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martes, 4 de junio de 2024

Poemas del interior

 - Recuerdos agradables del pasado

se hacen amargos con el paso

de los años hasta culminar

en un presente desesperado.


Caminan los amantes de antaño

ahora convertidos en un matrimonio

desdichado, con un par de hijos

que aunque amados, son fuente de desgracias


Lloramos cuando deslizamos 

nuestra mirada hacía atrás,

hacía aquellos acantilados escarpados,

y no porque su subida haya sido penosa,


sino porque su bajada fue demasiado 

veloz, y cuando vamos cayendo 

sin pararnos pensamos cuán hermosas

eran las vistas desde las alturas.


Ahora ya viejos y arrepentidos

de no haber gozado de aquel suculento

sabor como se merecía, de habernos

quejado por minucias en demasía,


volvemos la vista atrás con lágrimas

en los ojos y con una sonrisa resignada

que cuando es vista por los viandantes

suele ser malinterpretada.


A veces, sufrimos por mero gusto al dolor.

Nos regocijamos en la problematicidad

de una trágica fantasía cuyo drama

reside en la estupidez humana.


No en vano, muchos justo en el instante

previo a la muerte repasan varias veces

aquella escena en apariencia simple

donde sonreían siendo unos meros aprendices.


- La senda del maldito suele ser

bastante solitaria, y aunque en compañía,

esta no destierra del todo esa desolación

porque habita en el interior.


Los caminos son vastos, recónditos

a las veces y cargados de misterios,

mas aún con ello no dejan de ser

repetitivos, con los mismos enigmas.


Se trata de trazar líneas sobre espacios

que ya fueron marcados de antemano,

idénticos despliegues se dividen

sobre las mismas rotondas y desaires.


Dubitativo, pienso en lo anodino

de este sufrimiento que me tiene preso

en las cárceles de antaño, tan sólo

bautizadas con nuevos grilletes.


Viejas heridas vuelven a abrirse

bajo el sello de nuevos juramentos,

destinos entrelazados por promesas

que irrevocablemente retornan a romperse.


Escucho un sonsonete atrofiado

de tanto sublevarse, y grito 

para que esta tristeza que se cierne

conozca de algún tipo de sentido.


Siempre contemplo los mismos rostros

cuyos semblantes siendo diversos

reproducen esas extrañas muecas

que por hipertrofía no identifico.


Aquel rechazo creo haberlo visto

reflejado en alguna parte, pudiera ser

que fuera en los espejos rotos

de los que acuden a la ciudad de los pérdidos.


Ya no siento nada, sólo esa carencia

afectiva que olvidó su rima

cual el poema inacabado escrito

por un ángel caído que nadie ha llamado.


- Cuando perezca el viento seguirá

arreciando igual, del mismo modo

irá llevando hojas y recuerdos

a los mismos abandonados derroteros.


Cuando perezca las viejas canciones

continuarán sonando tal y como

lo hicieron antaño, y quienes las escuchen

proseguirán con idénticos llantos.


Cuando perezca el sol y la luna retornarán

con su pugna ancestral, en secreto

idilio romántico, buscándose y evitándose

cual amantes y sus rencores


Cuando perezca en los campos

hierbas y matojos se sucederán

en una cadena que se retroalimenta,

adornando lindes y caminos.


Cuando perezca todas las personas

proseguirán con sus vidas, yendo aquí

y allá sin cesar, desconociendo el por qué

de sus ilusiones y tristezas.


Cuando perezca...


- La tristeza es una lágrima 

que se esconde debajo de la piel,

se acumula bajo nuestras mejillas

y cuando ya no lo soporta más,

se dilata en el foso interno.


La siento como una caricia,

un recordatorio de la aciaga melancolía

que se desliza en aquella temida

despedida, es una mano rolliza

que nunca pasa desapercibida.


Incluso cuando pretendemos

ignorar su insistente presencia,

nos vemos irrevocablemente llamados

a su expectación, a posar los ojos

allí donde los demas no ven nada.


Contemplo a través de la ventana

un paisaje evolutivo, mas cuando

atenúo mi vista vislumbro mi propio

semblante, y justo ahí bajo mi piel,

hay una lágrima latente que se sostiene.


- Cuando es de noche, salgo para fundir

mis pensamientos en su negrura

insondable. Alzo mi vista y observo

un horizonte de color azul marino,

un páramo celestial plagado de estrellas.


Me embarga una tristeza innúmera,

de la que no sabría sondear su contenido.

Se trata de una melancolía sin razón,

una inconsciencia del dolor

que me produce espasmos y temblores.


Por eso, mantengo mi mirada 

en dirección al cielo para olvidarme

de mis tribulaciones egoístas 

y vislumbrar un todo único, absoluto,

que haga desvanecer mi yo sensible.


Es cierto que me embriago 

con un ideal de belleza que se encarna

en un paisaje que carece de particulares,

mas a menudo estos replandores

fosforecentes me hacen recordar


mi propia míseria. Siento sus parpadeos

cual insospechados guiños, su mutar

una suerte de confidencia callada

y su permanencia un recordatorio

de mi estremecimiento involuntario.


Quisiera plegar mi alma sobre la luna,

danzar a su al rededor como un hado

sombrío, y al perecer, ser lo mismo

que aquel todo abandonado de los ojos

de unos cuantos mortales desdichados.


Mas todo ello son fantasías, 

divagaciones de un loco solitario.

Al final, sólo queda aquel silencio

sólo interrumpido a las veces 

por el aliento primigenio, y el susurro de algún dios.


- Estoy fumando en la calle,

mirando desinteresado el paso

de los transeúntes. Todos parecen

carentes de alma, jarrones vacíos.


Inamovible, clavado en mi sitio,

espero un acontecimiento pasajero

de aquellos que aún efímeros

permanecen encerrados en la memoria.


Hasta el humo que se expulsa

por mi boca entreabierta se ha permeado

con la tristeza que este espirítu solitario

alienta desde largos años pasados.


Todo momento se sucede

encadenándose en una serie de instantes

desvanecidos cuales fotogramas

expulsados de unas viejas cajas llenas de polvo.


Demasiado melancólico para hablar

tiendo a considerar al silencio 

un nuevo tipo de lenguaje,

y a las bocanadas de tabaco meras exclamaciones.


- Sentado en un banco de carcomida

madera, exhalo y expulso humo

proveniente del majestuoso ducado

que cuelga pendiente de mis labios.


Mientras un humo nebuloso discurre

ante mis ojos, contemplo el transcurrir

de los seres siempre igualmente

repetitivo, animado por un resorte.


Desde los más pequeños a los más grandes, todos parecen insuflados

por una escasa llama azulada

que les permite vivir a penas.


Las hojas casi marrones se dejan

arrastrar por el embravecido viento,

diversas cajas abandonadas en la calle

se tambalean a las veces por contrapeso,


Hombres ociosos como yo fuman en soledad, mujeres andan en compañía,

los niños lanzan pelotas por todos los sitios y los ancianos les miran con mal ceño


Al principio creía comprenderlo todo,

pensaba que todo eran razones

concretadas en cosas, pero cuanto más

observo menos entiendo del espectáculo


Uno podría considerar que los seres

se desplazan por mero instinto,

o en su defecto, lo hacen por causas

que persiguen diversos efectos.


Mas en realidad, no hay nada de eso.

El conjunto, lo esencial, se reduce

a vacuidad. La vida en general

son secuencias desordenadas.


Los vivos son muertos movientes,

y los muertos vivos recordados.

Mis ojos son lo que ven, y mi mente

es lo que antes vió y después verá.


El estar sentado fumando, aquí ahora mismo será un poema que compondré

de pie, y los versos que serán leídos 

la sombra de un muerto y sus recuerdos.


- En el silencio de la noche medito,

y entrando en mí mismo encuentro

diálogo con los espíritus, los cuales

gozan de revolotear a mi al rededor

lanzando extrañas exclamaciones.


Yo siempre les digo lo mismo, 

que los entiendo a la perfección

porque aún vivo, encerrado en el cuerpo,

camino entre mis semejantes 

como si fuera uno de ellos.


Rara vez hablo, y también como ellos,

me comunico con calladas señales

que lanzo en aras de un ideal

indefinido, pues las palabras habladas

siempre son traidoras en su mensaje.


Mejor fuera que todo el mundo

adquiriese la virtud de la mudez,

que al verse se supiese cual es

la verdad que encierran las montañas

y cual el misterio del devenir marítimo.


Quiero ser esa roca desafiante

puesta por azar en la mitad del camino,

la lluvia que pilla repentina a los viajeros

y aquel símbolo del cuervo

cuando se posa en los ventanales de los amantes.


Danzar como andar, suspirar como gritar,

lanzar ese verso que dura un segundo

y deslizar mi castigo por los senderos

descubriendo la salvación

que se encuentra al caer del abismo.


Deseo cantar sin melodía, pasear

siendo sombra y volar en el descenso.

Sólo así podría afirmar rotundamente

que el miedo es una mera advertencia

y la valentía su secreto cómplice.


Si todo ello se cumpliera mas allá

de la metáfora sin rima que encierra

una sentencia bien dicha, pudiera

soñar con un paraíso que no requiera

de una única doctrina.


Pero cuando los espíritus que me acompañan me escuchan decir

sin hablar todas estas cosas, tienden

a despedirse antes de tiempo, quizás

para indicarme que pronto seré como ellos.


- Cuando pensamos en Dios, alzamos

la mirada porque lo imaginamos inmenso,

escondido en el cielo estrellado.


Cuando lo hacemos en el demonio, 

la bajamos a un suelo pantanoso

porque nos recuerda a nuestras faltas.


Fabulando con el bien, vislumbramos

una grandeza celestial cuyo resplandor

es tan intenso que entornamos los ojos.


Fantaseando con el mal, nos quedamos

ciegos porque en un pozo tan profundo

sólo nos queda oscuridad e ignorancia.


Mas yo sueño con ambas esferas

aunadas en una sola donde aquello

que reluce se reconcilia con lo sombrío,

donde lo Absoluto sabe y siente

que lo bueno y lo malo es en nosotros

un todo único que conforma aquel

universal concretado en nosotros siendo niños.


- Es la vida un sueño que participa

de las ilusiones que nosotros mismos

vamos proyectando, que se alimentan

de suspiros lanzados al azar sobre

abismos insontables que no logramos alcanzar.


Es la muerte el despertar de aquel

tumultoso impulso onírico, y su sensación

se asemeja a cuando nos despertamos

en la vida ordinaria, comprendiendo

todo aquello que parecía desordenado en el sueño.


Cuando despertamos de la vida

en la muerte, hay una trompeta

encendida que clama al entendimiento

para que conozca cual es la auténtica

verdad y la fantasía del orden racional.


Se desparraman las imágenes ilusorias

de cuanto creímos certero, mas ahora

en vez de llorar como algunos hacen

en el lecho de la muerte al irse,

reímos al darnos cuenta de nuestra ingenuidad.


Noche y día se entremezclan, 

oscuridad y luminosidad se intercalan,

y nace una sensación sin sensaciones,

una comprensión sin entendimientos

que nos hace unificar lo disperso.


También los sufrimientos se convierten

en anécdotas, las carcajadas cotidianas

en chistes malos y nuestros pasos por

el mundo meros aleteos ante una

elevación de mariposa que es superior.


Esta es la sabiduría secreta, el gran

misterio que profirió un anciano

tan viejo que todos han olvidado 

su nombre, pero que cuando perecemos

todos reconocemos sin sentidos ni razones.


- Quién solitario detiene los ojos

ante lo extraordinario que encubre

lo aparentemente anodido descubre

una llama que se enciende, 

que se inflama en su pecho cual pira

desfalleciente y que parece llamar

a gritos algo que superándole, 

le sobrecoge. 


No en vano, intenta acallar

aquello que es imposible contener

en el hueco colmado del que nace

la conciencia de saber y de sentir,

que allí donde desliza su mirada

es resultado de un vacío que todavía

no ha recibido el cobijo de la luz

replandeciente que no espera 

ser nombrada. 


Por eso, su aparición

siempre causa una mezcla de extrañeza

y miedo, una balanza que juega

con el asombro y el desasosiego,

amargo aún siendo dulce, 

milagroso pese a ser aciago,

y cuyo final siempre da como resultado

aquello que desde un principio

fue, será y es. 


Busca sin objetivo, deslizate obviando

el resultado ante el cual todos asienten

cuando anteriormente lo habían negado,

porque no hay nada más real y patente

como esa visión sin ver que acontece

allí donde muerte y vida se confunden,

donde se troncan todos los pares

para dar un nacimiento que perece

a la luz apagada.


- Damos pasos inciertos que se conducen

a un ignoto final que nos parece

brumoso por lo incierto del túnel.

Profetas y otros sabios nos dicen

que más bien se trata de glamorosa

luz que invoca a los espíritus benéficos

a los píos y demonios monstruosos

a quienes extraviaron el camino.

Mas ello hace a los ignorantes recaer

en el vacío, y a los inteligentes 

dudar todavía más acerca de su porvenir.

Es una visión con la que nacemos

pero que olvidamos, un recuerdo

que acude a veces doblegándonos

moralmente, donde hemos de tomar

una decisión durante la mundanal vida

¡Ojalá fuera tan sencillo!

No es tan fácil como optar por una

de las caras de la moneda, en tanto

que hay en cada uno de nosotros

algo de esa luz y de esa sombra

que oscila como la llama de una vela

a veces de un amarillo marcado

y otras tanto azulada y humeante.

Sé de mi fragilidad, de ese ritmo titubeante que es tan imprevisible

cual monzón repentino en el bosque.

Pero no, no quiero ser de los desechados,

de los perdidos cuyo designio 

es una taza de café agrietada.

Aún en la oscuridad, quisiera caminar

en la vía iluminada, en aquella habitada

por hombres y mujeres ilustres, poder

sentarme a su al rededor en circulo

aunque no lo merezca demasiado.

Y pese a que en mi senda se encuentran

demasiados desvíos, que al final del todo

un sentido único y elevado me lleve allí

donde los jardines están coronados.


- Desde los tronos de los cielos

los ángeles me dicen con voz risonante

que mis versos les parecen demasiado

depresivos, cargados de melancolía.


En un principio mudo, mas luego

meditativo doy vueltas a sus palabras

con cierta perplejidad interna,

y con un callado temblor de labios.


No era mi pretensión el causar negativa

conmoción con mis poemas a aquellos

reinos celestiales, cargados siempre

de trompetas y secretas danzas.


Todo lo contrario, quisiera que el canto

que encubre mi poesía fuera un tributo

a aquellos velados habitantes

que protegen a un Dios oculto.


Cuando lanzo exclamaciones a los cielos

es para que estos me recuerden

del mismo modo que yo porto en mí

esa chispa celestial inspiradora.


La escasa fuerza de mis palabras

no es otra cosa que un hálito divino

un tanto desinflado, titubeante

entre las cárceles del alma.


Pero imagino que lo que se interpreta

como alabanza aquí en la tierra

para los ojos elevados se trata mas bien

de algo tan nímio que resulta triste.


- Esta tristeza tan mía juega 

con consumirme lentamente

en una descomunal pira de fuego.


Tan ardiendo siento las venas

que el aire que entra sólo sirve

para avivar las llamas interiores.


No me queda otra que permanecer

en quietud, esperando lo inevitable

hasta mi desvanecimiento corporal.


Hasta que cada fragmento material

se evapore en una suerte de sustancia

que siendo espiritual se eleve.


Sé que una actitud de tal talante

sólo propiciará escrutadoras miradas

entre mis semejantes, que interpretarán

mi permanencia parada cual

conformismo irremediable.


Pero no es así. Esta es la posición

de alguien que aunque ignorante

comprende el paso efímero de toda cosa,

y que por mucho movimiento que haya,

todo acabará siendo lo mismo.


- Soy sombra que busca la luz,

cuervo amante de los amaneceres,

insecto de retorno a la madriguera,

luna que espera su encuentro en el día.


Se apagan los farores, la calle se muestra

desierta y quienes toman la vía noctuna

saben que su paseo es sólo una vuelta

cuya meta parece ser incierta.


Pero la esperanza sigue latente,

es una promesa que nadie pronunció

mas que todos saben que debe

cumplirse por señales en el cielo.


Ya esta noche representa un velo

que será rasgado una vez que se cumpla

el signo que fue esculpido sobre piedra

sagrada, noticia de sabios de antaño.


No hay que temer del azar, y menos aún

de los callejones interrumpidos

por oscuros presagios, anunciadores

de los infiernos amonestadores.


El caminante ha de mantener con espíritu

onírico ese estigma producido antes

de su propia creación, y que con un obrar

que es su mero deambular le libera.


Todo el mundo nocturno es un incierto

tránsito que reconoce lo lúminico

cuando todas las puertas estén cerradas

y sólo la más lejana de ellas se abra.


Entonces, todo capricho, todo paso

deviniente hallará la estabilidad pura

en el encaminarse hacía la vereda

donde sol y luna sean un Uno perfecto.


Soy sombra que busca la luz,

cuervo amante de los amaneceres,

insecto de retorno a la madriguera,

luna que espera su encuentro en el día.


- Andamos perdidos buscando

una verdad de la que no sabemos

con seguridad si atraparemos 

con nuestras manos, o se irá

desvaneciendo con nuestra cercanía.


A veces creo vislumbrarla a través

de millares de velos dispersos

encadenados por unas extrañas fibras,

que al contacto con la vista,

se dispersan y aumentan por doquier.


Nuestra vista es imperfecta, el intelecto

vano a la hora de intentar captar

aquello que es absoluto en toda

su integridad, como mucho nos otorga

atisbos que en las noches se trueca en imaginaciones


Fantasías y sueños se intercalan 

con razón y pasión dando por nacimiento

un ser amorfo cuya única intención

es alcanzar lo verdaderamente bello

escondido en una amapola que está muy sola


Caminado, atravesando el campo

sólo observo hierbas disecadas

y algún que otro canto lejano

proveniente de una melodiosa voz

que cada vez parece más perteneciente al recuerdo.


¿Cual es la causa de tanta tristeza?

¿Por qué los colores se tornan grisáceos?

¿Qué ocurre cuando el sol se esconde?

Misterios todos que sólo conducen

hacía otros enigmas indescifrables.


Prefiero el silencio, la meditación

prolongada, la oración infinita

en vías de esa unión tras la cual

todo y nada acaban sumidos

en aquel cometa que se estrella.


- Atravesando páramos desiertos

alzo la mirada hacía los cielos,

y no puedo evitar titubear

una pregunta en forma de un ¿Por qué? 


Sudando sin cesar durante el día,

temblando sin evitarlo a las noches,

creo escrutar en las alturas

una señal que no logro descifrar.


Pero cuando los vientos soplan

con frenesí, provocando el desplazarse

de inmensas nubes, comienza

la que será tu tormenta.


Y entre relámpagos y estruendos

creo poder observar un semblante

que está oculto para ojos humanos,

y me indica la pureza de la muerte.


Me oculto en una cueva que se encuentra

en los más lejanos bosques, y ahí

dejo pasar el fingimiento que es el tiempo

en completa oscuridad e ignorancia,


y cuando un leve de rayo de luz se filtra

entre las grietas, sigo su recorrido

con los ojos del corazón descubriendo

que este conduce a ninguna parte.


Pero cuando los vientos soplan

con frenesí, provocando el desplazarse

de inmensas nubes, comienza

la que será tu tormenta.


Y entre relámpagos y estruendos

creo poder observar un semblante

que está oculto para ojos humanos,

y me indica la pureza de la muerte.


En sueños me contemplo a mí mismo

escalando a través de innúmeros

peldaños, y a pesar de dedicar todos

mis esfuerzos me quedo en el mismo instante.


Así que finalmente opto por parar,

me detengo en el último escalón

que pisé para descubrir que ya había

llegado hacía donde nadie sabe.


Pero cuando los vientos soplan

con frenesí, provocando el desplazarse

de inmensas nubes, comienza

la que será tu tormenta.


Y entre relámpagos y estruendos

creo poder observar un semblante

que está oculto para ojos humanos,

y me indica la pureza de la muerte.


Desde los rascacielos se puede ver

muchas hormigas recorriendo

los centenares de montículos

que ellas mismas construyeron,


mas yo no quiero ser una de ellas,

y por ello fantaseo con la idea 

de poner fin a la eterna construcción

lanzándome al núcleo del adios.


Pero cuando los vientos soplan

con frenesí, provocando el desplazarse

de inmensas nubes, comienza

la que será tu tormenta.


Y entre relámpagos y estruendos

creo poder observar un semblante

que está oculto para ojos humanos,

y me indica la pureza de la muerte.


- Cierro los ojos, silencio mis oidos.

Ceso de hablar, tapono mi olfato.

El pensamiento se detiene, las sensaciones se evaporan.


Sólo busco el detenerse de las impresiones.


Sello mis párpados, clausuro mis orejas.

Coso mi boca, me arranco la nariz.

La mente se cierra, el tacto ya no es nada.


Sólo ansío la quietud de las imagenes.


Me quedo ciego, también sordo.

Mudo sin palabras, perdidos los olores.

La cabeza vacía, los dedos quebrados.


Sólo voy tras el vacío.


La oscuridad alivia, el silencio comunica.

Imposible describir la cárcel del alma

donde la presencia es mera utopía.


Después del viaje, ya no queda nada...


- Me encuentro perdido desde hace

ya largo tiempo. Imagino que fuí

caminando desde un punto incierto

llegando a estas sendas que no reconozco. He olvidado hasta

mi nombre, no sé de donde provengo

ni por qué escribo lo que está

aquí impreso. Tampoco sé la razón

de usar de estos simbolos 

para comunicar un mensaje tan oscuro,

tan desconocido para mí desde su origen.

Quizás hasta olvide por qué una palabra

con otra hace un sentido que se proyecta

como luminarias lejanas, en mi caso

todos estos sentimientos son cuales

estelas en el cielo que se desvanecen

nada más nacer y cuyo propósito

se deshace del mismo modo que

se formaron. Soy ya materia sin conciencia, ficha perdida del destino, movimiento tremulo que otro hizo por mí,

capricho de deidades aburrridas...

Sigo una sucesión de instantes

que fueron decididos por algo

que me sobrepasa, puede que tal sea

mi única certeza a la par que el saberme

un desconocedor nato que desde

hace muchos años no entiende nada.




sábado, 2 de marzo de 2024

Elegías oscuras

 - Soy yo a quién buscas, querida sombra

cansada. Tras tantas tribulaciones

sufridas en pretéritas vidas, 

sé que me comprendes como ninguna.

Siempre nos encontramos en estos

mismos páramos yertos, nos cruzamos

como dos almas corrompidas

por la cruel vileza de la que hace gala

este desdichado mundo. Y aunque,

en principio, nunca nos tomamos

nuestros encuentros como una cita,

siempre acabamos liberando

nuestras penas en forma de gritos.

Tan fuertes y temidos son

que dispersan toda la niebla que tenemos

al rededor, y aún los hierbajos secos,

acaban resquebrajandose en el aire,

partidos en millares de mitades.

Y así se forma un entristecido paisaje

que acaba produciendo su correspondiente eco en nuestros

amortajados espirítus de antaño.


Demasiado hemos vívido, amada sombra

mía. Demasiado hemos sufrido

como para seguir dando vueltas

sin sentido en una existencia

que desde el principio ya nos había

rechazado, incluso antes de tomarla,

esta ya nos miraba con desconfianza.

Por eso yo me tumbo en tu regazo,

y lloro sin remediarlo, doy rienda suelta

a mis lágrimas inyectadas en sangre

para que entiendas su símbolo.

Tú siempre me correspondes con una

melancólica sonrisa que connota

cierta compasión mientras acaricias

mis cabellos desparramados sobre

tus agotadas piernas de tanto bregar.

Lo siento, no puedo evitarlo. 

Me es imposible mirarte, y no sentir

esa contradictoria mezcla entre

una felicidad contenida y una tristeza

innúmera que se esparce en los relámpagos que asoman en el cielo

durante nuestras desaforadas noches.


Sonrío porque sé que en algún momento

ambos vamos a morir y nos fundiremos

con esa criatura informe que habita

los espacios siderales de un mundo

desconocido allí arriba.

Mas también lloro porque conozco

que todavía nos queda tiempo

para seguir por aquí andando,

y sufriendo con cada paso dado.

Quisiera que los encuentros dispersos

se desvanecieran, y así se diera cabida

a un encuentro eterno en la nada

donde estaríamos juntos sin estarlo.


- No comprendo el deslizarse 

de las gentes, como tampoco 

las aleatorias palabras que profieren.

Sus gestos me son tan extraños

como sus caprichosas maneras,

así también sus habladurías me resultan

desconocidas. Ante tal situación,

me quedo en permanente quietud,

sello mis labios rindiendo culto

al silencio y cierro mis ojos

para no ver más atrocidades.


Cuando contemplo el mundo,

sólo percibo perplejidad 

y desconocimiento porque en realidad

estoy ahondando en mis sárcofagos

interiores en vez de mirar rostros

deformados por aparentes tribulaciones.

Sólo comprendo allí donde unas cumbres

se remontan verdosas en la lejanía,

justo en el momento en el que el sol

se despide de su reino para dejar

su merecido trono a la hermosa reina,

que es la luna.


- Las brumas me sondean durante

mis entristecidas madrugadas.

Son como un poderoso canto

que sólo es pronunciado en alto

cuando la oscuridad se adueña del día,

acompañandose por una niebla espesa

que impide observar en la lejanía.


Muy pequeño me vuelvo al pertenecer

a tan inhóspitos y sombríos reinos,

de los cuales son un miembro desde

hace ya largo tiempo, anterior a la nevada

que asoló a un imperio entero.

Hay tanta húmedad, tanto deseo sofocado que no bastarían ni mil

sueños para lograr apresarme.


Cuando soy tan oscuro, resplandezco

con tanta potencia que me hago

indistingible de los rayos lunares,

y aún viéndome de cerca, no se

me reconocería al estar hundidas

mis facciones en suspiros siderales.


Cuando me hago tan pequeño,

también soy grande, tan inmenso

me siento que mis pies podrían

cercenar ciudades increadas,

y aún cotejándome de lejos, sería

muy díficil atisbarme al hallarme

en cuerpo fundido con las estrellas mendaces.


- La melancolía suele llamar a mi puerta,

y yo siempre la acojo grave y con pena.

Tan acostumbrado estoy a sus visitas,

que ya me lo tomo con monotonía,

porque además siempre repite la misma

secuencia: se queda aquí conmigo

unas cuantas semanas, abusando

de mis recursos y haciendo de mi casa

la suya, y ya cuando se cansa, se marcha

sin avisar ni dejar nota alguna.

En vano me preocupo porque sé

que cuando menos me lo espere,

volverá acompañada de muecas extrañas

golpeando con frenesí este sacorfago

mío hasta que la atienda como es debido.

Nunca soy capaz de ignorarla,

supongo que después de tanto tiempo

juntos he aprendido a comprenderla,

y me provoca hasta pena.


Escuchad cómo llora, y mirad cómo

se retuerce en mi desgastado suelo,

plagandolo todo con sus lágrimas

sangrientas y con las marcas

de sus uñas amarillentas

¿Cómo no iba a sentir compasión

ante tal demostración de profundo

sentimiento? ¿Cómo evitar conmoverme

ante un alma tan triste y que me recuerda

a mí mismo con mis desdichas?

Quizás, después de todo, sea esto

un teatro bien organizado para tener

un techo donde cobijarse de un mundo

en el que la melancolía está de más,

donde todos la miran con recelo

al haber sido demasiado usada en vano.

No puedo evitar sentirme reflejado,

y usar de mi brazo como su almohada,

así como de mi humilde morada

cual si fuera un templo dedicado a ella.


Ven a mí melancolía para que no tengas

que pasar sola las horas, que aún llueve

fuera y yo guardo para ti un siniestro calor

que te permita evaporar las lágrimas

desperdigadas en los desiertos del

no volver a verte nunca jamás.


- Gotas de lluvia se dispersan a través

de un paisaje incierto en la noche,

y mientras yo pregunto a mí alma dolorida

si hay salida cuando las venas hablan

por sí mismas. Hay un corazón que late,

balbuciente que se escapa entre toses

de un pecho que le sirvió de cárcel,

y cuando preguntan por él siempre usa

de la misma respuesta en forma de silencio. Callados son los ojos y dichosos

son los labios que interpretan la balada

de las sombras, intercalan las piezas

cual si fueran compuestas por algún

demonio aburrido que de tanto hacer

sufrir tomó el sensitivo sendero 

de la auto-aniquilación. Ganas de perecer

tienen los viandantes sombríos

que atraviesan los suculentos prados

de los sueños, y todo porque estos

se acabarón convirtiendo en pesadillas,

hicieron del paraíso un infierno

debido a sus desmedidos deseos.

Sólo queda un arbol desvencijado

en el centro de aquel campo, y sus hojas

se deslizan por las ramas como si fueran

las últimas caricias del amante que sabe

que cuando la luz despunte será

su condena a muerte.


Yo sólo suspiro ante estas imágenes,

y aunque me conmuevo, prefiero seguir

siendo un mero espectador de pleitos

que en apariencia me son ajenos.

Me quedaré en mi sitio, cobijado

entre ramajes, siendo sombra

de mí mismo, preso y cautivo

de una naturaleza original que me impuso

el destino. Y todo aquello por el goce

de ver volar a la última rosa debido

al fuerte viento del invierno.


- En mi soledad, los pensamientos danzan

con extrañas figuras, siguiendo

un desconocido ritmo olvidado

desde hace demasiado tiempo.

Las puertas de mi alma se cierran,

impidiendo la entrada y la salida

de nuevas y viejas impresiones

que puedan perturbarme, mas aún así

todavía puede escucharse esa melodía

que antaño tocaba un anciano

interpretando una partitura de cítara.

Una vez dentro, cerrando los ojos,

pueden verse sucesivas imágenes

de las que no se sabe si ya acontecieron,

o ocurrirán en un porvenir eterno

cuando todos los seres se aniquilen

en aquel gran núcleo negro.

Incluso, si se agudiza el sentido interno

pudiera parecer que todo se comprende

sin comprender, que aún sin entender

todo recobra un oscuro sentido

que nos hace estremecer a la par

que nos enloquece con alegría

Quizás por eso también bailamos

pese a no saber a ciencia cierta

qué demonios es esta música,

ni el por qué de estos caprichosos

movimientos en los que se deslizan

nuestros descuartizados miembros.

Todo pareciera una farsa, una mala

comedia que bien podría decirse de ella

que se trata de una tragedia, 

o en su defecto, un melodrama

que por su sombrío humor se diría

que nos provoca una risa incómoda.

A mi corazón no le queda otra

que suspirar, que aspirar toda la enegía,

tragarsela al completo y expulsarla

mas allá, allí donde los horizontes

están adornados por cien montes.


En mí habita una mujer desnuda

demasiado lujuriosa para rechazarla,

aunque también hermosa en demasía

para querer corromper su belleza

al intentar tocarla con el alma.

Ella es así de caprichosa, y tiene

algo de ángel y algo de demoníaca,

porta con ella unos amplios senos

como a su vez, unas delgadas manos.

Mirándote te deseará, esquivando

tus lazos, te temerá. Pasará de ser

una jovencita olvidada de este mundo

a una anciana recordada con desdén.

Mas, a pesar de todo, siempre será

la doncella que habitará en tus ojos.


- Segundo a segundo siento a la vida

desvanecerse, es cual si se escurriese

de mis dedos, de mis labios, de las venas

hasta algún vacío lugar donde ya no 

queda nada porque se llevaron todo.

Es una melodía que se va apagando

paulatinamente, empieza sonando

por todo lo alto, y deslizándose, 

pasa de hechizar a todo el auditorio

con sus exotizantes sonidos 

a sonar tan bajo, que todos los presentes

se van acercando, apiñándose en una

sola fila, quedando sepultados en la misma tumba. Ay, la muerte fragante,

hermana inevitable del tiempo, 

como este a su vez lo es de la ausencia

y el silencio, toda esa abundancia

tú te la llevarás allí donde justicia

e igualdad dejan de ser vanas palabras

para pasar a ser realidades efectivas.

Y aunque mis manos, mis ojos y hasta

mi corazón entero se vayan evaporando

por aquellas particulas negativas,

yo ya no tengo miedo a ese abismo

sin final, a ese foso sin fondo tan profundo porque he comprendido

que allí todos nos hacemos una misma

sustancia teñida de negro. 

Pese a nuestra naturaleza perecedera, algo nímio quedará de nosotros ahí abajo

que nadie será capaz de rescatar,

al menos que se hunda con nosotros

en aquel paraíso invertido.


- Al final del camino no hay amplios

horizontes, ni tampoco grandes

perspectivas, tan sólo un montón

de edificios derruidos sobre un desértico

páramo abandonado por los hombres.

Cada trozo destrozado, cada fragmento

despojado son las lágrimas que lanzaste

sobre las marchitas flores en su día,

que en vez de alzarse venturosas,

se han hermanado con unas cuantas

piedras apestosas cubiertas de musgo. 

Lo más lamentable es pensar 

que cada una de las sendas a tomar,

desde las más animosas hasta aquellas

que por miedo nadie toma, llevan

a un mismo triste final, allí donde 

confluyen todas las melancolías

nacidas en aquellas noches que lloraste,

y que creías haber olvidado.

Hay quién guarda este templo destrozado

como también hay quién procura

huir lo mas lejos posible de el,

pero después de todo ambos intentos

resultan igual de vanos, igualmente

frustrados como todas las humanas

aspiraciones, desoídas por los dioses.

Yo, antes de que llegara mi hora,

ya habito por tales parajes,

recorro a tientas por encima 

de las tierras secas, y deslizo mis manos

sobre aquellas hierbas muertas,

recordando cuando la vida aún latía

en este abandonado lugar.

A veces me pregunto si esta desdicha

nos antecede a todos en el tiempo,

o si es posible que fueramos nosotros

quienes la invocaramos con nuestra

maldad y los consiguientes lamentos.


Si fuera lo primero, me resigno.

Si fuera lo segundo, me suicidaría.

Jamás me lo perdonaría.


- Sin yo quererlo me voy desangrando,

liberando aquella alma materializada

en fragmentos de líquida sangre,

que se desparrama sobre las alfombras

donde ángeles caídos posan sus alas

al descender con violencia.

Se presiente un hálito fatal de condena

en este aire demasiado cargado,

inflamado de sensaciones de pena

y de desagrado, ante el inevitable

fin de la pureza, su caída representa

la ruptura del cristal más impoluto

con el que cabría fabular.

Por eso lloran los ángeles que ahora

por caprichos del destino han pasado

de ser seres celestiales amados

y admirados por todos, a ser un conjunto

de demonios que tentarán a los fieles

desde infiernos inventados.


Sin darme cuenta, me giro y miro

aquel resplandor que fue tan respetado

en su vida, pero del que ahora llueven

lágrimas de sangre. Todas ellas

provienen de los cielos, desde donde

aquellas desdichas salubres se precipitan

alcanzando un semblante demasiado

consternado como para esbozar

una anodina sonrisa. De sus alas

antes blanquecinas y replandecientes

se ha formado una oscuridad que va

creciendo por momentos hasta culminar

en unas alas de cuervo, adornadas

por perlas sanguilentas, muestra

de demasiadas frustraciones calladas

¿Y qué hay de sus manos? Ahora están

temblando, temiendo que se transmuten

en horripilantes garras con las 

que atrapar hermosuras escapadas

de aquellos palacios de latón.


Lloremos, lloremos junto a ellos

porque ese abatido sentimiento

que ahora tienen y que les hace

proferir gran cantidad de injurias,

será lo que algún día sentiremos

nosotros mismos cuando ya estemos

muertos.


- Muerden los demonios mis talones

cuando procuro escapar de ellos,

mas cuando a pesar de los sufrimientos

me acerco y congratulo con su presencia

parece que nos entendemos.

Si grito o me altero, es normal 

que actúen en correspondencia,

abalanzándose hacía mi con saña y furia,

pero si mantengo la compostura

y mis labios se ensanchan mostrando

cordialidad ellos actúan con la educación

propia de los nobles en espirítu.

A pesar de toda oscuridad, de los prejuicios moralistas que enseñan

aquellos que sospechan vivir en la luz,

hay detrás de toda sombra un fulgor

mucho mas potente que la pretendida

serenidad de un día soleado.

Creo localizar cosas más siniestras

en aquellas que se desprenden

en los amaneceres, y aún al contrario,

en las noches hay sabidurías brillantes

que indican la elegancia de las tinieblas.

Llaman a la bruja por tal nombre

porque cela, se vela en un oscuro manto

cuando en realidad su pálido y hermoso

cuerpo resplandece cuando se desnuda,

y todas aquellas que creen conocer

la belleza en unos artificiosos harapos

descubrirán la pobredumbre al descubrir

unos senos flácidos.


- Aunque soy bastante pequeño,

mis tristezas y desgracias son inmensas.

Tan grandes son que sobrepasan

lo que mi vista puede alcanzar,

y cuando intento atisbar la tormenta

que se acerca, sólo gano con ello

dolores de ojos y de cabeza sin advertir

que algún que otro relámpago imprevisto

aterriza allí donde yo planto mi pierna.

Muchos de ellos ya me han impactado

en pecho, cabeza y aún en cuerpo entero,

de tal manera que aunque acostumbrado

me encuentro a los dolores que siento

en mis sienes y a los temblores

que me deja la electricidad por mi sustancia corporéa, no dejan 

de acosarme los fuegos fatuos

que me rodean, jugando a mi al rededor

y burlándose de mis escozores.

Si fuera sólo el dolor, podrían resistirlo

mis malheridas entrañas, pero tanta

es la constancia de su repentina aparición

que a veces quisiera que su impulso

fuera tan potente, que me dejara

petrificado en el sitio, convertido

en la estatua invulnerable de mi mismo.


La muerte es una promesa irremediable

para muchos, y un consuelo para otros,

el alivio último para quienes somos

desdichados por estos bosques

pantanosos que algunos tienen la osadía

de considerar un paraíso terrenal.

Mas bien se asemeja a un infierno

con disfraz, a una chimenea donde

el fuego aún está caldeándose 

entre los intestinos de la melancolía.

Siento como palpita el carbón,

como las ascuas se deslizan,

y también esa dulzura amarga

que antecede al estoque final,

aquel que da comienzo al cúlmen

de los desventurados paisajes.

Oh por favor, clava esa espada en mi pecho. Haz que brote la sangre, 

que se alcen burbujas sangrientas

hasta el cielo en señal de la postrera

desdicha, de esa guerra cuya pérdida

supondría mi ganancia eterna.

Amigo mío, yo que siempre aposté

por la muerte tengo las de ganar

cuando esta sobrepase aquella vida

siempre pendiente por un fino hilo

que se balanzeaba sobre el abismo de siempre.


- Cuentan los vientos nocturnos

una historia plagada de tristezas

en donde un desdichado mortal

cargado de tribulaciones y de rencores

renunció a la salvación para lanzarse

hacía derroteros siniestros.

Allí, en su descenso al abismo,

lanzó un grito que estremeció

las columnas que sostenían 

los pilares de la civilización.

Tan agudo fue su chillido que cuervos

y murcielagos salieron volando

despavoridos, desperdigándose

en los oscuros bosques 

para cobijarse sobre retorcidas ramas

de sauces, alamos y otros arboles tristes.

Cuando llegó al fondo del foso,

allí donde toda degradación huele

a cuerpo en descomposición,

cubrió su rostro con la sangre

de futuros cadáveres, y sobre 

las esculturas de los antepasados

escupió mientras reía con sorna.

Todos, desconociendo la razón,

le temen nada mas verle,

y si por lo que fuera se le encuentran

en una noche regalada con la niebla,

se quedan paralizados, temblando

sin dudarlo. Otros, a él se acercan,

con la curiosidad de un gato maldito,

y cuando se despistan, aparecen

aplastados por sus afiladas fauces

cual mordisco de mil tiburones.

Desde entonces, desde su negativa

a una falsa liberación, va caminando

cautivo de la luna, cuyo único replandor

es el que acepta de todo lo que brilla.

Cabizbajo pasea, con una impostada sonrisa, esculpida en un demacrado semblante, mas si uno con atención 

se fija, descubrirá dos tenues lágrimas

que recorren sus pálidas mejillas

para acabar sumidas en el fango

del color del azabache.


- Cuando estoy inserto en la oscuridad,

durante mi soledad, pareciera que en mí

domina la quietud cuando en verdad

desde mi interior presiento un mundo

que se encuentra en perpetúa agitación.

Lo siento nada más cerrar los ojos,

esas sombras danzantes juegan

con mis párpados entornados

y me obligan a mirar hacía la nada

sólo por un capricho del destino.

Y aún mis labios se mueven por sí solos,

mostrando muecas y liberando

palabras que parecen provenientes

de idiomas de ultratumba

¡Ay, las femeninas carcajadas

que me circundan, acercandose

poco a poco hasta estrechar mi cuerpo

con la fuerza de cien damas musculadas!

Noto sus cuerpos rozándome,

y sus negros corazones regocigandose

de la suculenta sensación de aquel

pavor callado por los muertos,

pero que en sus eternos sueños

les hacen confesar sus vilezas lujuriosas.

Rostros, dedos y senos son presentidos

por unos ojos tan acostumbrados

a las tinieblas que captan tales formas

como si fueran pasajes rememorados

a pesar de hallarse presentes en este instante que se encuentra detenido

¿Por qué llorar cuando se puede reír,

batiendo palmas con frenesí 

sólo por el mero placer que supone

pecar sabiendo lo que uno hace?


Yo también soy participe

de esta degeneración, 

de esta desesperación

que conduce a la comunión de los seres

hacía espacios siderales apartados

de los confines tomados por humanos

¿Dónde estoy?

Allí donde la muerte y el desenfreno

se enlazan en impío matrimonio.


- Prisionero de mí mismo, alzo mi voz

cual cadena de mi condena 

por si algún semejante sufridor

pudiera escucharme. Tan altos

son mis lamentos que las aves huidizas

se escabullen sobre los muros

con alambres que defienden mi cárcel.

Muchos años ha que he llegado

a considerar a las paredes estrechas

mi hogar, y a las grietas que las atraviesan mis confidentes.

Advierto observando tales hendiduras

que se entristecen cuando les cuento

mis penurias, puesto que al acabar

no es extraño que las lágrimas

formen húmedades en sus oquedades.

También el grísaceo cielo cargado

de lluvia parece comprenderme

cuando su escaso resplandor acaba

mutando en oscuridad declarada

durante mis amadas noches.

Casi podría decirse que me lanza

ese sombrío manto para invitarme

a cerrar los ojos, ya sea durante

unas horas, o quizás para siempre.

A tanto ha llegado mi locura

que al girarme no es extraño 

que contemple diferentes sombras

reflejadas en el techo, desplazándose

muy lentamente, e invitándome

a su macabra danza como una mujer

salvaje, desmelenada a la desesperanza.

Ecos de mis pasos se divierten

confundiéndome, haciéndome pensar

que no estoy tan solo como creía,

que todavía hay quien baila

a mi compás de manera 

que cabe el soñar con compartir

un lenguaje común, mas cuando caigo

en la cuenta de mi propia mentira

desfallezco en estremecimientos.


A veces sueño con que esta mi prisión

se pliega creando una salida

en forma de arco, y que yo me escapo

de ella cargado con mis alas negras.

Y sé que hay muchos que quizás

me considerarían un iluso por confiar

en una escapatoria tomada 

de mi fantasía, mas a estos respondería:

¿Y acaso no consiste en esto la vida?


- Cada día se suicidan gran cantidad

de seres sin advertirlo, creen que siguen

viviendo cuando en realidad

van siendo sumidos por una carencia

universal, que los mengua poco a poco

con cada paso, con cada respiración

contenida. Ciegos, se conducen

allí donde toda apariencia se toma

como un patrón vivencial.

Mudos, parecen formar frases

con palabras tan huecas cual

la sentencia de sus tribunales.

Sordos escuchan el rutilar de sombras

espaciadas, y que toman 

como la melodía de un infinito engaño.

Confusos afinan vista, oídos y olfato

hacía algo imposible de percibir,

pero cuya captación supondría

el resurgir de diversas lágrimas

lanzadas desde hace muchos años

hacía un oscuro abismo sin fin.

Desconocedores del auténtico terror,

de aquel pavor sin proferir gritos,

del temor último, dicen que todavía

tienen esperanzas e ilusiones

como estandartes, mas yo os digo

que estos fueron hechos cenizas

hace tiempo, desde que aquella

enorme bestia con vestidos

se nos impuso ante nuestros sentidos.


Todos somos participes de una mala

fábula cuyo teatral desenlace

sólo podría ser una trágica risotada,

con cinismo unos aplauden y otros

abuchean a la peor obra representada.

Quisiera ser el último en actuar.


- Diversos rostros observan a este

desdichado liberando sus sufrimientos

al pie de la calzada, los dejo ir

en forma de cenizas sagradas 

que revolotean como hadas sangrientas

buscando una redención 

que les fue negada antes de nacer.

Cuando ellas lloran, sus lamentaciones

se escuchan tan elevadas, cual alfileres

capaces de atravesar las más gruesas

paredes, y aún con ello, poco son capaces

de conseguir, pues sus innúmerables

muertes no levantan la compasión 

de sus semejantes. Todos ellos

viven impasibles respecto a las desdichas

que les parecen ajenas sólo

porque no han logrado vislumbrar

la certera verdad que se esconde

tras un paraíso demasiado chillón

para ser cierto. Este ejerce la influencia

que únicamente una apariencia

es capaz de formar en las mentalidades

más nimias, aquella que se figura

que es un manto trasparente,

y aún así, nadie ve mas allá del mismo.


Sólo saben dedicarse a violar

a esas encarnaciones aladas de la belleza

haciendolas llorar como hijas bastardas

despeñadas de un alto monte

por los ingratos de sus padres. 

Se limitan a lanzar improverbios

a sus dorados y brillantes semblantes

esculpidos por los ángeles caídos,

provocando sus callados sollozos

entre agitaciones corporales,

mutismos imprevistos que surgen

de la desesperación ante las ofensas.

Se divierten mutilando sus cuerpos

perfectos, arrancan sus miembros 

aterciopelados y clavan sus dientes

en sus senos erectos, como los niños

malcriados que son, hijos del dios

tirano que antecede a los tiempos.

Así, pasan los años que rápidamente

terminan siendo sucedidos por los siglos

mientras las diosas están cada vez

más magulladas tras las palizas

que les propiciaron aquellos que adoraron

al dios de madera y al que cantan

cada vez que pasan por debajo

del arco de la tiranía. Y ellas tras tanto

dolor injustificado sólo aspiran

a exhalar aquel último suspiro,

el que les despojará de su corteza

terrenal para conducirlas hasta donde

se originan las fantasmales tormentas.


Si pudiera decidir, optaría

por no volver a nacer de nuevo.

Ahora ya por fin lo sé.


sábado, 4 de noviembre de 2023

Sobre estética poética

 El mundo en su amplitud es un lugar vasto, cargado de detalles insospechados y de elementos que fácilmente pueden pasar desapercibidos. Por ejemplo, cuando admiramos un paisaje en su conjunto, tendemos a resaltar la grandeza de las montañas, la inmensidad del mar o lo extenso y profundo que es un tupido bosque. Sin embargo, a veces, quizás lo interesante no sea fijarse en lo que por su amplitud queda abarcado más allá de nuestra vista, sino a cosas pequeñas que están cargadas de significado, ya sea de forma personal o colectiva. Es decir, en el monte encontramos ciertos insectos que sólo hacen su aparición a la noche, y que están cargados de colores muy sugerentes, o en la playa una cigüeña se ha quedado posada sobre un risco cargada de majestuosidad, e incluso, no es raro que en algunos bosques nos encontremos con aves cuyo canto nos transportan a lugares que jamás pensamos que existían en los recovecos de nuestro corazón.

En este sentido, y a mi modo de ver, la figura del poeta se sitúa en una instancia intermedia, a saber: como todos, es capaz de reconocer aquello que se plasma en la mirada por todo lo que resalta, pero también y sobre todo contempla todo lo pequeño que hay en el mundo, encontrando una resonancia en su pecho que llega a identificarse tanto con el paisaje que llega un punto que no hay diferencia alguna entre lo que ve y lo que es, entre lo interno y lo externo. Ver el mundo así, para mí es tener una óptica poética de las cosas y de sus acontecimientos, algo que resulta un poco alejado a lo que se entiende hoy día por poético.


Actualmente, y teniendo en cuenta el sendero que sigue la mayoría de la gente, tenemos una concepción de lo poético acorde con unos tiempos donde se rinde constante homenaje a la velocidad, y donde el egoísmo y la vanidad son sus fieles acompañantes. No voy a negar que cuando se escribe poesía la subjetividad de cada uno es un elemento importante, como tampoco que en la medida en que se vive en una etapa histórica determinada, la poesía que se escriba va en cierta medida a reflejar "el espíritu de los tiempos" Mas tampoco tenemos que confundirnos, que se tengan estas dos cosas en cuenta no quiere decir que uno se rinda constamente culto a sí mismo poetizando sobre aquello con lo que sabe desde el principio que va a recibir el aplauso ajeno, de la mayoría de las personas que piensan que su manera de considerar la estética es la única válida.

Según yo pienso, el ejercicio poético va muy al contrario de esta concepción "tan moderna" defendida por tantas personas. Creo, que, poetizar es una suerte de ralentizar el tiempo hasta tal punto que nos quedaría una instantánea, que si llega a desplazarse, lo hace muy lentamente. Hacer poesía es capturar un instante en la medida que nos hace darnos cuenta de esos detalles que señalaba más arriba, llevando la mirada de la gente común hacía aquello que aparentemente pasa desapercibido. También considero, que si bien es cierto que la individualidad de cada uno dota de originalidad los versos, a su vez estos han de tener una suerte de implicación universal, algo que sea reconocible más allá de los tiempos y de las diferentes subjetividades. No quiero que aquí se entienda "universal" como univocidad, con un discurso único. Mas bien me refiero a un tipo de significación que vaya mas allá de las apariencias, que aunque parta de la imagen, la acabe sobrepasando mostrando algo que vaya mas allá de las propias palabras con las que nos servimos para escribir poesía.

La poesía, aunque se exprese con palabras, siempre deja algo latente tras su lectura, algo que se encuentra en las mismas palabras pero que no llega a confundirse con las mismas. Si nos paramos a pensarlo, un poema en su sentido estricto, es un conjunto de palabras cuya colocación hacen unos versos, y que se leen de una determinada manera que lo diferencia de la prosa. Mas, no obstante, tras esta apariencia se oculta un mensaje, el cual dependerá de dos factores principalmente: En primera instancia del poeta que lo escribe, y en segunda, del lector que lo lee. En cierto modo, uno ha querido dotar al poema de un sentido que sobrepasa las palabras que ha usado, y el otro al leerlo, encuentra un mensaje que quizás no se encuentra en el poema mismo, pero que él evoca de acuerdo a su formación literaria, como también a sus propios recuerdos. A esto me refiero yo con lo universal de la poesía, lo cual podría también denominarse "la naturaleza original de la poesía"

La lectura de la poesía se basa en la sucesión de imagenes, y a su vez, en lo que estas nos transmiten o nos retrotraen, lo cual podría ser desde impresiones, sensaciones o recuerdos, de ahí que tanto para escribir como para leer poesía, la imaginación es un elemento primordial porque partiendo del poema en particular, se nos lleva a una significación más alta y que lo sobrepasa. Se suele uno referir, además, de que la emoción es otro de los elementos a tener en cuenta cuando tratamos sobre poesía, y esto es cierto, mas tampoco se reduce a eso. Es decir, es verdad que la sensibilidad es lo que afina las cuerdas poéticas, pero también el pensamiento es el que las aúna. Se dá una combinación entre nuestros sentimientos y pensamientos, de forma que las imágenes que nos transmite la poesía tienen cierta coherencia desde la fáceta más formal del poema -ya sea más clásica, o experimentalista- y otra que es más sentimental y que proviene de la inspiración que sentimos tras un suceso de nuestra vida, o algo más general que acontece en nuestra sociedad.

Unas palabras sobre la inspiración que considero necesarias. En realidad, aquello que denominamos inspiración es algo que tiene un cáliz prácticamente místico en tanto que es algo que no depende de nosotros mismos, ni mucho menos de la práctica de ciertas técnicas. Es algo que muchos han querido vincular con la genialidad de cada cual, pero de lo que yo particularmente sospecho. No voy a negar que ciertos poetas tienen más espontáneidad que otros a la hora de componer sus poemas, mientras que otros necesitan de más tiempo y de meditación antes de emprender una antología poética, por ejemplo. Pero, aún con ello, me costaría mucho decidir cual de los dos es más genio que el otro. No sabría decir qué método es preferible, o si alguno está más vínculado con lo que se denomina un genio. Lo único que sé, es que con independencia de los métodos, hay algo que denominamos inspiración que no somos capaces de controlar ni de racionalizar, y que proviene de una significación más alta, que si se me pregunta, es la fortuna de entrar en el núcleo de las cosas, de la naturaleza, y que habría que vincular con el Tao, con aquel gran misterio que se infiltra en la tarea poética formando una combinación tal que si se estira puede hermanarse con el silencio.

Al final, cuando se compone un poema ha de darse una introspección en la que desde nuestro propio centro se llega al núcleo de la naturaleza misma, y en la que se opera en semejanza -pero a la viceversa- de cuando ese poema aún no tiene una plasmación concreta, que es a lo que me refería en el primer párrafo. Ahí es cuando uno cae en la cuenta de que no  hay diferencia alguna entre la propia persona y el mundo, o entre lo interno y lo externo, y precisamente por ello, tampoco entre inspirarse en el paisaje o en lo que uno mismo piensa o siente. Esa es la significación universal que con tanta insistencia he ido señalando, la unidad que acepta todas las particularidades poéticas para acogerlas en su seno, como también todos los tipos de genios, unos más acelerados, y otros mas pausados, pero al fin y al cabo, todos igualmente admisibles en tanto que sus poemas derrocan cualquier tipo de limitaciones fronterizas, tanto en el entendimiento como en la expresión de un sentimiento que se encuentra bullendo.

También quisiera dar unas notas a algo que considero de gran importancia, especialmente para la poesía, mas que también podríamos aplicarlo a la literatura en general. La estética entiende de un plano formal, pero este no debe reducirse meramente a sí mismo. Es decir, la estética poética tiene un trasfondo mucho mas allá del expresar la belleza mediante el ritmo en el caso de la poesía, las imagenes que nos evoca o lo que nos hace sentir cuando la leemos, y esto es el contenido de lo que cuenta aquello que leemos, que puede comprender de diversos trasfondos, ya sea una significación más filosófica, una implicación ética o política, e incluso, el narrar un determinado acontecimiento histórico del que se quiere dejar constancia por lo que fuere.

Por ejemplo, cuando pienso en la poesía clásica china, en los grandes poetas de la Dinastías Tang y Song, o mucho anteriores, veo que en sus poemas se va mucho mas allá de una adoración incondicional de la belleza. Esta se encuentra presente, pero, a su vez, también se nos habla de los sufrimientos de la gente debido a la guerra, de acontecimientos que ocurrieron en su tiempo, unos mas decisivos para la historia en general, y otros quizás mas anecdóticos, como también se nos poetizan reflexiones filosóficas y espirituales donde se nos habla de la condición humana o de los límites de nuestro pensamiento a la hora de entender el mundo. Es decir, se escribía mucho mas allá de la propia individualidad y de la belleza formal del poema en concreto. Además, tampoco hemos de olvidar la gran vinculación existente entre el ejercicio poético y la política que había en esos tiempos. La poesía tenía también una tarea que se vinculaba al propio gobierno, y jugaba un papel central a la hora de acceder a los puestos de funcionarios imperiales, hasta tal punto se valoraba la poesía que tanto la composición de poemas como el gusto estético a la hora de leer poesía de los antiguos eran requisitos necesarios para acceder a puestos del poder. Es más, se usaba de la poesía para enviarse correspondencia, para informarse sobre la situación del país, para repasar historia,  para acceder a la tradición de la sabiduría... Y todo a ello, a expensas de la prosa, a la que se consideraba un ejercicio vulgar y meramente ocioso, limitado a mera redacción de informes y de registros históricos que se combinaban con la poesía para dotarles de elegancia.

Teniendo esto en cuenta, a nivel personal yo me considero un esteticista declarado, mas tengo claro la tarea humanista que tiene la estética, y que esta se vincula con la sabiduría también. Si escribo poesía no es sólo para que quede bonito, sino sobre todo porque tengo algo que aportar al resto de los seres de este mundo. De lo contrario, el escribir poesía se reduciría a un mero entretenimiento ocioso, como pintar un paisaje que poner en el salón. Yo reverencio una y mil veces a la musa de la belleza, pero no puedo evitar pensar que soy también parte de este mundo, y como tal mi voz responde a tantas otras voces que nos animan a fijarnos en aquellos pequeños detalles que pasan desapercibidos, y que aumentan nuestro saber y nos hacen mejorar como personas. Siguiendo esta senda que me he trazado, considero que la estética poética ha de ser humanista en tanto que también es naturalista, reconocedora de las hermosuras de este mundo, así como de sus desgracias, que expresa los tristes sentimientos de la soledad, pero que también se reconcilia con la sociedad. Es como decía Lu Xun en su primera colección de relatos cuando en su prólogo menciona que lo que escribe son sus gritos para dar voz a los que no la tienen, sus gritos contenidos que se expresan en forma de palabras -o carácteres hanzi-, y que se liberan en la literatura como una vía de rebelarse contra la injusticia de este mundo.

En realidad, es imposible -además de desaconsejable- quedarse en el mero deleite estético, dejando de lado nuestro compromiso con nuestros semejantes y con el resto de los seres que componen la naturaleza. Obviamente, el factor estético es un componente harto importante para expresarnos, pero no hemos de olvidarnos de las voces que son acalladas, ya sea porque no tienen capacidad de habla o porque debido a sus circunstancias no tienen esa oportunidad de alzar la voz. Sería algo tremendamente nefasto el apartar de nuestra imaginería poética el hecho de que vivímos en un mundo junto a muchos seres de los que formamos parte, somos todos originados de una misma madre que nos dió origen, la cual no sólo se reduce a la belleza ¿Cómo iba a reverenciar sólo a una parte de la madre, cuando el resto de sus partes pese a encontrarse magulladas, son hermosas también en tanto que nos aportan algo?

Por último, quisiera indicir en una cosa más que antes he pasado de soslayo, y que sería la funesta manera en la que a veces se ejerce la literatura actualmente.  Algunos de los autores más vendidos, y que se encuentran en el negocio de la literatura, han pérdido esa vinculación introspectiva con el conjunto de los seres, y se mueven, con avaricia, solamente en busca de más fama, reconocimiento público y de dinero. No es raro encontrarlos diciendo bufonadas, llamando y consiguiendo la atención de una mayoría de la población bastante vulgarizada debido precisamente a la influencia de estos mentecatos sin corazón ni cabeza. Con esas actitudes sólo demuestran que no veneran a la literatura, sino el dinero que pueden ganar con ella. Y por eso, en parte, la literatura actual está en decadencia. Por escritores que no aman lo que hacen, lo que quieren es fama y poco más. No es raro encontrar a estos especuladores buscando influencia, yendose al lado del horno que más calienta para conseguir promoción y repercusión, produciendo unas obras carentes de la menor emoción, sin ápice de profundidad, y en suma, vacías, pero bastante aplaudidas por un gran número de ignorantes. Esto es bastante desalentador y deprimente, mas no por ello deja de ser verdad

Por suerte, siempre habrá pequeños hálitos de esperanza, leves iluminarias cargadas de valor que surcando un río plagado de malezas, se abrirán camino hacía nuevos mares. Quizás, en el tiempo presente, no se les preste ni la debida ni la merecida atención, pero confío desde lo hondo de mi pecho, que en el día de mañana se les reconocerá como las estrellas más brillantes en el panorama del cielo nocturno, mientras que aquellas otras luces artificiales acabaran por apagarse tarde o temprano, siendo relegadas al silencio y al olvido. No hemos de olvidar que en la oscuridad se esconden los más intensos resplandores, y que lo que ven nuestros ojos durante el día, no son otra cosa sino apariencias que terminarán por desvanecerse.

sábado, 7 de octubre de 2023

Impresiones versadas

 - Meditación nocturna


Gotas de lluvia repiquetean

sobre mi tejado, dejando mi corazón

arrebatado con su insistente sonido.

Su caída no cesa, cual desfiladero.


El viento sopla con fuerza, golpeando

todas las paredes, deseando arrastrarlas.

En esta noche, pienso en el imperio

de la naturaleza, que todo lo domina.


- Impresiones de una noche


Resoplidos intermitentes en la noche,

un ambiente cálido que todo lo circunda.

En el lecho, se abren los sueños

como la ventana que deja pasar el aire.


Yo también intento conciliar el sueño,

mas hay un furor interno que lo impide.

Miro a la derecha y no veo nada,

miro a la izquierda y veo un hermoso rostro.


- Inquietudes


Sólo se puede tener verdadera felicidad

allí donde se brinda con tranquilidad.

Cuando el corazón habita en calma,

sin querer uno se colma de alegría.


Lamentablemente, el sosiego no es perpetuo,

siempre hay una especie de inquietud

que me susurra al ritmo del viento:

"Cuando todo acabe: llorarás."


- Los días felices


Presurosos pasan los días cuando

somos felices, en letargo

cuando nos sentimos desdichados.

Qué pena tan grande, mas inevitable


Aunque todo pase fugaz,

pienso nutrirme del instante

y agotar toda esa dicha contenida.

Así tendré un bienestar para recordar.


- Recuerdos desvanecidos


Tengo un hondo pesar cada vez

que corazón en mano repaso

en mi memoria los buenos recuerdos.

Una gran punzada es mi tristeza.


Alejarse del regocijo de la libertad pasada

es clavarse múltiples puñales

allí donde palpita el seno de la vida.

Sufrir la pérdida es peor que la ausencia.


- Sentimientos en soledad


Mi lecho solitario transmite añoranza

por un sueño tranquilo cargado

de bonanza que se reparte por igual

entre los pliegues de las sábanas.


Lamentan las persianas el encontrarse

cerradas, de manera que no entre

luz alguna, ya sea diurna o nocturna.

La tristeza es desolado silencio.


- Pequeñez en el atardecer


Ya anochece, los tambaleantes árboles

lo notan al ser rodeados por un frío viento

Sus ramas, se sienten estremecidas,

arrulladas por luna y estrellas.


Alzo la mirada, viendome muy pequeño.

Tan diminuto soy, que bastaría 

la mera caída de alguna gran planta,

para que me uniera a los espíritus.


- Aspiraciones de sabio


Se sientan los sabios al rededor

de una vieja estufa. No se dicen nada,

simplemente meditan cosas sencillas

tomando de ellas profundidades insondables.


Sueñan con los inmortales, pensando

en convertirse en algunos de ellos,

transfigurarse en algún animal

y planear sobre ríos y mares.


Eso sólo ocurre en aquellas noches

donde la luna alumbra con todo

su esplendor, sirviendose del coro

de las estrellas para elevarse.


Parecen ya casi alcanzar el máximo 

saber, mas cuando quieren darse

cuenta abriendo poco a poco los ojos,

descubren que sólo estaban soñando

con nenúfares.


- Lección del silencio


Me siento ante la oscuridad de algún

ignoto lugar, y espero la llegada

del silencio que todo despierta al soñar.

Nada hay. Nada soy.


Me olvido de mi propia persona,

aspiro e inspiro como sin querer hacerlo

para hallar que en todo raro atardecer

se encubre un secreto amanecer.


- Lo inevitable


Innúmeras son mis tristezas,

y mis lamentos alaridos constantes.

Procuro refrenar de cara al exterior

el agudo sentimiento, mas imposible 

                                 [en el interior


En este mundo, inevitable es aflingirse

y aún quién lo esquiva por el momento, siempre acaba por ser alcanzado por esa flecha que algunos llaman melancolía.


- La enseñanza callada


Tal como las estaciones se suceden,

de la manera en que tras un día

soleado las brumas se ciernen,

cual el alocado río viene a desembocar


irremediablemente en un desolado mar,

así toda vida va caminando 

hacía la muerte inevitable. Y, aunque,

uno se detenga, esta siempre llega.


- Soledad


Rechazo produce mi presencia,

y cuando acometo por lo bajo sentencia

todo se huelca en un silencio pactado.

Yo, petrificado, veo las hojas caerse.


En un lado me encuentro, alejado

de toda red de contacto, llevado

a la vil indiferencia que acaso tolera.

Yo, esfumado, veo mi sombra irse.


- La única certeza


Vivimos y morimos, esa es la única

certeza que he llegado a escuchar

hasta ahora, que nos deshacemos

como hojas otoñales en escarcha.


Es una antigua sabiduría muy repetida,

hasta la saciedad, incluso siendo niños.

Pero no lo tomamos muy en serio hasta

que las nubes arropan a la luna.


- Mi yo interno y mi entorno


En mi interior hay un diluvio constante,

cuyo chapoteo y redoblar de truenos

impactan en mi corazón cortante.

Aún se oyen relámpagos relumbrantes.


Dispersan mis venas lejanos vientos

cuyos ecos se diluyen en gritos internos

que provocan acordes vibrantes.

Si salieran, todo serían sollozos y lágrimas


Miradas de sospechas a mi al rededor,

esas gentes siempre andan ojos avizor

por si captan alguna caída, 

algún descuido imprevisto que les dé risa.


Juzgado y sentenciado antes de tiempo

voy lentamente caminando, evitando

girarme o mirar de soslayo.

Vivímos en un mundo muy triste y solitario.


- Mi paisaje


Serena la noche transcurre

como de costumbre, alejándose 

las nubes entre un cielo cargado

de efluvios y estrellas parpadeantes.


Es un paisaje interior que conduce

hacía un nuevo mundo en el que no

se distingue entre fuera y dentro.

Lamento en vano, lágrimas derramo.


- El último episodio de un insecto


Un insecto tendido en el suelo

siente los últimos estertores

que le produce la llegada inminente

de una desagradable muerte.


Este estira sus débiles patitas mientras

tiembla, y sus alas, antes tan vigorosas

ahora se sacuden perdiendo su color.

Triste destino vivir para luego morir.


- De lo viejo y lo nuevo


- Vengo a venderos unos libros,

de aquellos antiguos de los que ya

no se acuerda nadie, de esos

cuyas hojas amarrillean y de tapas húmedas


- Lo sentimos. Nosotros no aceptamos

ese tipo de viejos libros, 

queremos de los mas vendidos,

los que suelen leerse de sobremesa


Entonces, el pordiosero se fue

por ahí de donde vino con la mirada

al rojo vivo, con unos ojos vidriosos

de salubres y sucias lágrimas.


Arrastrando sus envejecidos papeles,

se fue a la cuchitril esquina 

de donde provenía, alejado

de aquel mundo limpio y civilizado.


- En un paseo


Qué solitarias las hierbas en su zarzal.

Qué cansado el murciélago volando

en el crepúsculo. Y mientras yo,

contemplando todo este paso.


Qué dañado el sauce entre arbustos.

Qué desconfiado el gato curioseando

tras ese cubo abandonado. Y mientras yo,

caminando sin saber nada de una meta.


- Belleza constante


Las flores de las adelfas heroicas florecen

a pesar de que el otoño haya comenzado,

e incluso, las rosas de un blanco impoluto

les acompañan en su fantasiosa travesía.


Nada detiene a la belleza hermanada

con la justicia persistente,y aunque llueva,

eso sólo realza todavía mas a la luna llena

Lo hermoso destaca entre oscuras nebulosas.


- El placer de fumar


La única manera en la que escapo

del hastío que a veces resulta la vida

es prender fuego a mi ducado,

y cuando este acaba consumido


por las llamas, convertido en ceniza,

tomo otro y vuelvo a encenderlo,

una vez y otra vez, sin cesar.

Se me ocurre que algo así es vivir.


- Nada, nada, nada...


Llego a un espacio indeterminado

donde el caprichoso tiempo parece

haberse congelado, quedado quieto,

estático, como supendido sobre nada.


Espero, pacientemente, a que todo

vuelva a marchar como siempre,

sin turbaciones. Mas, es en vano,

sólo nos queda el vacío en nuestras manos.


- Mi sombrío hogar


Una inmensa oscuridad me rodea.

Con sus lentos movimientos, 

puedo escuchar en su paso 

cómo suculenta ronconea.


Tan habituado estoy a las sombras,

que, cuando el sol asoma en lo alto,

no puedo evitar entrecerrar los ojos

al producirme su contacto gran daño.


Este reino negruzco es todo lo que tengo.

Me conozco todos los atajos,

cualquier recoveco ha sido aplastado

por mi arrapientos zapatos.


Si a la noche, alguien por mí pregunta,

decidle que estoy como de costumbre

bajo un olmo alumbrado por el claro

de luna, llorando cabizbajo.


- La sociedad


Hay mucha gente en las calles, 

y aún así están desiertas.

Yo, camino entre ellos, esquivando

espacios ocupados por masas de aire.


Escucho sonidos en el silencio,

veo siluetas en el vacío,

percibo olores insípidos al tacto.

Estoy encerrado en una cárcel muy grande.


- Presente recordado


Cantan los grillos a sus anchas

una melodía improvisada que me hace

rememorar mi presente tristeza

procedente de imagenes pasadas.


Hace unas horas me han asestado

tan duro golpe, que la herida

no se cierra por mucho que la presione.

Hay colores apagados en la noche.


- Incomprensión


Tumultos, estruendos y pasos airados.

Un montón de luces por doquier,

ahí donde se posa la mirada y se afinan

los oídos produce mareos y vértigos.


Ni mi entendimiento ni mi empatía

consiguen acercarse a este mundo,

que pasa tan raudo como insistente.

Los miro, pero mi pensamiento

                    [navega a otro lugar.


- La línea del horizonte


Existe una fina línea en el horizonte

que son pocos los que consiguen verla.

Mas cuentan, que quién la contempla,

se deshace del gran fardo que algunos llevan.


Yo ya llevo tiempo agudizando mis ojos

por si logro apresarla en mi retina.

Creo que ya casi puedo apreciarla.

Mientras, me olvido de todo lo existente.


- Mi castillo


Vivo en un castillo muy alto,

situado en una lejana montaña

inaccesible para la mayoría de las gentes.

Allí no hay nada, sólo un enorme ladrillo.


Casi nadie sabe dónde vivo, 

tampoco preguntan pero puedo decir

que se trata de un lugar apartado,

que pasa tan desapercibido como un suave sílbido.


Aquí, en esta montaña hace mucho frío.

Todo al rededor se encuentra congelado,

a excepción de mis libros y mi tabaco,

quizás porque me refugio en ellos.


Desde esta altura, puedo contemplar

un tenue verdor, y puedo escuchar

las risas y las fiestas del exterior.

No suelo participar. Están muy lejos.


- Recuerdos difusos


En aquel prado proveniente del recuerdo

que acaba confundiendose con un sueño,

yo estuve ahí siendo muy pequeño

quedandome extasiado con su amplitud.


Algo había en el viento, en ese moverse

de las sucesivas hierbas infinitas

que me cautivaba, que me apresaba ahí.

Ya no sé qué es recuerdo, y qué sueño.


- Una noche inusual


Hay noches en las que un cuervo vuela

solitario, donde los murciélagos 

se quedan colgando en su sitio

y los búhos esperan al roce solar.


Las ramas de los árboles se desplazan

muy lentamente, sus raíces se restriegan

veloces y las luminarias ya no parpadéan.

Que hastío, que sosiego, que templanza...


- Noche y día


De madrugada paso la noche pensando,

en aquel día del pasado, tan lejano.

Ha transcurrido tanto tiempo, tantísimo,

que ya a la distancia lo veo nublado.


Recuerdo aquella primera inocencia,

la sonrisa lánguida y el trato amistoso.

En esos días todo era espontáneo y puro,

ahora la oscuridad y la desconfianza

                                 [se ha adueñado de mí








domingo, 3 de septiembre de 2023

Divagaciones poéticas

 - Suicidios de luna,

cantares melancólicos

hacía vastos prados,

y aquellos suspiros ahogados

de un hada malherida.


Brilla mi condena a través de mis pasos,

se escucha mi tristeza por los ecos,

me acompañan aquellas urracas

que volando de un lado para otro

expresan desasosiego.


Ráfagas de plata,

mudas de cigarra olvidadas

que se remontan a unos antepasados

de los que nadie recuerda el nombre.

Se cree que sufrieron mucho en vida.


Pon la mano en mi pecho,

siente los ralentizados latidos 

de mi desvastado corazón.

Son como pequeñas cuchillas,

me duele cada segundo que pasa.


Sueños fragmentados,

zorros escarlata en huída,

aquel anochecer que se sucede

transmutándose en un cúmulo de sangre,

en pesadillas rojizas de otros tiempos.


Por esa profunda caverna

parece no haber salida, 

mas aún así llegué al final.

Aquí dentro hace mucho frío

y me siento muy solo.


- Flores marchitas te indicarán

el camino gracias a sus pétalos

cobrizos y desgastados.


Los susurros de los vientos

dicen que tras aquella gruta

se encuentra un monte escarpado.


En el interior del monte, existe

la única flor que ha sobrevivido

al crudo invierno,


y que tiene un nombre desconocido,

aunque un aspecto que se asemeja

al del lirio rojizo.


Cuando la viste sentiste fascinación,

una mezcla de mudo terror

y de enamoramiento tembló


en ese profundo hueco del que cuelgan

algunas cuerdas que al ser pulsadas

emiten una melodía inusitada.


Pasiones carnales palpitan 

en las húmedas ramas,

estas se entrelazan aprisionando

a un espiritu cautivo de sí mismo.


Es imposible escapar de ese instante

que tan placentero es condena

y salvación momentánea,

un efluvio de lo que pudo ser.


Respira antes de que se acabe el aire,

sonríe antes de la decepción,

sueltalo porque se va a escapar,

dejalo atrás porque se irá.


Todo se transforma inevitablemente

como aquellos recuerdos esfumados.

No lo lamentes en vano porque el vaso

ya se ha acabado nada mas posar los labios.


- Veo el anochecer, que, inevitable,

asciende cual el humo de mi ducado

hacía mundos espectrales,

tanto de ensueño como de pesadilla.


Poblan aquellos lares cien mil espíritus

que ya dejaron pudrir sus cuerpos

desde antaño, y que ahora,

pretenden renacer en un paraíso ficticio.


Dignos de ficción son algunos sueños,

unos nos provocan risas, y otros,

nos llevan a un llanto descontrolado,

al igual que nuestras supuestas vidas.


De vez en cuando sucede algo imprevisto,

que en cierto modo nos libera

del paso aparentemente lineal del tiempo.

Por un momento, todo se detiene.


Se queda congelado el instante,

las hojas ya no se mueven,

los ladridos se silencian

y el inquieto se queda dormido.


Pero esa breve iluminación dura poco,

es como un relámpago repentino.

Al final las nubes se dispersan

y aparece la solitaria luna.


Y entonces, el cigarro se me apaga,

las lágrimas inundan mi rostro,

todo mi cuerpo se agita nervioso

y comprendo el sufrimiento de todas las cosas.


- Sobre el mantel se derramó la copa.

El vino violaceo, como de bermellón,

se arrastra a través de la seda,

inundándola de su fulgor asesino.

Parece como si un hermoso cádaver,

hubiera caído ahí mismo,

y que de sus carnosos labios

saliera una sangre muy densa.

Ya nada puede hacerle.

La copa se cayó, y no queda ninguna jarra

con la que pueda rellenarse,

de dotar a aquel vaso de nueva vida

que se disfrutase a lento fuego.

Aún así, yo aquí mismo, prometo

y juro solemnemente,

que si por un azar del destino

se me diera otra copa cargada

de suculento vino, néctar divino,

no sólo me lo bebería hasta llegar

a su abismo, sino que además,

me deleitaría con cada trago

cual si se tratase de una ambrosía

prohibida que un dios robó para mí.


- El rocío como perlas

cada mañana se desliza

por encima de todos los seres,

tanto por las reverdecidas plantas

como por aquellos que se desplazan.

Así, un ciclo vital comienza

llenando todo de cierto encanto,

de colores y de cálidas sensaciones...


Luego, ese rocío se petrifica

cual gélidas lágrimas,

sucediendose la noche

y la tristeza de la luna esculpida

por su compañía de estrellas,

y aún así, se siente tan sola...

Sólo emite muecas inexpresivas

que pretenden ser una sonrísa

ante el coro de sonidos nocturnos.


Lástima provoca el pensar que todo esto

acabará, que algún día dejará

de amanecer, que todo será oscuridad,

una noche perpetua donde ni la luna

se asomará en un silencio eterno.


- ¿Será verdad...?

¿Es cierto que el aroma de los campos

proviene de un monstruo oculto

que nos vela su presencia

distrayéndonos con aquellas fragancias

provenientes de otros tiempos?

¿Es auténtico el brillo de los cielos

cuando un resplandor fugaz

ilumina nuestra vista haciéndonos soñar

con su apariencia que nos impulsa a

buscar una secreta belleza?


No sé, desconozco si será verdad.

Lo único que con certeza aseguro

es el contemplar que unos seres

viven un tiempo, mas que al poco

perecen para dejar paso a otros seres

que igualmente terminarán muriendo.

Parece ser que está inscrito en nosotros

desde antaño, desde el comienzo 

de los tiempos, que todo es caduco,

que todo lo que existe dejará de existir.


Mas algunas noches, sentado en el lecho

empiezo a divagar tras pasajeras

ilusiones que se transmutan en curiosos

personajes que festejan, bailando

acompasadamente ante mis ojos.

Estos cantan letras que me son desconocidas acompañadas de melodías

que sospecho que son de otro mundo.

Y, pese a no entender muy bien,

me hacen creer por un instante

que todo lo que veo es una mentira

inventada por un tipo muy feo.

¿Será verdad...?


- Aunque la brisa me acaricia,

danzando a mi al rededor 

como una loca y sensual bailarina,

temo que amaine mi fuego interno,

o que este se avive tanto

que mis mariposas perezcan al momento.


Me deslizo sobre fuertes brasas,

esquivo las hierbas circundantes

para que estas no sean dañadas,

y de vez en cuando, tropiezo con piedras

que provocan el estallido de gran cantidad de chispas.


Si se contemplase en dirección sureste

probablemente se viesen mis llamas

ardiendo hasta el cielo noctuno,

a pesar de estar rodeado

por altas montañas o por anchos campos

se me vería sin dificultad.


Callan los que se cruzan a mi lado.

Noto cómo se estremecen por su miedo

a ser calcinados en cualquier momento.

Pero no caen en la cuenta,

de que puedo escuchar el aire que sale

de sus orificios, hasta sus suspiros...


Los ignorantes no advierten

que yo les temo más a ellos.

Con el mas leve roce 

de mis sutiles dedos invocaría un volcán

en sus pechos, del que nacería una lava

que se expandería a sus miembros.


Por eso yo me alejo.

No quiero saber más del mundo

y sus vanos afanes. 

No me interesan sus efímeras glorias

ni sus cómicos fracasos.

No tienen nada interesante que ofrecerme


Quiero irme muy lejos.

Viajar a través de horizontes

aún no descubiertos,

aquellos que se esconden en la falda

de los montes cual fémino secreto

sólo accesible para los afortunados.


Mas llegará el momento que mi llama

se apague, que se agote 

en forma de una exhalación en el aire.

Cuando eso pase me limitaré

a cerrar los ojos muy poco a poco...

Por fin podré gozar de la brisa vespertina.


- Li Bai, amigo mío:

tú que con la copa en mano

cantaste a la luna mientras bailabas

con tu sombra,

tú que con el rostro arrasado en lágrimas

te despedías de tus compatriotas

con la esperanza de volver 

a beber juntos,

tú que rendiste los mayores tributos

tanto a las alegrías 

como a las desgracias de la vida

tomando suculento vino,

tú que supiste captar desde la melancolía

de una brizna de hierba

que se alejaba como de una dama

abandonada por su amado,

tú que en sueños trepaste 

las más altas montañas

y vislumbraste a diosas e inmortales.


Dime, hermano mío 

de devenires poéticos:

Después de toda esa aventura

que fue tu vida viajando 

de un lado para otro en busca

de gente que apreciara tus poemas,

¿Qué descubriste al final del sendero?

Tras tantos exilios voluntarios e impuestos y todos los curiosos

personajes ajenos al mundo letrado

e imperial que conociste,

¿Qué aprendiste de sus lecciones?

Tú que conociste de la inmortalidad

hasta el punto de a día de hoy ser 

cantado y recordado tanto en tu pueblo

como en los lejanos

¿Qué viste en aquellos parámos

que unos llaman Cielo, y otros Nada?


- Ando, solitario, en medio del campo

mientras escucho entristecidos

maullidos de gato.

Su canción es de una melancolía inmensa


En la lejanía percibo parpadeantes luces

que indican que mas allá de mí

hay otras vidas, cargadas todas ellas

de las esencias lumínicas y sombrías.


De la espesura descubro una anodina

mariposa que me recuerda

la fragilidad de nuestras vidas,

incluso volando parece que se tambalea.


Detrás de ella, hay gran cantidad de flores

que se esconden ante mis ojos.

Permanecen agazapadas, ocultas

tras una madera carcomida: su casa


Para proteger su intimidad, alzo la mirada

hacía el cielo desfalleciente.

Aquel que se escurre con sus interminables ciclos en sucesión.


Todo parece tan vano, y tan importante a la vez, cada detalle del paisaje

es un cuadro que cuando desaparezca

seguirá en pie eternamente.


Siento en mi corazón una esperanza

enterrarse, y un sueño que asciende.

Qué triste y qué alegría sería

ser recordado para luego olvidarse.


- Cierro los ojos y clamo al cielo nocturno

por unos plácidos sueños

que me alivien los sufrimientos

que poblan los rincones de esta vida.

Quisiera soñar con extraños paisajes

aún no avistados por ojos humanos,

con pequeños e infimos seres

que se conduzcan con la inocencia

de los niños recién nacidos.

Desearía poder habitar lejanos palacios

situados en las entrañas

de un solitario bosque donde cantar

y bailar a mis anchas sin ser juzgado.

Se celebrarían grandes fiestas

donde el lujo pasaría a segundo plano

porque lo importante sería

el mero disfrute delicado,

y si por un casual alguna pena del pasado

nos acongojara, escanciaríamos

suculenta bebida que nos traería

la alegría pérdida en la vigilia.

En tales parajes se podría ser feliz,

ya que se tendría el estar colmado

con el estar vacío, la abundancia

con la escasez y la pomposidad

con la simplicidad de ser.

Ojalá habitar por allí más tiempo,

pero todos tenemos que regresar

al hogar por mucho que nos duela.

Unos lo denominan nacer,

y otros, despertar.


- Desvelado, me levanto de la cama

y alzo mi mirada hacía la oscuridad

insondable de mi cerrada habitación.

Creo que oigo algo, un grito extraño.


Prestando atención, me percato

de que se tratan de tristes gemidos.

Una especie de llanto que se propaga

a través de unos cuantos kilometros.


Parece una mujer llorando,

que sin poder evitarlo, ha estallado

en millares de lágrimas repartidas

por todos estos desolados lares.


Siento que sus tristezas se huelcan

en una sútil melodía desfilando

a mis oídos en notas discordantes,

que poco a poco se vuelven armoniosas


Los sonidos proferidos por su boca

terminan por atenazarme el pecho,

me dejan en suspenso, como colgando

de una cuerda impuesta por la vida.


Se quedan atrapados en mi corazón

cual cuchillas lanzadas al azar

en busca de que su sufrimiento

sea rememorado por largos años


Lamento no ser un poeta reconocido.

He intentado que tus lastimeros

chillidos queden escritos en unos versos.

Aunque raro sería que alguien los leyera.


Aún con ello, no he podido evitar

poetizar tu sufrir para que se quede aquí.

Hay un algo en tus tristezas

que tiene un eco de otro mundo mas allá.


- Sopla una fresca brisa,

y ya se escucha a las hojas murmurar

gracias a un viento travieso.


La húmedad del ambiente lo cubre todo:

desde el paisaje exterior fragante

como mi cuarto titubeante.


Mensajes lejanos se expresan

en la escased de luz

y en el aumento de sonidos.


Yo, despierto a deshoras, me dejo

arrebatar por una pulsión interna

que me predispone a una alegre

melancolía que añora otros tiempos.


Continúa siendo el estío,

mas el otoño ya se asoma por la ventana.

Con añoranza me despido,

y con un sabor agridulce doy la bienvenida.


- Paso mis días entre el humo

de mis ducados, y las páginas

de mis apreciados libros

que llevan a mis ojos

a sobrepasar fronteras imaginarias.

En su conjunto, ambos elementos

aunados por mis dedos

dan alas a mis espaldas,

echandome a volar muy lejos.

Rodeado de exquisita fragancia

de tabaco negro, y arropado

por las solapas de los libros,

logro construir un hermoso refugio

que me aparta de las constantes

míserias del mundo.

Tras mi guarida improvisada,

puedo escuchar los atronadores

ruídos de los truenos, y vislumbrar

por una pequeña rendija,

los amenazadores a la par que bellos

relámpagos que estallan en mil colores.

Ojalá me alcance alguno de ellos,

ese es mi sueño secreto.

Así podría fundirme 

con la excelsa naturaleza

y ser uno de nuevo.