscuridad.


- Estando ciego

no distingo la noche del día.

Tinieblas en mi mente.


- Dirijo mi mirada

hacía mi pecho descubierto:

vacío y quietud.


- La arena iluminada

por los últimos replandores,

y yo, en la quebrada.


- Otra vez enfermo.

Contemplo con impotencia

el enturbiado pasillo.


- Repiquetea la lluvia

en el tejado metálico.

Auspicios melancólicos.


- Cansado, me deslizo

por el mundo

cual hoja olvidada.


- El paseo de noche,

en silencio, incierto.

En mis sueños, resuelto.


- Demasiado ruido

para escuchar la callada

melodía del silencio.


- Dices muchas palabras.

Ojalá callases

para entender su ausencia.


- Ráfagas en el cielo.

Son el sutil reflejo

de mi paisaje interno.


- Ya pronto anochece

sin una sola voz.

Estoy cansado.


- Un suspense en el aire.

El murciélago se retrasa

en su vuelo nocturno.


- Quisiera ser ligero

cual bolsa vacía

desperdigada por el mar.


- Un puzzle sin resolver,

una rueda que gira y gira.

Tengo la cabeza espesa.


- Cierran puertas, ventanas,

ojos y algunas bocas.

Soy yo mismo.


- La noche es una manta

y la luna la nana.

Estoy en mi hogar.


- Campos desiertos

que no conocen fin.

Horizonte de solitarios.


- Hierbas secas, abrojos

y un pájado desperdigado.

Tribulaciones en el paisaje.


- Contemplo las calles

fumando mi ducado al sol.

Estoy borracho.


- Bastante dolido emprendo

 el mismo camino de regreso.

Las sombras me cobijan.


- Cuando la noche aparece

y todo se oscurece

siento consuelo.


- Ojos expectantes

y vaho en los corazones.

Ha llegado la nieve.


- Manos y pisadas estampadas

sobre la nieve acumulada.

Un sello efímero.


- Mirando al vacío

me siento desconcertado.

Debería vivir en el.


- Luminarias pasajeras

se desparraman en la carretera.

Gentes que se despiden.


- Con cada paso,

algo muere y nace.

Mi reflejo se deshace.


- Por donde me muevo:

Una sombra.

Quieto, ya nada.


- Luna velada por sendas

de nubes y de sombras.

Un demonio complacido.


- Es en el silencio,

aún el incómodo

donde más siento al yo.


- Escucho el susurrar

de la lluvia incipiente

hasta desde mi interior colmarme.


- El chillido estridente

del paso de los trenes

es la redención de las ciudades.


- Bebo cerveza y fumo ducados

en esta madrugada anodina.

Adíos a la tristeza.


- Sepulto mis ojos: la noche.

Los abro, y sigue siendo

la misma noche.


- En mis sueños, una sombra.

Indago mirando la luna,

y sé que soy yo mismo.


- Nada que hacer,

nada que decir.

Vivir cual muerto.


- Lo que veo ante mí

es tan irreal e inconsistente

como su misma idea.


- Temblores repentinos

y ese picor en el cuello...

La huella del vampiro


- Tanto silencio, 

aquel grito ahogado...

Es la noche.


- A mis ojos nada llega, 

pero en mis oídos

percibo susurros.


- Un viento violento

está caprichoso.

Quiere decirme algo.


- Otra vez de vuelta

al acostumbrado hogar.

Siento añoranza.


- Los días se deslizan

siempre con idéntico orden.

Preso de la rutina.


- Al recordar la pasada

felicidad, estremecimiento.

Pugna del interior.


- El agua de la lluvia

cae sin perdonar

allí donde se posa.


- Lejos del tráfago mundano

sólo aspiro a la soledad

y al silencioso descanso.


- Demasiadas voces, muchos ruidos.

Quiero alejarme allí

donde callado anochece.


- Desalentado, yo lanzo

una colilla de ducado

a la acera solitaria.


- Gentes que pasan

sin advertir ni por asomo

que sus vidas son nada.


- El viento que nos rodea

hace por un momento

que el yo sea un todos.


- Día primaveral caluroso.

Sólo espero la brisa

que me alivie.


- Leyendo poemas

sobre la hierba a dos voces.

Instantes como versos.


- Pinchazos en la cabeza,

vista cargada de neblina.

Es hora de descansar. 


- Se predispone la mente

a vislumbrar aquello

por lo que no estoy preparado.


- Cantos lejanos

en la primaveral noche.

Pájaros en celo.


- El paisaje detenido

en perpetua quietud.

Una rosa muy sola.


- Una lucha en el cielo

por la pervivencia

de una sola hoja vieja.


- Demasiado dolor

durante el aciago día.

Descanso en la noche.


- Se agitan las ramas

en el turbulento sol.

La luna las alivia.


- Mirando a las gentes

siento distancia y cercanía

como un ave a su presa.


- Fumando y andando

pasa raudo el tiempo,

ajeno a mis cavilaciones.


- Escucho los ronquidos

de mi perro desde lejos.

Sueña como vive.


- Se ha escapado

una estrella esta noche

¿Quién la encontrará?


- Después de haber leído

sostengo el libro

y medito sobre la verdad.


- Veo los mismos rostros

y siento idénticos vacíos.

Esa es la humanidad.


- Deslizan las gentes,

mutan los paisajes.

Soy un vagabundo.


- El olor de la almohada

recíen lavada me reconforta.

Campo de flores.


- Al vivir soñamos la vida,

y al morir despertamos.

El gran misterio.


- Las ilusiones dispersas

cobrarán su sentido unívoco

cuando se cierren las persianas.


- Silencio a la mañana,

silencio del silencio

en las noches lejanas.


- No se escucha nada,

no se ve nada.

He llegado.


- Nos perdemos 

en los sederos

y reconocemos el destino.


- Si al dormir

no despertase mañana

sería una liberación.


- Un encuentro inesperado

llama al recuerdo pasado

y a su redención.


- Es la noche

la que me enseña

que hay otro cielo.


- Cierro los ojos.

Un mundo nuevo

se nos impone.


- Para desterrar las sombras

de la mundanal ignorancia

acude al interior.


- Hay luz tras el velo

que supone el destierro.

Ahí me encontré.


- No mires, no digas,

evita escuchar en demasía.

El saber en silencio palpita.


- Hay más esperanza

en la vela que se apaga

que en la lámpara encendida.


- Aún entristecido

me muestro alegre

cuando acude la luna.


- Silencio del silencio,

entender no entendiendo.

Un enigma.



domingo, 14 de enero de 2024

Versos desdichados

 - Mensaje lunar


Cuando llega la noche, afloran 

mis sentimientos colmándome

de amarguras y resentimientos

que me inflaman de secretas melancolías


Desde lo alto, la luna velada por las nubes

es testigo de esta tristeza tan mía

que tengo clavada en el pecho

cual herida producida por algún dios.


Tanto destino como azar se mutan

en algo similar, que cuelga de las ramas

de los árboles, zarandeadas por un viento

al que algunos llaman triste capricho.


- Paraíso lejano


Tengo el corazón cercenado,

y por eso no dejo de andar en soledad.

Mis pasos contemplan lo mismo

que mis ojos, y mis apagados latidos


siguen el mismo desacompasado ritmo

que mis piernas en su incansable sendero

Allí, en lo alto, hay tanto vacío...

Ahí, mas adelante, hay tanta pena...


¿Escucháis ese triste canto lejano?

Son mis quejas ante lo irremediable.

¿Véis aquella figura sombría que se aleja?

Es mi vida que se pierde cada segundo.


- El consuelo de un extraño ser


Hay un abismo muy profundo, un foso

inmenso tan oscuro, que se encuentra

en algún recóndito lugar entre espesos

bosques donde no llegan los amaneceres


Sólo es visible durante el atardecer,

cuando las únicas iluminarias

que se encuentran por el camino

son aquellos resplandores lunáticos.


Es en ese momento, cuando se asoma

un extraño ser, una figura tan poco

definida que resulta díficil decidir

si es un espíritu moribundo o un vivo entristecido


Ay, cuanto me duele el pecho,

cuantas penas me atosigan la garganta

y hacen saltar mis lágrimas condenadas.

Sólo la brisa nocturna me alivia.


- Paseos del pasado


Hace algunos años, completamente solo

atravesaba riscos y montes a paso lento

y meditabundo. Pensaba acerca 

del curso de todas las cosas y su rutina.


Ahora ya ese paisaje desértico 

no se encuentra ante mí, ha desaparecido

Pero esa soledad que entonces sentía

todavía permanece latente aquí.


- Otra senda


Las sendas del hombre son caprichosas

y sus maneras harto azarosas.

Cuando creen que andan erguidos,

en verdad se arrastran por los suelos.


Se quedan con la apariencia y la falsedad

teniendo en su mano realidad y verdad.

Buscan el constante aplauso, 

quedándose ellos con las lágrimas,

y cuando son felices celan el ser importantes


En verdad, nunca comprenderé sus designios

ni deseo comprenderlos para contaminarme.

Prefiero ir por otro camino que sea

allende a la pausa y al silencio.


- Mi amiga la niebla


Hoy ha amanecido con niebla,

la cual ha ido dispersándose tenuemente

a través de los diversos caminos 

del hombre. Todos palidecen, se entristecen.


Mientras tanto yo, la contemplo 

con manifesta admiración 

al considerarla una suerte de hermana

mía, pérdida con los años.


Cuanto quisiera llegar a fundirme

con ella, a ser indestingible de aquella

agua húmeda. Y con ello, provocar

esa melancolía que a todos desconcierta.


- Fantasma


Es una noche plagada de brumas,

tan oscura ella que sólo deja entrever

una blancura luminosa colgada

y sostenida por un ente invisible.


Siluetas se observan a los lejos

tan tempranas como gritos ahogados

en una madrugada hechicera, lamentos

olvidados pertenecientes a otros tiempos.


Las gentes huyen, no desean ser

atrapados por la manta danzarina

que obnubila a cada parpadeante estrella.

Soy un espectro en la niebla.


- El regreso


Entre la espesura, contemplo, 

el sucederse de los millares de seres.

Puedo ver como estos nacen, 

se estrechan, menguan y finalmente perecen.


Siempre se trata del mismo cambio

inserto en la naturaleza de las cosas,

procede de un núcleo sutil que provoca

esa efímera danza eterna y universal.


Yo aburrido, ya me he cansado de mirar

la misma escena desde hace varios siglos

Quisiera que hubiera por fin algún tipo

de final: regresar a la Madre.


- Melancolía campestre


Lamentos lejanos se escuchan 

de soslayo en los tórridos campos.

Tanta es su melancolía, innúmera

su desolación que lloran con el viento.


Se verá una solitaria brizna de hierba

florando en los montesinos acantilados

que llegará a ese recóndito rincón

donde algún desgraciado enciende una vela.


- Lágrimas nocturnas


En mi soledad fluye el pensamiento

de eternizar este segmento de tiempo,

y aún a sabiendas de tal imposibilidad,

juego en mi mente con este fabular.


Por un instante, esta imagen se congela

y nace un momento aletargado,

se va disipando en la medida que soy

consciente de su presencia desfalleciente


En esta noche, yo junto a las sombras

espero ese alumbramiento indeterminado,

aquella estela que va clavando en mi

pecho y que siempre acaba invocando

                        [ lágrimas en profusión 


- Olvido


Veo pasar los años cual si cada uno

de ellos fueran motas de polvo

suspendidas en los estrechos 

recovecos de mi destartalada habitación.


Olvido lo que es el tiempo, la distancia

y lo que separa todas las cosas.

Llegará el momento en el que me señalen

y no sepa a quién se refieren.


- La sabiduría enterrada


Ensimismado ante mis libros, imagino

que estos me hablan en forma de susurros

narrándome su sabiduría encerrada

en esa especie de sedoso ataúd.


Mi biblioteca se asemeja a un cementerio

donde la muerte está mas viva que la vida,

cuyo núcleo ancestral palpita con el

deslizarse de sus páginas, cual olas.


Todos los conocimientos desperdigados

en forma de huellas de tinta, salpicados

de lirismo y sobriedad insospechada.

Sólo a través de melodías se les entiende.


Danzan como mujeres locas las palabras,

desnudas de ornamento, carentes

de pretensiones de fama o de grandeza.

Yo, camino entre ellas, como un muerto más.


- La música del silencio


Desde mi corazón, suena una nota triste.

Tan triste que ya empieza a desafinar,

a languidecer como un instrumento

amortajado, olvidado de partitura.


Todos tocan la misma canción, sin cesar.

Ya me cansan sus ritmos y viejos acordes

Quisiera que todos parasen de tocar,

se detuviesen en este instante,


para que comenzará a sonar un no-sonido

proveniente del silencio y la ausencia.

Una melodía así es lo que necesito:

aquella que anuncia el final de la orquesta


- Perpetua oscuridad


Bajo el influjo del tiempo, nosotros

y las cosas naturales nos degradamos.

Sin ser capaces de evitarlo, un eterno

proceso de caducidad come nuestra piel.


Pero, algo hay tras toda esta armadura

aparencial e inexistente que se oxida,

algo con un hálito universal concretado

en esta infinita noche sin final.


- Declaración


No sé si soy poeta, o sólo me dedico

a escuchar al demonio interior

que me susurra versos incomprensibles,

palabras lanzadas al azar de mis desgracias.


Tampoco sé si escribo poemas, 

o simplemente es mi mano inspirada

que se desliza trazando manchas negras sobre un fondo que está nevado.


Desconozco este misterio llamado poesía

mas mi única certeza es el saber

que a través de estos renglones

me despedazo para nacer de nuevo.


- Confesión


Me declaro un completo ignorante

que sólo sabe vagar libremente

por lugares que no osan ser pisados

por la mayoría de las urbanas gentes.


Soy un estúpido al que se le ha olvidado

hablar, escuchar, oler y moverse,

pero que todavía guarda en su memoria

los paseos en el campo y algunos versos.


Reconozco mi ingenuidad, mi falta

de intelecto como así mi perspectiva vital.

Aún conservo cierta dignidad

que reverencia silencio y belleza a la par.


- No-yo


Lanzo suspiros a la brisa nocturna,

y al suspenderse en el rayo de luna

acaban convirtiéndose en escalas

sucesivas de un vaho congelado.


Son mis sueños y mis recuerdos,

que se quedan eclipsados por la oscura

hermosura que encubre la noche.

Las estrellas son testigos.


Así como también lo son cada ser

invisible que pobla los espacios

consecutivos, que se deleitan

con desgracias y alegrías sin discriminar.


Ah, en estos momentos tan hechiceros

sólo quisiera retornar a mi naturaleza

original, fundirme con todo y con todos

y dejar de ser un yo encerrado.


- Enfermedad


Con el cuerpo enfermo, derrumbado,

sufro de temblores y grandes toses.

Mi cabeza es un hervidero de millares

de sensaciones, todas ellas entremezcladas...


Pero en mi interior, en mi conciencia

verdadera, algo se afina agudizándose

secretamente, y que me conduce

a los ocultos senderos de la muerte

y de los sueños


- Designios de mi caída


Los días transcurren impulsados

por un secreto viento, y sus noches

se postran bajo mi tormento, manteniendo un letargo a próposito


para tentarme a fracasar en la vida.

Las caídas sucesivan se acumulan,

se van amontonando para no dejar paso

a victoria alguna que quiera sublevarse.


Reina la oscuridad, su fuego infernal,

esa desdicha que se asoma 

en una esquina, y a la que le encanta

danzar con movimientos desacompasados


Poco importa que ría o llore, que me lance

al abismo, o que me arrodille ante

los invasores de mis pensamientos,

pues al final las consecuencias


se sucederán como ya estaba predestinado,

en segmentos alocados que fueron

lanzados por aquel adivino abrumado,

que gritaba: "¡Oh, tu destino!"


- Mis sueños


Son mis sueños puertas a otros

mundos, y quizás a otras vidas,

pérdidos todos ellos sobre las infinitas

sendas de los supra-mundos universos.


Cuando sueño, viajo hasta ellos,

y mientras me dura el cierre de párpados

vivo como uno mas entre ellos,

andando con los seres y todas las cosas.


Qué pena siento cuando tras interrumpirse

el soñar, no gozo de la suerte

de poder despedirme momentáneamente

de aquellos queridos habitantes soñados


A veces me pregunto cuando despierto:

¿Es este despertar la realidad,

o mas bien lo real es el soñar

y esta vida no es más que un sueño de un sueño?


- Cantares solitarios


En completa soledad escucho a traves

del silencio un secreto canto proveniente

de mas allá de donde lindan algunos

arboles. Se entona una desconocida


melodía que pugna con un sentimiento

de triste nostalgia, y que se desliza

por la mente y el corazón culminando

en aquello que solemos denominar alma.


Me detengo, no puedo evitar quedarme

petrificado, deseando desde mi interior

que su armonioso canto nunca cese,

que ese sea el canto de mi funeral.



- A pesar del frío


Atravieso la escarcha enfundado

en grueso abrigo recordando

pasados inviernos cuando en pareja

situación me encontraba.


Percibo un cambio, no en el ambiente

sino en mi mismo. A pesar del frío,

hay algo en mi interior, una llama

que sopla al rededor de las memorias alejadas.


En esta noche cargada de heladas

y de hierbas congeladas, late en mi

una suerte de hálito infernal

que me hace encontrar sosiego en el final.


- Claustro de la lectura


Encerrado en mi habitación, transcurren

las horas siguiendo un lento ritmo.

Completamente solo, a excepción 

de la compañia de un buen libro,


tengo profundas conversaciones

con los pensamientos congelados

de gentes que ya están muertas.

Me entiendo a la perfección con ellos.


Sepultado entre mantas, paso las páginas

en placentero letargo, dejandome llevar

por palabras colocadas con elegancia.

Todas ellas me llegan a mente y corazón.


Jamás renunciaría a este eterno deleite,

y menos por seguir el ritmo de un mundo

decadente, cargado de desdichas varias

y acontecimientos tan superfluos como banales


- Malos sueños


Cruel desdicha es alimentarse 

de diversas fantasías, pero es todavía

más funesto el caer en los derroteros

que construyen en este efímero mundo.


Mejor sería vivir en la apariencia

de nuestra mente, que aquella 

es tomada por la realidad misma

siendo la pesadilla de algún diosecillo.


- Dentro/fuera


Tengo un mundo interior inmenso,

que reniega de salir al exterior.

Pienso que las palabras cuando salen

de ese foso profundo, se degradan,


se convierten en mentiras destinadas

para los demás fenómenos del mundo.

Por eso callo, hermanado con el silencio,

guardo esos pensamientos y sentimientos


que evocan en mí paraísos insatisfechos,

bondadosos mundos imaginados.

Quiero seguir aquí, encerrado en mí

y evitar salir allí donde todo se consume.

sábado, 2 de diciembre de 2023

Lamentaciones y exaltaciones

 - Me preguntas acerca del origen

de todos los males de este mundo


¡Que sé yo!


Me susurran las flores sobre la melancolía de la caída de sus pétalos


¡Que sé yo!


Me interrogan a escondidas los laureles

porque el viento los azota en demasía


¡Que sé yo!


Me acosan a preguntas las mariposas

que extraviaron a sus parejas


¡Que sé yo!


Yo únicamente sé lo que me es dado

conocer, que todo acaba menguando,

haciéndose tan pequeñito

que un día sin avisar desaparece


Yo sólo sé que los días y sus noches

avanzan velozmente, sin detenerse,

y que cuando uno quiere darse cuenta

ya es demasiado tarde para abrir los ojos.


- Recuerdo que cuando era niño

el sol calentaba con tonos rojizos,

en las noches no hacía tanto frío

y cada paseo era algo memorable.

También me vienen a la memoria

motas de polvo, gotas fragmentadas

de aquellas rápidas imágenes

que pasan como un suspiro.

En mi cabeza y en mi corazón

toda mi familia desfila ante mí

desde una altura considerable,

me ven a mí siendo muy pequeño,

tan frágil, sensible, inestable...

Todos ellos me cogen de la mano,

me llevan a un lugar y a otro,

siempre lejos de todo peligro,

muy alejado de todas aquellas cosas

que me dan miedo y provocan temblores.

Hoy en día, ya no soy tan inocente

como lo era entonces, y aún siendo 

todavía un poco ignorante, 

sé algunas cosas que me ha enseñado

mi frugal vida de tristezas contenidas.

Pero, a pesar de tener todo esto

en cuenta, a veces quisiera

que apareciera toda mi familia

en una sala reunida, y que todos ellos

me dijeran que el sol vuelve a calentar

igual, que esta noche la luna brillará

y que no tengo nada de lo que preocuparme porque las estrellas

guiarán mi camino a través de aquel

desolado desierto del miedo.


- Cuando llueve, quienes fueron abandonados se congregan

al rededor de una fogata en medio del bosque


Contemplando a la doncella atrapada

en la luna con un pícaro conejo,

todos borrachos cantan, bebiendo

vino hasta caer redondos del sueño.


De todos ellos, algunos permanecen

despiertos hasta que los rayos del sol

se esculpen en sus rostros, iluminando

sus lágrimas cual rocío en las hojas.


Cuando llueve, en la noche, alumbra

el fuego de la esperanza a unos pobres

que al amanecer vuelven a desilusionarse


- Tengo una pena muy grande atascada

en el pecho, que se va inflamando

a medida que voy viviendo.

Es tan inmensa esta pena que rara vez

consigo acallarla en mi soledad.


Temo que algún día alguien se dé cuenta.

Pues cuando miro a mis seres queridos

a veces se me escapa una mirada

de profunda y dolorosa melancolía.

Tan potente es mi tristeza.


Su imperio sobrepasa en fuerza

al resplandor de millares de soles,

y aún el huracán más poderoso

no puede con el vendaval de mis lágrimas

Locas ellas, son musculadas y traviesas.


Desde hace tiempo ya, me acechan.

Me enseñan sus fauces cual perra

rabiosa, y si hago amago de arrogancia

se me lanza a la yugular sin pensarlo.

Por eso, inevitable, ya la he aceptado.


Hoy día, campa a sus anchas 

por mi desdichado corazón, salta

y grita a doquier sin parar nunca.

A pesar de su fiereza, es hermosa,

se ceba pero mantiene la compostura.


Sin evitarlo, lanzo lánguidas miradas

a los demás por si por un casual

alguien fuera capaz de liberarme

de este evocador cautiverio

del que soy adicto y preso.


Mas creo que con el tiempo he llegado

a acostumbrarme hasta el punto

de que en las tristes noches la acaricio

con una mezcla de pena y desgana,

y ella gime terriblemente consolada.


Últimamente ella me ha concedido

dos regalos maravillosos que rescaté

de mis lágrimas de madrugada:

una es inspiración, y la otra,

un hálito impuro de inmortalidad.


- En un lejano puente se escucha

un grito que es estremecedor,

y aunque se entrecorta, este me desgarra

como catáratas sobre montañas.


La niebla se zambulle sobre lo circundante, arrullando todos los seres

en una hábil sinfonía terrorífica.


Si el viento son los violines,

las pieles erizadas son las arpas

y mi conciencia quién las interpreta.


Danzan seres que antaño eran alados,

pero que hace tiempo que olvidaron

la capacidad de remontarse volando.


Sauces llorones decoran los pabellones

donde se amontonan cádaveres

de amantes disfrazados.


Y mientras tanto, los búhos se entienden

con los cuervos cuando lamentan

la ida de las concubinas.


Yo soy el espectador que hace de actor,

aquel que agarra la soga con temor

de soltarla antes de tiempo.

Ay, me quema la garganta...


- Llueve a cántaros en este día otoñal,

tanto que todos los caminos 

se encuentras anegados de agua,

la cual huye con premura allí donde

esta encuentra salida, por cualquier

resquicio por nímio que sea.


Las calles se han convertido en un gran

río, y yo me pregundo: ¿Dónde tiene cabida aquí el mar? Quisiera poder

contemplar un océano artificial

con serenidad, como si mi mundo

fuera una isla desierta rodeada de sal.


Las gentes son presos que procuran

escapar de la catástrofica cárcel

marina. Porque aquella les recuerda

su debilidad, les lanza una lección

que para quién la descifra parece

indicar que nada está controlado.


Las calles inundadas son presagios

lanzados al azar, un destino deviniente

que juega con las andanzas ora

convertidas en nado, en barcos

que transportan de un lado a otro

las añoranzas de un sueño imposible.


Yo quisiera quedarme tumbado,

dejar que la marea me lleve 

allí donde la seña me haya indicado,

y así poder visitar extrañas tierras.

Todas ellas plagadas de sombras

contenidas en un suspiro de mujer.


- Muchos cantan la belleza de la primavera,

mas yo lo hago con la melancólica

sutileza que se esconde en el otoño.

A través de las hojas caídas 

de los árboles, atrapo los recónditos

secretos que me susurra la muerte.

Dicen que en los cielos nubosos

y en las inesperadas neblinas,

puede tomarse la hermosura desfalleciente.

También en las lluvías repentinas,

hay algo de mágico, sobre todo

en ese descenso y ascenso gradual.

Aspiro la húmedad, y esta, me dota

de caricias que transpiran

de mi nariz a mi surcado pecho.

En las noches hay un mensaje cifrado,

entre las estrellas que ocultan las nubes

un hálito señal de lo efímero juega.

Las sensaciones se trastocan

en los sentidos de las sombras

como esa rama que se balancea en la luna.

Los grillos entonan sus últimas canciones, los pájaros nos deleitan

con su belleza cuando emigran

y las gentes andan ligeros por el monzón.

Y, mientras yo, siento consuelo

al ver cuán bello es el perecer 

de todas las cosas, viendome reflejado

en esa flor que deja caer sus pétalos.


- Sin ser capaz de evitarlo,

mis ojos siempre retornan 

a posar su mirada en los poemas

de Li Bai, el Genio Inmortal de la Poesía.

Sus versos me trasladan a otra tierra

repleta de naturales paisajes de antaño,

y donde cada elemento parece tomado

del ensueño de algún lírico dios.

Mientras tomo el libro, y voy leyendo,

tremendamente deleitado, aparece

el cansancio, y mis párpados

poco a poco van atardeciendo.

Y ya inserto en el sueño, puedo ver

al poeta alejándose a través 

de una blanquecina senda lejana,

sembrada de oscuros árboles en sus margenes.

Yo, le sigo. Y cuando creo estar

casi lindando con su figura,

este se gira sonriendo como bromeando

y se desvanece en el aire cual genio.

Me siento muy solo sin su armoniosa

compañía. Y pese a que los paisajes

son hermosos y las aventuras mas allá

de ellos propicias, sólo quiero

brindar con una copa de vino con él.


Cuando despierte, volveré a leerle.

Viajaré por sus versos, nutriéndome

de sus imágenes y poéticas impresiones,

así podré alejarme de este desquiciado mundo.


- Sólo aspiro a un remanso de paz

y de tranquilidad, a semejanza

de unas aguas estancadas 

donde no haya turbaciones innecesarias

ni mundanos ruidos atrolladores.


Quiero habitar en el sosiego de un refugio

alejado del mundo, y decorado 

con el canto de los pájaros al amanecer,

y en el atardecer, arrullado por el silencio

sólo interrumpido por melodías de insectos.


Las preocupaciones y aspiraciones

de las gentes son todas banales,

tan insignificantes como la mosca

sin alas que quiere ascender 

encontrandose pegada al suelo.


Únicamente deseo que el olvido,

la ausencia de sonidos y de visiones

equivocadas borren todo atisbo

de egoísmo y de vanidad en mí,

despejándose cual rocío mañanero


Sueño con esa oscuridad tan callada

y elegante, como un beso dado 

en la noche, un regalo de alguna

musa que desdichada y vacilante

alcanzó la sensación de la nada.


- El velo nocturno ya suplanta

nuestros sueños, y los convierte

en sútiles efluvios insatisfechos.

Tan insondable es su marcha.


Nuestros ojos no pueden verlo,

pero ella está ahí, presente,

hechicera lanzando sus fuegos fatuos

sobre nuestras cabezas huecas.


Estas cadenas que arrastro,

este fardo en mi espalda,

son tan sólo un par de muestras

de mis suplicios en esta rara aventura.


Sin embargo, ya no temo nada.

Ni a la bruja ni a su hermana la muerte

porque yo también soy hijo de la noche

y de sus apesadumbrados paisajes.


Conozco este hermoso jardín

desde antaño. Lo reconozco con mis ojos

todavía mas cuando es noche cerrada,

puesto que soy participe de las sombras.


Y a pesar de ello, de esta costumbre,

no puedo evitar entristecerme

y de llorar cada noche sintiéndome

desdichado e incomprendido por los mortales


- ¿Que será de mis lágrimas cuando

estas sean tan inmensas

que me sobrepasen en estatura?


Corren los tiempos, y con ellos,

las melancolías pasadas se atropellan

con las presentes, a lo que se añade,

el temor por el porvenir.


Inconstante raciocinio humano,

siempre divagando como el agua

que se precipita de la cascada,

camino hacía ninguna parte.


Caen piedrecitas de la montaña nevada,

y poco a poco van aumentando en grosor

hasta que se quedan encalladas

sobre una rama que les sirve de sostén.


Poco me importa ya el curso de todas

las cosas. Siempre es la misma melodía

que ya sé de memoria, la única diferencia

es el intercalarse del deleite y el sufrir.


¿Que será de mis silencios cuando estos

se acumulen con tal impetú, llegando 

el momento donde no tenga nada que decir?


- El mundo es un paradero insondable,

que encubre un secreto innombrable.

Tras tanta corteza y segmentos de tierra,

se esconde una sútil esencia

que viaja a través del devenir constante

cual si fuera una estrella fugaz

que cruzase el cielo en una barca dorada.

Es casi tan imposible el descifrar

el significado de este transcurrir

de los años, del emerger de las canas

y del declinarse de las cosas,

que no es extraño señalar simplemente

que se trata de algo inefable

para después cruzarse de brazos, perplejo

Cruzo los océanos, los senderos

más recónditos y atravieso millares

de montes en busca de una respuesta

que nunca hallaré, y que todos los sabios

callan cuando llegan a la tumba.

Me iré lejos de aquí, conoceré

gran cantidad de paisajes desconocidos,

y entre unos ramajes a nada de perecer

descubriré el por qué en un gorrión al nacer.


- En esta noche, siento un cosquilleo

interno, algo que me recorre

pasando por mis entrañas

y desembocando en mi pecho.

No puedo adivinar con certeza

qué será, mas las serpientes

que se encuentran enredadas

entre mis pulmones parecen atestiguar

que se trata de una nostalgica añoranza.


Cuando veo la lluvia caer,

me acuerdo de que ya no estás conmigo 

y que probablemente jamás te vuelva a ver.


Salgo a dar un paseo vislumbrando

unas parpadeantes estrellas en un cielo

encapotado. Pareciera un cuento

que inacabado atendiera a un cúmulo

de sucesivas tragedias, mi particular

leyenda quebrantada por tristezas.

Las imagenes se deslizan por mi

memoria, jugando con los recuerdos

y convirtiendolos en pesadillas soñadas.


Cuando veo la lluvia caer,

me acuerdo de que ya no estás conmigo 

y que probablemente jamás te vuelva a ver.


Regreso a casa, acompasando mis pasos

a una lenta y desdichada letanía,

la cual lleva repitiéndose demasiado tiempo. Se trata de una cruenta sinfonía

cuyas notas están todas desmenuzadas,

demasiado sueltas en ocasiones,

y entremezcladas tantas veces

que desde hace mucho tiempo perdí 

el hilo, o quizás simplemente me olvidé.


Cuando veo la lluvia caer,

me acuerdo de que ya no estás conmigo 

y que probablemente jamás te vuelva a ver.


Ya tumbado en la cama pretendo invocar

al sueño sin conseguirlo. Este se me escapa, se desliza caprichoso entre mis

dedos, que procurran atraparlo en vano.

Entonces pienso que en mi vida jamás

he logrado alcanzar ese punto,

aquel núcleo donde todo se encuentra

en su sitio, impoluto y bien ordenado.

Todo es un caos constante, y yo, su prisionero.


Y cuando veo la lluvia caer,

me acuerdo de que ya no estás conmigo 

y que probablemente jamás te vuelva a ver.


- Me encuentro suspendido sobre

una laguna brillante, cuyos arroyos

circundantes están sombreados

por la proyección de los lotos

en esta noche donde la luna

se encuentra velada por cúmulos de nubes.

Desde aquí me pregunto si en algún

momento bajará una ráfaga de luz

que dote de sentido a este brumoso

paisaje, sólo acompañado por el misterio

de abrojos convertidos en sombra.

Mas, me doy cuenta de que yo mismo

estoy hermanado con lo oscuro,

que mis palpitaciones son ecos olvidados,

mis ojos faros apagados, mis manos

cubiertas de palmera y mis sentidos

soldados caídos en un suspiro.

Por eso siempre paso inadvertido,

cual carencia de entidad,

como una ausencia que ya se desvaneció

hace mucho tiempo y cuyo recuerdo

no es otra cosa que el marchitarse

lentamente hasta dispersarse lejos.

Derramo una sola lágrima al caer

en el abismo de la certidumbre,

al asentir esta cruel realidad inversa,

sabiendo que soy lo que no soy,

que no ser es lo mismo que ser

¿Para que devanarse en divagaciones

que llevarán a un mismo punto?

Aquí me quedaré, quieto con la incognita

colgando de mis mejillas y con una

barbilla temblorosa debido a la emoción,

al menos sé que esta tristeza

que con los años se atenúa

me es más fiel que todas las verdades

inventadas que se han dicho

desde inmemoriales tiempos, desde antaño.


- Si quieres ascender, liberarte, 

primero deberás descender

hasta lo más profundo, 

hasta el cieno más sucio e inmundo.

Tienes que caer, y no dejar de gritar

en tu caída, cayendo, cayendo

para acabar siendo vastago del olvido,

pasar desapercibido hasta desvanecerte.

Ser la nada, sin reconocer todos esos

algos que van presumiendo

de su sustancia incompleta,

de lo inacabados que son.

Todo está vacío, huecos por donde

se filtra la nulidad de todas las cosas

que se resuelve en su propia negación,

pues todo aquello es ausencia.

La afirmación es ficción, frustración

la división de todas las cosas

cuya verdadera naturaleza es ser una,

la hermana de la nada que surgió

de la Madre Primigenia, de su seno

cargado de suculenta leche que nos dotó

de la vana ilusión que nos arraiga a la vida

Muerte, muerte es lo que yo amo,

y aquella infantil imagen de la parca

mi amante de novela, 

aquella que no trae ni se lleva a nadie

porque uno en realidad siempre estuvo

colgando de la misma espinosa rama,

que tanto nos hace sangrar.

Gritamos porque caemos,

porque no podemos evitar este descenso

que muchísimo tiempo después

quizás nos permita escalar la montaña.


Pero mientras caemos, contemplamos el paisaje,

y la despedida de las hojas otoñales,

donde todo acaba sólo para comenzar

de nuevo en otro final. 


Que la noria siga girando,

sin parar, y así podamos reír juntos

por última vez.