jueves, 19 de enero de 2023

Voces

 

A menudo, llegan hasta mí ciertas voces. Voces que comunican lo que a veces resulta incomunicable. No se trata de que sufra de esquizofrenía, o de algún tipo de paranoia de la mente. Aún no estoy del todo loco, creo. Es mas bien, algo similar sin llegar a ser tan imponente como lo que menciona Mo Yan en el epílogo de su obra "El súplicio del aroma de sándalo". Se trata, pues, de ciertas voces que se instauran en mi mente, y que mediante la inspiración, dan luz a pequeñas obras, retazos de lo que pudo ser, y que ahora, es. Como decía, no se trata de meras paranoias psicologicas. Una paranoia es, por ejemplo, lo que me pasa en ocasiones cuando me quedo contemplando a mi perro Babú. Cuando pienso que este mismo compañero podría ser yo en una vida futura, y que, si así fuera, tras la muerte podría observarme a mí mismo en el pasado pero siendo un perro cuyo nombre sería Babú. Mas que, como los perros no tienen lenguaje humano, jamás podría revelar esta verdad a mi yo del pasado. Quizás por eso Babú a veces se me queda mirándome con esos ojos vidriosos tan sensibles y hasta humanos, como si quisiera decirme algo, algo que yo no puedo comprender del todo, y que él tampoco puede transmitirme como quisiera.

Pero, dejando esto de lado para seguir con el tema de las voces, como apuntaba, estas no son algo así como una enfermedad mental, ya que tampoco resuenan en mi cabeza ni las oigo en el mundo exterior. Son, mas bien, unas voces interiores que me revelan algunas cosas sobre la existencia en general a partir de ciertas experiencias o visiones particulares, y con las que puedo o no empatizar dependiendo del eco que resuena después de cada manifestación. Me cuentan cosas, mas no necesariamente con palabras. Tampoco son como tal imagenes, pero sí podrían verse como un plano que si se auna puede formar imagenes, como así palabras que describen esas mismas imagenes como la pintura sobre el lienzo. Yo pongo las palabras, las voces son sensaciones. Ellas aparecen, y yo las atrapo para luego expulsarlas bajo mi filtro y un poco decoradas para que se parezcan mas o menos a lo que se suele tener por arte, o al menos, un intento del mismo.

En esta ocasión, he decidido agrupar estas voces cual un diamante en bruto. Es decir, sin pulir ni retocar. Tal y como han venido a mí, las he integrado en mi filtro interno, y sólo he volcado la figuración en palabras sin ceñirme ni a la razón -entendida como un orden, o estructura- ni al gusto estético -entendido como la belleza literaria- Son tres. Aquí están en su forma mas prímitiva, pese a que parezcan carentes tanto de sentido como de decoro. Puede que alguno pueda encontrar sin querer alguna de estas cosas, mas yo, el autor -o debería decir el transcriptor del mensaje- no encuentro nada de eso.


***

Me encuentro de camino a mi trabajo. Voy como cada día al mismo dichoso trabajo. Y como cada día, me pregunto cual es el sentido de acudir todos los días al mismo trabajo. No añade ningún sentido a mi vida el tener que ir al trabajo, y encima, me aburre. Ya me aburre el mero camino al trabajo, pues mas me aburrirá cuando ya llegue al odioso trabajo. Pero no sólo no encuentro sentido, y a su vez, me aburre el ir al trabajo, también mi vida en general es un sinsentido aburrido. Gracias al trabajo ese absurdo sinsentido anodino es peor aún. Mas no es sólo por eso, por la maldita rutina de ir todos los días al trabajo, también es por la manera en la que siempre me he movido por lo que he destrozado mi vida en general hasta tal punto que mi nímia existencia se ha reducido a ir a la mierda de mi trabajo. Al final, he conseguido que todo se reduzca a eso, a ir al trabajo, el camino de ida y vuelta, y nada más. Pero sí, hay todavía mas. Hay mas cosas que hacen de mi vida un verdadero hastío, una pocilga en la que yo mismo me he metido. Es mas, para ser precisos, realmente toda mi vida es un enorme vertedero apestoso y carente de todo sentido y hasta de satisfacción. No hay diversión alguna cuando vas todos los días al mismo jodido sitio, y que cuando llegas a tu casa, tu mujer te pone la misma cara de mierda de todos los días, y tus hijos no paran de pedirte cosas, caprichos para que luego ellos follen como ninfómanos y se droguen con la sangre de tus venas y el sudor de tu frente. Mi mujer, encima, cada día tiene mas barriga, las tetas caídas y cara de morsa. Y aún con esas pintas asquerosas, no es ni capaz de agacharse para chuparmela ni ponerse a cuatro patas como una perra. Así, al menos, podría tener una mera satisfacción carnal en esta vida. No hace nada de eso porque me tiene asco, estoy seguro. Yo estoy medio calvo, con una barriga cervecera y con un miembro que pronto se me va a quedar en la mano. Muchos dirán que entonces no tengo de qué quejarme. Y yo me cago en todos los que me digan eso, porque me da igual su opinión. Mi mujer es una puta, una asquerosa repugnante que seguro que tiene un amante mas joven. Por eso no se abre de piernas, ni finge tener orgasmos. Y de mientras mi hijo es un gilipollas, se pasa toda la vida deprimido porque no encuentra un sentido a su existencia. Yo tampoco lo encuentro, y aquí estoy, aguantando con todo, con ganas de vomitar todos los días de camino al trabajo, queriendo abrirme la tráquea cada vez que veo a mi jefe y con un pene mas duro que el hierro que algún día se me va a caer con peso. Pero, a pesar de todo, aquí estoy joder. Me cago en todo, mas aquí sigo maldita sea. Dejad de quejaros todos que teneís una vida muy cómoda. Sólo yo estoy jodido, sólo mis problemas merecen tomarse en consideración, sólo yo estoy soportando todo para nada, sólo a mí no se me agradece nada de lo que hago... Algún día os daréis cuenta, aunque para entonces, yo ya habré muerto. Y en ese momento, caeréis en la cuenta de vuestra tontería, vaya que sí que lo haréis. Y ahora, de nuevo, al odioso trabajo de los cojones. Ya estoy llegando al aparcamiento de la empresa. Otra vez, como cada maldito día...

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Odio esta casa. Y odiandola, la cuido como si fuese una zorra herida. La limpio, la mantengo, me aseguro de que todo esté impoluto, aún con todo este odio que siento. Soy una esclava de esta casa, de mi familia, e incluso de mis amigos. Con la excusa de ser una ama de casa, de ese supuesto instinto maternal, todos se aprovechan de mí y de mis cuidados. Sobre todo esta casa, a la que no soporto y que me tiene esclavizada. La odio, la odio mucho. Ojalá todo saliese ardiendo, y así no tendría que ocuparme de ella. Es mas, deseo que salga ardiendo con mi familia dentro. Así tampoco tendría que cuidarlos a todos ellos. Los odio, los odio tanto como odio a esta casa. A mí marido el primero porque es un maldito y asqueroso cerdo que sólo sabe pensar en follar con esa picha llena de grasa asquerosa. Que se busque una fulana si es que no la tiene ya, una guarra que aguante tener ese trozo de carne podrida dentro. Porque yo no, yo paso porque le odio como odio toda mi vida desde que vivo en esta casa. En lo que respecta a mi hijo, cierto es que mas que odio, tengo indiferencia hacía él. Seguro que se pasa la vida viendo porno, y aprovechandose de las putas de sus amigas cuando están borrachas. Se parece tanto al golfo de su padre... Ahora que lo pienso, claro que le odio porque se parece al imbécil de su padre. Cada vez que le veo me dan unos  retortijones horribles, y cuando voy al baño y cago, me doy cuenta de que tengo diarrea. Puag, qué repugnante es todo... Ya estoy cansada de seguir así, de este odio por la casa y por todos los miembros de esta familia. Pues, ¿Sabeís qué? Ya no me voy a ocupar de la casa más, ya no voy a limpiar ni una porquería mas. Porque mientras el cerdo de mi marido y el depravado de mi hijo se dedican a ensuciar todo como si ellos mismos fueran un par de bolas de basura, yo me paso el día agachada, subiendo y bajando, yendo de aquí para allá, como una criada sumisa. Y no, esto no es la descripción de una noche pasional precisamente. Todo lo contrario, es el reflejo se lo anodina que es mi vida. Hace ya largos años que no mojo por nada. Si no me entusiasmo por nada ¿Cómo voy a estar activa sexualmente con esa bola de sebo que es el idiota de mi marido? Me da asco, me da asco porque le odio con toda mi alma -si esta no se ha marchado de mi cuerpo ya- Pero ya está bien, se acabó. No voy a aguantar esto mas. A partir de ahora, voy a hacer lo que me venga en gana, como hacen todos. No voy a ser yo una virgen ángelical, mientras todos ellos son unos demonios que campan a sus anchas haciendo lo que les sale de su sucio nabo. No, basta ya de tanta gilipollez gratuita. Seré libre. Libre para hacer lo que me salga de la perla. Y me da igual lo que digan otros que se creen inteligentes sobre la libertad. Para mí libertad es hacer lo que yo quiera. Ya está, y punto, se acabó...

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Mi vida se me hace insoportable. No aguanto mas. Juro por esta vida ruinosa que no soy capaz de cargar con este peso. Muchos dirán que soy muy débil, que si quiero en realidad puedo con todo, y que tengo toda la vida por delante. Pero no es tan sencillo. Ellos no son yo, ni yo soy ellos. Ellos jamás sabrán lo que es ser y vivir como yo, ni yo podré entender nunca sus pensamientos. Me da igual, que les jodan a todos ellos. Me siento tan diferente a todos ellos, quizás todo sea por un exceso de sensibilidad que da pié a la incomprensión mutua. Parece que todos tienen una perspectiva del futuro bien definida, delimitada y que sigue una línea recta ya prefijada de antemano. Ese no es mi caso. A pesar de ver esa linea recta con claridad, no quiero ni soy capaz de recorrerla. Siempre termino tomando atajos que me acaban llevando a los rincones mas oscuros de esta sociedad. Paradójicamente es ahí donde más a gusto me siento, ya que en los lugares que la gente suele tener por luminosos siempre se terminan por dar consejos provenientes de mentes simples que no ven mas allá que lo que tienen delante. Es decir, de personas que lo consideran todo muy sencillo, que piensan que todo se soluciona con ser positivo, y que todo radica solamente en nosotros mismos. Formas de pensar, que al cabo, hacen de nosotros unos esclavos de todo aquello de lo que pretendo huir. No me siento nada semejante a esas personas, como tampoco a mi propia familia. Mi madre siempre está afanosa, con sus pensamientos yendo a un lado y a otro, como sus piernas y manos recorriendo toda la casa. Y mi padre, siempre está trabajando, desconozco cuales serán sus impresiones sobre las cosas, y las pocas veces en las que hemos podido entablar conversación, me ha venido con los típicos consejos de un superficial manual. Ambos están siempre discutiendo, mi madre siendo una histérica, y mi padre un pasota que siempre que se enfada se va de casa, y ya. Me resulta bastante estúpido que gente así tenga la osadía de animarme a vivir y de darme consejos baratos cuando ellos mismos están mas amargados que una fruta caducada de hace años. Cuando discuten, suelo salir de casa a deshoras. Seguramente piensen que estoy haciendo cosas ilegales o turbias. Nada mas lejos de la realidad. Esas cosas suelo hacerlas a plena luz del día. Por la noche, suelo simplemente pasear. Dar vueltas para sosegar mis pensamientos, con mis cascos puestos escuchando canciones meláncolicas, que sin embargo parecen apuntar a algún tipo de esperanza. A veces llego tan lejos andando que ya ni recuerdo como volver. Me dan ganas de mear, y lo hago en cualquier sitio. Me saco el pene y meo sobre una lata de cerveza ya oxidada con el tiempo. Su sonido es como el conjunto de mi vida, algo tan vacío cual la cáscara de un caracol que se mudó ya hace tiempo. Siempre termino averiguando la vuelta a lo que la sociedad llamaría hogar, al menos administrativamente. Es lamentable que no encuentre mi lugar en esta vida con la capacidad con la que termino orientándome. Es hasta gracioso ja,ja,ja... Hasta mi sentido de humor es lamentable. Rara vez me río, y tengo que buscar alguna estúpida excusa para reírme de algo. De lo contrario, mi vida se resolvería en estar serio mirando hacía la pared. Ya ni tengo fuerzas para llorar. He llorado tanto años atrás, que mis lágrimas se han desgastado, se han evaporado debido a los tenues latidos de mi corazón. Pero ahora, estos latidos son cada vez mas nímios. Se van apagando, poco a poco... Noto como mi respiración se va entrecortando, antes parecía que me ahogaba con su impetú, y ahora, ya hasta me cuesta sentirla. Mi corazón, mi vida, mis pulmones, mis venas... Todo se va ralentizando hasta que se detenga totalmente. Y menos mal, suspiro con alivio. Al fin, por fin, todo ha terminado y ya empezará de nuevo en otro momento...

***

Entonces, las voces cesaron. Y por tanto, también estas palabras transcritas hasta que aparezcan otras nuevas.

martes, 3 de enero de 2023

Un extraño sueño

 Tuve un extraño sueño.

Me encontraba en un centro comercial que jamás creo haber visto. Este estaba cerrado al público debido a que se iba a grabar una película. Al parecer, yo era uno de los actores. Mientras me afanaba para rodar una escena en la que estaba en mitad de una sala con un traje negro rídiculo gritaron: "¡Corten!" Yo, me detuve al instante, y en tanto que recogía mis cosas, me hablaron dos tipos que por lo visto eran conocidos míos. No recuerdo con exactitud de qué hablamos, seguramente de cosas triviales relacionadas con el rodaje. Pero, de repente, mientras ibamos recorriendo la sala principal del centro comercial en vistas a irnos, una gran pantalla se encendió y mostró una mujer despeinada y desquiciada haciendo aspavientos bastantes raros que exclamaba: "Os váis a quedar todos encerrados aquí hasta que no encuentre una respuesta a lo que me acaba de pasar. Tú me traicionaste, y me lo pagarás. Esto no quedará en vano, ya lo verás." Los tres nos quedamos atónitos, sin saber qué decir. Por suerte, no conocía nada a esa mujer. Por lo cual, suspiré al saber que ese asunto no tenía nada que ver conmigo pese a que obviamente yo era uno de los injustamente perjudicados.

Aparecieron muchas personas corriendo de aquí para allá con sus vestimentas del rodaje a medio quitar. Aquello era todo un descontrol, la gente gritaba frénetica y asustada mientras sus piernas se desplazaban espontáneamente allí donde hubiera un espacio vacío, y el resto de su cuerpo obedecía a una especie de mecanismo aleatorio que les hacía mover por ejemplo sus brazos sin sentido alguno. Yo no sabía a ciencia cierta qué debía hacer, mas como observé un largo pasillo metalizado que se encontraba frente a la sala principal decidí encaminarme por ahí avisando a mis supuestos amigos de que ese era el camino a seguir. Era como si lo supiese intuitivamente, como si conociese desde la intuición que por ahí es donde se debía ir. Aunque, claro está, racionalmente no tenía ni idea para ser sincero.

Entonces, fuímos a paso lígero por el susodicho pasillo metalizado, y cuando descendimos -pues estaba levemente inclinado hacía abajo- nos encontramos en una sala abarrotada de gente, en la que curiosamente, dejaban un espacio sin ocupar en el centro perfectamente circular. Aquella zona parecía un ring de boxeo, pues estaba algo mas elevada del suelo, y mientras que esa sala estaba completamente pintada de azul, sólo ese fragmento era blanco. Otra cosa curiosa de aquel lugar es que parecía que había dos grupos diferenciados, el uno se situaba a la entrada de la sala desde la sala principal -donde estaba yo- y el otro al final, cerca de una puerta tan oscura que no se podría vislumbrar cual fuera su procedencia. Bajo nuestra sorpresa, volvió a sonar la misma voz de aquella mujer desquiciada, pero esta vez sin pantalla, y decía: "Es hora que mostréis vuestras habilidades. Todos vosotros soís gente con algo que no tienen los demás. Así que combatid, y demostrar vuestra valía." Y tras esto, se iluminaron unos focos desde arriba. Al parecer, me tocaba combatir primero a mí en mi supuesto grupo. Así que subí a la blanquecida tarima con pasos quedos y tranquilos.

Cuando ya estaba encima, estirandome un poco, esperé con impaciencia quién sería mi contringante. Miraba hacía la puerta oscura, adivinando que saldría por ahí. Entonces, de ahí salió una figura amorfa con dos cabezas humanas que hacían muecas extrañas. Se posicionó frente a mí con osadía, y cuando ambas cabezas me miraron directamente a los ojos, aquel ente se transformó en mí mismo. Así fue como se dió inicio al combate. Dándome prisa, decidí atacar primero. Moviendo mi dedo índice sobre mi cabeza, invoqué una forma circular negra como el tizón, proveniente de las sombras, incluso maligna, y esta fue haciendose mas grande en la pedida que yo movía mi dedo índice dando vueltas sobre sí mismo. Esto formó una bola muy grande inmersa en la oscuridad que parecía que estaba viva, puesto que daba vueltas sobre sí, y tenía como unas convulsiones que la hacían parecer que algo se agitaba en su interior. También tenía unos anillos oscuros, que a su vez, también daban rápidas vueltas como si fuera un planeta. Así, pues, sin pensarmelo dos veces, le lancé esa bola sombría al bicho aquel, y pareció dolerle.

Sin embargo, ahora contratacaría, así que me preparé pronunciando una especie de conjuro, como si fuera una maldición que le lanzara a mi contringante. Una vez pronunciada, aquel extraño ser empezó a rajarme la piel de los brazos con un cuchillo. Yo podía ver claramente mis heridas, y como chorreaba la sangre que caía desde mis brazos hasta el suelo. Pero, entonces, la maldición se vió cumplida, y apareció de una especie de portal de tinieblas, un monstruo de un solo ojo enorme cuyas venas eran de un morado tan oscuro que a primera vista podría confundirse con negro. Era como si le hubieran arrancado un ojo al cíclope gigante, y este ojo cobrara vida de ultratumba. Pues bien, este monstruo se posicionó frente a mi rival, y le rodeó con una película transparente, y con unos rayos verdosos provenientes de su iris, que lo convirtió en un conejo de peluche. Y así, desapareció hundiendose en las inciertas brumas de aquel portar tenebroso.

Al vencer, suspiré aliviado y alcé mis brazos en señal de triunfo. Justo en ese momento apareció un hombre elegantemente vestido que me comunicó que pertenecía a mi mismo bando, y que me daba la enhorabuena por ganar en el primer combate. Y al estrecharme la mano, me explicó que la trampa de aquella mujer loca residía en que nos habían reunido ahí, a la gente más rara del país, para demostrar cual era el más poderoso de todos. Yo sonreí porque evidentemente yo era mas fuerte que aquel bicho tan raro. Por último, me dijo que me dirigiera a la zona de descanso, y yo le seguí obediente, ya que no conocía del todo aquel lugar.

Así, llegué a lo que parecía a todas luces una estación de metro. Concretamente, me parecía la estación de metro de Principe Pío, debido a los colores grises y azules que separaban dos andenes por la mitad. Sin embargo, tampoco podría poner las manos en el fuego de que fuera así. El tren que apareció, en concreto, parecía dirigirse a la Avenida de America -que es donde suelo coger el autobus de vuelta a casa- así que me subí en ese. Una vez dentro, este se encontraba bastante vacío, sólo había algunas pocas personas desperdigadas las unas de las otras, cual motas de suiciedad dispersas sobre una extensión blanca e impoluta. Yo opté por quedarme de pie, y me agarré a una de las amarillentas barras para evitar tambalearme en el caso de que el tren cogiese mucha velocidad. Mientras este arrancaba y se desplazaba por el túnel sombrío, una mujer con el pelo desgreñado y grisáceo que parecía una bruja -se parecía un poco a la mujer de la pantalla del principio, aunque no era ella porque esta era mayor- me dijo que por favor, que alejara mis tropas del reino donde ella pertenecía, y que si no lo hacía porque no me venía en gana, que al menos les ordenase que fueran compasivos. Mas, que, independientemente de lo que decidiera, que tenía que escribir a una dirección de correo electrónico una vez que hubiera despertado de aquel sueño. Yo asentí, y memoricé el correo electrónico que me mostró. Cuando llegué a la siguiente estación, y salí, desperté.

Nada mas despertar, anoté la dirección de correo electrónico con la que había soñado, pues me acordaba perfectamente de cual era. Me quedé unos instantes en la cama entre amodorrado y confuso hasta que me levanté, e hice mi rutina con normalidad pese a que pasé gran parte del día dándole vueltas al asunto, tanto al sueño en sí mismo como a su parte final. Ya por la tarde-noche, cuando me encontraba mas calmado, decidí hacer la prueba de escribir a aquel correo. He de reconocer que mientras lo hacía, me encontraba un poco nervioso y desconcertado. Pensaba: "Y si alguien constesta... ¿Qué hago?" Mas me envalentoné, y puse un mensaje que decía algo semejante a que había cumplido mi promesa de escribir. Finalmente, lo envié y esperé unos instantes. Pero al poco, me devolvieron el correo alegando de que tal dirección no existía. Por un lado, me quedé tranquilo y bajé la cabeza en señal de alivio.

No sé exactamente qué pasó, si yo recordaba la dirección mal, si fue la bruja quién que me la dió mal en un principio, si quiso engañarme bajo desconocidas intenciones, o si la culpa es mía por tomarme los sueños demasiado en serio. En este último caso, uno podría pensar que yo estoy mas loco que la mujer desquiciada de la pantalla de aquel centro comercial imaginario, que debería diferenciar lo real de lo soñado. Pero, si pensáis así, yo con seriedad, os pregunto: ¿Acaso vuestras vidas cuando estáis supuestamente despiertos no son mas que una mala fantasía? 

viernes, 23 de diciembre de 2022

La vida de Borracho D

 El pavimento se encontraba iluminado por la plateada luna, y debido a la humedad del ambiente, sus fulgores resultaban matizados como si cien estrellas hubiesen explotado en pedazos. Tambaleándose por este pavimento mojado, se encontraba Borracho D intentandose mantenerse de pie. A veces parecía que lograba mantener la compostura, mas al rato la perdía, provocando que sus zancadas desesperadas emitieran un eco sordo a lo largo de la calle. Parecía como si tratase de flanquear los fragmentos de las estrellas, cual si prefiriese caminar solamente por aquellas partes que estuviesen cubiertas por un fino manto de sombra. Pero como su paso era ebrio e inestable, siempre acababa pisando algún que otro cacho de estrella desperdigada. Cuando esto pasaba, en susurros se decía: "Maldita sea". Estas palabras calladas provocaban que sus órganos interiores restumbaran, a igual que lo hacían sus pasos inseguros.

Borracho D, que así se llamaba, usaba este apelativo no como un insulto, sino como un mote del que se sentía muy orgulloso. A menudo decía: "Pues sí, soy un borracho. No puedo parar de beber. Bebo y bebo hasta que acabo exhausto. Bebiendo es como vivo y entiendo el mundo, y bebiendo, es como moriré." Después de soltar esto, solía soltar una risotada estridente que cuando llegaba a su cúlmen podía llegar a confundirse con un sollozo ahogado. Nadie sabía nada acerca de su vida. Se trataba de un mero anónimo, uno de unos cuantos, que se dedicaban a beber y a deambular por ahí hasta altas horas de la noche. Como nadie sabía nada de él, tampoco eran capaces de entenderle. Lo único que se sabía es que le encantaba beber, y que a su vez, esta afición suya en ocasiones le hacía sufrir. Mas, ya a estas alturas, poco podía hacerse.

Tampoco se trataba de un mendigo, y aunque podía tirarse noches enteras tirado en la calle, siempre presumía de que tenía una casa a la que volver. Cuando alguien le acusaba de indigente, solía decir en tono de reproche: "Qué puñetero pesado... ¡Que no soy un mendigo, coño! Sólo soy un hombre libre." Nada mas decirlo, le daba un buen trago a su botella de licor, y cuando este se hubo asentado, pegaba un estruendoso eructo que llamaba la atención a cualquiera que pasara por allí. También -nadie sabe por qué razón, debido a que era bastante feo- se le solía ver con mujeres andrajosas -eso sí- andando muy juntitos en dirección a oscuros rincones situados entre los edificios. Cuando los mas puritanos de los que frecuentaban las calles le acusaban de mujeriego debido a su conducta supuestamente inmoral, Borracho D les recriminaba: "Vamos a ver, me gustan las mujeres, claro que sí ¿Y a quién no que no sea un picha floja." Acto seguido, se rascaba el nabo de una forma bastante cantosa, lo que provocaba que nadie quisiera saber más del asunto.

Como íbamos diciendo, Borracho D estaba como de costumbre, andando por las calles completamente ebrio. Al final, con tanto esfuerzo a la hora de desplazar las piernas, decidió tumbarse en un rincón y pegar unos cuantos tragos al whisky que llevaba en ese momento en mano. El notar como el alcohol se deslizaba de su paladar hasta su tripa le reconfortó bastante, dejando entrever una sonrisa que no logró ocultar. Por la comisura de sus labios, dos gotas se iban cayendo poco a poco. Y para evitar que estás se le calleran sobre la chaqueta, con la manga de la misma se las quitó rápidamente. Tras unos instantes de silencio, le empezó a entrar cierta modorra así que decidió cerrar los ojos mientras resoplaba sin importarle lo que otros pensaran al escucharle.

Cuando abrió los ojos, la noche estaba mucho mas cerrada. Y como se le había pasado parte de la borrachera, decidió animarla de nuevo con otro par de tragos. Se levantó, y puso rumbo allí donde le llevasen sus pies. En la medida que iba recorriendo aquel camino incierto, se palpó todos sus bolsillos y cayó en la cuenta de que no tenía ni suficiente dinero, ni cigarrillos. Así que decidió ir a mendigar un rato en la puerta de un centro comercial para a ver si así sacaba unas monedillas. Cuando sus detractores, volvían a acusarle de mendicidad por esta manera de moverse por el mundo, el solía defenderse diciendo: "Bueno, ¿Y qué tiene de malo? ¿No existe algo que se llama caridad cristiana para los creyentes, y empatía para los ateos? Pues hala, a ver si se la aplican." Al terminar de decir esto, movía una de sus manos arriba y abajo. Nadie sabía si estaba intentando realizar una especie de conjuro para enfatizar sus palabras, o si simplemente estaba intentando espantar los mosquitos para darse algún tipo de solemnidad.

Así, pues, se aposentó delante de la puerta de un centro comercial, con la mano alargada repitiendo cada minuto: "Denme algo, que no todos podemos comer." Cuando se lo daban agradecía con una sonrisa e inclinando la cabeza, y cuando no, les insultaba cagándose en sus madres y en sus muertos. Así funcionaba Borracho D, y así también hizo en aquella ocasión. Como vió que ya tenía bastante, se dirigió al interior del centro comercial para comprar bebidas y tabaco. Normalmente compraba los productos mas baratos pese a que estos supiesen a rayos, debido a que así podía tener mas cantidad aunque fuese de peor calidad. Rara vez compraba algo de comer, a excepción de pan y de alguna comida preparada que no requisiese ni microondas ni mucho menos de horno. Sus argumentos a la hora de defender por qué comía tan poco, gastándose prácticamente todo lo que tuviera en bebida y en tabaco eran los siguientes: "El alcohol tiene todas las vitaminas y componentes que necesito, especialmente los licores con sabores. Y cuando no es así porque lo que he comprado tiene mas alcohol que otra cosa, el humo del tabaco me sirve para paliar el hambre. Si es que soy mas listo..." Es preciso apuntar que acompañaba estos irrefutables argumentos dandose unos golpes en el pecho, e irguiéndose como si fuera a entrar en una especie de combate a vida o a muerte.

En esta ocasión, compró un par de botellas de vodka, algunos licores de los cuales no conocía su procedencia, dos paquetes de tabaco barato y una barra de pan. Todo contento, se encaminó hacía un rincón, se aseguró de que ni él ni otro se hubiera meado ahí en algún momento, y se dispuso a degustar su barra de pan, dando algún que otro trago a una de las botellas que tenía a mano "Esto sí que es vida... Y qué vida tan libre..." se dijo a sí mismo entretanto. Cuando terminó, se tiró un sonoro pedo antes de levantarse, y optó por darse un paseo para bajar la comida mientras se acariciaba el ombligo tan pancho. Todavía podía olerse el pestazo que dejó en aquel rincón en tanto que se alejaba canturreando algo ininteligible.

Justo cuando doblaba una esquina que daba a un puente desde abajo, se topó con un tipo aún mas harapiento que él. Este le pidó por favor que le diese alguna moneda, o en su defecto, algo para comer o beber. Borracho D, entre sobresaltado y cabreado le espetó: "¡Aparta de aquí, tío asqueroso." Y como el otro siguió insistiendo, continuó: "Anda, vete de aquí pesado de los cojones. Pírate y busca un trabajo, pedazo de vago." El otro, poniendose muy nervioso y violento, quiso darle un puñetazo. Pero Borracho D lo esquivó, y pudo hacerle la zancadilla, provocando que el otro se cayese por un barranco que estaba al borde del camino. Alguna que otra vez, gente que conocía de la calle, y que le veía comportarse así con otros de una condición pareja, le decían que su modo de actuar era bastante injusto teniendo en cuenta que otros podrían tratarle de la misma manera. Borracho D siempre respondía de la misma manera: "A mí que me dejen de gilipolleces. Hago lo que me viene en gana. Yo no molesto a nadie. La vida es así, injusta en sí misma. Y como la vida es así conmigo como con otros cuantos, pues yo hago lo mismo con los demás. Así, paradojicamente, estoy siendo justo ¿O no os parece?" Y si se encontraba con algún otro que le rebatiese esta postura, terminaba la discusión diciendo: "Que sí, que sí... Venga, un aplauso. Y ahora dejame en paz." Y se iba tan tranquilo subiéndose los pantalones antes de que se le viera el culo.

Ya se encontraba en la plaza dónde se reunían todos los borrachos, los mendigos y los indeseables para la sociedad. Algunos que estaban en corrillo le saludaban con la mano, algunos otros con la cabeza. Pero Borracho D les respondía a todos por igual; con una leve sonrisa y un resoplido que no llegaba a sonar como un sílbido. Borracho D, no era muy social que digamos, acostumbraba a decir que por desgracia las relaciones humanas eran inevitables, mas que siempre que pudiera, intentaba escaparse. Y así hizo en aquella ocasión, como todos estaban distraídos, a excepción de un baboso drogadicto que con paso lento se encaminaba hacía su dirección, se fue de allí en cuanto pudo.

Llegó a una estrecha y ensombrecida calle, y de ahí, a otra mas ancha y despejada. Sólo había ahí algunas prostitutas dispersas que llamaban con elogios y palabras soeces a los pocos viandantes que callejeaban por esa zona. Borracho D no solía frecuentar a las prostitutas, menos por alguna vez que se encontraba desesperado sexualmente. Cuando le pedían su opinión al respecto, normalmente decía cosas como: "Lo siento por todas esas putas. Pero el puterío ya es universal ¿Para qué voy a pagar, cuando hay tantas que te hacen todo gratis? Si es que hay que pensar... Que tontos e inútiles soís todos, me cago en la mar..." Y así actuó en aquella ocasión también, de acuerdo a sus principios acerca del "puterío universal", sorteando a las prostitutas e indiferente a sus halagos interesados, e incluso, desesperados.

Llegó a una subida, y de ahí, se sentó en una zona elevada que comprendía el pasamanos de una escalinata de cemento. Contemplando las luces dispersas de la urbe cual almas extasiadas en el desenfrendo y pidiendo ayuda con cada parpadeo, sintió por un momento una especie de nóstalgia indefinida. Mas pronto alejó de sí tales melancólicos pensamientos y se introdujo la botella de vodka en la boca. Dando grandes tragos, como si se tratase de agua, se la terminó en un santiamén. Acto seguido, se tumbó ahí mismo, y con unas enmohecidas cerillas, se encendió un cigarrillo. Mirando el cielo, pudo localizar entre las negras nubes, algunas estrellas que todavía estaban completas, no fragmentadas como aquellas que intentó sortear en el comienzo de la noche. Sus ojos se pusieron un poco vidriosos, como si la vitalidad de aquellas pequeñas y lejanas estrellas le hubieran contagiado. Se emocionó. Si alguien en ese momento le hubiese preguntado, lo habría negado. Pero lo que no podía negar bajo ninguna circuntancia -al menos, a sí mismo- es que algo en su interior vibraba, y eso era ni mas ni menos que la sensibilidad que anidaba en el interior de su corazón.

Mientras atisbaba el cielo, su fantasía animada por el sueño y la ebriedad se puso en marcha. De repente, las nubes comenzaron a adoptar diversas formas, desde hadas y duendes pasando a bailarinas de ballet. Qué hermoso le parecía aquello, no le quedaba otra que admitirlo pese a que su sentido de la estética fuese nímio. Puede que no comprendiese qué fuera la estética, qué la belleza, el arte, la emoción artística... Pero en ese momento, lo sintió como pudiera sentirlo un escultor que justo en ese instante hubiese acabado la obra de su vida. Y eso era porque durante aquellos segundos, en aquella ciudad húmeda y sucia, su obra de arte era exactamente eso: el cielo nocturno iluminado por quizás una docena de estrellas y las nubes que adoptaban mil formas diferentes y que estimulaban su imaginación. Aquel frenesí, aquel sueño vívido, aquel instante místico era suyo, y sólo suyo. Nadie podía quitarselo aunque hubiesen querido.

Poco después, la imaginación dió paso al pensamiento, y de este entraron los recuerdos. Se veía a sí mismo siendo un niño. Un niño como otro cualquiera que correteaba en un parque en compañía de sus padres. Ahí había también una niña con la que solía jugar todos los fines de semana cuando acudía a aquel parque. Poco a poco las figuras se desdibujaron, los contornos de todas las cosas se dispersaron, y así todos los elementos de la escena comenzaron a desvanecerse a poco a poco. Primero, sus padres, después los elementos del parque infantil, luego toda la arena y los árboles que se encontraban al rededor. Y por último, la chiquilla a la que tanto quería se transformó en una botella enorme de un licor verdoso y que olía a gloria. Al transformarse, Borracho D no lo pudo resistir y se la bebió entera, y comprobó no sólo que olía a gloria, sino que su sabor también sabía a gloria. Fue como si esa niña se hubiera convertido en una treintañera y hubiese pasado la noche con ella. Su sabor fue como un buen polvo, fugaz. Mas le dejó un grato recuerdo, un regusto excelente que iba a pasar a ser una orina que podría confundirse con el oro "Qué placer..." se sintió exclamar a sí mismo estando en aquel sueño.

A la mañana siguiente, Borracho D se despertó debido a que un rayo de sol le daba en toda la cara. Inclinándose, pudo comprobar que olía fatal y que unas cuantas moscas le rodeaban. Extrajo la botella que le sobraba de aquella noche, y le dió al principio unos sorbos, y luego unos tragos mas animosos. Ya incorporándose, bostezó en alto siéndole todo completamente indiferente. Se sacudió un poco la porquería que tenía adherida a la ropa, y continuó andando hacía donde nadie sabe "¿A dónde irá este borrachín D?" Podría alguien preguntarse. Pero lo cierto es que nadie podría responder con seguridad. Quizás podríamos pensar que va a echarse una siesta para retornar a vivir una noche pareja, al fin y al cabo, los días de nuestras vidas acaban pareciéndose demasiado los unos a los otros. Sin embargo, será mejor no arriesgarnos a responder algo erróneo. Déjemos que Borracho D siga su camino, allí donde él crea que deba ir. 

domingo, 11 de diciembre de 2022

La paradoja que se hizo realidad

 En la lógica antigua, e incluso, en la formal moderna, hay una paradoja con la que siempre se han quebrado la cabeza todos los teóricos del lenguaje. En esta, se nos cuenta, que todo lo que se predique de algo que no existe, si se niega, resulta verdadero. Es decir, si por ejemplo, asumimos que los duendes supuestamente no existen, todo aquello que neguemos de ellos será verdad. Por ejemplo, si decímos que los duendes no son altos ni azules, esto hará que tal proposición sea verdadera. Y así sucesivamente con todas las negaciones que se nos ocurran sobre cosas que suponemos inexistentes. En relación a esto, me acabo de acordar de una historia que escuché por ahí:

Hubo un pequeño pueblo aislado de todos los demás, donde esta paradoja  pareció que se llevó a la realidad. Allí vivía un viejo feo y gordo, pero que era sumamente inteligente, quizás demasiado. Este hombre como era un ocioso y no tenía nada mejor que hacer, se dedicó a estudiar por su cuenta filosofía, y sobre todo, lógica, desde la aristótelica hasta la analítica moderna. En estas estaba, hasta que se encontró con la paradoja mencionada. Su descubrimiento le produjo algún que otro dolor de cabeza debido a que no lograba resolverla por mucho que lo intentara. Ni las respuestas de los lógicos antiguos, ni la de los contemporáneos le satisfacían. Para él, lo único que hacían era marear la pérdiz.

Estando en estas, al final optó por dejar de devanarse los sesos por lo que decían otros, e intentó resolverlo él mismo. Pero claro, para hacerlo debía ser fiel a la fundamentación original. Es decir, tenía que aceptar por mucho que le costara, que todo negativo que se predicase de algo inexistente, era verdad desde la lógica. Así, desde entonces, se pasaba días enteros sentado frente a su mezquina mesa de despacho meditando sobre cómo dar un resultado a esta añeja paradoja que fuera convincente tanto desde la lógica como desde el sentido común.

Un día de aquellos, se quedó dormido con su cabezota babeando sobre la mesa de madera carcomida, y en un duermevela seguía pensando en la susodicha paradoja. Se dijo así en el mundo de los sueños : "Si aceptamos que biologicamente no puede una mujer de seis tetas funcionales, entonces esa mujer de seis tetas funcionales no puede ser morena. Y si digo esto... ¡Desde la lógica es verdad!" Y entonces, sin que él se diera cuenta, de su mesa comenzó a surgir una luz verdosa, y apareció de repente una mujer desnuda de seis tetas perfectamente funcionales. Del susto, acabó despertandose y ahí la vió, tendida en el suelo al lado de la mesa, restregando sus pechos en el suelo como si fueran las ubres de una vaca. Ella, al percatarse de que estaba siendo observada, huyó despavorida a buscarse algo con lo que taparse.

Este viejo feo y gordo se quedó gratamente sorprendido, aunque en el fondo, sentía un poco de temor. Quizás no resolvió la paradoja como en un principio pensaba. Pero sí logró llevarla a efectos prácticos. Lo cual, era mucho mejor que resolverlo solamente desde la teoría. No tendría sentido que aquellas cosas que no existían, existieran de repente. Mas el caso, es que así pasó en aquella ocasión. Todo esto no dejaba de maravillarle. Sin embargo, este descubrimiento tenía algo de misterioso y sombrío. Si efectivamente todo lo que pensaba en sueños negándole algún atributo se hacía real ¿Qué acabaría pasando?

Mas, con el tiempo, siguió insistiendo haciendo la misma prueba como aquella vez. Una y otra vez, sin cesar, pasaba lo mismo. Todo lo que al soñarlo le negaba un accidente, cuando despertaba estaba ante sus ojos. Y siempre cuando aquella nueva existencia le veía, salía disparada por el pueblo. Esto, obviamente, acabó por convertirse en un problema. Al final el pueblo acabó lleno de engendros de todo tipo: aguilas ancestrales que se llevaban a los niños, osos con cabeza de personas que amenazaban e insultaban a quienes les vieran, niñas zombies que mordían y convertían a doquier, extraños seres gigantes que aplastaban sin querer a la gente, tipos amarillos que levitaban y lanzaban llamas por los ojos cuando se enfadaban... Vamos, que lo de la mujer con seis tetas perfectamente funcionales que llamaba la atención a todo aquel que la veía, acabó por ser un problema menor.

En esta situación, al viejo gordo y feo, no le quedaba otra que intentar solucionarlo, a no ser que quisiera que se extinguiera su pueblo, y con el tiempo, no sólo los colindantes, sino puede que hasta el mundo entero. Pero ¿Cómo iba a hacerlo? Se quedó pensativo unos minutos contemplando lo que ocurría por la ventana, y al ver cómo la mujer de seis tetas perfectamente funcionales era atacada por un cocodrilo invisible, se dió cuenta de que no tenía tiempo para andarse con tonterías. Mas, de repente, se le ocurrió una idea. Queriendo probarla, se tumbó como si tal cosa en la mesa de las invocaciones lógicas, y con la barriga sobresaliendo a ambos lados, se quedó dormido.

En su sueño, sólo salía él mismo flotando sobre un lugar incierto en el que no se veía absolutamente nada. Y entonces pensó soñando: "Si digo de un yo que jamás se hubiese interesado por la lógica formal, y que por lo tanto, nunca hubiese invocado con su pensamiento soñado a todos esos extraños seres, que no tiene una verruga en la punta de la nariz... Esto es... ¿Verdad?" Y entonces, desapareció de repente, hundiendose en las tinieblas de aquel mundo soñado e incierto. Fue como una pompa de jabón. E, incluso, menos que eso porque no dejó ni el rastro húmedo que suele caer al suelo cuando una pomba de jabón estalla. Por lo tanto, digamos mejor que desapareció cual si todos los atomos que componen su ser material se hubieran dispersado de repente de aquel mundo.

En el pueblo, a los meses, descubrieron que en la casa de un viejo feo y gordo del que nadie se acordaba, olía bastante mal. Al forzar las puertas, se encontraron a un cádaver en descomposición que tenía decenas de moscas verdosas a su al rededor. Al día siguiente, se propagó rápidamente la noticia de este acontecimiento. Pero como nadie lo reconoció, decidieron tirar su cuerpo descompuesto por un barranco lejano al pueblo para que así al menos su carne putrefacta fuera aprovechada por los animales que vivían por ahí.

Esta historia no la cuento para que el lector saque algún tipo de moraleja. De hecho, creo que no la tiene. Sé que es bastante absurda, al menos, desde la lógica. Ningún lógico actualmente podría extraer una proposición con sentido de ella. Lo único que espero es que ningún lector esté tan loco como para tomarsela demasiado en serio hasta el punto de llegar a obsesionarse tanto con la historia como sobre todo con aquella paradoja. Si eso pasara, puede y sólo puede, esta historia dejaría de parecerle absurda a mas de uno. Pero como sé que esto no va a pasar, puedo dormir tranquilo.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Cinco poemas imaginarios

 - Cuando contemplamos la luna,

por un momento, hay algo divino

que nos traspasa el corazón

y que nos recuerda al enamoramiento.

Es un instante de ebriedad absoluta

en el que de sus plateados rayos

bebemos sin cesar una esencia

cargada de alegre nostalgia.

Como Li Bai la invitamos a beber,

siendo en realidad la misma luna

la que nos dota de suculenta ambrosía,

flujo de un mundo a parte.

Oh, qué sensación tan plancera,

de los ojos pasa al paladar,

y de ahí a colmar nuestro ser

sin desear que llegue el amanecer.


- Vaga mi mente por lejanos espacios

siderales sobre un principio sin fin

cual escalera caracol que sube y sube,

incesantemente, hacía donde nadie sabe.

Atravesando las infinitas estrellas, 

yo habito en el reino de los Inmortales,

soy un invitado perpetuo que pasea

sobre palacios adornados con perlas

y bosques repletos de extraños cristales.

Estos hermosos parajes son un sueño

perpetuo, una fantasía totalmente real,

en donde cada uno de sus habitantes

siempre está bebiendo alegre,

admiradores incondicionales 

de la belleza y de los buenos valores,

viven y mueren sin temor alguno,

sabiendose efimeros a la par que eternos

¡Cuanto deberíamos aprender los mortales de ellos!

Y ahora, disculparme, pero he de acabar

este vaso de suculento vino

mientras me deleito con la dulce melodía

que se esparce por este lugar de ensueño.


- Cuentan que cuando caen las hojas,

estas emiten unos susurros,

que imperceptibles para los hombres, 

pasan desapercibidos para la mayoría

¿Qué dirán esas hojas caídas?

¿Será un mensaje importante?

Me preguntaba, mientras recorría

un camino sin fin, deteniendome

sólo ante la caída 

de esas efímeras hojas otoñales.

Entonces, en un momento indeterminado,

un grupo de cinco hojas resecas

me dijo al oído con un acento quebrado:

"No mas dolor. No mas muerte.

Hay quién le divierte, quién gusta

de ajenos sufrimientos.

Pero, nosotras, con nuestra caída,

suplicamos que no haya mas daño.

Por favor, no mas muerte..."

Ante aquel mensaje provinente

de una naturaleza que me superaba

en entereza y sabudiría, 

sólo me cabía entremecerme.

Y así fue como yo mismo caí,

y me dediqué largos años

a susurrar a cada anonimo viajero

que cesase el sufrimiento y la muerte.


- En el pequeño mundo

que supone un diminuto jardín,

unas rosas florecen en pleno otoño,

pudiendo con el frío y la gélida humedad.

Podría pensarse que estas rosas

son como un tributo a la huída primavera,

pero mis ojos no lo ven así.

Estas rosas que resisten, que sobreviven

allí donde otros lo creerían imposible,

son mas bien una muestra de esperanza.

Estas rosas cuales hermosas damas

son un canto extendido al otoño, 

la resistencia que habita en toda vida,

y que rinde culto a la muerte inevitable.


Yo quisiera sacar a bailar a esas mujeres

de enrojecidas mejillas,

exquisitos pómulos salientes

y de cuerpos resistentes,

para celebrar la belleza

de todo lo desfalleciente.

Ay, pero ¿Aceptarán que yo, un cualquiera,

baile con ustedes, rosas del otoño reluciente?


- Es doloroso encontrarse

frente a un destino,

que insondable, nos traspasa

con una mirada fatal,

tan fija e inamovible

como aquel pasaje que ya fue escrito.

Ni desisto, ni continúo,

se trata solamente de esperar, 

con paciencia contenida

aquel último suspiro,

aquel adiós imprevisto,

aquellos puntos supensivos...


Después de todo, ya es hora de detenerse,

de cesar de correr y berrear sin cesar,

simplemente abandonarse

para al cabo algún día despertar.

Tras ese sueño, 

esa fantasía llamada vida,

esos goces, placeres, sones a doquier,

ya tan sólo quedan cúmulos de cenizas.

Todo al final ha acabado,

excepto por un suspiro

que se va dilantando hasta que sin querer

una estrella fija ha cambiado su rumbo

sólo para volver a desfallecer.

domingo, 20 de noviembre de 2022

Una historia sobre el vino y princesas

 Ji Feng era un hombre que carecía de retén. Se pasaba todos los días ebrio y le gustaba andar con las mujeres del barrio bajo. Esto ocasionaba que siempre estuviera endeudado, como también que fuera visto con malos ojos por parte de toda su comunidad. En sus ratos de ebriedad y jolgorio siempre acudía al anocher bajo un sauce llorón que lindaba con un río inmenso. Ahí solía estar acompañado por amigos que compartían su ritmo se vida y con mujeres a las que les encantaba festejar la vida. Esto, claro está, junto a una buena fuente de vino y una borrachera impresionante.

Una noche, extrañamente, se encontraba en completa soledad en ese mismo lugar. Su única compañera en tal ocasión no era una bella dama, sino un jarrón de vino a rebosar. Tampoco estaba rodeado por amigos de festejos, sino sólo por la ebriedad y por el fulgor de la luna que todo lo circundaba. De repente, bajo el sauce y en dirección al río, pudo visualizar una senda que jamás había visto hasta entonces. Como estaba totalmente borracho, pensó irracionalmente que le habían invitado a algún tipo de festín, así que lo atravesó como si tal cosa.

En mitad del camino, vió que dos extraños personajes estaban discutiendo alzando la voz y con gestos muy extraños. Sin saber que hacer, o que pensar, se acercó dando trompicones para escuchar con mas atención. Con la cercanía, vió que se trataban de dos personajes muy estrafalarios que ni en sueños podía imaginarse, uno portaba un raído sombrero y el otro una barra de bambú al modo de arma.

- ¡Imbécil! -decía el del sombrero- ¡Otra vez has dejado el portal abierto...! Yo ya no sé qué hacer contigo.

- Deja de echarme sermones, yo hago lo que me viene en gana -le respondió el otro agitando la barra de bambú evidentemente enfadado-

Sin embargo, nuestro personaje, debido a la borrachera que llevaba en el cuerpo, dió un traspíe, y se cayó. Motivo por el cual, los otros dos personajes, se percataron de su presencia y acudieron raudos a donde se encontraba. Con los ceños fruncidos y en posición de combate, le inquirieron con insultos. Al final, mas bien que mal, Ji Feng pudo levantarse a duras penas y algo mareado les respondió:

- ¡Callaros de una vez y dejar de marearme, hijos de puta! Mas me valdría a mí insultaros a vosotros con las pintas que lleváis. Es rídiculo que las pelusas negras estén disfrazadas y los osos panda se crean reyes de los bosques.

- ¡Eh, maldito ser humano! ¿Con quién crees que estás tratando? -respondió frunciendo las cejas el del sombrero- Yo soy Mago azufre, y mi compañero es el Rey bambú. Un respeto, o me obligarás a darte unas cuantas hostias.

Ji Feng, al oír esto, no pudo evitar volverse a caer debido a la estridencia de sus inmensas risotadas. Su borrachera era tal que cualquier cosa podría haber provocado un ataque de risa semejante, pero que encima le hablasen con tales humos ese par de personajes era algo que le superaba con creces. Los otros dos, atónitos, viendo a Ji Feng desternillarse de risa, le cosieron a golpes y a injurias, el uno con su barra de bambú y el otro, lanzandole hechizos.

De repente, en tanto que Ji Feng estaba lleno de magulladuras y de quemaduras, una escalinata inmensa descendía del cielo. El fulgor era tan potente que parecía de día, y los escalones tan lujosos todo cargados de un rojo granate, que cualquiera hubiera pensado que estaba a punto de celebrarse una gala. Como nuestro protagonista era muy amante de la fiestas, no dudó ni un segundo de escabullirse de sus dos agresores, y mas, cuando vió que de la escalinata descendía una hermosa dama adornada toda ella por la esencia de todas las estrellas del cielo.

Cuando ya se encontraba frente a ella, pudo comprobar que su belleza era tremenda, y que ninguna de las maravillas imaginables y de los más escelsos paisajes le podrían venir en zaga. Ji Feng, todo contento a pesar de los innúmerables golpes que había recibido instantes antes, se puso a tratarla como lo haría con cualquier mujer del barrio bajo.

- Eh, guapa. Es una pena que no haya un lecho por aquí... De lo contrario, con una jarra de vino y tu cuerpo, haríamos un completo festín.

Ella, sin responder, bajó la mirada en señal de evidente turbación. Al instante, acudieron Mago azufre y el Rey bambú para presentarles ellos mismos las excusas mientras se arrodillaban y besaban el suelo. Esta, les comunicó un mensaje breve en un idioma ininteligible, y al instante, pareció desvanecerse en el aire. Ello provocó que Ji Feng se sintiera azorado y comenzase a dar patadas al suelo debido a que se le había esfumado -nunca mejor dicho- una belleza sin igual.

Entonces, el Rey bambú le dió un buen tajo en el estomagó con su barra, y Mago azufre le dijo a continuación:

- No sé cómo es posible. Pero el caso, es que te han llamado a una audiencia con el Rey dragón. Al parecer, por lo que fuera, le has llamado la atención, y ha indicado a su hija, la Princesa Jade, que venga ella misma a comunicartelo. Mas, como eres un vulgar mamón, no ha podido decirtelo ella misma. Anda, vete ahí de una maldita vez.

Al decir esto, sacó de su andrajosa ropa lo que parecía una varita, y en un santiamén, Ji Feng se encontraba en un lugar totalmente diferente. El sitio en cuestión, estaba bañado por cristales y perlas multicolores. Cada edificación estaba decorada con una suntuosidad sumamente elegante, hasta el suelo estaba cargado de millares de minerales desconocidos por los hombres. El sol era radiante, tanto que pareciera que hubiera varios. El entorno era de una majestuosidad tan elevada que incluso las hierbas que se encontraban al rededor parecían joyas de esmeralda. Sin embargo, lo que mas destacaba, era un edificio que estaba en la zona central, tan alto y esplendoroso que se diría que lindaba con aquello que hacía nacer la luz.

De ese edificio, que mas bien valdría llamarlo palacio, surgió un coro de mujeres hermosamente ataviadas que danzaban al ritmo de las flautas y los tambores. Sus sensuales movimientos era tan ligeros que casi volaban con cada salto, y sus melodías suponían música celestial para los oídos. Después, surgieron una extraña tropa que hacían de cortejo, de la que cada soldado portaba un semblante de animal diferente, unos tenían cabeza de buey, otros de cerdo, algunos de tigre, e incluso algunos otros de serpiente. Pero aún así, todos desfilaban ordenados al compás de la música de las mujeres, y como protegiendo una especie de caja negra que se encontraba en el centro. Ji Feng, pensándose loco, se quedó en el sitio, petrificado.

Al poco, la caja negra se abrió y apareció el gran Rey dragón sentado sobre un trono dorado cargado de escamas, piedras preciosas, perlas rosáceas y miles de joyas de diferentes colores. Este miró sin mirar a Ji Feng con una tenacidad amenazante, ya que sus blanquecinos ojos delataban que estaba completamente ciego para las cosas sensibles. Alzando su lustroso semblante, le dijo:

- No sabes para que has sido llamado ¿Verdad? - Ji Feng no se atrevió a responder, sólo se limitó sin saber por qué a arrodillarse enteramente y a escuchar- Pues bien, me han informado mis espías del reino humano acerca de sus fechorías y sus continúas locuras. Tal conducta es intolerable. No obstante, soy bastante benigno y compasivo, por eso voy a cederte de una segunda oportunidad. Algunos adivinos me han relatado que si yo intervengo con esta advertencia en el curso natural del sino, podrías convertirte en mi heredero, y así, edificar al reino sobrenatural. Pero para eso, debes antes reformarte desde ti mismo, y una vez curado tu interior, ser recompensado. Si atiendes a mi petición, podrás casarte con mi hija y heredar este palacio de cristal cuando yo parta hacía un mundo sobrenatural mayor. Mas, si al final decides continuar por la misma senda que corrompe tú interior, yo mismo me ocuparé de calcinarte con mis llamas, o se ahogarte en los mares. Quedas advertido. Espero que lo hayas entendido.

Sin darle tiempo para contestar, lanzó un inmenso rugido que estremeció todos los alrededores. Y cuando Ji Feng, quiso darse cuenta, se encontraba en el mismo punto en el que se inició esta historia. Ya no sabía a qué atenerse, desconocía si lo que acababa de vivir se trataba de un sueño o de la realidad. Pero, con todo, lo tuvo como un acontecimiento sagrado al que no podía hacer oídos sordos. Estaba tan extasiado a la par que turbado, que se quedó toda la noche ahí hasta el amanecer contemplando el mecerse de las caídas ramas del sauce llorón y las agitadas ondas del agua del río.

Al día siguiente, y tiempo después, decidió moverse por el mundo de otra manera. Ahora, bebía con moderación y ya no frecuentaba las mismas compañías. Se dedicaba al estudio de los libros clásicos y al cultivo de la poesía. Y cuando sentía la tentación de retornar a la vida de antes, como un relámpago aparecía la imagen del gran Rey dragón clavada a su mente, y se iba a dormir. En sueños, podía volver a ver el espectáculo del que había gozado aquella vez. Y esperanzado por volver ahí, disculparse ante la Princesa Jade, y casarse con ella, detenía cualquier atisbo de pura maldad que naciera de su interior. Así, poco a poco, la costumbre se hizo naturaleza, y aunque seguía siendo un poco alocado, su corazón acabó tan nítido y pulcro como aquellas hermosas joyas del palacio que pudo por fortuna contemplar, junto a la eterna belleza del semblante de la Princesa Jade.

Una noche como aquella, un bonzo se encontraba paseando allende a la orilla de ese mismo río, y pudo ver en la lejanía a Ji Feng sentado en posición de loto. Acercándose lentamente a él, pudo comprobar como una gran cantidad de lágrimas caían por sus enrojecidas mejillas debido probablemente al vino. Mas, a pesar de esas flamantes y raudas lágrimas que recorrían todo su rostro, mantenía una amplia sonrisa. Cuando ya estaba a su lado, y quiso saludarle inclinándose, comprobó que se había desvanecido en el aire. Ji Feng ya no estaba ahí.

sábado, 5 de noviembre de 2022

Doce poemas de un paria

- Recuerdo el dolor
que se siente en el corazón.
Recuerdo el desvanecerse
de la efímera pasión.
Recuerdo las señales
que dejan el abandono.
Recuerdo la tristeza
en el sucederse de aquella estación.
Recuerdo la insistencia
de aquel recuerdo, aquel adios...

Y a pesar de todo,
aquí estoy.
Abandonado de todo y de todos,
recordando que recuerdo
y llorando aquella última imagen,
aquel adios de un recuerdo.

- Al final poco importa
el afanarse por las cosas
de este pasajero mundo.
Desde las cosas que tenemos 
hasta las personas que queremos,
todos se transforman y desvanecen.
Que cada lágrima derramada,
cada sonrisa de soslayo,
cada emoción contenida,
son un punto en el abismo.
Todo, al cabo, es humo y polvo
llevados a un lugar incierto.

Al final lo único importante
es que vivimos y que morimos.
Lo restante, es humo y polvo
llevados a un lugar incierto.

- Caminan los sueños,
y en su interminable sucesión
despliegan cada vivencia.
Sin cesar, nos invitan
a habitar un corazón desfalleciente,
que late y se apaga,
que se impulsa y desciende.
Se burlan de tu realidad, 
de las tristezas hacen comedia,
de las alegrías tragedias
y de la verdad dulce falsedad.

Al despertar, atónito me pregunto:
"¿Es el sueño una ilusión,
o es mi vida la que es una ficción?
¿Es el vivir todo lo real,
o es el soñar lo relevante?
¿No será el vivir un dormir
y el soñar un despertar?"

- Oigo como cae la lluvia
desde el cobijo
que me ofrece mi habitación.
Su sonido es semejante
a una tela que se desliza 
muy poco a poco,
similar a una seda
que se va desgajando
y recomponiendo sin parar.
Y que, impulsada por el viento,
viaja a miles de leguas de distancia,
sólo para caer sobre mi ventana
y pasar a ser parte de mi mundo.

La lluvia siempre me ha recordado
a las lágrimas que caen,
que se suceden en un momento
de conmoción profunda.
Por eso, en su constante desprenderse,
fantaseo con la idea
de que todas ellas,
cada una de esas gotas,
de esos trozos remendados de tela
son todas mis lágrimas,
derramadas o acumuladas
con el paso de los años
que componen toda mi vida.
Ojalá lleguen al mar,
y mi mundo sea el océano.

- Tristes melodías se funden
en ecos que se repiten
en la cueva que es mi alma palpitante.
Sones vivificantes y desfallecientes,
son los instantes que aunan
la vida con la muerte.
Y aunque deje de andar,
pese a que me calle,
aún en quietud,
con un silencio completo,
siguen sonando en mi interior.

Cuando la música se silencie,
cuando nada haya que hacer,
significará mi muerte.
O puede, quizás pudiera ser,
que se tratase de un leve rayo de luz
que se haya filtrado
dentro de este corazón ahogado.

- En el silencio de la noche,
se esconde una extraña luz.
Tan extraña es,
que no sólo parpadea ella misma,
sino también mis ojos,
perplejos, al contemplarla.
Procuro escudriñar su naturaleza,
comprender la razón de su existencia,
examinarla como a las páginas de un libro
, cotejarla con ojo avizor.
Pero no hay nunca
una respuesta segura,
un sostén vital,
un sentido al sin sentido.
Todo se resuelve en acariciar el abismo,
en un temblor dubitativo
que produce el tambalearse
de todos los supuestos imaginable.
El fundamento, al cabo,
se torna carencia del mismo.

Así, pues, dejando a un lado
el examen innecesario e impreciso,
me limito a contemplarla.
Sólo a contemplarla, incondicional,
sin temer su huída imprevista,
o su inevitable desfallecimiento.
Ahora ya, en silencio,
la comprendo.
Y comprendiendola a ella,
lo comprendo todo.

- Todo esfuerzo es vano,
desde los humanos empeños
hasta en los conocimientos
mas elevados y soñados.
Muchas veces nos afanamos,
procuramos ir más allá
y siempre nos encontramos
con naturales escollos.
Qué triste es el hombre
y toda su estirpe,
siempre impactando sobre los mismos
muros derruidos de antaño.


En el mundo humano
todo son disputas,
continúas luchas
y victorias ficticias.
En la fáceta trascendente,
todo ensoñaciones,
ilusiones de la razón
y limitaciones inevitables.
Qué sabio fue el maestro Zhuangzi
cuando con serenidad proclamó
que la sabiduría suprema
es conocer el límite de la sabiduría.
Si nos percatamos
de un sólo aleteo de mariposa,
sabremos acerca de la existencia
de toda cosa.

Si sabemos que soñamos,
el sueño mismo negará su sentido
y podrá ser él mismo.
Al igual, que, si nos apartamos,
vemos lo lejano
que es todo horizonte,
como todo transcurre sin ningún
polizonte sobre el barco,
y que cada mota de polvo,
inconsciente, se confirma a sí misma.
Ah, sí. Lejos, muy lejos,
estando quietos, en silencio,
nos fundiremos con la naturaleza,
y seremos cual fuímos y somos:
un trozo de madera
que flota en el río,
que sabe de la cascada del otro lado,
y que aún así, disfruta del paisaje.

- La noche. Silencio.
El pensamiento en suspenso
divaga allí donde cada imagen
es un fragmento atrapado 
en una oscuridad que se dilata.
Se expanden las imagenes
bajo bordes sombríos,
tenues manteles
encierran en su seno
la magia de la fantasía
que se desborda.

¿Lograré atrapar 
aquel núcleo incandescente?

Siempre se escapa.
Mis ojos procuran penetrar
aquel misterio insondable,
aquella profusión profunda.
Nada más agudizar los ojos,
justo cuando estoy ahí,
todo se desvanece
en aquel espacio vacío.
Nada hay donde se encuentra el todo,
todo está donde pace la nada.

¿Soñaré que vivo
y todo fragmento se recompondrá?

Divago. Creo perecer.
Y sé que algún día moriré,
mas nada temo
si la muerte es semejante
a esta eterna oscuridad,
si la muerte es similar
a este relativo silencio.
Ojalá morirse sea como la noche,
pareja a las estrellas
que se apagan, y que nunca retornan,
como dos anillos de fuego,
los cuales giran y giran hasta perderse.
Allí todo es paz en la guerra,
honesta guerra de la paz.

Qué calma... Oh, verdad silenciada...
¿Al final todo se resuelve
en aquel principio
que nunca debió comenzar?

- Todos buscan ser eternos,
en su ilusión, se ríen
ante la naturaleza de las cosas,
de su constante mudanza
en el nacer y en el perecer,
y temiendo a la muerte,
la encuentran igualmente.

Ignorantes, se afanan en suposiciones
de lo que debiera ser la vida,
a partir de sus fantasías
se apegan a hechicerías,
que en realidad, son polvo.
Así, pasan la vida,
entre la vanidad y la preocupación,
y con sus tonterías,
esta se les va.

Mientras, usan su tiempo
en buscar la razón de ser
de ese mismo tiempo,
este se les escapa,
sale volando,
como hojas primaverales en otoño.
Tan ceñidos están a su ego,
que se creen inmortales
sólo por pensarlo,
que toman lo falso por verdadero
como en un mal cuento.
Mas, al final, toda esa importancia
es cercenada por el último suspiro,
todo cuento sea malo o bueno,
tiene que acabar.

Así es como la vida
me ha enseñado lo que son las cosas.
Fue la vida la que me mostró la muerte,
y la muerte la que me ayudó
a querer sin apresar la vida.
Viviendo uno contempla a la muerte
como algo dulce y necesario,
y muriendo uno ve a la vida
como un recuerdo con contrastes lejano.

No temo morir porque sé que es así.
No quiero vivir a cualquier precio.
La vida, es al cabo, algo prestado
que no me pertenece, y la muerte
algo inevitable que proviene de los dioses.

- Aunque en el fondo
sé que es estúpido,
no puedo evitar estar preso
de una melancolía
que me oprime el corazón.

Los dolores son un conjunto
de infimas cadenas,
que como en los dolores corporales,
van medrando poco a poco,
haciendonos pequeños
cual si fuerámos aplastados.

En mi pecho, hay un latido
que se va apagando 
segundo a segundo.
En mis ojos, unas lágrimas
que forman un río
cada vez mas profuso.
En mis manos, las fuerzas
comienzan a faltar
como el aire en mis pulmones.
En mi alma, su hálito
se torna bastante frío,
es un pasaje gélido.

Reconozco que seguir insistiendo
en mi tristeza es mas triste
que las razones del estar triste.
Pero también sé que cuando lloro
una estrella en mi horizonte
se desvanece para siempre.

- Con los años, los pasos
son cada vez mas inciertos.
En cada estación, el tiempo
se huelca más confuso.
Pensando y sintiendo, las sensaciones
son muescas en una playa desierta.

Son luces y sombras
todas las cosas
que conocemos y amamos,
todo es refractario,
trozos aleatorios fragmentados
lanzados al cielo.
Esto lo sabemos,
mas apartamos la mirada
y nos quedamos frente 
a un sólo lado del espejo.

Cantan los pájaros,
sopla el viento,
se mecen los árboles
y a mí ya no me queda nada.

- ¡Qué malestar interno!
Tomaré mi dulce ducado.
Calada tras calada,
el humo sale y se expande
hasta evaporarse.

¡Qué tristeza la mía!
Me encerraré en mi cobijo.
Respiración tras respiración,
el aire emana inmenso
hasta disgregarse.

Y dime, confidente mío,
¿Tú también sueñas todos los días
con aquel vacío?