sábado, 7 de junio de 2025

Brujería y locura

 Sin saberlo, el ser humano vive una especie de existencia doble en la que se toma demasiado en serio aquello que con arrogancia suele denominarse "la vida real" En esta tesitura, tenemos por un lado la existencia vigil que es toda ella mera ficción y que las personas creen que es su auténtica vida, y por otro lado, tenemos la existencia onírica que es aquella que verdaderamente nos configura y que supone el plano superior donde se congrega todo el flujo de la verdadera existencia. Sin embargo, pocos son los que llegan a darse cuenta de esta enterrada verdad, y muchos menos quienes comprenden su misterioso mecanismo, logrando así trascender en el conocimiento universal de los sueños. Quizás porque hemos partido desde siempre considerando los sueños como una ilusión, hemos acabado perdiendo el interés en lo mismo alejándonos de este saber que tanto nos comunica sobre lo que verdaderamente somos nosotros mismos.

Hubo alguien entre los pocos que lo han logrado que consiguió dominar esta arcana sabiduría, y que a falta de un nombre mejor suele ser denominado bajo el apelativo de "soldado-brujo" Desde que investigo estos extraños asuntos he escrito algunas cosas sobre él, intentando entender cómo llegó a esos conocimientos, y con ello, sólo he logrado extraer algunas anécdotas. No obstante, respecto a su existencia vigil sé poca cosa, ya que no hay mucha información en relación a su paso por el mundo. Lo que si sé de acuerdo a algunos confidentes es que su paso por el pretendido mundo real ha estado plagada de escollos, sus semejantes nunca se lo han tomado verdaderamente en serio y eso ha dado como resultado que acabase forjando un carácter sumamente huraño, junto a la inevitable consecuencia de considerarse a sí mismo una suerte de ermitaño debido al escaso contacto que tiene con la sociedad.

En general, la mayoría de las personas lo consideran un fraude, un paria muy charlatán que vive en las nubes desde hace largos años, y cuyo comportamiento es bastante extravagante. Ya desde su juventud se adiestró a sí mismo gracias a luengos y envejecidos tomos de algunos libros en la práctica de la magia negra. Sus familiares, seres queridos y allegados nunca se lo tomaron excesivamente en serio, y aunque le temían para sus adentros, en público siempre mostraban un claro desdén por su tarea, que no era otra que conseguir el dominio de la magia. La mayoría de las gentes consideraban que se hallaba embarcado en una tarea cuanto menos vana, que tendría que ocuparse de asuntos mas mundanos de cara a encauzar su vida. Pero este rara vez les prestaba atención e insistía en dominar las artes mágicas y conseguir manipular los elementos de acuerdo a sus intereses.

Su única equivocación al respecto fue el intentarlo y aplicarlo al mundo vigil, puesto que tras algunos años de secreta investigación se dió cuenta que donde podía aplicar en plenitud su recíen adquirida sabiduría era en el mundo onírico, y que una vez que desplazase el fundamento ontológico al ámbito de los sueños sería donde conseguiría un pleno dominio de la magia, especialmente la negra que era aquella que dominaba de forma natural, como si hubiera nacido coj ello. Y sin duda lo consiguió, ya que terminó campando por el mundo onírico como un rey a pesar de que nunca aceptó un reino concreto como propio. Mas bien causó una serie de escándalos entre el común de las gentes, los cuales le despreciaban a la par que le temían como acontecía con sus semejantes del mundo vigil. Pero, no obstante, sí que obtuvo el consecuente respeto e incluso admiración de diversas criaturas que transitan por el mundo onírico desvastando todo a su paso, y por ende, provocando pavor hacía todos aquellos que se denominan humanos y que suelen repeler de todo aquello que consideran distinto a su configuración mental y física.

Uno de los episodios más sonados del soldado-brujo fue en relación a un internado psiquiátrico que se encuentra en la linde con las zonas prohibidas del mundo onírico que suele llamarse Yosk por todos aquellos que tienen ciertas nociones de geografía. Lo extraño de este internado era que sólo era habitado por mujeres, algunas de ellas meramente desquiciadas por las circunstancias que habían vivido, otras que eran consideradas locas a fuerza de repetirselo, y algunas otras que eran brujas. Respecto a estas últimas, a diferencia de los procesos inquisoriales del mundo vigil, no eran llevadas allí por su dominio y manipulación de los elementos, sino porque verdaderamente eran un peligro para la estabilidad del mundo de los sueños en tanto que asesinaban impunemente a las gentes para realizar determinados rituales, aunque otras veces era por mera diversión. Algunas de ellas se habían vuelto tan poderosas que se mutaron interiormente en arpías y lamias, logrando con ello unas capacidades que hasta día de hoy resultan cuanto menos inhóspitas e insospechadas.

En relación a esta aventura, el soldado-brujo consiguió una serie de hechizos que le permitía poseer a sus victimas, logrando con ello manipularlas para que satisfacieran sus deseos. Había estado ensayando en una aldea muy tranquila que recibía el nombre de Umbrel, y que suele ser aquella que se encuentra habitada por aquellos que todavía no han logrado apercibirse en el mundo onírico, perdiendo así su autonomía espiritual y vagando en la inconsciencia. Además, suele ser el primer lugar que conocen aquellos que en su edad adulta sueñan. Así, pues, el soldado-brujo usó de susodicha aldea como experimento de sus mágicas habilidades, logrando que se rindiera culto al caos y al desorden. Tanto daño hizo a la zona que desestabilizó al mundo onírico durante bastantes años, puesto que sus habitantes corrían de un lado para otro en un frenesí apoteosico, y a las veces cometiendo agresiones y asesinatos a quienes antes consideraron amigos. Sin duda, toda una locura enfermiza que sólo se logró paliar haciendo algunos reajustes y produciéndose una serie de deportaciones de nativos por el bien de la comunidad.

Sin saber cómo, el soldado-brujo logró internarse en el sanatorio mental, y recorriendo sus múltiples galerías comenzó a poseer a las pacientes, experimentando así con sus cuerpos y realizando acciones impías. Las autoridades del reino no sabían qué hacer, pues en cuanto la noche reclamaba lo suyo y las sombras se convertían en los únicos adornos del lugar, el soldado-brujo se insertaba entre los sótanos del internado y no había manera de sacarlo de ahí. Algunos decían que además de levitar, era capaz de atravesar las paredes, de ahí la imposibilidad de atraparlo puesto que en cuanto despuntaba el sol lograba escapar con entera impunidad. Parecía que nadie era capaz de hacer nada, por muchos efectivos que se mandaran a hacerse con él, todos entraban como salían del susodicho edificio: completamente desconcertados.


De entre todas las víctimas, hubo algunas que se dejaron poseer voluntariamente, y que incluso lograron escapar con el soldado-brujo hacía desconocidas tierras. Estas eran las arpías y las lamías, las cuales se sentían inevitablemente atraídas por el oscuro influjo del soldado-brujo, y que desde entonces sellaron con él un pacto de fidelidad en carne y en sangre.


A través de los oscuros pasillos y de las húmedas celdas, ocurrían cosas tan impías como blasfemas que sólo la ausencia de luz lograba dejar latentes y en la duda. Se sospecha que se hicieron bastantes rituales a lo largo de aquellas noches, y que incluso se invocaron una serie de criaturas polimorfas que aún habitan entre los corredores después de la huída del soldado-brujo y las arpías. Esto se sabe porque poco después de estos sombríos acontecimientos se decidió desalojar el edificio, y ya de paso la aldea entera por temor a que estas criaturas de las noche devorasen y sodomizasen a mas victimas inocentes. Todos se encontraban claramente atemorizados con tan sólo pensar en la posibilidad de encontrar a una de estas criaturas, de las cuales debido a su extrañeza aún no han recibido una denominación exacta. Tanta era su variedad de deformidades y de poderes oscuros que resultaba imposible ponerles un nombre adecuado a todas ellas.

En relación a esta terrorífica aventura, algunas brujas verdes de la zona norte del mundo onírico, decidieron pedir ayuda al soldado-brujo respecto a una cuestión que para ellas era de gran importancia. Por lo visto, en la academia de brujas del poblado de Usk se había dando un incidente cuando una de las brujas más avanzadas optó por hacerse con el poder de toda la institución, provocando con ello que algunas de sus hermanas terminaran enclausuradas entre los muros de lo que antaño fue su hogar. Quizás debido al episodio de la institución mental y al dominio del soldado-brujo en relación a los hechizos de posesión, de invocación ritualística y de nicromancia, pensaron que sería una buena decisión el contar con él.

Se reunieron en la planta inferior, que era aquella que aún no había sido profanada, y le insistieron en la necesidad de aplacar el poder de la autoproclamada "reina de las brujas verdes" Obviamente, el soldado-brujo no iba a acceder a sus demandas a cambio de nada, y les insistió varias veces a lo largo de la conferencia que si accedía sus peticiones era a cambio del pleno control de las brujas verdes de la zona. Con muchos titubeos estas finalmente dieron asentimiento al trato, firmando así un sólido acuerdo en impía sangre. Aquello regocijó en grado sumo al soldado-brujo que resultando un paria en el mundo vigil, ahora era casi un semi-dios en el mundo de los sueños debido a la cantidad de acolitos que ahora le servían para los más diversos asuntos y tareas.

Poco después de firmar el acuerdo, el soldado-brujo fue ascendiendo con cautela los diferentes pisos que componían el edificio de las brujas verdes, y prestando suma atención a cada infimo movimiento, a cada tenue sonido y a cualesquier presencia presentida de soslayo, avanzó sin demasiada dificultad. Lo que más le extraño era que las diferentes salas que ahora tenía ante los ojos no correspondían con aquellas que se reflejaban en los planos que le habían dado las brujas verdes, mas bien parecían lugares que le sonaban de antaño, de cuando era niño y habitó diferentes casas antes de hallarse en la que ahora se aposentó en su vida vigil. Al principio pensó que se trataba de una especie de broma en forma de hechizo ilusorio, mas en realidad aquellas habitaciones no daban pie a engaño, y a excepción de algunos plotoplasmas que flotaban por las salas, todo permanecía impoluto.

Cuando ya se encontraba en la penúltima planta, una especie de estremecimiento interno le recorrió el espinazo cuando reconoció en lo que veía una amplia sala que daba acceso a una serie de habitaciones que había recorrido cuando era niño todavía. Todo se encontraba tal y como recordaba, incluso los plotoplasmas y otras sustancias y neblinas fantasmales habían desaparecido de su vista. Se detuvo dejando a próposito que la añoranza le invadiera, accediendo a la habitación donde él mismo había dormido cuando era un inocente chiquillo. De repente, le dominó una especie de temblor interno que le reveló una verdad de la que hasta entonces era ignorante. Justo en esa habitación había tenido un sueño que se fusionó con la vida ordinaria en la que una mujer ataviada con una capa blanquecina le contó determinados secretos que hasta ese momento había olvidado, pero que de forma repentina había recordado como si aquello lo hubiera vivido ayer.

"Entonces... Lo que soñamos y lo que vivimos puede llegar a fusionarse siguiendo determinados patrones..." pensó realizando una serie de muecas que correspondían al éxtasis que estaba sintiendo en esos momentos. Sólo se detuvo unos instantes para pensar y repensar susodicha sentencia, y acto seguido se dió la vuelta para acceder a las escaleras de caracol que le conducirían a la última sala. Incluso aquellas escaleras de frío marmol fueron rapidamente reconocidas como parte de aquella casa que visitó y que habitó tantas veces cuando era un niño, reconociendo así cada uno de sus recovecos como fragmentos de su pasada infancia que ahora aprehendía con la mente "¿Quién iba a pensar que estos recuerdos ahora recobrados me iban a conducir a un conocimiento que guardaba dentro de mí mismo, pero que siempre estuvo lantente?" terminó de preguntarse justo al entrar a la sala más elevada del edificio.

Y allí arriba, adornada con una verdosa bruma que la circundaba se hallaba la reina de las brujas verdes que correspondía a aquella que había visitado sus sueños de niño. Estaba prácticamente igual, a excepción de que sus cabellos negros se encontraban ahora desperdigados y la túnica blanca había sido sustituida por una entre marrón y verdosa. Nada mas verla, el soldado-brujo optó por el silencio durante los primeros instantes, para acto seguido realizar una serie de movimientos de su dedo índice y anular que correspondían a una serie de hechizos de reconocimiento. La bruma se aplacó siendo sustituida por la nitidez, y la reina verde se desplazó en su dirección sellando un pacto que transfiguró la oscurecida sala en los altos torreones de un desconocido castillo. 

En tales alturas reinaba la noche y el fulgor de la pálida luna, y la reina verde se unió al soldado-brujo relatándole los saberes secretos que tenían que ver con la relación existente en forma de invisible puente que aunaba los sueños con la existencia material. Y conduciéndole por los pasillos del sombrío y desgastado castillo, le llevó a una biblioteca plagada de volúmenes que se encontraban en relación directa con esta temática. Desde entonces el sueño de las gentes que habitan alguno de estos mundos ha sido mas inseguro, y la vida vigil más parecida a la onírica de lo que aparenta ser para los desconocedores de estos hechos. Ahora las tinieblas han reclamado su posición frente a la totalidad del cosmos, y consecuentemente los días parecen acortarse para ceder a favor de túmulos sombríos. Se desata una tormentosa tempestad, dando pie a la aparición del soldado-brujo que sobrevuela la existencia con la facilidad de una araña sostenida en su hilo.

domingo, 1 de junio de 2025

El reloj misterioso

 En mi mocedad me regalaron un reloj muy extraño que tan sólo comprendía cuarenta y ocho minutos. Aquel fue un regalo de mi padre y de mi abuelo, lo único que me recordaba a ellos. No era un reloj muy común desde luego, pues no tenía horas. Se trataba de un artefacto dorado circular que únicamente comprendía de minutos y de segundos, una aguja muy larga correspondía a los primeros y una segunda muy corta a los otros. Lo restante, era una suma de puntos negros que daban 48 si los contabas. Yo era muy pequeña por entonces, y acepté este hecho con naturalidad. Para mí era un reloj normal, pero según fuí creciendo y me dí cuenta de sus peculiaridades. Caí en la cuenta de que era un aparato muy extraño que a pesar de su apariencia, no se trataba propiamente de un reloj al uso.

Como dije, me lo regalaron mi padre y mi abuelo, los cuales no se llevaban nada bien. Fue extraño también este hecho, el que colaborasen por primera vez en algo referente a mí. Probablemente el adquirir el reloj donde fuera que se hicieron con el, fue el único proyecto en el que se pusieron de acuerdo. Por aquellos años eso tampoco me resultó raro, ya que aunque sabía que no se tenían mucho cariño, para mí era algo natural que lloviesen los regalos independientemente de cual fuera su procedencia. Sin embargo, lo que sí me resultó cuanto menos extraño incluso en aquellos años de la infancia fue que tras darme el susodicho reloj, ambos desaparecieron de la vida de la familia y por tanto de la mía también. Fue condecederme aquel presente, e irse para siempre allí donde nadie sabía.

Hablaré también de otras de las peculiaridades de aquel inusitado "reloj", lo llamaré así a falta de un nombre mejor puesto que en un sentido estricto aquello no era un reloj como dije antes. En fin, aquel aparato con forma de reloj no tenía un funcionamiento independiente. Es decir, las agujas que correspondían a los segundos solo se movían cuando lo mirabas directamente, y seguían moviéndose hasta que la suma de 60 segundos dieran un minuto, y así sucesivamente... Parecía que aquel objeto en apariencia inanimado tenía vida y que esperaba el momento en el que se le prestaba atención para accionarse. Si no se le miraba, guardándole en un bolsillo o en un abandonado cajón, permanecía marcando el segundo y el minuto exacto en el que se quedó cuando dejabas de mirarlo.

Aquello ya también me perturbó por entonces, mas sobre todo a mi madre que temiéndose lo peor, terminó guardándolo en un armario que yo bien conocía.


Durante mi niñez no presté mucha atención a este supuesto reloj, mas una vez que ya entré en la adolescencia me acordé de el y decidí hacer mis investigaciones al respecto. Y cuando ya lo tuve en la palma de mi mano, comencé a examinarlo por un lado y por otro. Parecía que no se le podía abrir por ningún sitio, pero seguía actuando del mismo modo: los segundos que se vertían en minutos sólo se desplazaban cuando se le miraba directamente. Creo que permanecí unos diez minutos aproximadamente contemplando cómo las agujas se desplazaban a instancias de mi pupila hasta que llegó mi madre espantada y me arrebató el artefacto de las manos. Acto seguido, lo guardó en un lugar que yo ya no conocía y me lanzó una buena reprimenda.

A partir de entonces, tras observar con atención el desplazamiento de aquellas agujas negras, todo en mi mundo pareció cambiar. Y aunque no fue un cambio que se notase a primera vista, si se prestaba atención se revelaba estremecedor. Todo parecía más oscuro, grisáceo y triste. Parecía que había más nubes negruzcas en el cielo y que el carácter de la gente era más aciago. Incluso mi madre, con la que hasta entonces había tenido buena relación, comenzó a evitarme y a tratarme como si fuera una desconocida. En el instituto me ocurrió igual, de repente mis amigas se distanciaron de mí y los profesores me bajaron mis buenas calificaciones como por arte de magia. Me daba la sensación de que el mundo se convirtió para mí en un ambiente un poco más hostil, y que todo aquello que me rodeaba se conjuraba contra mí.

En tal tesitura comprenderá el lector mi estremecimiento interno, pero aún con ello seguí con mi vida lo mejor que pude. Acabé el instituto con unas notas medianas y sin amistades perdurables, y tras fracasar en mi intento de sacarme una carrera decidí dedicarme a un trabajo cualquiera que me permitiera independizarme para no tener que aguantar el humor huraño de mi madre. Sin embargo, la presencia de aquel reloj en mi mente seguía perturbándome, quería indagar más acerca del mismo y así descubrir de dónde nacían tantas desgracias... Pero lamentablemente, no lo pude encontrar en todos aquellos años, y desistiendo de tal empresa me dí a la mala vida para olvidarme de mi obsesión.

Comencé a beber grandes cantidades de alcohol, a probar diferentes drogas que me alejaban de mi decadente realidad, e incluso a traer a desconocidos a casa que me trataban como a una vulgar fulana para satisfacer sus impíos deseos. Me odiaba a mí misma cuando recurría a aquellos métodos, incluso lloraba cuando me encontraba en soledad sitiéndome desgraciada una vez que recuperaba un ápice de consciencia. Pero era la única manera en la que mi mente podía descansar de los efectos que le producía el rememorar la existencia del dichoso reloj. Desconocía la razón, mas el vivir sabiendo que aquel objeto se encontraba en alguna parte y que yo no podía acceder a el, me deprimía todavía más de lo que ya lo hacía mi melancólica existencia. Además, advertía que la causa de mi desgracia se encontraba inserta en aquel artefacto, y que por lo tanto, la solución a la misma también se encontraba cobijada en su seno.

Así, pues, sin pensarlo dos veces acudí presurosa a la casa donde pensaba que aún vivía mi madre. Pero cuando llegué al lugar, solo pude ver un montón de escombros carbonizados y de cenizas grisáceas. Pregunté a uno de los vecinos y su respuesta me dejó en el sitio. Por lo visto, hacía unos años que aquella casa estaba abandonada y que un día repentinamente salió ardiendo. Pensaron que probablemente fueran unos gamberros, que por mero entretenimiento decidieron pasar la tarde haciendo que una estructura ardiera e iluminase el cielo nocturno con sus llamas. El caso fue que tardaron en darse cuenta de aquel hecho bastante tiempo, de ahí que todo acabase tal y como lo encontré. Cuando le pregunté si se pudo salvar algún objeto, haciendo especial insistencia en el mentado reloj, aquel vecino me respondió con una mueca de desconocimiento. Así que me despedí con premura y decidí seguir investigando por mi cuenta.

Pasé toda aquella noche hurgando entre los pedazos negruzcos de lo que fue mi casa, pero no encontré nada. Al día siguiente acudí a la policía, y estos no pudieron decirme nada sobre mi madre ni mucho menos sobre el susodicho reloj. Hasta contraté a un detective para que me ayudase a recabar datos, y nada. Parecía que mi madre había desaparecido del mismo modo a como lo hicieron mi padre y mi abuelo tras regalarme aquel reloj. Era verdad que ya no tenía precisamente una buena relación con mi madre, mas aún así consideraba que tenía derecho a saber qué había pasado. Pero todo aquello eran excusas, en verdad mucho más allá de la casa e incluso de mis familiares, lo que en realidad más me importaba era descubrir dónde estaba aquel reloj que había sido mi perdición, pero que sin embargo podía ser también mi salvación.

Tras una búsqueda infructuosa que duró largos años, supe a través de un contacto que conocí en internet más información acerca del susodicho reloj. Nos reunimos en un bar desvencijado que se encontraba en las afueras, pero que era lo suficientemente seguro para que ellos no lograsen interceptarnos. Aquel hombre era un anciano demacrado que vestía viejas ropas desgajadas aquí y allá, y que hablaba mediante carraspeosos susurros. Fue el que me contó que aquel aparato que describía en mi anuncio era un Trofix, una especie de instrumento que es utilizado por ciertos chamanes y druidas de nuestros tiempos para acceder a una realidad alternativa. Al principio me reí de sus insinuaciones, pero cuando comenzó a describir su funcionamiento y sus efectos en el mundo, me estremecí reconociendo que aquel anciano con aspecto de mendigo hablaba con sumo conocimiento de causa.

A partir de ese momento empecé a tomar muy en serio sus aseveraciones, temblando a cada rato al reconocer el reloj que me regalaron en sus descripciones. Mas, cuando le pregunté cómo podría recuperarlo, aquel hombre me miró con unos ojos cargados de auténtico pavor, y con las manos crispadas dió un golpe a la mesa saliendo despavorido. Tan rápida fue su huida, que aunque lo intenté no pude llegar hasta él. No me explicaba cómo un anciano tan demacrado y débil podía huir cual si fuera hermano del viento, mas el caso era que ya no se encontraba por aquel bar ni tampoco en los alrededores. Ya en el exterior, grité con desesperación, alzando los brazos y suplicando a algún dios que me ayudara a encontrar aquel reloj que ahora sabía que se llamaba Trofix.

Desde entonces mi vida fue todavía más desgraciada si cabe, pues dejé de llevar una existencia común y cotidiana para dedicar mis esfuerzos a la búsqueda de aquel aparato. Comencé a buscar información en los lugares más inhóspitos, a leer libros extraños que sólo podían encontrarse en sitios impíos, a entablar relación con gente cuanto menos desquiciada, a entrar de lleno en una faceta de realidad hostil y denigrante... Y con el tiempo, terminé mutando junto al ambiente degenerado con el que me relacionaba. Mi única motivación en todo aquello era recopilar información en torno al aparato de mis infortunios que me permitiese hallarle, y aunque ciertamente logré descifrar ciertos misterios que podrían estar relacionados de un modo un otro con el reloj, nada me llevó directamente al mismo. Todo eran caminos targenciales, meros apuntes que solo servían para inflamar momentáneamente mi esperanza para acabar conduciéndome a los infiernos.

Sin embargo, una noche de mi avanzada senectud, ocurrió algo cuanto menos extraño pero digno de mención. Mientras estaba tirada en una cama despeluchada de una mísera pensión intentando dormir sin resultado como acostumbraba a ocurrirme, una presencia sombría se esmaltó en la pared de enfrente. Al principio me asusté, mas cuando intenté moverme me fue imposible realizar el más minímo movimiento. Aquella entidad antropomorfoide me dejó paralizada, sin capacidad tan siquiera de emitir el más mínimo ruido a través de mis labios. Cada vez estaba más cerca, se deslizaba como levitando a impulsos de la oscuridad que me rodeaba, la cual era cada vez mayor. Y cuando ya estuvo lo suficientemente cerca para poder observarlo, me di cuenta de que era un hombre muy alto, todo él vestido de negro mas con un semblante muy blanco. Pero cuando desplazó sus brazos en mi dirección, descubrí que aquellas manos no eran humanas sino más bien garras de las que colgaban unas uñas mugrientas.

Aquel ser apestaba, y producía una insólita repulsión. Pero yo no podía apartarme de él por mucho que quisiera. Había un ambiente de tensión que podía olfatearse en el aire a través de esa pobredumbre, sentía que sus ojos entre verdosos y rojizos que mutaban dependiendo de su disposición me atenazaban del mismo modo que hubieran hecho sus garras de cuervo. De repente, a través de la palma de su inmunda mano, posó lo que parecía una caja sobre mi estómago. Sin saber por qué, no pude apartar la mirada de aquella caja y tanta atención presté a su presencia que no pude advertir la marcha del ser antropomorfo que me la entregó. Y, aunque seguía su nauseabundo olor y el recuerdo de su horripilante apariencia en la sala, él materialmente ya no estaba ahí.

Cuando me di cuenta de que había recuperado la movilidad, sin pensármelo dos veces me abalancé sobre aquella caja como una loca desquiciada. Pero cuando ya estaba a punto de abrirla, algo en mi interior me frenó y me hizo recular. Me metí en el bolsillo de mi envejecida y sucia bata la mencionada caja, y con un boligrafo que estaba tirado por la zona y un conjunto de papeles que logré juntar que estaban esparcidos por el suelo, comencé a escribir lo que el lector tiene ante los ojos. Desconozco qué me llevó a reaccionar así, mas una suerte de impulso interno me llevó a consignar todo lo que había vivido en relación al reloj por escrito, quizás como una especie de advertencia para los curiosos, pero sobre todo para aquellos que se encuentren en tesituras semejantes.

Y ahora tras contar todo esto, me dispongo a abrir la caja con un cierto temor que puede ser comprobado por mi respiración entrecortada a la par que por mis arrugadas manos temblorosas... Efectivamente, lo que tengo ante mis ojos es aquel artefacto denominado Trofix. En tanto que contemplo el sucederse de sus agujas que tras tantos años vuelven a ponerse en movimiento, siento una densa negrura que me rodea y que se apodera de mi alma. Me da la sensación de que mis fosas nasales se taponan, que mis labios se me quedan pegados hasta acabar sellados, que mis ojos se salen de sus órbitas buscando introducirse en el reloj... Puedo percibir ciertas vibraciones, ciertas voces que carraspean con frenesí al rededor de mí... Conocen mi nombre... Oh, allí está la abertura... Todos me están esperando allí donde... (Lo que se encuentra en lo sucesivo resulta ilegible)

domingo, 25 de mayo de 2025

La revelación de los zumbidos

 La existencia humana es muchas veces cuanto menos paradójica, y no me refiero solamente al mero hecho de existir, sino sobre todo cuando esta se desvanece como efecto de algún truco de magia cósmico. A diario, muchas personas desparecen de la faz de la tierra sin razón aparente, y quitando de esta extraña estadística a todos aquellos que huyen de sus hogares por cualesquiera motivaciones, los hay que simplemente desaparecen, sin dejar pista alguna sobre su paradero. Con una leve consulta a casos semejantes, uno caerá en la cuenta de que este hecho es bastante extraño, y la carencia de datos que puedan arrogar algún tipo de huella sobre qué aconteció para que esas personas dejaran de ellos tan sólo el recuerdo, lo hace todavía más raro. Pensar que un día de estos uno puede fundirse con la ausencia porque sí, me estremece interiormente a la par que me hace preguntarme por el sentido que tiene todo.

Uno de estos casos que se han dado recientemente fue el de Sebastían Heiss, el cual a pesar de no tener amigos ni conocidos, dejó consternado a sus vecinos y familiares lejanos por lo inhóspito de su desaparición. Al igual que ocurre en todas estas situaciones, tanto las investigaciones policiales como las detectivescas privadas no hallaron rastro alguno ni sobre lo que ocurrió ni mucho menos sobre dónde podría estar. No obstante, para deleite del lector este escritor aficionado encontró su diario a través de un informante que dejaré en el anonimato.

Al principio, he de reconocer que me fue bastante indiferente el recuperar el diario de Sebastían Heiss, ya que la policia tuvo acceso al mismo antes que yo y lo desechó por disparatado. Debido a ello, pensé que no iba a encontrar nada interesante ni para hallar pista alguna en torno al desaparecido, ni mucho menos datos algunos que dieran a esta historia cierto matiz literario y misterioso. Mas me equivoqué, puesto que según fuí leyendo llevado por el hastío de no tener nada mejor que hacer, me fue interesando cada vez más hasta que llegó el punto que lo consideré un documento bastante revelador en torno a existencias superiores que trancienden toda la vida cotidiana, y que por tanto revelan algo que va más allá de lo que mencionan todos aquellos propagandistas del materialismo y de la ciencia sin fundamento.

Así, pues, os hago llegar un resumen en torno a lo que considero interesante transmitir por este medio a mis lectores, y quizás consiga al menos dejar pensando a más de uno. Obviamente, he suprimido tanto las reiteraciones como los datos que por lo vulgar no merecen la pena llevarse por escrito. También, he de reconocer, que como nos hallamos ante una historia harto singular, otros elementos han sido omitidos porque podrían afectar a la cordura de quienes tengan una sensibilidad superlativa. No pretendo sugestionar en demasía a mis lectores, pero aún así considero que historias como estas merecen transcribirse por escrito en tanto que atestiguan un conocimiento de suma importancia que rara vez comentan las gentes. Una vez dicho esto, paso a resumir esta historia que espero que sea de vuestro interés.

La vida de Sebastían Heiss transcurría con anodino paso, sin detalles que mereciera la pena cosignar debido a su insignificancia y a su ordinariez, mas un día algo extrañó ocurrió. Sebastían se levantó tremendamente sobresaltado, sin comprender la razón de sus palpitaciones. Era de madrugada, y el sudor en el que se encontraba rodeado atestiguaba que había tenido como mínimo una pesadilla. No comprendía su turbación interna, además le latían las sienes como si estuviera aquejado por algún tipo de dolencia importante, e incluso una enfermedad de la que hasta ahora no tenía noticia. Para despejarse, se levantó de su cama desvencijada y húmeda, y fue al baño para beber agua fresca y con ello quizás aclarar sus ideas. Una vez que se hubo deleitado con la frescura del agua de si grifo, comenzó a escuchar una serie de zumbidos, como de molestas moscas que se hubieran infiltrado entre los intersicios de su tejado. Recorrió los pasillos, mirando a un lado y a otro, pero no pudo localizar con su mirada nada. Algo perturbado, sin entender que ocurría se fue a intentar dormir, logrando conciliar el sueño sólo un par de horas.

A la mañana siguiente casi se había olvidado de los acontecimientos nocturnos hasta que desayunando volvió a oír el dichoso zumbido, haciendo que retornase a su aturdida memoria mañanera el recuerdo de susodicha molestia. Ya con la luz del día, comenzó a ir a un lugar y a otro de la casa atenazado por el frenesí de la duda, y cuando ya iba a darse por vencido, dió con el origen parcial del ruido. Se trataba de una avispa que se chocaba insistentemente con una de las ventanas, vista la cual la propinó un golpe con una de sus zapatillas. Pensaba que aquel asunto estaba zanjado, pero tras un tenue silencio que duró unos segundos, los zumbidos volvieron a resurgir con mayor intensidad si cabe. Dió mas vueltas y revueltas para localizar a las molestas amigas de la susodicha avispa, pero todo fue en vano.

Transcurrió todo su día en esa extraña tesitura, yendo y viniendo para asomarse aquí y allá sin averiguar nada en concreto. Tanto tiempo pasó así que se le hizo de noche como por milagro, dándose cuenta que no había comido ni se había aseado en todo el día. A pesar de los zumbidos, hizo un esfuerzo por comer algo, pero no había manera, no cesaba de escuchar el maldito ruido de alas batiéndose. Incluso masticando con frenesí o pataleando al suelo con rabia, los zumbidos sobrepasaban todo sonido. A las veces daba la sensación de que surgían de su cabeza, de su interior, nublando sensaciones y sentidos en aras de una desdichada locura. 

Agotado por esta situación, nada mas terminar de comer acudió a su cama y cayó derrotado. Pero en esa extraña noche, no dejó de soñar con los zumbidos y avispas voladoras que amenazaban con picarle nada mas este se les acercase. Otra vez se despertó sobresaltado mas en esta ocasión muy temprano por la mañana, y cual no sería su sorpresa cuando mirando al tejado descubrió a dos avispas jugueteando y dando vueltas como si nada. Sebastían, ya hastiado y sin ganas de nada, cogió un veneno y lo esparció en dirección a las avispas, provocando que estas se derrubaran a los escasos minutos. Pero no obstante, los zumbidos insistían, e incluso podría decirse que aumentaron en intensidad.

Sin desayunar ni beber cosa alguna, Sebastían se hizo a la tarea de buscar otra vez el origen del zumbido, tanto dentro como fuera de casa, mas de nuevo todo fue en vano. Y otra vez de nuevo, se le hizo de noche sin sacar resultado alguno sobre el paradero del maldito zumbido que ya amenazaba su cordura. Esta vez sin ingerir comida antes de acostarse, cayó como muerto en su cama. Aquella noche sus sueños fueron trementamente raros, como aquellos que dicen que tienen los ciegos en los que sólo se escuchan sonidos y unas luces de colores aleatorias danzan en la oscuridad. Mas en su caso, el sonido que escuchaba eran zumbidos que iban descendiendo y subiendo en una escala tonal que valdría de calificar de armónica, en tanto que vislumbraba a través de las sombras líneas amarillas que se agitaban con frenesí. Prestando más atención, cayó en la cuenta de que aquellas líneas adoptaban una figura que correspondía a las de las avispas, y que amenazaban con picarle en la oniría.

Al despertarse al día siguiente, se sentía tremendamente somnoliento. Pero aquella sensación aletargadora no se alargó en demasía cuando volvió a escuchar los dichosos zumbidos. Estos parecían mucho mas fuertes que en días precedentes, provocando un fuerte dolor de cabeza en el desdichado Sebastían. Mas, dirigiendose al pasillo con paso trémulo descubrió que este estaba plagado por unas cuantas avispas, probablemente más de veinte. Sin pensarselo dos veces, usó del veneno como si fuera una ametralladora en una guerra, provocando así la caída paulatina de alados cadáveres, a los cuales remataba pisando con saña. Ya se creía liberado del malvado zumbido, cuando este ascendió en maldito frenesí taladrando su cabeza. Queriendo huir de esa enferma sensación, llegó al salón el cual estaba infestado de avispas que revoloteaban de aquí para allá como si estuvieran en su elemento. Ni todo el veneno del mundo iba a acabar con tal enjambre.

Desesperado, salió de su propia casa con premura y decidió acudir a los controladores de plagas. En una grísacea salita, le hicieron esperar unos interminables minutos hasta que le atendió un hombre rechoncho. Este le comunicó que el solicitar a una serie de sus embleados no era cosa sencilla, que tenía que rellenar una serie de documentos y pasar por una serie de pasos burocráticos, pero tanto insistió Sebastían en lo urgente de su situación -tanto que no podía ni retornar a su casa- que el hombre se solidarizó con su situación y decidió hacer una excepción, acudiendo a su casa con un par de empleados que descansaban desocupandos bebiendo unas cervezas.

Pero, cuando llegarón al inmueble, no vieron nada extraño. No había rastro de avispa alguna, como tampoco de zumbidos que atestiguaran su presencia. Esto enfandó tremendamente al hombre, que arqueando su cabeza en señal de desaprobación, le espetó a Sebastían que ese tipo de bromas estaban fuera de lugar. Mas este insistía tanto, que aún con el cabreo, se vieron obligados a recorrer la casa por si las moscas, aunque debido a la situación más valdría decir por si las avispas. Pero nada, seguía sin aparecer rastro alguno. Y una vez que acabaron, el hombre retornó a reprochar tan deshonrosa actitud. Mientras este le reprendía, Sebastían no dejaba de escuchar un tenue zumbido que surgía de su mente, y que hasta parecía que se burlaba de él.

Aquella noche, la insistencia de los zumbidos fue tan insoportable que se vió obligado a descender al sótano para mitigar aquella tortura que ya rozaba lo inhumano. Allí, en aquel frío, húmedo y abandonado sótano, se arrellanó en una solitaria esquina. Y tras despejar algunas de las viejas telas de araña que allí crecían con profusión, se apoyó buscando el negado descanso. Fue entonces cuando escuchó una vibración muy violenta que sacudió todo su cuerpo, y cuando quiso reaccionar fue demasiado tarde porque el muro que tenía a su espalda se derrumbó como si tal cosa. A través de la oscuridad, logró vislumbrar una presencia que se agitaba entre las sombras, lo que hizo que se apartase tremendamente horrizado. Cuando lo hizo alumbrado por la amarillenta luz de una desvencijada bombilla que tenía sobre su cabeza, pudo ver ante sí una avispa de un tamaño inmenso que se le aproximaba. Aquella avispa era descomunal, sus alas parecían aspas y hélices de algún helicoptero, y sus largas patas negras y peludas se debatían en una insensata ejecución. Sus fauces parecían querer comunicarle algo en una agitación que era acompañada por unas verdosas babas que se le escurrían. No obstante pudo entender algo así como: "El zzzsueño.... ve hazzía el zzzzzsueño..." Pero no se quedó mucho para averiguar el resto del mensaje, pues salió corriendo en dirección al jardín y allí se quedó.

Cuando se despertó ya era medio día, se encontraba tendido sobre el césped que debido a su descuidada situación estaba intercalado por las malashierbas. Pensaba que había tenido una pesadilla hasta que vió revoloteando ante su aturdida vista a un par de avispas, y entonces el dichoso zumbido retornó como en días anteriores. Así recordó y se cercioró de que lo que había vívido era real, y que se encontraba en una situación que valdría calificar de pesadillesca. Introduciéndose en su casa, atestiguó la presencia de innúmerables avispas que volaban con entera libertad por su vivienda, y esquivándolas como pudo, llamó a los controladores de plagas. Pero estos, una vez que supieron quién solicitaba su intervención, se negaron en redondo a ayudarle dejándole trementamente desamparado.

A partir de aquí, trancurrieron los días en una constante lucha violenta contra las avispas, aplastándolas sin piedad, comprando cantidades ingentes de veneno que diseminaba a su al rededor para instantes después contemplar la lluvía de sus cuerpos muertos, gritos e insultos que Sebastían profería ya instado en la locura... Pero todo era en vano, daba igual cuantas avispas eliminara porque al día siguiente se encontraba idéntico panorama si no peor. Todo se encontraba plagado de una cantidad ingente de avispas que se reproducían entre sí como si no hubiera un mañana, sobrevolando por encima de innúmerables cádaveres que Sebastían ya ni se molestaba en recoger. A tanto llegó su locura que incluso se alimentaba de ellas, y ya no sólo de las muertas saboreando un resquicio del veneno con esencia lima-limón, sino también de las vivas, notando cómo estás dejaban de agitar sus repugnantes alas una vez que sus cabezas eran aprisionadas por sus muelas, liberando un líquido que se le antojaba transparente.

Y así continuaron sus enfermizos días hasta que repentinamente en una noche despejada de nubes, permitiendo así que la luna reclamara su imperio a través de las salas de la casa entera, Sebastían cuasi-sonámbulo, recorrió el inmueble entero cerciorándose de que no quedaba rastro alguno de las avispas, ni tan siguiera de los cadáveres, e incluso el zumbido se había replegado para dar paso al silencio. Aquello le perturbó tanto más que si todo hubiera transcurrido igual a los días precedentes, puesto que se encontraba aturdido y ya hasta dudaba de su propia cordura, preguntándose si todo aquello se lo había imaginado o se trataba de un sueño al que debía de lanzarse como le aconsejó aquella avispa gigante. No comprendía nada, y cuanto mas se esforzaba en entender qué había pasado, más le dolía la cabeza por el esfuerzo a pesar de que los zumbidos habían sido consumidos en favor de una silenciosa bruma.

De entre todas las páginas de este diario, una de ellas destaca por su extrañeza, y que curiosamente corresponde con la última. En esta ocasión, en vez de hacer un resumen de la historia para dotarla de cierta coherencia a pesar de los extraños acontecimientos que narra, paso por último a transcribir con entera literalidad aquello que tengo ante mis ojos. Aquí os lo dejo por último para que cada uno saqué las conclusiones que crea propicias, si es que puede extraerse algo minímamente racional de lo ocurrido:

"Desconozco la razón de porqué tras los acontecimientos vividos, en aquella noche de relativa paz me puse frente al espejo, el hastío vital quizás. Parecía como si el silencio y el cese de aquellos horribles zumbidos me conduciera a la instrospección que me otorgaba el contemplar mi demacrado rostro en ese espejo.

Sin embargo, lo más extraño era que cada vez que me observaba menos identificaba aquel reflejo conmigo mismo. Según pasaban los minutos sentía que aquel otro yo era efectivamente un yo que más bien era un no-yo, y que aquellos otros no-yoes que se reflejaban en la pupila de aquellos enfermos ojos se multiplicaban ad infinitum en una escala eterna que quebraba toda espacio-temporalidad. Y, al darme cuenta de esto, el espejo comenzó a curvarse, encerrándome en una especie de cúpula de cristal que flotaba a través de la inmensidad del vacío. Y fue entonces, en esa supuesta nada, cuando reconocí en el exterior que ahí estaba mi verdadero yo. Aquel auténtico yo que me estaba más allá de las ondas vibracionales que se transmutaban en zumbidos para dar cabida a un sonido de tal inmensidad que anulaba su propia naturaleza auditiva. Fue un descanso de profunda paz para mí certificar que mi único contacto con la realidad exterior a partir de entonces fue el retornar a escuchar los deliciosos zumbidos de nuevo en el vacío. Así retorné al sueño eterno, tal y como la reina avispa me había indicado cuando yo era todavía un ignorante de tantas cosas.

Ahora, por fin, soy yo quién sueño mi vacua vida en vez de dejar que la vida sea la que me sueñe a mí. 

domingo, 11 de mayo de 2025

Umbrales: La historia del soldado-brujo y el origen de los zunhui

 Algunos ignorantes han difundido en su irredenta estupidez que uno no puede morir en sueños y salir ileso de ello, y que en el caso de que uno se muera eso significará que morirá también en el plano vigil. Pero eso no es así, yo digo que uno no solamente es capaz de morir en un sueño y despertarse -quizás sobresaltado y plagado de un sudor frío si es un sueño muy vívido- sino que además se puede morir en un sueño de un sueño, y así incesantemente dependiendo de la potencia de la propia psique. Eso se debe a que la realidad en sí misma se encuentra superpuesta por una serie de dimensiones o planos de la realidad que a las veces entran en relación, provocando que uno pueda traspasar de un umbral a otro, en ciertas ocasiones por mero azar, y otras provocándolo. Esto también ocurre cuando morimos en nuestra vida vigil, ya que según algunos eruditos en este tema, al morir no accedemos per sé a una realidad superior o trascendente, mas bien traspasamos un umbral que nos lleva a otra vida distinta de la anterior ¿Será esa otra vida el mundo onírico en el que nos vemos lanzados cuando dormimos? Es posible.

Sé de la certeza de estas palabras porque pude contemplar sin ser observado cómo un grupo de gente que no se conocía muy bien entre sí perecieron soñando, y se encontraron instados en otro plano que estaba desertico y deshabitado, a excepción de por ellos mismos. Al principio, todo fue perplejidad y confusión hasta que fueron informados por una clarividente que se encontraba entre ellos de la situación en la que se encontraban. Por lo visto, habían traspasado el umbral de la primera realidad soñada, y ahora se hallaban en las brumas de una ciudad solitaria que se encontraba en una de las dimensiones alternativas en las que uno puede caer una vez que ha muerto, ya sea en el sueño o en la supuesta realidad efectiva.

El lugar era cuanto menos extraño, se trataba de una ciudad de los años noventa que se encontraba cercada por un inhóspito bosque cargado de niebla. Si iban más allá del mismo, esta niebla se hacía más densa y retornaban al punto de partida en el que todos se encontraron nada más llegar a susodicho lugar, el cual era una plaza despejada y que tenía una insignia en el centro. Se trataba de una estrella de nueve puntas en la que un ser antropomorfoide con elementos animales de la cabra se situaba en su núcleo. Los ojos de ese ser eran tan detallados, que parecía que les mirase directamente con una mueca que connotaba cierta amenaza. Para evitar esta sensación violenta, podían alejarse de allí pero eso no quitaba de que esta imagen les atenazara mentalmente.

Además, el lugar en sí mismo era sumamente amenazador puesto que no había nadie a excepción de ellos mismos que componían un grupo de ocho en esa ocasión. Intentaron explorar la zona por si encontraban otros habitantes, mas aunque había pequeños negocios y un inmenso centro comercial, no había nada más que productos que en apariencia estaban caducados. También había viviendas, pero estás eran inaccesibles a no ser que se rompieran las ventanas y se internasen a través de las mismas. Aunque una vez en su interior, una opresión les atenazaba en su cabeza, a la par que percibían ciertas vibraciones con los oídos, e incluso creían que veían algunas tenues sombras que se deslizaban aquí y allá como espejismos de los espíritus de otro tiempo. Obviamente, con una experiencia así y las sensaciones que provocaba, no tardaban en salir de ahí por patas para que el asunto no se les complicase.

Otra de las cosas que les turbaba era pensar: ¿Por qué estamos solos aquí? Si ha habido otros que se han encontrado una situación semejante a la nuestra, ¿Cómo que no están andando por aquí? Estas incognitas asomaban de vez en cuando en sus interrogaciones internas, e incluso las expusieron algunas veces en sus reuniones de grupo tras las mencionadas exploraciones. Las formularon de un modo u otro, intentaron buscar algún tipo de respuesta a las mismas usando incluso de lo descabellado y de lo irracional, mas todo cayó en saco roto. Pero no tardarían en descubrir la razón de que así fuera.

En una noche, cuando las nubes cubrían el esplendor de la luna y todo lo que ya era de por sí inhóspito y solitario lo fue todavía más debido al aumento de las sombras, contemplaron el descenso a partir de unas elevaciones del terreno de lo que parecía una araña inmensa. Esta se desplazaba con cautela al principio, pero no tardo mucho tiempo en dar velocidad y ritmo a sus movimientos. Se trataba de un insecto increíblemente peludo, de un tono marrón oscuro y con unas patas fornidas. Lo que vendría a ser su semblante arácnido estaba plagado de ojos rojizos, y sus repulsivas fauces dejaban caer un liquido amarilliento que no presagiaba nada bueno. Obviamente, todos ellos salieron espantados y se escondieron donde pudieron, y algunos de ellos pudieron contemplar con insensato pavor cómo esta araña depredaba a los incautos. Cuando así lo hacía, desgarraba sus carnes aún palpitantes en tanto que estos gritaban con frenesí, y una vez que la vida escapaba de sus labios en forma de aliento, este adquiría un tono azulado que se rompía en mil pedazos.

Al día siguiente, preguntaron a la clarivirente qué demonios era aquello. Y esta les respondió lo mejor que pudo, indicándoles que aquel ser se trataba de una de las diversas formas que adoptaba el soldado-brujo para adquirir la energía vital de sus victimas. Así conocieron de la razón de por qué ellos eran los únicos que se encontraban ahí, pues aquel lugar era uno de los diversos patios de recreo del soldado-brujo donde se entretenía adquiriendo el aliento vital de quienes depredaba ¿Y qué pasaba con estas victimas? No se sabía a ciencia cierta, había quién decía que desaparecían para siempre, mientras que otros opinaban que transgredían otra dimensión personal del soldado-brujo para desconocidos fines. Mas en esto tampoco tardaron mucho en saber qué ocurría, pues fueron todos devorados en esa misma noche. Aunque, claro está, no quedan testimonios respecto a qué aconteció una vez que su energía vital fue asumida en el pegasoso estomago de tan horrenda entidad metamorfoseada.

Quizás el lector se pregunte: ¿Quién era ese soldado-brujo, y cómo había surgido llegando a dominar las instancias que gobiernan el mundo onírico? No se sabe con certeza, pero se cuenta que fue una persona muy solitaria y abandonada por todos en la vida vigil, que decidió indagar en la oscuridad que habitaba en su interior, y que debido a esto mismo logró dominar el poderío del yo en los sueños a la par que la magia negra que lograba manipular los elementos que se encuentran entretejidos en las esferas oníricas. En sus comienzos fue un desconocido, un errabundo solitario que vagaba según su propio azar por las sendas que él mismo recreaba en la medida que soñaba, pero con el tiempo fue adquiriendo muchísimo mas poder del que debía tener una persona particular, y terminó doblegando y conduciendo a quienes deseaba hacía el camino de la perdición.

Llegó hasta un punto en el que podíamos decir que fue una especie de rey a su particular modo, y que incluso ciertas criaturas y entidades decidieron rendirle pleitesía y servirle de acuerdo a ciertos pactos. Tal fue su dominio de los elementos y de la metafísica que sostenía el mundo onírico, que llegó a influir en determinados soñadores junto a los seres más oscuros que habitaban tales parajes. Es conocido sobre todo por su alianza con los temibles zunhui, aquellos seres grotescos y deformes que según se dice fueron creados a partir del barro y que cuentan con una fuerza descomunal. Y si ha eso le añadimos que portan armaduras pesadas junto a afiladísimas espadas y hachas, el asunto se complica todavía más. No recomendaría a nadie una lucha cuerpo a cuerpo con estos seres, a no ser que este individuo en particular dominase algún tipo de magia, de lo contrario uno podría darse por derrotado antes de entablar combate. Debido a esto, pocos son los osados que se atreven a enfrentarse a estos seres a excepción de los suicidas.

No obstante, considero que el narrar el origen de estos seres puede servir para explicar en cierto modo el surgimiento del soldado-brujo. Por lo visto, los zunhui antes de transformarse por lo que son a día de hoy conocidos, eran una raza similar a la humana pero cuya denominación se encuentra actualmente perdida. Estos vivían en una aldea muy remota en la que se ocupaban principalmente de tareas agrícolas y ganaderas para sustentarse, comían sobre todo muchas legumbres, semillas, queso y leche en abundancia, y muy poca carne. En general podriamos decir que vivían en austeridad y que comprendían la vida de una manera sencilla. No nos han legado un trasunto cultural específico, pero presume que desarrollaron sobre todo la poesía y la música, artes que exponían sobre todo en determinadas fechas a la luz de la hoguera.

Según se cuenta, el soldado-brujo descendió a susodicha zona en los primeros tiempos en los que estaba intentando adquirir mayor dominio de la magia negra. Por lo visto, consideró que aquella zona era idónea para hacerlo, ya que gozaría de la tranquilidad necesaria para leer luengos manuales, tratados cuanto menos extraños y toda la literatura referida a saberes tan ocultos como desconocidos. En sus comienzos allí, todo transcurrió con bonanza, e incluso se ganó la confianza de quienes habitaban la zona puesto que en las noches donde la luna menguaba y se ocultaba entre las finas nubes cuales agujas encantadas, les contaba terroríficas historias y leyendas góticas que versaban en torno a todo tipo de asuntos blasfemos y prohibidos, que se encontraban en cierta relación con la motivación de sus estudios. A aquella gente le entretenían esas morbosas historias, a los niños asustaba y a los adultos les daba curiosidad, lo que provocó que el soldado-brujo se convirtiera en una especie de cuenta cuentos oscuro al que todos recurrían cuando querían conocer todo aquello que anteriormente se encontraba velado a sus sentidos.

El tiempo transcurrió apacible, y aquellos ciudadanos aceptaron la presencia del soldado-brujo como si fuera uno de ellos. Se rumoreaba que hasta tuvo ciertos amoríos esporádicos con algunas de sus mujeres, especialmente con una de ellas de la que tuvo dos hijos según se cuenta. Se desconoce cómo aquella gente se desarrollaba en el sentido relacional, pero el caso es que se apunta a que era muy distinto a cómo lo entendemos desde la perspectiva del mundo vigil. Mas, como decía, todo era alegría y felicidad en aquella vida rural idílica en la que sus gentes trabajaban durante el día para el ganarse el sustento, y que con la llegada de la noche plagaban el ambiente de extrañas leyendas, composiciones inhóspitas y versos desquiciados para deleitar sus sentidos. Además, la existencia transcurría tan natural y calmada que el soldado-brujo adquirió sendos conocimientos a la par que brindaba de ciertas píldoras de los mismos a sus curiosos habitantes.

Todo fue así hasta que ocurrió algo monstruoso. Por lo visto, una extraña enfermedad comenzó a asolar la región de manera escalonada a la par que inesperada, lo que produjo una repugnante mutación a las gentes que antes habían vivido tan bien y tranquilas. A todos afectó menos al soldado-brujo que por entonces había desarrollado un escudo protector a este tipo de afecciones, mas al resto de sus habitantes afectó del peor modo que podría pensarse. De repente, toda aquella gente que antes era tan alegre y saludable, comenzarón a adquirir una tonalidad de piel entre grisacea y marrón, a vomitar excecrencias que se espandían a partir de cada uno de sus orificios, y a agitarse presa de una cantidad inmensa que convulsiones que iban deformando poco a poco su cuerpo dándoles las más atroces formas. Fue un espéctaculo repugnante el contemplar como todos ellos se encontraban cercados por un enemigo invisible que les hacía pudrirse lentamente en vida, dando como resultado unas masas retorcidas cargadas de supuraciones cadávericas.

Según se apunta, aquella enfermedad se expadió a partir de un hechizo creado por un mago verde de la frontera oriental a la demanda de un monarca que quería dominar aquella zona para construir una inmensa fábrica que le plagaría de poderío y de riqueza. Obviamente, las gentes del valle ignoraban esto, tan insertos estaban en su utópia que eran ignorantes de lo que podría tramarse en las afueras de un reino que les era ajeno. Y así ocurrió que les pilló desprevenidos, incluso al soldado-brujo que por entonces estaba tan centrado en sus investigaciones y estudios para dominar los elementos de la magia negra.

Este, desvastado, sostuvo su hijo en la cuna que se retorcía presa de la enfermedad, y que con los ojos hundidos sobre sus cuencas que ya parecían vacías, excecraba un fluído sanguiolento mezclado con pobredumbre que ya se expandía sin remedio por los bordes y que ceñía a su figura en una especie de masa comida por los gusanos sin remedio. Trementamente enfadado por esta situación, acudió a todo correr a la cabaña que habitaba, y allí abrió un libro cuyo nombre se desconoce y que se encontraba sellado bajo conjuro. El soldado-brujo lo recitó, y desplazando sus páginas apresuradamente, logró encontrar aquello que buscaba. Fue entonces cuando se subió al tejado, y recitando las palabras que el volumen contenía en tanto que desplazaba sus brazos con determinados movimientos, invocó una suerte de espesa neblina violácea que terminó sumiendo con su color toda la aldea.

Así, aquellas gentes que estaban descomponíendose, viendo cómo sus carnes se despedazaban ante sus ojos y sus orificios supuraban líquidos de muerte, de repente se pusieron firmes y altaneras, y si bien conservaban sus extraños tonos de piel, adquirieron cierta agilidad en sus miembros. Perplejos a la par que descolocados, miraron a su al rededor buscando a su libertador y contemplaron al soldado-brujo descendiendo de su cabaña. Fue así recibido con aplausos y ovaciones frenéticas, junto a un conjunto de gritos desarticularos que provenían de labios huntados de barro y de babas amarillentas. El jefe de la aldea le saludó con arrobamiento, y desde entonces decidieron sellar un pacto en el que siempre que necesitase de su ayuda estos acudirían prestos a su llamada, entrando en combate si era necesario independientemente de cuales fueran las circunstancias.

Este fue el origen de los temidos zunhui, los cuales han ido reproduciendose incesantemente a lo largo de los años a partir de esos primeros habitantes originarios, haciéndose así un ejército tan inmenso y poderoso que ni la vista más aguda podría captar con su visión la gran masa de zunhui agitados y desesperados por entrar en combate. Se preguntará quizá el lector qué ocurrió con el susodicho monarca y el mago verde que desató la pérfida enfermedad, pues no sería una sorpresa añadir que estos cobraron su consecuente venganza, arrasando toda la zona y esclavizando a los supervivientes según indicase el soldado-brujo. Desde entonces el paso de los zunhui siempre ha sido temido por lo arrollador de sus acometidas, siempre capitaneados por el soldado-brujo que instante tras instante se va haciendo más poderoso en este extraño mundo onírico que todos habitamos de un modo u de otro cuando cerramos nuestros párpados con la llegada de la noche.

Y como ya parece que el sol pierde fuerza con la llegada del atardecer, considero propicio cerrar esta desvencijada cuartilla plagada de asuntos cuanto menos extraños antes de que los espíritus de la noche ganen fuerza y tomen los dominios de los supuestos despiertos en esta pesadilla infernal que es la vida. Cerraré mis ojos y cruzaré mis brazos cual si estuviera en una tumba deseando pasar desapercibido tanto por los morales como por las entidades abominables que habitan los espacios siderales, a la par que quiénes estando muertos sueñan el sueño eterno que fue sus vidas, ya desgastadas por las plagas demoníacas que nos acechan, gobernando así el mundo en las sombras. 

viernes, 2 de mayo de 2025

Leyenda de la bruja-lamia

 Mas allá de la cordillera que divide por la mitad el mundo onírico, se encuentra una larga carretera que nadie sabe dónde empieza ni mucho menos dónde acaba. Y lo que quizás lo hace más extraño, justo en lo que se supone que es la mitad del trayecto se encuentra un palo rojizo que hace de parada de autobús. El caso es que efectivamente un autobús pasa de vez en cuando por allí sin un horario en apariencia fijo, pero la mayoría de las veces su parada y la apertura de las puertas traseras no produce la bajada de ningún viajero. Es más, el autobús en sí mismo se encuentra casi siempre carente de viajero alguno. El único ocupante es el propio conductor, el cual ya sea dicho de paso rara vez se muestra. Los rumores dicen que está tan delgado y ocupa tan poco sitio que es díficil verle, y a eso se le suma que parece ser que una sombra muy densa siempre se aposenta sobre él, impidiendo así su visión e identificación como individuo.

Yo muchas veces me he interrogado a mí mismo acerca de quién diablos iría a tal lugar en un autobús destartalado que no conduce a ninguna parte. Cuando menciono a los diablos no lo hago de forma retórica, ya que sólo las almas poseídas por algún tipo de demonio, o personas que son encarnaciones de seres que habitan en los infiernos se pueden aventurar por allí. Partiendo de que la trayectoria de esa carretera es sumamente aleatoria y guiada por el azar, podríamos desembocar en un barranco sobre el cual hubiera un inmenso abismo que nos condujese a la más oscura de las negruras, o en el mejor de los casos, acabar dando vueltas sobre un mismo punto incesantemente, por los siglos de los siglos como siguen rezando algunos.

No obstante, yo diría que un peligro que se encuentra en aquella zona aún mayor que los anteriormente mencionados, sería una especie de restaurante que se encuentra allende a lo que parece un poligono industrial. La única manera de llegar ahí es subiéndose al dichoso autobus, atravesando una suerte de urbanización que es habitada por unos seres paticortos que además son bastante estupidos y que viven en un hedonismo muy infantil. El caso es que una vez que uno vislumbra el restaurante que está más adelante, puede darse por pérdido a no ser que se tengan conocimientos de la magia negra más agresiva para salir del hechizo que circunda la zona, el cual se basa en retener a sus visitantes como una suerte de telaraña que no los soltará hasta consumirles por completo, dejándoles como un cadáver andante sin alma mucho más idiota que los seres paticortos.

Se cuenta que en susodicho restaurante con una decoración asiática, o cuanto menos influenciada por oriente, habita una suerte de bruja-lamia cuyos origenes se sitúan en el antiguo reino de Corea antes de la llegada de los imperialistas japoneses. Esta bruja de rasgos exóticos para los que tenemos los ojos como lupas, en el pasado no rondaba por el restaurante, sino que se encontraba vivita y coleando por donde gustase, atrayendo a sus victimas a un destino fatal. Como era bastante atractiva, los seducía cual canto de sirena y cuando los atrapaba en sus redes, absorbía su energía vital abriendo exageradamente la boca, mucho mas allá de la capacidad que consideramos normal. De hecho, tantas almas se tragó que desde entonces cogió bastante peso, quedándose bastante rolliza lo que provocó que lejos de perder su atractivo, lo ganase debido a las curvas y ondulaciones que adordaban su ya de por sí esbelto cuerpo.

Debido a tal situación, un mago blanco llamado Igbel que consideró aquello intolerable, estudiando con ahinco en los viejos libros heredados de sus predecesores, realizó un hechizo para lograr mitigar su poder. Y lo consiguió, replegándola a un exilo forzado que es donde a día de hoy se encuentra. Obviamente, no consiguió hacer desvanecerse su existencia ni tampoco eliminar su poder e influencia, pero al menos logró apartarla tanto del mundo onírico habitado por soñadores comunes como de las posesiones del vigil. Es una pena que este mago fuera derrocado poco después por el ejercito de almas pérdidas y de zunhui del soldado-brujo, pero aquello ya es otra historia que se aparta de la principal.

El caso es que aquella bruja-lamia no tenía por suerte muchas visitas debido a lo apartado del lugar, lo cual hizo que se pusiera a dieta de almas. Aún con ello, no pérdido ápice del peso que había ganado anteriormente, quizás aquella energía vital que había consumido en el pasado se le quedó retenida debido a su densidad en sus glúteos y sobre todo en sus anchos muslos que podían atrapar a uno como las pinzas de un cangrejo. Sin embargo, a pesar de encontrarse en el exilio, pudo apañarse para atraer a ciertos individuos incautos que caían sin saberlo en un maleficio que carente de toda razón les atraía hacía aquella embrujada zona y que les consumía irremediablemente.

Se sabe de un caso en el que un joven, reencontrándose con su amigo de la infancia y tras pasar una tarde plagada de recuerdos y de risas, acabó sin saberlo en susodicha zona. Su amigo había salido corriendo en dirección al restaurante, internándose en el mismo como si lo conociera de toda la vida. Desconcertado y sin saber por qué, él hizo otro tanto para lanzarse en búsqueda de su amigo. Una vez dentro comprobó que el lugar no tenía mucha iluminación, y que era habitado por unos seres que aunque tenían apariencia de personas normales, algo en su aspecto delataba que no era del todo así. Se movían con una rápidez extremada, tenían el rostro macilento e incluso grisáceo, y en sus ojos se reflejaba que su escasez de vida parpadeaba como el fulgor de una vela antes de extinguirse. Mas, a pesar de su extraña apariencia, el joven se arriesgó a interrogarles acerca de dónde se encontraba su viejo amigo, lo cual fue finalmente respondido en un sentido afirmativo.

De repente, algo en su interior le gritó desde las profundidades del alma que saliera del lugar, y así lo hizo. Nada más salir, se encontró un coche aparcado en una entrada desierta. De él salió su padre, al cual también hacía unos años que no veía, y que le saludó con total naturalidad.  El joven se encontraba cada vez más desconcertado, no entendía nada, algo le turbaba e insistía en las palpitaciones de su sien, sin embargo procuró fingir que todo estaba bien y le pidió a su padre que le llevase de vuelta a casa. Este sin escucharle, se sentó en una de las blancas mesas que ya habían adquirido una tonalidad amarillenta que se encontraban allende a la entrada, y justo cuando lo hizo salió su viejo amigo en compañía de un chico con un flequillo inmenso. Poco después, apareció la bruja-lamia de rasgos asiáticos sonriendo con afabilidad, e invitando a los presentes a que se sentaran a comer porque la comida pronto sería servida.

El joven se sintió cautivado por la belleza de aquella mujer. Cada uno de sus movimientos comprendía de una inusitada sensualidad, hasta el parpadeo de sus ojos invitaba a reconocer su voluptuosidad. Esto hizo que pese a que sus turbaciones interiores insistían, se sentase a la mesa sin rechistar para posteriormente probar una comida que reconoció deliciosa para congratular a la bruja. Todo era felicidad y charla vana hasta que fijándose con atención en su padre, notó que este se encontraba raro, como alelado mirando a un mismo punto sin pestañear siquiera. Fue entonces cuando sus palpitaciones cerebrales comenzaron a insistir cuales agujas clavadas en sus sienes, y se levantó como un automáta dirigiéndose al interior del restaurante, poseído por un influjo que no lograba controlar.

Ya en el interior, pese a que no conocía los vericuetos del sitio, se encaminó hacía la cocina como si supiese de su ubicación. Todo eran sombras, ceguedad y confusión hasta que llegó a la parte trasera de la misma y pudo identificar la figura de la poderosa bruja-lamia apoyada en unos viejos cajones. En ese momento, exhalaba una sensación trementamente sensual que casi rozaba la lujuría, sus rasgos denotaban un deseo desenfrenado y el contonearse de su apretujado cuerpo invitaba a las fantasías más mórbidas, situación que hizo que el joven se acercase lo máximo posible a la misma. Dispuesto a besarla sin pensárselo dos veces, descubrió en el instante precedente a rozar sus labios que el rostro de ella se comprimía en una mueca espectral, y que sus rasgos se alteraban formando un aspecto demente. Hasta su piel, antes tan pálida y delicada, se tornó del marrón de la putrefacción, y sus ojos antes entornados e inocentes, se volcaron en una apertura que reveló una mirada demoníaca del color rojo sangre.

Aquello fue en cuestión de segundos, pues poco después la bruja-lamia ya completamente deformada adoptando su figura originaria cuando obsorbe la energía vital, desencajó su boca para abrirla lo máximo posible y beber en frenesí de la alma de aquel desafortunado joven, el cual poco a poco comenzó a menguarse y a adquirir un tono de piel cetrino. De sus venas cada vez más enflaquecidas, sentía el escaparse de su flujo vital, y de sus miembros un peso que se aligeraba en la medida que la bruja-lamia iba dejándole seco como una parduzca hierba en cuanto llega el otoño. Ya completamente consumido, se dejó caer al suelo cual hoja de la mencionada estación, y nada más rozar las losas de aquella abandonada cocina, se deshizo en forma de párticulas de polvo que en la medida que flotaban se fueron desvaneciendo paulatinamente hasta que no quedó ni un ápice del recuerdo de la existencia de aquel joven.

Lo último que se sabe acerca del devenir de la bruja-lamia es que esta fue liberada precisamente por el soldado-brujo que derrocó a quién la encerró allí. Por lo visto, este tras lograr revertir el hechizo de otra bruja que intentó tomar el control de sus poderes, hizo un pacto sellado con la misma hasta el punto de conseguir que se convirtiera en una suerte de aliada suya. Poco después de sellar ese pacto, presintió que otro ser se encontraba presente en la sala. Esto lo supo al principio de forma cuasi-intuitiva debido a cierto instinto mágico, mas lo que ya lo hizo evidente fue el escuchar como los cacharros de su destartalada cocina se movían en frenesí, cayendo y volviendo a subir como si se tratase de un poltergeist.

En esos momentos su familia se encontraba con él, y aunque le dijeron con cierto temor que lo ignorase, que quizás pasaría tal y como apareció, el soldado-brujo no pudo controlarse y les comunicó su intención de solucionarlo. Así pues, se encaminó en dirección a la cocina e invocando con su voz a que la presencia que estaba en la sala se presentase y le conmitase a comunicarle cual era el motivo de su inesperada visita, esta se percato de su demanda, y lo que es mas, de quién era quién interrogaba a su presencia para que esta se revelase. Y así lo hizo, deformando con ondulaciones repentinas la sala, convirtiéndola en un lugar de pesadilla, cual si el soldado-brujo hubiera atravesado un portal que le permitiese transportarse al otro lado más allá del propio mundo onírico.

Mas a pesar de ello, permaneció sereno y se deslizó a través de las ondas ilusorias con total naturalidad, atravesando las deformidades que se le abrían al paso sin problema aparente. Así pudo localizar a la bruja-lamia en la sala central de aquella ilusión, y la prestó especial atención a sus demandas. Esta le contó lo que sabía de él, que derrocó al mago blanco que la exilio mucho más allá de los dominios conocidos en el mundo de los sueños, y que desde entonces se encontraba sedienta por la escasa cantidad de victimas. Al escuchar esto, el soldado-brujo conmocionado hizo un trato con ella cuyos términos son hasta ahora desconocidos. Pero, por lo visto, mediante unos gestos con la mano y unas palabras rituales, logró liberarla de su prisión. Hecho mediante el cual ella siempre le estaría agradecida por motivos obvios.

Desde entonces, la bruja-lamia campa a sus anchas de nuevo por el mundo onírico con total libertad dejando tras de sí una hilera de cadáveres despojados de esencia vital, completamente consumidos en forma de desechos carbonizados algunos, mientras que otros ya son efímera reminiscencia de las cenizas. Meros recuerdos todos ellos de una existencia que ya no importa a nadie, cadáveres que jamás serán reclamados por la hacienda del destino.

Lo más cruento de esta situación si atendemos a ciertos rumores que pululan por aquí y por allá, es el pensar que esta bruja ha logrado cierto control sobre los elementos, y que se ha aplicado muy seriamente al estudio desde su contrato con el soldado-brujo, puede que este incluso le revelase cierta información que ha sido velada a la mayoría de los mortales. El caso que menciono es el que señalan ciertas habladurías en torno a que esta bruja-lamia ha conseguido traspasar el umbral que divide el sueño de la vigilia, por lo cual si nos atenemos a las consecuencias de este hecho, puede hacer que devore almas vivas en nuestro día a día del mismo modo a como lo hace en la oniría. Si así fuera, en el caso de que uno se encuentre un cadáver completamente descompuesto que ha sido abandonado por ejemplo en medio del campo, y cuyos rasgos son indeterminados, y que al mínimo contacto con la mano del forense se deshace en millares de párticulas, ya se sabe lo que lo podría haber ocasionado...

domingo, 13 de abril de 2025

Una aventura sin final

 Tras haber sobrevivido a una pequeña travesía acuática más allá de las tierras del norte, decidí replegarme en soledad a mi hogar. Por entonces, vivía en mi antigua casa aislado de toda humanidad como es mi costumbre. Debido a que había viajado para aprender nuevas artes mágicas en la academia que se encuentra en las fronteras oníricas, pensé que sería lo suyo ponerlas en práctica con la paciencia requeridas, y no tanto de la forma tan apresurada en que lo hice allí puesto que debido a que el edificio donde nos enseñaban una magia sumamente desconocida se encontrataba en una isla cercada por agua y donde reinaba una secreta conspiración respecto a una de las profesoras, digamos que no gocé del tiempo requerido para interiorizar los conocimientos velados y los conjuros.

Durante aquel tiempo se puso de moda en la zona de ciertos funcionarios que ejecutaban a la par la labor de aseguradores y de cobradores de impuestos, y como estos contratos se daban sólo dentro del sector privado, sus trabajadores asediaban a los clientes visitándoles constantemente justo en frente de la puerta de sus casas. Además, en esa época los seguros de vida y la necesidad de cobrar ciertos impuestos con antelación urgía debido a que la esperanza de vida resultaba nímia, pero cuya razón el lector descubrirá más adelante. De ahí esa premura y acoso por parte se estos funcionarios, que pensaban que cómo en esa zona vivíamos aislados de la ciudad sin apenas comunicación con el exterior, seríamos ignorantes de lo que estaba aconteciendo en nuestro mundo por entonces. Gran error al menos en mi caso, y mas teniendo en cuenta que aún siendo muy casero, no eran raras mis aventuras al rededor del mundo y sus diversas dimensiones.

Así, como decía, estos cobradores de impuestos acudían a mi casa una hora sí y otra también a lo largo del día. Como no había manera de callarlos y no aceptaban un no por respuesta, llegó el momento que decidí no insistir en mis negativas a sus servicios y me limité a escuchar, asintiendo a todo lo que estos me comentaban pero sin comprometerme formalmente firmando contrato alguno. Estos se largaban después de treinta minutos de perorata, y yo podía disfrutar de una hora de aprendizaje y de ocio hasta que acudiese el siguiente vende gaitas. Al final todos ganabamos, y a pesar de que el lector pueda considerar que tal tesitura era insoportable, os puedo asegurar que a todo se acostumbra el hombre.

Tiempo después, de repente durante una semana para ser exactos, estos cobradores de impuestos desaparecieron. Pueden imaginar cual sería la tranquilidad interna que sentía tras este descanso que fue muy breve porque justamente a la semana siguiente de esta aparecieron todos los funcionarios a los que había decidido seguir el rollo tremendamente enfadados y exigiendome dinero. Tan insolentes se pusieron que no les bastó con gritar y armar un jaleo impresionante frente a la puerta de mi casa de entonces, sino que además saltaron mi valla y se pusieron a pulular por el jardín, husmeando donde no debían. Incluso, cuando lograban atisbarme a través de la ventana, se ponían todavía más frenéticos a exigirme una compensación material debido a un conflicto de intereses entre agentes. Aquello era intolerable, no podía soportarse por nada del mundo.

Así que finalmente decidí salir al jardín bastante enfadado, y comencé a lanzar conjuros sobre todos estos intrusos. Estos no eran los típicos hechizos de la magia blanda y mucho menos de la magia blanca que sólo sirve de disuasión, sino que lo eran de la magia negra con peores intenciones, pues les lancé una serie de necrogiros que les provocó la muerte a todos ellos. La sangre, visceras y trozos de miembros arrancados de cuajo saltaban como si hubiera lanzado bombas a destajo, llenándolo todo de coagulos de sangre y de piel desgajada. No me quedaba otra, y puedo decir que me entretuve aniquilándolos uno a uno como un niño que se dedica a aplastar hormigas por mera diversión, además ¿Qué otra manera de mejorar mis habilidades mágicas que usándolas sobre el terreno?

Sin embargo, en tanto que lanzaba uno de los últimos necrogiros, tuve que desviarlo debido a que pude vislumbrar entre la lluvia sangrienta y los cuerpos disueltos, a una mujer que se encontraba tremendamente aterrorizada. A través de tal despliegue de violencia, pude advertir que se encontraba embarazada, así que desvié el conjuro y me ocupé en eliminar los pocos aseguradores agonizantes que se encontrabas arrastrándose por el suelo como ratas. Muchos me consideran un monstruo, incluso me acuñan el pertenecer al bando oscuro o a una de sus degradadas sectas, pero tengo la humanidad suficiente para no atentar contra una mujer embarazada que durante ese tiempo se encuentra en una situación de vulnerabilidad hasta el parto. Si fuera lo que muchos aseguran en torno a mí y mi magia, probablemente la hubiera asesinado a sangre fría, pero no lo hice.

Me dirigí entonces a su dirección, sorteando y apartando los cadáveres que tenía a mi al rededor, y le informé en torno a la razón por la cual ella seguía viva y coleando mientras que los demás no. Entre temblores, asintió en un principio a mis palabras con evidente temor. Mas cuando me senté a su lado y permanecí en silencio durante el espacio de algunos minutos, me contó su historia un poco más calmada. Por lo visto, uno de aquellos cobradores de impuestos la habían asesiado también hacía unos meses, y como no tenía el dinero suficiente para pagarles, se había visto forzada a casarse con uno de ellos. Al principio luchó con uñas y dientes por evitar el matrimonio, pero eran tantos y tan agresivos que le fue imposible rehusar. Con el tiempo, digamos que le había cogido cariño a sus captores, aceptó el matrimonio y se casó con uno de ellos, el cual también la había dejado embarazada para propagar la semilla de los funcionarios por toda la nación, y quizás en un futuro por el mundo.

Al ver todos aquellos cadáveres se había dado cuenta de que por fin después de todo aquel cautiverio era libre, pero aunque me agradecía que la hubiera liberado sin su consentimiento me guardaba algo de miedo tras haber contemplado sus ojos de lo que era capaz. Con una señal negativa de mi cabeza y mis manos intenté disuadirla respecto a que se encontrara en peligro, y poco después le abrí la puerta trasera de la casa para que se acomodase y descansara un poco. Como aún estando embarazada veía que se encontraba bastante demacrada y con claras señales se desnutrición, le ofrecí algunas viandas y manjares para que tal situación se sofocase.

Ahora, después de contar este episodio, le revelaré como prometí al lector lo que ocurría en aquella época y por la cual algunos cobradores de impuestos y aseguradores se estaban haciendo millonarios. Acontecía que en unos de los laboratorios ubicados cercanos a la zona industrial de la ciudad se habían escapado algunos ejemplares de Zokpull. Estas criaturas que eran hilemorfas entre humanos y los seres necrofágos mas allá de las montañas, devoraban a los humanos y quienes sobrevivían se convertían en una abominación mutante que adoptaba sus mismos comportamientos. Tal era su ferocidad y tenacidad que se habían desplegado desde la zona industrial hasta la ciudad, y se sospechaba que ya habían arrasado tales parajes en cuestión de pocos días. Incluso se sospechaba que estos se habían liberado a próposito para que los cobradores de impuestos y sobre todo sus jefes se forrasen, mientras que la gente común tenía que sufrir no sólo pérdidas monetarias sino también las de sus propias vidas.

He de advertir porque viene al caso, que estos seres son muy sensibles al ruido. No tenían prácticamente visión, pero lo que era audición la tenían quintuplicada a lo que sería la capacidad auditiva de un ser humano promedio. Y como los cobradores de impuestos habían armado tal escándalo en un principio reclamándome dinero e insultándome, y después con sus gritos de sufrimiento y agonía, estos Zokpull se habían dirigido a tropel en dirección a mi antigua casa. Tal era su número que estos se amontonaban y formaban torres con sus putrídos cuerpos, escalando así entre unos y otros como si fueran una masa maloliente uniforme que actuase de acuerdo a una mente colectiva. Esto les permitió acceder a mi jardín sin problema alguno.

Pude comprobar asomándome a la ventana que estos se estaban alimentando de los desperdicios humanos que dejé al rededor del jardín, lo que provocó que algunos de estos cadáveres volviesen a la vida convertidos en susodicha degeneración infrahumana. Además, con una saña desquiciada, golpeaban puertas y ventanas, desgajándolas y asomándose a través de ellas. Sin dudarlo ni un instante, conducí a la embarazada a la sala de arriba, justamente donde se situaba mi cuarto. Y reforzando con conjuros protectores la puerta corredera, procuré dotarnos del tiempo suficiente para hallar una solución a la tesitura en la que nos encontrabamos. Sin embargo, no teníamos mucho tiempo para meditar en torno a ello, puesto que los Zokpull y sus engendros creadosya estaban golpeando la puerta con inusitado frenesí, a la par que según pude comprobar mirando al exterior a través de la redondeada ventana, el jardín se encontraba invadido casi sin posibilidad de escape.

Finalmente decidí abrir la ventana, y cargando con la mujer embarazada en la espalda, lanzarme al exterior dando uso de mis hechizos de sobrevuelo. Así pudimos escapar por el momento de los Zokpull que ya estaban entrando en la habitación y de tantos otros que cercaban el jardín. Mas no obstante, a medida que avanzaba sobrevolando por la urbanización, pude comprobar que en cada jardín de cada casa estos seres campaban a sus anchas, y que cuando me posaba en los tejados para tomar impulso y proseguir el viaje, estos advertían mi presencia y se lanzaban hacía mí con estúpido frenesí debido a que desconocían el arte de escapar o de volar que tenían sus antepasados en la escala genética.

Pero, a pesar de estas ventajas que yo tenía de sobrevolar planeando por todas aquellas zonas alejadas de todo, por mucho que avanzaba no lograba encontrar zona despejada alguna. En todos los lugares se encontraban estos Zokpull yendo de un lado para otro, ya sea buscando presas y desperdicios que se encontraban tirados a un lado y a otro, o si tenían relativa suerte, persiguiendo a los supervivientes deseando alcanzarlos y devorarlos con bestial resolución. Desde las alturas, y sobre todo cuando encontraba un punto de apoyo elevado para darme impulso, contemplaba tal espectáculo en una extraña mezcla de espectador y actor en tanto que si bien por ahora me encontraba a salvo de todo peligro, si perdía fuelle y me precipitaba sin querer a un punto de apoyo que por lo que fuera era alcanzable a algunos de aquellos seres, podía pasar a ser uno de esos integrantes diversos que procuraban salvar la vida.

Seguía y seguía sobrevolando todas aquellas zonas con la mujer embarazada a mis espaldas, y en tanto que así lo hacía, podía advertir sus temblores y el sudor frío que le resbalaba y me caía al cuello. También sentía como la criatura que llevaba en el vientre se agitaba con la violencia con que los Zokpull desbastaban y devoraban todo aquello que se encontrara a su al rededor. Pero, por encima de todas aquellas sensaciones secundarias y efímeras, meros detalles que se recuerdan sin saber por qué, podía comprobar que a medida que avanzaba la cosa estaba todavía más negra. No había lugar que no estuviera poblado por aquellas sangrientas y deformes entidades, que devoraban todo a su paso como si aún con su escasa inteligencia fueran los reyes del mundo.

El asunto se enturbiaba por momentos, y mas teniendo en cuenta que tras atravesar un bosque en tanto que me apoyaba en la copa de los árboles para ganar altura, poco más adelante sólo había una pradera con escasas elevaciones del terreno, y que dispersos entre ellas se encontraban los Zokpull que ya habían rastreado mi presencia a pesar de sobrevolar por encima de ellos gracias a su oído y a su olfato desarrollado. Cuando algunos de esos seres se acercaba lo más mínimo a mí, les lanzaba uno de mis necrogiros para evitar todo contacto, pero eran tantos y debido a que esa zona carecía de puntos de apoyo lo suficientemente altos para que pudiera impulsarme como se requería, bien podría decirse que estabamos perdidos.

Así era, no había salida posible. Fueramos a donde fueramos sobrevolando todas las zonas posibles, estas se encontraban plagadas de aquellos seres deformes y carentes de consciencia, sólo eran volición y energía vital. Quizás más allá de la cordillera central había alguna oportunidad de salvar nuestras vidas, refugiándonos en el mundo oscuro que tan bien conocía, pero resultaba imposible teniendo en cuenta que mi capacidad de sobrevolar estaba menguando al carecer de los puntos de apoyo necesarios. Nada más podía hacerse, mirase hacía donde se mirase no había salida alguna a tal cruenta tesitura...

domingo, 6 de abril de 2025

Un conocimiento prohibido: Parajes vistos en sueños

 El mundo vigil siempre me ha parecido trementamente aburrido. Ya se sabe, la dichosa rutina automatizada de siempre en la que los días se suceden sin que haya eventos destacables. Día tras día los mismos pasos de siempre a horas semejantes, tan similares son entre sí que bien podría decirse sin temor a equivocarse de que uno es la copia de otro. Pensar sobre este tema siempre me ha producido hastío, ya que al reconocer la banalidad que adorna toda vida ordinaria me he sentido inmensamente desgraciado. Siempre he contemplado a la vida que los pusilamines consideran la real como una suerte de maldición que la vulgaridad nos impone, haciéndonos así semejantes los unos a los otros.

Por eso, desde que era niño me he refugiado en mi mundo interior gracias a la facultad imaginativa. Ahí todo era muy diferente, todo era posible y la sorpresa se encontraba a cada esquina. Daba igual si en la vida ordinaria y anodina ocurría tal o cual cosa, siempre podía replegarme a mí mismo y desde el pensamiento encontrar aquello que buscaba en cada momento. Ya podía el mundo material derrumbarse todo el, puesto que yo rehuía de sus llamas y pesadumbres para acudir presto a una instancia superior que sobrepasaba todo aquello. La mayoría de la gente con su vulgaridad y mirada estrecha desde siempre han considerado que esta instancia es un mero producto de la fantasía, mas para mí siempre ha supuesto la auténtica realidad, que por su elevada altitud bien cabría ser considerada una suerte de supra-realidad.

Esta realidad superior se concretaba en la oniría, era en los sueños donde su potencia y vivencia quedaba mas patente. De ahí mi alegría al acudir a la cama cada noche, pues eso suponía que iba a viajar a un lugar que en mi ingenuidad de entonces consideraba "El mundo de los sueños" pero que en realidad tenía otro nombre, un nombre que sea dicho de paso nunca me ha sido revelado o al menos ya no me acuerdo de el puesto que ya se sabe que no siempre se recuerda todo de los sueños una vez que uno despierta.

Antes los sueños que tenía eran como una película que se desarrollaba ante mis ojos pero en la que yo no podía intervenir activamente, mas con el tiempo aprendí que podía hacer presencia de mi individualidad. Y desde entonces, desde que aprendí a controlar mi yo y el entorno del mundo onírico de forma autonoma, todo se hizo sumamente interesante. Ya podía desplazarme libremente por todas las zonas que comprende, alterar los sucesos que ocurrían e incluso aniquilar a mis enemigos en un santiamen. Esta habilidad la adquirí con mucho ejercicio, constancia y esfuerzo, mas también al interiorizar que esa suprarealidad dependía de mi propia autoconsciencia, a la par que a la adquisición de conocimientos que tenían su fuente principal en los mismos sueños. Desde entonces me convertí en un sabio sobre ese terreno, y supe de las ventajas que tenía el uso de la magia negra por mucho que digan los puritanos y moralistas con sus manuales éticos baratos.

Gracias a este saber estuve indagando e investigando en mis sueños y conocí su razón de ser y su origen. Al parecer ese mundo se formó a partir del contacto de una roca primigenia y de una planta translúcida, que al aunarse de la mano de un impulso etéreo, de las hojas de las plantas se formó una savia pegajosa que impregnó a la roca, lo que provocó que esta a su vez adquiriese un resplandor que todo lo iluminó. A partir de ello nacieron dos seres: una entidad amorfa y tenebrosa que carecía de rasgos, y una especie de ser angelical más femenino que masculino que animó de vida lo que aparentemente estaba muerto. Desde entonces, estas fuerzas luchan entre sí y se reconcilían siguiendo sus caprichos, mas lo que si se sabe es que gracias a esta tensión constante que comprende de períodos de relativa paz, todo el resto de seres surgieron en su diversidad.

¿Qué papel tenía yo en todo esto? Podía uno preguntarse con razón. Pues era uno bastante ambigüo, puesto que a pesar de que me indentificara con el elemento oscuro al considerarle desde la intuición como mi creador, no tenía una posición definida en la pugna entre estos dos seres primigenios. Navegaba y sobrevolaba este mundo onírico como quién es un fojarido, un ermitaño incluso, que teniendo ciertos conocimientos que emanaban de las tinieblas, no quería tomar un partido concreto. Siempre he valorado la libertad, y el tener que elegir un bando concreto siempre me ha resultado bastante desalentador. Cierto es que la mayoría de seres y entidades que poblan esas oníricas tierras tenían claro a quién seguir, mas en lo que a mí se refiere prefería seguir mi propia senda. Y esta quizás era la más negra de las sendas, pues mi única compañía era la soledad. Aunque, por otro lado, también me ahorraba el sufrimiento de quién pierde, como por otro lado la vanagloria de quién vence.

Retornando al asunto principal, yo diría que una de las cosas más extrañas de este mundo era que muchas de las zonas que comprendía eran similares a las que he conocido en el mundo vigil, mas había otras que aunque no las hubiera visto en mi vida estando despierto, cuando soñando pasaba por ahí sí que me acordaba de ellas e incluso reconocía recuerdos que había tenido ahí. Por ejemplo, había un edificio inmenso que desembocaba en diferentes salidas, que servía como una especie de universidad. Mas esta no era una universidad común y corriente, sino que se trataba de un centro de erudición donde se enseñaba diferentes saberes dependiendo de las habilidades y tendencias de sus alumnos, si optaban por conocimientos ordinarios para mejorar la vida de la comunidad, o si bien prefería acceder a saberes prohibidos para perjudicarla. Obviamente ya se sabe por cual opté, mas dando por hecho esto, sí yo supe de la magia oscura fue gracias a aquel lugar y hasta me acordaba de las clases y de mis compañeros, mejor aún todavía que aquellos otros que había conocido en la supuesta realidad vigil.

Según mis averiguaciones y estudios ocultos, supe que por ejemplo la zona antes mencionada se situaba tras la cordillera montañosa que divide este mundo en dos, en un lado vivían preferentemente seres semejantes a los humanos y que en su mayoría se identificaban con la luz, mas el otro era habitado por entidades extrañas más identificados con las sombras. Pues bien, esto lo supe porque yo he tenido acceso a ambas zonas, quizás debido a mi naturaleza hilemórfica y a mi indefinida posición en esta especie de guerra universal entre los elementos. Un dato curioso fue que tras explorar el terreno que iba mas allá de la cadena montañosa, supe de la existencia de un inmenso prado que daba acceso a la zona de los seres vampíricos, pero incluso todavía más allá de susodicha zona, en un abismo que descendía hacía tierras rojizas que degradan en morano, había seres todavía mas extraños. Unos de estos eran los zentiu, una especie de entidades alargadas y transparentes que aún teniendo cierta rememembranza antropológica, podían transfigurarse en diferentes formas a su capricho. En general eran pacíficos, excepto cuando se presentaban por casualidad los vindicalistas, con los cuales mantenían un conflicto atroz. Estos ya sí tenían una forma definida y terrestre, parecían arboles animados excepto porque portaban un rostro grotesco que se contraría cuando se comunicaban.

En fin, dejando estos desvaríos de mis aventuras por estas zonas quisiera añadir algo más a alguno de estos datos que consigno por escrito. Pues a pesar de que estas zonas estaban bien delimitadas y definidas, muchas veces unos seres de uno u otro lado traspasaban a la zona que les era contraria. Es decir, que había migraciones dependiendo de diferentes motivaciones, ya sea por la guerra antes mencionada, como por las misiones que tenían diferentes organizaciones, o por mero capricho viajero. Personalmente, como yo tampoco comprendía de un objetivo definido a parte de adquirir más conocimiento, podía traspasar de una zona a otra por motivaciones extrictamente personales y azarosas, pero tengo noticia de algunas de estas transgresiones que dieron inicio a algunos de los conflictos mas sonados de este extraño mundo.

Uno de ellos fue cuando aquella asociación de espionaje en la que pude infiltrarme construyó una muralla reforzada para impedir que los seres amorfos y vampírescos atravesaran con facilidad las contrucciones naturales que daban cabida a la zona habitada mayoritariamente por humanos. Pero no contentos con ello, se dedicaron a experimentar con los vampiros para reprimiendolos lograr adquirir algunas de sus oscuras habilidades. Menos mal que pude intervenir, y dar el impulso necesario a su Rey para que esas murallas artificiales se rompieran, liberando así a los generales que tenían presos. Otros de los conflictos de este talante que también se hicieron muy conocidos, fue la ingerencia de los vindicalistas en el mundo humano, lo que provocó que muchos murieran debido a su quebrantamiento de la naturaleza. Aquí también intervení, pero tampoco es lo suyo el darme el pisto en demasía sobre este asunto que ya consigné en otro lugar.

Para acabar con estos ejemplos, un caso de esta transgresión entre fronteras territoriales que quizás es menos conocida fue cuando los sibiles, especie de serpientes desarrolladas y que lanzan su veneno a través de unos impulsos extrasensoriales. Estos lograron infiltrarse en la zona de la luz cuando cavando unos túneles subterráneos y reforzando sus fortificaciones ahí construyendo hasta una ciudad bajo la tierra interconectada con pasillos interminables, lo condujeron a una zona industrial donde los represores tenían sus instalaciones. Una vez se apercibieron de esto, organizaron una avanzadilla y lograron acabar con todos ellos sin gran esfuerzo. Ya puede uno imaginarse que se dieron un buen festín, mas como yo no intervení directamente en este conflicto tampoco puedo decir mucho más. Supe de ello por uno de mis informantes de confianza, como también porque sobrevolé la zona, la cual sigue derruida y desierta, pero se comenta que estos sibiles siguen viviendo ahí debajo, y que no saldrán a no ser que alguien los despierte.

Habría tanto más que contar en torno a estos parajes... Sin embargo, por último diré que he comprendido cómo habitar para siempre en este mundo de cuyo nombre no me acuerdo, pero donde tan bien me siento. Accediendo a la biblioteca secreta que se encuentra al final de la Ciudad Pérdida que a día de hoy sólo es habitada por los zunhui y algunos trasgos de diferentes tipologias, leí en un libro cuyo nombre tampoco mencionaré que la forma para vivir en esta zona sin ser un mero intermediario entre ambos mundos es morir en el mundo vigil para vivir eternamente en el onírico. Ya podrá intuir el lector mi sorpresa y alegría al enterarme de esto. Además, para mí es bastante sencillo el renunciar a una vida anodina y repetitiva para habitar durante la eternidad en un sitio donde cada día de un tiempo indefinido es el comienzo de una nueva aventurará que figurará para siempre en los anales oníricos.

Así entonces, sin pensármelo dos veces, una vez que me desperté me dediqué a dejar esto por escrito para que quedase patente a quién lo lea que esta supra-realidad de la que hablo existe, y que puede además ser accesible a quién con tesón y esfuerzo quiera habitar tales parajes. No puedo dar más detalles, ya que quizás el profundizar en este asunto le cobre a uno su propia cordura, a la par que también ciertas revelaciones sobre este mundo están estrictamente prohibidas. De ahí el factor del olvido cuando nos "despertamos" antes mencionado. Puede que ya me haya arriesgado en demasía escribiendo en torno a algunos de estos misterios, mas hay algo en mí que me incita a tratar sobre estos temas por escrito. Quizás, con el tiempo, algunas de estas aventuras e informaciones recibidas de terceros, se vayan publicando en este espacio con el tiempo cronólogico humano. Mas, por ahora, con esto que he escrito en este documento en específico creo que es suficiente. Además, me tomé unos fármacos para acceder al sueño eterno y estos ya están haciendo su efecto. Así que por mucho que quisiera seguir escribiendo me temo que he llegado al final de esta nota, espero que sea del interés de quién la encuentre.

Por fin podré vivir pasa siempre en el supra-mundo... Adiós vida anodina y problemas ordinarios, aventuras y exploraciones allá voy... Zunhui, acudid a mí que tenemos muchos asuntos pendientes. Tenemos que internarnos más allá de las cordilleras fronterizas, mas allá de la negrura de los abismos prohibidos, donde vive el Inmenso Señor Oscuro proveniente de lo extraterreno... Zak zak tushai, no-masai ukra... Susui tschotempt cropteph...