sábado, 7 de febrero de 2026

Una tragedia coral a cinco voces

 -- Compadres --

Hacía un calor sofocante, notaba como el sudor se resbalaba a través de mi grasa acumulada. También veía que el asfalto de la carretera se curvaba, creando espejismos y lugares ilusorios. Y a pesar de encontrarme a bordo de mi nave terraquéa, el aire supuestamente fresco que recorría los filtros no era suficiente. Además de por el calor, me estaba desquiciando debido a los sollozos de esa mujer a la que raptamos kilometros atrás. A lo que se le sumaba el dichoso chicle que no paraba de mascar mi mujer,  tenía un serio problema con ello. Mas supongo que este es un tema aparte.

En general, menudo viaje me estaban dando todos estos supuestos nimios acontecimientos, uno tras otro sólo servían para hacerme hermano de la locura. Mirando en los espejos que tengo delante, procuro amenazar a esa mujer balbuciente con un gesto de violencia contenida. Pero nada, nada parece hacer callar a esa masa de lágrimas, que no deja de hacer gestos que me parecen sumamente desagradables. También procuro reprender a mi mujer alzando la mano y expresando con gruñidos iracundos de que ya es hora de tirar ese chicle. Pero no, nadie para de hacer lo que hacían anteriormente aún con todas mis advertencias ¡Ay, que desidia!

Pero... ¡Oh! Esperad un momento. Parece que más adelante hay un puesto de descanso, un lugar en el que podré reposar de todo este espéctaculo macabro que juega con mi cordura. Sin decir nada a nadie, ni mostrar demasiado explicitamente mi alegría, dirijo mi vehículo en esa dirección. Necesito un descanso de esta tortura, pues como continúe en esta tesitura... Juro por los dioses que voy a agarrar a esa mujer chillona y la voy a lanzar con todas mis fuerzas bien lejos, y ya de paso, a mi mujer. Me buscaría otra con menos manías... Total... ¡Hay tantas!

Tras descender de la nave, hurgo en mi bolsillo plagado de papeles y tomo un pitillo para levantar mis ánimos. Y mientras expulso el humo a diestro y siniestro, voy caminando con parsionomia en dirección al baño. Una vez allí, me posiciono sobre el inodoro mas cercano y expulso todo ese amarillento líquido oloroso acumulado. Y cuando ya están las últimas gotas intentando salir, escucho que alguien camina a mis espaldas. Procuro mirarle de soslayo, y descubro que se trata de todo un hombre, que está justamente en ese momento lavándose las manos con suma paciencia ¡Qué elegante! ¡Que postura tan señorial! Ojalá yo fuera como él...

No puedo evitar dirigirle la palabra, comentarle algo baladí como podría ser el tiempo. Y él me responde con una voz suave, contenida, deslizando las sílabas con una naturalidad como jamás había escuchado en este mundo. Una cosa lleva a la otra, y me comenta que desea irse lejos de ahí, vivir las más apasionantes aventuras como los hombres de antaño. Yo le respondo que no me lo puedo creer, que justamente ese es el motivo que me llevó a emprender el viaje a través de las llanuras más recónditas. Tanta es mi excitación que sin pensármelo dos veces, le invito a que venga conmigo, y él obviamente, lo hace. De camino al coche le digo: "A partir de ahora seremos... ¡Compadres!" Y esto es algo que menciono con toda sinceridad.


-- Chicle --

Cuanto tarda ese gordo bobalicón en subir a la nave, desde que se ha ido a aliviar esa oruga que tiene por miembro ha pasado una eternidad. Encima la cría esta de detrás no deja de llorar, no cesa de gemir como si la estuvieramos haciendo algo indecente. Pero oh, parece que ya se acerca... ¿Y quién es ese hombre? Es bastante apuesto. Además, si le comparo con mi marido no tiene nada que ver. Qué pena que los hombres no sean de usar y tirar. En ese caso, estaríamos lo que durase la plenitud de su juventud junto a ellos como una palomita arrimada a su palomo, y cuando a estos les empezase a crecer la tripa y a aumentar la calva, diríamos "Y ahora, fuera con este despojo... ¡Que venga a nosotras este suculento jovencito!" Pero bueno, este es otro tema, debería dejar de soñar tanto despierta...

Así que este hombre tan atractivo nos va a acompañar durante el viaje... Por mí no hay problema, aunque ojalá se sentase mas cerca en vez del gordo insoportable este... Ya podríamos también en vez de dedicarnos a raptar a jovencitas desemparadas, el llevanos de vez en cuando a algún hombre tan guapo, de este talante... Mas, espera un momento... ¡Quizás es lo que estemos haciendo! Oh, no me lo puedo creer... ¡Qué gran regalo de aniversario! Este joven va a hacer las delicias a modo de decoración de la casa. Ah, en fin podría estar contemplándole durante horas, y algo más...

Oh, ya me está reprendiendo mi marido por mascar tanto chicle ¡Con lo que me gusta! Podría estar así todo el día, mascando chicle tras chicle, pero ¿No es al final lo que hago? Está bien, meteré este chicle ya sin sabor e incoloro en mi bote de chicles usados. Los conservo todos porque nunca se sabe cuando me apetecerá deleitarme con alguno de estos... Con el tiempo si los dejas en reposo parecen recuperar su sabor. Uf, ya llevo unos segundos sin mascar chicle, y ya me estoy poniendo nerviosa. Pues nada, abriré mi paquete de chicles recién comprados hace poco y me pondré a mascar con todas mis ganas. Ja, el gordo ya se está poniendo nervioso de nuevo. Cuanto mas se ponga de los nervios, con mas fruición mascaré yo. Ñam, ñam adoro mis chicles.

Pero, ¿Qué? Ahora el hombre apuesto está removiéndose demasiado en el coche. Por sus gestos y expresiones, parece que siente compasión por la llorica que tenemos en el compartimento de atrás. Ya lo decía yo, no tendríamos que haberlos sentado al lado en la nave. Tendríamos que haber dejado al obeso de mi marido sentadito a su lado para que la vigilase, en tanto que yo me hubiera quedado en la parte frontal con los comandos a mi lado, y obviamente con las hermosas vistas de un joven tan guapo. Mas ahora es él quién me está poniendo nerviosa a mí también... ¡Pardiez! Al final voy a tener que ir atrás, saltando sobre él, y mostrándole lo que es capaz de hacer una mujer de verdad...

-- Hálito de valor --

La verdad, no sé que me hizo acompañar a aquel hombre a subir a su nave. Quizás fue la promesa de nuevas aventuras, de sumar nuevas experiencias que posteriormente dieran cabida a convertirse en anécdotas, e incluso, en historias que podría contar a mis hijos, a mis nietos o a todo aquel que hábido de aventura quisiera escuchar a un intento de héroe. Mas desde el primer momento que me posé en el interior de esta nave, intentando acomodarme lo mejor que pude, me dí cuenta de que había algo raro en el ambiente... En primer lugar, es cierto que me extrañó el modo de comportarse de aquel hombre, con aquella simpatía tan rara, y mas en los tiempos que corren... Es obvio que todo aquel que te sonríe con aparente amabilidad esconde las más oscuras intenciones. Pero después, una vez que ya la nave terraquéa arrancó adoptando un rumbo cuanto menos aleatorio, me percaté de la densidad del vehículo, y de una extraña presión que recorría cada uno de sus rincones...

Además, la mujer que tengo delante de mí, y que presumo que estará casada con mi nuevo "compadre", no para de mirarme, de escrutarme, de interrogarme con esos ojos de serpiente... Diría que hay una cierta lujuría en su mirada, no quiero ni pensar en lo que sería capaz de intentar conmigo si estuvieramos a solas. Ese modo de mirarme me hace estremecer, provoca que me sujete a los extremos del asiento y que procure tranquilizarme en tanto que intento recuperar el aliento. Incluso me atrevo a cerrar los ojos, controlo la respiración, y... Aún así, todo intento parece en balde, es como si hubiera una bruma que nos rodease a todos los que componemos el interior de esta nave, y que nos transportase hace dimensiones inexploradas...

Sin embargo, se me olvidó mencionar lo que quizás más me turba de esta situación. Al poco de subir a este vehículo que levita sobre la tierra, me extrañó que me sentarán justo al lado de una joven cuyos ojos estaban arrasados por las lágrimas, también sus ojeras atestiguaban el que por ahí ha surcado un afluente de la más profunda melancolía. En un comienzo pensé que se trataba de su hija, mas al poco de lo que llevaba de viaje me percaté de que en modo alguno era así, ya no sólo por los gestos tan bruscos que la dirigían, sino porque incluso en sus ademanes no hay rastro alguno de cariño ni de entendimiento, sólo desolación y violencia contenida. Unos padres, por muy horrendos que fueran, jamás tratarían así a su propia hija, pese a que pueda haber ejemplos que digan lo contrario...

Un momento, parece que la joven está intentando comunicarse conmigo... Pero ¿Por qué no lo hace directamente? Ah, ya veo... Ya empiezo a comprender, por lo visto esta pareja no tiene conexión alguna con esta chica, y si alguna hubiera, sería la de sus raptores. Con señales, le indico a la joven que se calme, que no se preocure, algo se me ocurrirá hacer... Está claro que esto no puede seguir así, no puede tolerarse que aún con todo el mal que pulula por aquí y por allá en este mundo, encima seamos participes del mismo mediante la omisión o el silencio. Está bien, ya se me ha ocurrido algo... Parece ser que los nervios están muy crispados por aquí, pues entonces lo mejor será aumentarlos. Voy a empezar a agitarme, a moverme aquí y allá, quizás así pueda despistarlos con lo repentino de mi comportamiento.

Y si, parece que surge efecto. Ambos raptores parecen encontrarse muy agitados, despistados en tanto que procuran centrarse sin conseguirlo en mis piernas que no cesan de balancearse por todos los lados emitiendo ruidos molestos. En este momento de combulsión interior, siento en mí un hálito de valor que me impulsa a actuar irremediablemente, justo... ¡Ahora mismo!  Dando fuertes golpes con mis piernas logro abrir las puertas de la parte trasera de la nave, y poco importa que el hombre obeso intenté golpearme con su enorme zarpa, la aparto de mí con una buena patada. Me deshago de los cinturones de seguridad que tengo atados por todos los lados con la ayuda de un cuchillo que siempre llevo conmigo, a la par que hago lo mismo con la joven que tengo a mi lado, y cuyos ojos por primera vez parecen atisbar algo de esperanza... La nave de desequilibra debido a toda la agitación que se da en su interior, pero a mí no me importa, y agarrando a la joven, nos lanzamos en aras de la libertad.

Ya fuera, hemos de correr por patas, escondiéndonos entre las matas de este desconocido lugar, y procurando otear entre las ramas cuales pueden ser las posibles salidas. En tanto que la nave se aleja, observo con curiosidad el entorno y cosa extraña, la zona me produce una inhóspita familiaridad. Es decir, nunca he estado por aquí, y sin embargo, algo en mi siente que todo el lugar me suena de algo... Cual si lo hubiera soñado, o lo hubiese vivido en una vida pasada que me fuera imposible de recordar. Pero ahora, ¿Que haremos?

-- Intuición --

Por fin pude escapar de aquel infierno en forma de nave. Aquellos grotescos personajes me daban miedo, no sabía que pretendían hacer con una joven como yo. Tan presionada me sentía por las fuertes ataduras, que no podía hacer otra cosa que no fuera llorar. Ambos tenían una mirada tan desquiciada, tan de locura acumulada, tan... No sé ni cómo definirlo. En cuanto los ví en las distancía debí de huir, pero no sé por qué me quedé paralizada. Se aprovecharon de mi sorpresa, de mi desconcierto interno, y en cuanto pudieron, me agarrarón y me llevaron a aquel sepulcro movil. Las lágrimas surcaban sin cesar mis mejillas humectadas, y mis labios no dejaban se temblar, balbuceando pidiendo ayuda a todos los dioses habidos y por haber, y finalmente mis suplicas internas fueron atendidas y me enviaron a un compañero de martirio.

Allí estaba, sentado a mi lado, quizás procurando invocar otro conjunto distinto de lágrimas. Pero esta no fueron las que acudieron, o al menos, no de la misma tipología que las mías. Estas al principio eran susurros, murmullos que se preocupaban de mi estado, y finalmente se vertieron en acciones que pasaron de ser agitaciones corpóreas a transmutarse en golpes agresivos contra mis verdugos. Después, sus brazos me rodearon con fuerza, mas no con violencia contra mi persona, sino con un hálito protector que suponía mi liberación. Y así fue, así volamos al exterior de la nave, y poco después nos ocultamos, observando aquella hogera infernal alejarse en busca de otro tipo de victimas.

Y ahora estabamos aposentados en la oscuridad del exterior, intentando ubicarnos en lo desconocido. Todo lo que nos rodeaba era campo abierto cargado de barrizal sumido en la oscuridad de la noche, en tanto que yo sentía una rara aprensión, como una intuición que me comunicaba que estabamos rodeados por espectros que se agazapaban en las sombras. Es verdad, a pesar de sentirme segura en la compañía de este hombre, también advertía cierta inseguridad en la bruma oscura que nos circundaba. No sabía qué pensar, qué camino tomar con la liberación recíen adquirida. Cuando uno  está oprimido al menos tiene la seguridad de estarlo, de que en apariencia no hay escapatoria posible, pero cuando se recupera la libertad uno se pregunta... ¿Y ahora qué?

Hum, parece que finalmente se ha decidido tomar una senda, un camino que nos indica que quizás tengamos una salida a la desesperación. Así que nos internamos entre las zarzas enroscadas, y a través de ahí, pisamos un camino apelmazado que nos conduce hacia donde nadie sabe. La oscuridad nos rodea, la luna está muy pálida y las estrellas titilan emitiendo apagados fulgores, mientras que nosotros nos tomamos de la mano para guiarnos, para palpar entre las sombras lo que estás cobijan de luz. Desconozco de si será un efecto ilusorio, mas en la distancia creo advertir una tenue luminosidad... ¿Será una salida? ¿Un nuevo comienzo? Pronto lo averiguaremos ¿Qué será lo que la vida y la muerte nos depare?

-- Espectro --

Desde las alturas, velado por grísaceas nubes observo la huida de aquellos jóvenes en medio del campo. Desconocen hacía donde se dirigen, pero poco parece importarles. Eso me gusta, me gusta la intrepidez y la incertidumbre, aquello que no se sabe, y que sin embargo, cuando ocurre, a nadie parece sorprenderle realmente. Al principio pensé que aquellos dos jovenes iban a ser sumidos en la locura debido al rapto de aquella anodina pareja, pero muy al contrario, para que todo aquello no fuera tan previsible, opté por infundirles valor y que salieran de ahí, que se encaminasen hacía nuevas aventuras que les permitiese probarse a sí mismos, comprobar así lo máximo en lo que puede extenderse el espíritu.

Todos los páramos que ahora están atravesando no son otra cosa que mis dominios. Se trata de un árido y muy sombrío territorio que yo he creado en mis sueños, como también en mis pesadillas... Ahí viví de niño durante mi periodo vigil, y así lo reconstruí en la instancia onírica para dar cabida a las más cruentas pesadillas. Obviamente, no todas son tan horribles como aparentan, hay fantasías humildes e inocentes que acaban por transmutarse en los monstruos del remordimiento, y al contrario, otras entidades que aún siendo blasfemas y geómetricamente imposibles, se vierten en un fructíreo sopor cuando pan toca su flauta. Para un observador imparcial quizás todo esto tenga su toque de delirio, para mí en cambio es la salvación ante la opresión ordinaria que atenaza la conciencia.

Y en tanto que huyen con sus manos entrelazadas, pisando hojarrasca y tierra apelmazada, parecen advertir que más allá de la elevada bruma que un espectro se balancea con la luna. No están tan desencaminados... Aquí estoy yo danzando con mi amada la luna, e invitando a las estrellas a que nos sirvan de coro, mientras con ojo avizor escruto la porción de mundo inconsciente que el demonio me ha brindado. Aunque a veces me desplazo por el mismo con mis propias piernas, normalmente me gusta sobrevolarlo, y en otras ocasiones, como la presente, me gusta habitar las alturas de los cielos oscurecidos. Aquí permanezco agazapado entre las más seductoras compañías, las cuales también miran, contemplan con ganas de que se desarrolle la fantasía onírica hasta su final circular.

Yo sé a dónde se encaminan aquellos dos personajes, incluso podría decir que sé lo que les va a acontecer. Claro está que no puedo advertir cual será exactamente cada una de sus reacciones, mas sí quizás puedo hacerme una idea somera al respecto. Conozco lo que está mas allá de la frontera campestre, el desquiciarse de todos aquellos ojos diábolicos que les observan, el delirio febril de la urbe y de lo que está mas allá de la misma... Pero mejor será dejar todo en suspenso, en un misterio que quizás nunca se resuelva, en aquel supuesto final del que sólo caben conjeturas y nunca certezas plausibles ni mucho menos absolutas. Puede que después de todo lo interesante no sea el final de la historia, sino esos intervalos misteriosos que dan pie a la especulación, en el que la maquinaria espectral se pone en acción de cara a crear figuraciones, alucionaciones, visiones que al fin y al cabo son de otro mundo.

Dejad que los mortales sueñen, que teman por lo que se encuentra oculto entre las sombras, que den pie a fantasías que no entienden de corrección ni de ética, pero que en cuanto sepulten sus ojos con la ayuda de sus párpados y de su imaginación, acaben por dar las gracias por sentirse por vez primera vivos en la muerte.

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